Famosa hasta la muerte 10
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E l conductor del SUV de Kirk Tyler parecía un excelente conductor, de lo más juicioso, de hecho, en comparación con Colby. Porque ella era una loca al volante.

—¿Cómo es posible que te diesen el carnet de conducir? —le preguntó justo cuando Colby se saltaba la tercera señal de stop seguida.

—Batí las pestañas y les enseñé un poco de piel.

—¿E hiciste retroceder el movimiento feminista un par de años en el proceso?

Colby soltó una sonora carcajada y se encogió de hombros.

—¡Tal vez! Pero estoy segura de que tu protesta contra el maquillaje lo compensa.

—No estoy protestando contra el maquillaje, lo que pasa es que no suelo maquillarme demasiado. Y, para que lo sepas, las feministas luchan porque puedas hacer lo que te venga en gana con tu cara.

—Genial. ¡Pues apúntame a la lista feminista!

Stevie puso los ojos en blanco.

—Entonces, dime, ¿cómo descubriste que Gunner se estaba hospedando en el motel Rising Sun?

—Me lo dijo BBfanamagatitos.

—¿Qué?

—Es miembro del club de fans de Blair Baker.

Puse en el foro una entrada preguntando por si alguien sabía dónde estaba Gunner Trip y ella respondió.

Supuse que, si Gunner Trip estaba por la ciudad, alguien tendría que haberlo visto.

El hermano de BBfanamagatitos trabaja en la gasolinera que hay enfrente del motel y vio a Gunner Trip entrar allí justo después de comprarse un granizado. Un ICEE, de hecho.

—¿Y no llamó a la policía?

—¿Por lo del granizado?

—¡Para decirles que había visto a Gunner!

—Lo sé. Estaba bromeando. La policía no ha hecho ningún anuncio público de que lo esté buscando para interrogarlo, así que ¿por qué iba a llamarlos? Aunque nosotras sí que sabemos que están intentando localizarlo, así que quizás deberíamos llamarlos.

—Y lo haremos, después de que hayamos hablado con él. —Stevie negó con la cabeza—. No me puedo creer que hayas conseguido hacer lo que el Departamento de Policía de Honeyville ha sido incapaz de hacer.

—Tampoco ha sido tan difícil.

—No ha sido tan difícil para ti. Gracias.

Colby sonrió.

—No hay de qué.

Stevie tuvo que agarrarse a su asiento cuando la chica tomó una curva demasiado rápido.

—Aunque admito que me parece bastante raro que se esté quedando en un motel de mala muerte. ¿No se supone que una estrella de la NFL debería alojarse en algún sitio más elegante? Tampoco es que le falte el dinero que digamos.

—¡Tal vez esté escondiéndose! —Se volvió a mirar a Stevie, y el coche giró con ella—. Y, de ser así, ya sabes…, estaríamos yendo a parar directas a las garras de un asesino.

Stevie no se había parado a pensar en eso, y tampoco estaba del todo segura de que le importase. Solo quería averiguar qué era lo que le había ocurrido a su hermana.

—¡Un motel de carretera es el lugar perfecto para cometer un asesinato! —soltó Colby, con los ojos brillantes.

—Y, sin embargo, ¿pareces emocionada?

—No emocionada, al menos, no exactamente, pero esto es mucho mejor que quedarme encerrada en casa, sintiéndome miserable y haciendo pulseras de la amistad, eso seguro.

Stevie esbozó una pequeña sonrisa.

—Eso es verdad, pero pongámonos serias por un momento. ¿De verdad crees que estamos haciendo lo correcto? ¿Y si se pone en modo asesino con nosotras?

—Todavía es de día. Y somos dos. No va a intentar hacernos nada. Además, siempre llevo encima mi alarma antiviolaciones y un espray de pimienta. Así que no te preocupes, yo te protegeré.

—Pero si no debes de pesar más de cincuenta kilos, y ¿cómo se supone que vas a enfrentarte a alguien llevando eso? —Señaló las botas vaqueras negras de tacón que Colby llevaba puestas.

—¿Estas? Estas son mis botas para correr. Una vez, cuando me olvidé de ponerme deportivas, el entrenador Tranmore me obligó a correr con estas pequeñas. Gané a Alison Garcia en una carrera de cuatrocientos metros, y eso que ella está en el equipo de atletismo.

—Sus botas para correr —murmuró Stevie para sí misma—. Claro.

Colby detuvo el coche frente al motel Rising Sun, o «motel Sin» o del pecado, según las tres únicas letras que se iluminaban del letrero de neón.

No se molestó siquiera en aparcar el coche en una plaza de aparcamiento y lo dejó a caballo entre dos.

Se bajaron del vehículo, Stevie se llevó las manos a las caderas y echó un vistazo a su alrededor.

El motel era un edificio de dos plantas, en forma de U, con el aparcamiento en el centro.

Y debía de haber al menos ochenta habitaciones.

—¿Cómo se supone que vamos a saber cuál es la suya? —preguntó Stevie.

Colby arrugó la nariz y las pecas se le contrajeron con el gesto.

—¿Podríamos preguntar en recepción?

—¿Y crees que van a decírnoslo?

—Probablemente no —repuso Colby—. ¡Aaaaah! ¿Y si yo los distraigo y tú te cuelas detrás del mostrador y lo buscas en el ordenador?

—O… —dijo Stevie, señalando hacia la escalera de metal que subía hacia las habitaciones—. Podríamos seguirle y ya.

Colby agarró la mano de Stevie.

—¡Ay, Dios! ¡Ese es Gunner Trip!

Estaba subiendo por las escaleras, con un vaso enorme de granizado azul en una mano.

Stevie y Colby se quedaron de pie frente a la habitación 47, Colby llevaba el bolso colgado al hombro, con la alarma y el espray de pimienta, que Stevie esperaba que no necesitasen, escondidos dentro.

Aguardaron unos cuantos minutos después de ver a Gunner entrar, y Stevie se estaba armando de valor para llamar.

Respiró hondo.

—Vale, voy a hacerlo. Una vez que estemos dentro, déjame hablar a mí, ¿de acuerdo?

Colby asintió con la cabeza, sacó un espray bucal del bolso y se echó un par de chorritos en la boca.

—¿En serio? —le preguntó Stevie—. Vamos a interrogarlo sobre el asesinato de Blair. ¿De verdad necesitas que te huela el aliento a menta fresca?

—Creo que es mejor que el que no me huela a menta fresca.

—Muy bien. —Stevie le quitó el espray de las manos y se lo echó en la boca; no iba a ser la única a la que le oliese mal el aliento. Y después llamó a la puerta, retrocedió un paso y aguardó, tratando de ignorar las ligeras náuseas que le revolvieron el estómago.

Colby le dio un suave apretón en la mano.

—Tú puedes con esto.

Stevie asintió. Podía hacerlo. Solo tenía que hacerle unas cuantas preguntas. Descubrir si Gunner había disparado a Blair a sangre fría. Sencillo. Aunque primero tendría que abrirles la puerta, claro…

Volvió a llamar, un poco más fuerte esta vez.

—No nos abre —dijo Colby.

—Ya, me he dado cuenta.

Stevie se acercó a la ventana y pegó la cara al cristal para tratar de ver algo a través de las cortinas.

Colby se inclinó sobre ella.

—¿Lo ves?

—No estoy segura. Deja de apoyarte encima de mí. Por Dios, este sitio está hecho un desastre. Este tío es un cerdo total.

Colby se apretujó a su lado.

—Déjame ver, ¡tiene que estar ahí dentro! ¡Le vimos entrar!

—Te digo que no le veo.

—¿Qué narices creéis que estáis haciendo?

Mierda.

Stevie se enderezó al momento y se dio la vuelta lentamente. Gunner Trip, con su metro ochenta y cinco de altura, estaba justo detrás de ellas, de brazos cruzados y observándolas con una expresión furiosa .