Famosa hasta la muerte 7
19%

7

C olby Green abrió la puerta vestida de negro de pies a cabeza.

Stevie la miró de arriba abajo lentamente.

Falda negra, camiseta negra, las uñas pintadas de negro con varias pequeñas «BB» rosas pintadas en cada dedo, y pulseras de la amistad negras en las muñecas en las que ponía «DEP BB» con cuentas de plástico.

Desde luego, alguien se estaba tomando demasiado en serio su duelo.

Era temprano. Demasiado temprano como para estar llamando a la puerta de alguien.

Stevie no había podido dormir bien y se había despertado antes de las cinco de la mañana llorando.

Del mismo modo que se había pasado despertándose durante un año después de que Mia desapareciese sin dejar rastro.

Se le daba mucho mejor controlar sus sentimientos a la luz del día, pero esas horas entre el sueño y la vigilia siempre eran cuando estaba más indefensa.

Quería quedarse metida en la cama. Quizás incluso para siempre.

No pudo evitar imaginarse a Blair tirada en el suelo, con el hombre de la gabardina y la gorra sujetándola.

Pero cuando Catsy siguió restregando esa pequeña naricita preocupada e insistente contra su costado, se obligó a levantarse, recordándose a sí misma que tenía trabajo que hacer, una pista que seguir.

Se puso a mandar mensajes a todos sus conocidos para ver si alguien sabía dónde vivía Colby, y después se puso a tomar nota de todos los sospechosos, colocando a Gunner Trip y al acosador de su hermana en los primeros puestos de la lista, y a Colby Green al final.

No porque creyese en serio que la chica podría haber sido la asesina, sino porque una lista de sospechosos con tan solo dos nombres le parecía demasiado escueta.

Además, Colby había estado presente en el estadio el día en que habían asesinado a Blair, y Blair no había acudido a su fiesta, así que cabía la posibilidad, aunque fuese ínfima, de que estuviese involucrada en su asesinato.

También había vuelto a comprobar la página de fans de Blair Baker y había visto que Colby había subido una entrada sobre la vigilia a la luz de las velas que se celebraría por la muerte de Blair en tan solo un par de días, la misma que ella había organizado.

Tal vez a Stevie se le debería haber ocurrido hacer algo parecido, al fin y al cabo, Blair era su hermana.

Pero, siendo sincera, no tenía fuerzas ni ganas de enfrentarse a otra vigilia.

¿Era posible que alguien estuviese harto de las vigilias?

Sí, pensó, lo era. Habían celebrado tres por Mia, la primera poco después de que desapareciese, y después otras dos en el primer y segundo aniversario de su desaparición, y Stevie nunca había encontrado ninguna clase de consuelo en ellas.

A las seis de la mañana, había salido de casa sin hacer ruido, dejando a su madre en la habitación en la planta de arriba llorando a lágrima viva y a su padre haciendo todo lo posible por consolarla.

No podía quedarse allí cuando en esa casa reinaba el dolor, y no podía permitir que este siguiese atormentándola.

Salió por la puerta trasera y respiró una buena bocanada de aire fresco.

El sol estaba empezando a asomarse por el horizonte, tiñendo el césped con su suave y dorado resplandor.

Ya hacía bastante calor, y el cielo estaba despejado.

Le parecía injusto que el mundo pudiese seguir siendo así de hermoso después de una tragedia como aquella.

Escaló el muro del jardín para tratar de evitar a los paparazzi que había acampados frente a la entrada.

Jimmy tenía razón cuando dijo que seguramente regresarían a primera hora de la mañana, de hecho, los primeros habían aparecido poco después de que ella se hubiese despertado.

Habían llegado camionetas tras camionetas llenas de ellos, con sus cámaras y micrófonos, ansiosos por encontrar una buena historia.

Ya habían venido otros agentes a sustituir al agente Dean, y en ese momento había tres coches patrulla estacionados frente a la entrada de la casa.

Ignoró descaradamente el consejo que le había dado el agente Dean de no salir sola de casa y se encaminó hacia casa de Colby andando, en vez de ir conduciendo, para matar algo de tiempo por el camino.

Estaba segura de que nadie sería tan estúpido como para atacarla en la calle a plena luz del día.

Aun así, se sobresaltó cuando un hombre y su perro pasaron corriendo a su lado.

Deambuló de un lado a otro por la calle durante un buen rato, frente a la casa de Colby, pensando en qué decirle, hasta que se convenció de que las siete de la mañana era una hora más que razonable para llamar a la puerta de alguien; después de todo, estaba llevando a cabo una investigación por asesinato.

Stevie puso el teléfono en silencio y aguardó.

Unos minutos más tarde, Colby abrió la puerta con un bostezo.

—¿Hola? —Abrió los ojos como platos al reconocerla. Señaló a Stevie con un dedo—. Eres… eres Stevie Baker.

—Lo soy —respondió Stevie. Agh, se iba a poner a comportarse como una tonta solo porque era la hermana de Blair, ¿verdad? Mejor no darle la oportunidad—. Mira, me preguntaba si…

Colby la interrumpió.

—¡Por Dios! —Entonces se echó a llorar y se lanzó a abrazarla con fuerza—. Siento mucho tu pérdida. Lo siento muchísimo. No sé qué decir. Es todo tan horrible…

Stevie se quedó allí de pie, paralizada, con las manos en los bolsillos y una Colby que no dejaba de llorar abrazada a ella.

Se le formó un nudo en la garganta. No. Se negaba a pensar en lo que había perdido.

Y tampoco permitiría que la inesperada amabilidad de Colby Green la hiciese llorar.

Había ido hasta allí para interrogarla, no quería su compasión.

Se alejó todo lo que pudo de ella y le dio un par de palmadas en la espalda. Qué raro era todo. Seguro que así captaba el mensaje, ¿no?

Colby le dio un suave apretón y después se apartó, con el rostro surcado de lágrimas e hinchado.

—No me puedo creer que sea real. Lo vi todo, estuve allí, pero sigo pensando que esto no es más que una horrible pesadilla. —Parecía ciertamente alterada. Sin duda, mucho más que en sus vídeos.

Stevie carraspeó para aclararse la garganta.

—Estoy investigando lo que ocurrió. No confío en que la policía de Honeyville vaya a poder encontrar al asesino de Blair. Vi el vlog que subiste anoche. Y tengo unas cuantas preguntas que me gustaría hacerte, sobre lo que viste y sobre lo que sabías sobre Blair.

—¡Ay, Dios, pues claro! Puedes preguntarme lo que sea. —Colby le pasó un brazo por los hombros—. Entra, entra.

La casa de la chica parecía nueva, como si, en realidad, nadie viviese allí.

Las paredes estaban pintadas de blanco y no tenían nada colgado, y la moqueta era de un tono gris de lo más aburrido.

No había fotografías, o cuadros, o plantas…

ni mucho signo de vida, en realidad. Allí no había ni rastro del desorden habitual que una familia suele acumular al vivir durante un tiempo en una misma casa.

A diferencia de la casa de los Baker, que siempre estaba llena de toda clase de baratijas y decoraciones que Marnie (y el resto de la familia) había ido recopilando a lo largo de los años.

Las paredes del hogar de Stevie estaban cubiertas de fotografías en las que salían Hal, Blair y ella, con distintas edades, otras de la boda de Marnie y Frank, y de sus abuelos, que hacía tiempo que habían fallecido.

De Mia. Si te adentrabas por los pasillos de la residencia de los Baker, podías hacerte una idea bastante acertada de cómo eran los miembros de su familia.

La casa de Colby, en cambio, era un enorme lienzo en blanco.

—Este sitio es muy bonito. Muy minimalista —comentó, porque sentía que debía decir algo.

Colby sonrió.

—Gracias. A mi madre no le gusta mucho eso de decorar. Ganó la lotería hace unos años y compró esta casa con el dinero que consiguió. Aunque no hemos hecho mucho con ella desde entonces, la verdad. Pero esta casa es mucho mejor que nuestro último hogar.

—¿La lotería? Vaya. Creía que eso nunca lo ganaba nadie.

—Pues, al parecer, sí que es posible ganarla.

—Colby señaló la foto que había sobre el alféizar de la ventana, en lo alto de la escalera, al parecer, la única fotografía que había en toda la casa.

En ella aparecía una mujer que debía de haber tomado unas cuantas decisiones excepcionalmente atrevidas en la vida, y que sostenía entre sus manos un enorme cheque a nombre de Faith Green por un valor de ochocientos mil dólares y estaba sonriendo como loca—.

Mamá insistió en que le sacase una foto cuando recogió el premio, porque dijo que de lo contrario nadie le creería.

—Vaya —repitió.

Colby abrió una puerta.

—Esta es mi habitación.

Stevie se preparó para adentrarse en alguna clase de santuario dedicado a Blair Baker, pero el dormitorio de Colby no tenía esa estética de fan loca que ella esperaba.

No había ni un solo póster de Blair colgado en las paredes, tan solo una foto enmarcada sobre la mesita de noche en la que salían Blair y Colby; Blair en la alfombra roja y Colby inclinándose hacia ella por encima de una cuerda.

También tenía un tablón con un montón de entradas de antiguos conciertos de Blair Baker y un escritorio pegado a la pared del fondo, con un portátil con un aro de luz encima.

Por último, también había montones de cuentas negras sobre la alfombra.

—Así que aquí es donde haces tu merch de la muerte —comentó Stevie.

—¿Mi qué? —Colby la observó claramente confundida.

Stevie había sido demasiado directa, demasiado cruel; no sabía por qué había dicho eso. Señaló la muñeca de Colby.

—Tus pulseras.

La chica bajó la mirada hacia allí.

—Me he pasado toda la noche despierta haciéndolas. Estaba sola en casa y no sabía qué otra cosa hacer.

—Eso y organizar una vigilia. Has tenido una noche bastante ocupada.