Famosa hasta la muerte 9
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S tevie dobló la esquina al final de la calle de Colby y sacó su teléfono del bolsillo. El corazón le dio un vuelco; tenía un montón de llamadas perdidas de su padre. Debían de haber descubierto algo. Respiró hondo antes de devolverle la llamada.

—Osita, gracias a Dios…

La preocupación en su tono se vio interrumpida por los gritos de Marnie que resonaron de fondo.

—¿Es ella? ¿Dónde se ha metido?

—He salido a dar un paseo. Ya estoy volviendo a casa.

—Ha salido a dar un paseo —repitió Frank.

—¡¿Un paseo?! —respondió Marnie, incrédula—. ¡Dile que nos tenía muertos de preocupación!

—¿Por dónde vas? Voy a buscarte —repuso Frank en cambio.

—No hace falta, ya no me queda mucho para llegar.

—No quiero que salgas por ahí sola. Jimmy nos ha llamado hace un rato para ponernos al día sobre lo que pasó anoche, sobre el hombre que viste en la calle. Ay, Stevie, ¿por qué no nos despertaste?

Sonaba tan desconsolado.

Stevie notó una punzada de culpa en el pecho.

—Lo siento. No quería preocuparos… Sobre todo, no con todo lo que está pasando. Pero, en serio, estoy bien, ya no me falta mucho para llegar a casa.

—Stevie, somos tus padres, preocuparnos por ti es nuestra responsabilidad.

—¿Está bien? —preguntó Marnie de nuevo, a gritos, con la voz cargada de emoción.

—Tu madre quiere saber si estás bien.

No, no lo estoy.

—Estoy bien. —Aquellas eran dos palabras sin sentido alguno, pero en ese momento Stevie no tenía ganas de profundizar más en ese tema porque, si ahondaba un poco más en lo que sentía de verdad, corría el riesgo de que el dolor la consumiese—. ¿Jimmy ya ha descubierto quién era ese hombre?

—Está investigándolo. Pero lo más probable es que no fuese más que un morboso, un «turista oscuro», como lo llamó él. Aun así, quiero que tengas cuidado.

—Lo tendré. ¿Jimmy tenía alguna otra noticia?

—Dios sabe lo que estarán haciendo en esa comisaría, pero todavía no han localizado a Gunner Trip.

—¿Han hecho algún comunicado?

—Oh, créeme, he estado hasta ahora presionando a Jimmy para que lo hiciera, pero dice que no quiere convertir esta investigación en un circo mediático.

Ha estado hablando con el agente de Gunner, porque cree que así podrá ponerse en contacto con él.

Pero yo le dije que si Gunner no aparecía pronto, iría yo mismo a hablar con los periodistas.

Cuanto más tiempo esté desaparecido, más culpable parece.

Stevie asintió con la cabeza, porque estaba de acuerdo con su padre.

—¿Vas a tardar mucho? Kirk Tyler dice que va a mandar un coche a buscarnos. Quiere hacer una «reunión de emergencia». No quiero decir que tengas que venir si no quieres, pero quería que supieses dónde estamos si cuando llegues no nos encuentras.

—Yo también quiero ir. Estaré en casa en diez minutos.

—Stevie quería ir a esa reunión. Kirk fue el representante de Blair.

Quizás él sabía algo. Dios, incluso cabía la posibilidad de que él fuese el asesino.

Aun así, podía mostrarle el vídeo en el que aparecía un hombre saliendo del camerino de Blair antes del concierto para ver cómo reaccionaba.

A lo mejor incluso lo reconocía. Y también podía preguntarle por qué a su equipo de seguridad se le daba tan sumamente mal hacer su trabajo.

Se abrió paso a través de la multitud de periodistas con la cabeza gacha. Nadie se fijó en ella, porque estaban demasiado ocupados observando a través de las lentes de sus cámaras el SUV con los cristales tintados que había aparcado frente a la casa.

Acababa de llegar al borde del patio delantero justo cuando sus padres, flanqueados por Jimmy y el agente Dean, salieron por la puerta.

Los gritos y los flashes de las cámaras comenzaron en cuanto los vieron aparecer.

Frank y Marnie se llevaron las manos a los ojos para protegerse de los destellos cegadores de los flashes.

Jimmy se puso a gritarles que se alejasen mientras arrastraba a sus padres hacia el SUV.

Stevie intentó abrirse paso a través de la marabunta, pero justo en ese instante alguien la agarró con fuerza del brazo.

Se volvió hacia quienquiera que la hubiese agarrado como un resorte, para fulminarlo con la mirada. Era el maldito Hilton Moore.

Se zafó de su agarre con fuerza.

—¿Qué quieres?

Él le puso una tarjeta de visita en la mano.

—Por si te apetece hablar.

Stevie le lanzó una mirada furiosa. Prefería cortarse la lengua a hablar con algún periodista. Se metió la tarjeta en el bolsillo, se dio la vuelta y se abrió paso a través de la gente a codazos.

Los periodistas y paparazzi la empujaron de un lado a otro para intentar acercarse al coche.

Una mujer con un traje rojo se apartó en un momento dado y, a través del hueco que dejó, Stevie pudo verlo de nuevo.

Ahí estaba, el hombre que había visto la noche anterior, aunque esta vez de pie entre los periodistas y sin la gabardina y la gorra de béisbol.

En esa ocasión llevaba una camisa y unos pantalones de traje.

Tenía el cabello oscuro y repeinado con la raya al medio.

Pero su estatura…, la postura en la que estaba.

Stevie se quedó helada. Se le pusieron los pelos de la nuca de punta.

El hombre estaba ahí de pie como si nada, a tan solo unos metros, sin ningún micrófono en la mano, ni ninguna cámara cerca.

Tan solo estaba ahí, observándolo todo. Tan quieto…

Como la noche anterior. Era él. Tenía que ser él.

Alguien la empujó, lo que la impulsó a actuar.

Tenía que llegar hasta él, descubrir quién narices era.

Stevie se puso a empujar a la gente, tratando de abrirse camino entre ellos, pero ¡había demasiados!

Apartaos. ¡Apartaos! ¿Dónde se había metido?

Se dio la vuelta, tratando de localizarlo de nuevo.

¿Se había ido? ¡Había demasiada gente! Y ella era demasiado pequeña como para ver por encima de todos ellos.

Se encaminó hacia el patio delantero, lejos del coche, donde no había tantos reporteros.

Logró abrirse paso entre la multitud pero se tropezó.

Se precipitó hacia el césped y cayó de bruces al suelo, justo junto a uno de los gallos ornamentales de Marnie.

—¡Te tengo! —Un par de manos fuertes la tomaron por las axilas, le dieron la vuelta y, por algún motivo que no alcanzaba a comprender, la descubrieron las cámaras.

Los flashes se volvieron locos en ese momento cuando los periodistas se dieron cuenta de que ella también era una de los Baker. ¡La hermana, ni más ni menos!

—No te preocupes. ¡Te sacaré de aquí! —El agente Dean la estaba medio arrastrando, medio llevando en brazos hasta el coche.

—¡No! ¡Para! ¡Escúchame! ¡El hombre! ¡El hombre! —Su voz se vio ahogada por el ruido de la multitud que los rodeaba—. ¡El hombre!

La metió en los asientos traseros del coche y cerró la puerta de golpe tras ella.

Fuera, a través de la ventana, pudo ver cómo el agente Dean le hacía un saludo militar junto a la puerta.

Sí, técnicamente, la había ayudado a librarse de los periodistas, pero ¡¿es que no había oído lo que había dicho? ! ¡El hombre estaba allí mismo!

—Stevie, ¿te has caído? —Marnie la estaba mirando desconcertada, con los ojos todavía hinchados y enrojecidos de tanto llorar.

Sí, se había caído, pero eso ahora no importaba.

—¡Lo he visto! ¡He visto al hombre! —Las palabras le salieron a borbotones de entre los labios.

—¿Qué hombre, Osita? —le preguntó Frank.

—El hombre de anoche. Al que vi vigilando nuestra casa.

Marnie soltó un grito ahogado y empezó a temblarle el labio inferior.

—¿Estaba ahí fuera?

—¡Sí! —Pues claro.

Frank sacó su teléfono y llamó alguien, serio.

—¿Jimmy? A Stevie le ha parecido ver al tipo que vio fuera de casa anoche hace tan solo un momento, ahí mismo, entre los periodistas.

¿Podrías ir a echar un vistazo a ver si lo encuentras?

—Frank asintió con la cabeza, y Stevie pudo oír la voz metálica de Jimmy al otro lado de la llamada—.

Ajá, lo sé. Pero investígalo, por mí, por favor.

Y, dicho eso, colgó la llamada.

—¿Qué ha dicho? —le preguntó Stevie.

—Que han estado vigilando la casa de cerca y que no han visto a nadie que coincida con la descripción que les diste. Pero si está ahí fuera, lo encontrarán.

¿Nadie que coincida con su descripción? ¿Cómo es posible que no lo hubiesen visto?

—Estaba allí —dijo Stevie, segura.

El teléfono de Frank volvió a sonar.

—Vale. Sí…, se lo enseño ahora mismo, espera un momento.

—¿Enseñarme el qué? —preguntó Stevie.

Entonces su padre recibió un mensaje y le mostró la pantalla de su teléfono.

—¿Es este? ¿Este es el hombre al que viste?

Stevie le quitó el teléfono de las manos.

—¡Sí, es él!

Frank hizo una mueca y se quedó mirándola fijamente.

—Stevie, ese es Declan MacGregor, del canal 14 News.

Ella negó con la cabeza.

—¿Qué? Pero si ni siquiera llevaba un micrófono… o una cámara…

—Si es el hombre que viste anoche, no creemos que pueda estar involucrado con el asesinato de Blair. Ni siquiera estaba en el estado cuando la asesinaron. Llegó esta mañana a primera hora. —La voz de Frank sonaba amable, dulce incluso, como si le preocupase hacerle daño con sus palabras.

Stevie tardó un momento en comprender qué era lo que le estaba queriendo decir, en asimilarlo todo.

—Entonces, anoche tuve que ver a otro hombre.

—Sí, puede ser, Osita.

¿Qué quería decir con que «podía ser»?

Frank se llevó el teléfono a la oreja.

—Vale, Stevie cree que entonces debió de ver a otro hombre anoche y que se ha confundido con él. Lo sé…, lo sé… Entonces, ¿tenemos alguna noticia sobre Gunner Trip? Vale…, ya lo sé. Mantenme informado.

Frank colgó la llamada y le lanzó una mirada cómplice a Marnie.

Stevie sabía perfectamente qué significaba esa mirada.

Todas esas veces en las que había jurado haber visto a Mia.

¿Y no había creído también entonces ver a alguien vigilando su casa?

Pero no era lo mismo. Esta vez su mente no estaba tan quebrada como entonces.