Famosa hasta la muerte 11
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O s importaría decirme por qué estabais violando mi derecho a la privacidad y mirando a través de mi ventana? —les preguntó Gunner.

Stevie tragó saliva con fuerza y una gota de sudor frío le cayó por la espalda.

—Claro. Sí. Lo sentimos. Estábamos llamando a la puerta.

—Os he oído.

—Pero no has abierto —repuso Colby, en un tono mucho más acusatorio del que Stevie habría escogido.

—Porque no quería abrir. Ahora, marchaos antes de que llame a la policía.

—Adelante, llámalos —dijo Stevie, tratando de sonar lo más confiada posible, aunque no estaba del todo segura de haberlo conseguido—. Porque creo que les va a encantar poder hablar contigo por fin.

Gunner la fulminó con la mirada.

—¿Qué narices quieres decir con eso?

Stevie tragó saliva.

—Mira, ¿podemos entrar? Te lo podemos explicar todo.

—¿Entrar? No, no podéis entrar. Quiero que me dejéis en paz.

—Le dio un puñetazo a la pared. No tenía muy buen aspecto.

A ver, estaba bueno, eso sí, si es que eras de esos a los que les iban los adonis musculosos, rubios, de ojos azules y con la mandíbula marcada, claro.

Aunque Stevie no se encontraba entre esa gente.

Normalmente. Pero bajo su innegable aspecto divino, Gunner parecía cansado. Cansado y triste.

Colby negó con la cabeza.

—Parece que hay alguien que no está muy bien de la azotea, ¿eh?

Stevie la fulminó con la mirada. El tratarlo con condescendencia no las iba a llevar a ninguna parte.

Pero la expresión de Gunner se dulcificó.

—Lo siento, no pretendía ponerme así. Es que… —Tragó con fuerza y después se llevó las manos a la cara y se echó a llorar desconsolado.

Colby pareció interpretar aquello como una señal de que debía acabar la frase por él.

—¡Acaban de asesinar al amor de tu vida! —Se acercó a él y le acarició el brazo.

Stevie la apartó de un manotazo.

—¡Deja de manosear al sospechoso! —le dijo en un susurro.

Colby puso los ojos en blanco.

—No le estaba manoseando, pero vale —respondió, también en un susurro.

Stevie carraspeó con fuerza para aclararse la garganta.

—En realidad, por eso hemos venido. Verás, Blair es… era mi hermana. Y me gustaría que me ayudases a descubrir qué le ocurrió.

Gunner dejó caer las manos a los costados.

—¿Eres la hermana de Blair? Pero si no os parecéis en nada.

—Me lo suelen decir —comentó Stevie. Y entonces, aprovechándose de aquel momento de debilidad, le agarró del brazo y tiró de él hacia su habitación—. ¿Por qué mejor no entramos? Al menos dentro habrá aire acondicionado.

Colby los siguió poco después, murmurando:

—Así que tú sí que puedes toquetear al jugador de fútbol buenorro.

Stevie encendió la luz. La habitación de Gunner estaba llena de vasos vacíos de granizado azul y cajas de pizza. Toda la estancia apestaba a sudor, mezclado con colonia cara.

Colby se llevó las manos a las caderas y echó un vistazo a su alrededor.

—Vaya. Sí que te gustan los granizados.

—Lo que me habría gustado es poder tomarme unos cuantos botellines de cerveza. Pero el entrenador tiene una estricta política con el tema del consumo de alcohol durante la temporada.

Colby le echó un vistazo de arriba abajo.

—Tu cuerpo es un templo, al fin y al cabo.

Stevie la interrumpió antes de que pudiese seguir hablando.

—Gunner, hemos venido a hablar contigo porque la policía te está buscando.

—Me lo imaginaba. —Gunner se dejó caer en la cama y se llevó las manos a la cabeza—. No me puedo creer que esto esté pasando de verdad.

Colby se acercó a la cama para sentarse a su lado, pero Stevie sacó la silla de debajo del escritorio y la señaló antes de que pudiese hacerlo. La chica suspiró con pesar, pero obedeció sin rechistar.

Stevie se recostó contra la pared, sin dejar de mirar a Gunner, para ver cómo reaccionaba ante lo que tenía que decirle.

—Creen que tuviste algo que ver con el asesinato de Blair. No apareciste la noche del concierto y desde entonces nadie ha podido hablar contigo. Han estado intentando ponerse en contacto contigo por todos los medios.

—¿Yo? ¿Creen que yo tuve algo que ver? ¡Yo jamás le haría daño a Blair!

—Abrió los ojos como platos, incrédulo—.

Apagué el teléfono después de enterarme de la noticia.

No podía soportar tener que hablar con nadie.

Vine aquí para esconderme de la prensa. No creía que nadie fuese a buscarme en un motel de mala muerte.

Solo quería esconderme aquí para lamerme las heridas.

Para pasar el duelo a mi manera. Iba a ir a hablar con la policía en cuanto lograse calmarme un poco.

—Vale, lo entiendo, pero tus actos también te hacen parecer superculpable si los miras de otro modo —comentó Colby—.

Al fin y al cabo, el marido o el novio enfadado siempre suelen ser los primeros sospechosos del asesinato.

Ya sabes, por eso de que podría haber sido un «crimen pasional», o algo por el estilo.

—Pero yo no estaba enfadado con Blair. Lo nuestro era distinto.

—¿Qué quieres decir? —le preguntó Stevie.

—No éramos pareja, al menos, no de verdad. Éramos amigos. Muy buenos amigos. Pero no había ni una gota de pasión entre nosotros. Nada de romance.

Stevie frunció el ceño. ¿En serio les estaba diciendo la verdad? Blair, desde luego, había dejado que todo el mundo creyese que compartían una relación romántica.

—Eso no fue lo que dijiste en Stars Align —repuso Colby, indignada.

—Nada de lo que dije era verdad. Blair tenía muy buena cabeza para los negocios, por lo que, cuando sugirió que el que fingiésemos estar juntos podría beneficiarnos a ambos, acepté seguirle el rollo.

Y tenía razón. Cada uno por separado éramos populares, pero juntos…

éramos explosivos. —Hizo una pausa—. Si os soy sincero, Blair estaba un poco tocada como para tener una relación de verdad con alguien.

—¿Tocada? ¿En qué sentido? —preguntó Stevie—. ¿Había recaído otra vez?

—No, estaba limpia, esta vez no recayó ni consumió nada. Pero había algo… —Gunner clavó la mirada en la pared, pensativo—. No sé, estaba… triste. Creo que no estaba muy contenta consigo misma.

—Eso no parece muy propio de Blair. —Stevie vaciló.

¿Estaba siendo injusta con su hermana? Quizás sí que había algo detrás de toda esa fachada de confianza y ese brillo del mundo del espectáculo tras el que parecía esconderse.

Tampoco era como si Stevie hubiese podido saberlo de ser así.

A Blair se le daba muy bien fingir lo que no era.

De hecho, era la mejor en ello. Tal vez sí que le estuviese costando lidiar últimamente con la presión de la fama.

Quizás Blair tenía problemas de los que ella no supiese nada.

Habría que esforzarse para ver a través de la fachada que ella misma había levantado, para descubrir el verdadero motivo tras el patrón autodestructivo que había acabado con Blair.

Un esfuerzo que Stevie nunca había llegado a hacer.

Notó cómo se le formaba un nudo en la garganta.

Ya era demasiado tarde como para cambiar las cosas.

Lo que sí que podía hacer era encontrar a su asesino.

—Entonces, si no erais una pareja de verdad, ¿sabes si estaba saliendo con alguien? —le preguntó Stevie.

Gunner se masajeó la mandíbula.

—Creo que no. Supongo que me lo habría dicho de ser así. Además, con el horario que tenía, dudo que hubiese tenido tiempo para salir con alguien. ¿Y si encima tenía que llevar aparte una relación falsa y tan pública como la nuestra? No, no lo veo. Pero claro, con Blair, todo es posible.

—Enséñale el vídeo —soltó Colby.

Stevie se sacó el teléfono móvil del bolsillo.

—La imagen no está muy nítida, pero ¿reconoces a este hombre?

Gunner observó fijamente la pantalla, con el ceño fruncido. Cuando acabó el vídeo, negó con la cabeza.

—No, lo siento. ¿Creéis que podría ser su novio o algo así?

—Eso, o su acosador. Kirk Tyler comentó que tenía unos cuantos acosadores.

—Sí, los tenía. Y creo que eso la atacaba. La volvía paranoica. Siempre estaba pendiente de todo. Un tío en particular no paraba de mandarle mensajes.

—¿Un hombre grande? ¿Que llevaba una gabardina y una gorra de béisbol? —le preguntó Stevie.

Gunner se pasó una mano por la barbilla.

—Ni idea de cómo solía ir vestido, la verdad.

¡Joder! ¿Cómo se me ha podido olvidar? Tengo algo que deberíais oír.

—Se sacó el teléfono del bolsillo y lo encendió.

Este comenzó a vibrar de inmediato cuando empezó a recibir un mensaje tras otro—.

Dios, sí que estabais diciendo la verdad con eso de que han estado como locos intentando localizarme.

—Leyó los mensajes por encima, deslizando el dedo sin parar por la pantalla, y sus ojos se fueron abriendo cada vez más, y fue apretando la mandíbula poco a poco a medida que leía.

Entonces alzó la mirada—. Tengo que irme.

El abogado de los Titans me ha dicho que tengo que ir de inmediato a entregarme a la comisaría, para que me interroguen.

No puedo seguir posponiendo esto ni un segundo más.

—¿Podrías dejarnos oír primero lo que quiera que tengamos que escuchar? —le preguntó Stevie, suplicante, con la mirada clavada en su teléfono. Gunner se volvió hacia la puerta de reojo—. Por favor.

—Vale, bien, sí. —Colocó su teléfono sobre el escritorio—. Es un mensaje de voz que me dejó Blair.

Se oyó un pitido estático y entonces…

—¡Hola, Tippy-Top! —La voz de su hermana. Alta y clara. Viva. A Stevie se le encogió el corazón—. Cariño, creo que he descubierto quién es mi acosador, ¡y no te lo vas a creer! Tengo que irme ya, pero ¡te lo contaré TODO luego, lo prometo!

—¡Ay, Dios! —soltó Colby, al tiempo que apartaba la mirada de la pantalla del teléfono de Gunner—. ¿Y quién era?

—No lo sé. Llegué justo el día del concierto al aeropuerto, y habíamos acordado vernos antes de que saliese al escenario para que pudiese contarme lo que había descubierto, pero tuvo que cancelarlo todo en el último momento por Kirk Tyler.

Dijo que ya estaba harta y que iba a tener que aclararle unas cuantas cosas de una vez.