Famosa hasta la muerte 8
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E stás segura de que no puedes acercar un poco más la imagen? —preguntó Stevie.

Colby arrugó la nariz.

—No creo que el acercar más la imagen vaya a servir de nada. Ni siquiera sé qué es lo que estás buscando exactamente, no son más que un puñado de píxeles borrosos. Ese podría ser cualquiera.

Stevie se dejó caer en la cama de Colby.

—Tienes razón. La resolución del vídeo es una mierda. Podría ser alguien de su equipo, su representante, el tío que suele ir a llevarle un bocadillo…

—Sí, pero, sinceramente, no creo que ese sea Gunner —comentó Colby—. No parece lo bastante alto. Y Gunner Trip es enorme. Ya sabes, como un gladiador. Mira.

Colby sacudió su teléfono frente al rostro de Stevie. En la pantalla había una foto de Gunner Trip, sin camiseta y llevando un fardo de paja sobre cada hombro, y parecía extremadamente feliz haciéndolo.

—¿Tienes esa foto guardada en tu teléfono para verla siempre que quieras o qué?

—¡No! ¡Acabo de buscarla en internet!

—Claro…

Colby movió las cejas.

—Qué suerte tenía Blair, ¿no crees?

¿Suerte? Stevie la observó con las cejas enarcadas, y Colby, al darse cuenta de lo que acababa de decir, se llevó las manos a las mejillas.

—¡No me puedo creer que haya dicho eso! Blair no tenía ninguna suerte. ¡En absoluto! ¡Lo siento muchísimo !

—No pasa nada. —Stevie bajó la mirada hacia sus uñas.

—¡No, sí que pasa! —Colby parecía horrorizada—. Estoy avergonzadísima por lo que he dicho.

—Acepto tus disculpas por vergüenza —repuso, ansiosa por dejar ese tema atrás de una vez—. Y creo que tienes razón.

Colby volvió a bajar la mirada hacia su teléfono y suspiró.

—A ver, sí, Gunner está buenísimo, eso está claro.

—Deja de pensar en eso, Colby. —Stevie señaló la pantalla del ordenador—.

Lo que quería decir es que tenías razón sobre él.

Ese chico que está saliendo del camerino de Blair no parece «levantar fardos de paja por diversión», eso desde luego.

No es lo bastante alto. —Y tampoco parecía el hombre de la gabardina y la gorra de béisbol.

Colby se tumbó en la cama y se cubrió la cara con una almohada.

—¿Qué narices me pasa? —gimió, aunque el sonido quedó ahogado por la almohada.

En realidad, Colby no estaba tan loca como Stevie había esperado. No era la fan desquiciada que creía que era. Vale, estaba un poco mal de la cabeza, pero también era bastante maja. Stevie la ayudó a volver a incorporarse tirando de ella.

—Debería mandar lo que has grabado a la policía.

—Agh. Dios. Sí. Vale. Se pueden echar unas risas a mi costa cuando me vean vestida de osito.

—Es por una buena causa.

—Si no fue Gunner Trip, ¿crees que podría haber sido el tipo ese de la gabardina? —le preguntó.

—Era el segundo sospechoso de mi lista, pero también era un hombre bastante grande. Supongo que es bastante probable que Blair tuviese más de un acosador.

—¡Los acosadores son lo peor! —soltó Colby.

Stevie no pudo evitar esbozar una sonrisa divertida. ¿«Los acosadores son lo peor»? ¿De verdad acababa de decir eso?

—¿Y el tercer sospechoso de tu lista? —continuó Colby.

—Creo que ya no tengo ningún tercer sospechoso —comentó, como quien no quiere la cosa, sonrojándose inevitablemente.

Puede que Colby fuese capaz de colarse en el backstage del concierto de Blair disfrazada de oso, pero no tenía pinta de asesina.

Y estaba discutiendo con el guardia de seguridad cuando Stevie llegó al estadio, así que no habría tenido tiempo para volver a colarse en el backstage y disparar a Blair antes de que saliese al escenario.

Además, era imposible que hubiese podido esconder una pistola en ese bodi morado que llevaba puesto cuando Stevie la vio.

Oyeron cómo se cerraba una puerta de un portazo en la planta inferior. Stevie se sobresaltó y el corazón se le subió a la garganta, antes de que su cerebro pudiese asimilar lo que estaba ocurriendo. Suspiró lentamente. Estaba claro que seguía tensa después de lo de la noche anterior.

—¡Colby!

Colby cerró los ojos con fuerza por un momento.

—Ay, no. Es mi madre.

—Tu madre —repitió Stevie. No le gustó ni un pelo estar tan en tensión.

Un segundo después, la puerta de la habitación de Colby se abrió de par en par y su madre se asomó al interior, agarrándose al marco como si fuese a caerse de bruces de no hacerlo.

Llevaba puestos unos vaqueros ajustados y una blusa de encaje negro, y se tambaleaba ligeramente de un lado a otro.

Se había recogido el cabello en un moño, aunque estaba claro que había visto días mejores.

—Colby, mami necesita un café. ¡Mami necesita mucho café! —Su mirada se posó sobre Stevie y la señaló con un dedo tembloroso—. ¿Quién eres tú?

La madre de Colby estaba borracha, o lo había estado hacía muy poco.

—Es una amiga, mamá —repuso Colby, con firmeza.

Stevie no quería quedarse allí ni un segundo más. Se levantó de la cama de un salto.

—Creo que debería irme. Colby, gracias por…

—¿Dónde estabas? —soltó Colby, con la mirada clavada en su madre.

—Por ahí —dijo, arrastrando aquellas dos palabras.

—Te marchaste hace tres días —repuso Colby, apretando los dientes.

Stevie pasó la mirada de una a otra. Marnie y ella también discutían de vez en cuando, pero nunca así. Y siempre era Marnie la que hacía las preguntas.

—¿Qué puedo decir…? Siempre pierdo la noción del tiempo cuando estoy con Mike. ¡Ay, menudo hombre!

—Ni siquiera has respondido a mis mensajes. Podrías haber contestado a alguna de mis llamadas.

Vale, aquello era muy raro. Stevie se quedó junto a la cama, desesperada por marcharse, pero sin saber muy bien cómo hacerlo.

¿Podía pasar junto a la madre de Colby sin que esta se fijase en ella?

¿Sería de muy mala educación? ¿Acaso importaba?

Lo único que sabía era que no quería estar en medio de una especie de pelea familiar.

—¡Tienes diecisiete años! ¡Ya eres mayorcita para cuidar de ti misma!

¡Yo estaba por ahí, viviendo mi vida, Colly-boo!

Deberías probarlo alguna vez. No sé, búscate un novio o algo en vez de obsesionarte día y noche con esa maldita Blair Baker.

—La madre de Colby se llevó una mano a los labios y susurró lo bastante alto como para que Stevie pudiese oírla—: Creo que mi hija es les-bia-na.

Una corriente con olor a vino rancio golpeó el rostro de Stevie. Dios, aquella mujer era todo un personaje. Stevie se volvió hacia Colby, que tenía las mejillas sonrojadas por la vergüenza y parecía estar a punto de echarse a llorar.

Stevie se giró de nuevo hacia la madre de Colby y repuso alegremente:

—Creo que antes has dicho algo sobre un café. Vamos a prepararte un café.

Faith Green estaba dormida en el sofá antes de que la hervidora hubiese empezado a hervir el agua. Colby no había dicho prácticamente nada desde que, entre las dos, habían ayudado a su madre a bajar las escaleras. Era impresionante que hubiese conseguido subirlas ella sola para empezar.

—Ahora se va a pasar un buen rato dormida —comentó Colby, rodeando con ambas manos una taza de café que se suponía que iba a ser para su madre—. No se lo contarás a nadie, ¿verdad?

No se atrevió a mirar a Stevie a los ojos.

—No. Pues claro que no. —Jamás haría algo así, porque sabía de primera mano el daño que se podía hacer si se difundían los asuntos familiares por la ciudad.

—Gracias —repuso Colby. Y entonces suspiró—. Seguro que tú te llevas muy bien con tu madre, ¿no?

Stevie se mordió el labio inferior, sin estar muy segura de qué responder a eso.

Se solía decir que los padres no debían tener un favorito entre sus hijos, pero a Marnie nunca se le había dado demasiado bien eso de ocultar que sentía cierta predilección por Blair.

Stevie la había odiado por ello, y quizás Marnie había odiado el hecho de que Blair nunca estuviese en casa, mientras que Stevie sí. Quizás por eso solían llevarse tan mal.

—Sí, nos llevamos genial. —Stevie comprobó la hora en su teléfono. Iban a ser las diez de la mañana—. Probablemente debería irme. Tengo un asesinato que resolver y todo eso. —Quiso sonar despreocupada, pero aquellas palabras se le quedaron atoradas en la garganta.

Colby alzó la mirada.

—Quiero ayudarte.

—Ah… No sé… —¿Le apetecía tener a Colby siempre cerca mientras intentaba resolver el asesinato de su hermana? Probablemente no era la mejor idea del mundo, la verdad.

—La cosa es que no tengo nada que hacer durante estas vacaciones de verano… más que perder el tiempo en el centro comercial o en la playa.

—Pues cualquiera de esas dos opciones me parece un planazo, la verdad… —Stevie tampoco tenía planes para ese verano. Más que ir al grupo de estudio al que Marnie la había apuntado, pero, después de lo ocurrido, lo más probable era que no fuese.

Colby extendió las manos.

—Escúchame un momento. Lo sé literalmente todo sobre Blair Baker.

Me necesitas. Gestiono su página de fans y me llegan toda clase de comentarios de lo más extraños.

Si la asesinó un acosador, tal vez esa persona haya entrado en mi blog alguna vez.

Puedo revisar los comentarios del foro para ver si encuentro algo fuera de lo normal.

Dios. En realidad, eso era una idea bastante buena. Y lo más probable era que Colby supiese bastante más sobre la vida de superestrella de su hermana que ella.

—Puede que me lleve un tiempo, pero también puedo investigar a sus anteriores novios, descubrir dónde estuvieron anoche. O incluso investigar todos los rumores sobre sus amantes secretos.

—¿Amantes secretos? Blair no tenía ningún amante secreto, ¿no?

Estaba saliendo con Gunner Trip. —Nunca se había atrevido a leer ninguna de las historias o artículos escandalosos que se habían publicado sobre su hermana.

Pero si Blair tenía un amante secreto, tendría otro sospechoso más que añadir a su lista.

Colby se encogió de hombros.

—¿Quién sabe? Siempre ha habido rumores. Podría investigar a ver si encuentro algo. Y, además, ¿no te parece que Stevie y Colby suena muy bien cómo pareja de detectives?

Stevie parpadeó un par de veces. No, en absoluto se lo parecía.

—Por favor, déjame ayudarte. —Colby se volvió a mirar a su madre de reojo, que estaba tumbada boca abajo sobre el sofá—. De verdad que creo que podría ser de ayuda.

—Vale, puedes ayudar. —Siempre podría librarse de ella si acababa convirtiéndose en un problema.

La chica se abalanzó sobre ella y la abrazó con fuerza.

—¡Stevie y Colby, la mejor pareja de detectives del mundo!

—Como vuelvas a decir eso —dijo Stevie, apartándola—, te quedas fuera .