Famosa hasta la muerte 6
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S tevie abrió Google y buscó el nombre de su hermana. La búsqueda obtuvo un montón de resultados. Y en todos ellos aparecía el rostro de Blair.

En los periódicos, revistas y páginas más populares no había nada que no hubiese leído ya, así que solo le quedaba investigar en redes sociales, y sabía que allí sería donde encontrase todas las hipótesis y teorías que andaba buscando.

Las redes estaban que echaban humo con la historia del asesinato de la cantante más querida de Estados Unidos.

Había cientos de famosos que habían subido publicaciones para darle el pésame, fotografías en las que salían con ella, diciendo lo mucho que la querían, como si estuviesen compitiendo por ver quién le había tenido más cariño.

Incluso el presidente había subido un fragmento de la letra de una de sus canciones como tributo.

Había un vídeo tras otro de fans llorando frente a sus cámaras, compartiendo con el mundo entero lo devastados que se sentían.

«Blair lo era todo para mí. Blair siempre estuvo ahí cuando más la necesité.

Sentía que Blair era mi mejor amiga. Blair, Blair, bla, bla, bla».

Ninguno de ellos la conocía. Todos estaban aprovechándose del dolor de Stevie para conseguir un puñado de me gustas, pero nada más.

Stevie parpadeó y se frotó los ojos. Los tenía muy secos, tanto que las lentillas se le habían quedado pegadas.

Se las quitó, se puso las gafas y esperó un momento a que su vista se acostumbrase a sus nuevas lentes, y después siguió buscando por internet hasta que encontró lo que andaba buscando: los vídeos del concierto de esa noche.

La gente había publicado imágenes y vídeos temblorosos tomados desde distintos ángulos.

¿Y si alguien había conseguido grabar algo que pudiese darle alguna pista?

¿Y si alguien había grabado de fondo al hombre de la gabardina?

El agente Dean había dicho que debería de ser bastante fácil de localizar, así que a lo mejor lo encontraba entre la multitud.

O quizás veía a Gunner, o a alguien más…

Pero ¿tener que verlo de nuevo? ¿Ver otra vez a su hermana desplomada sobre la plataforma, inerte y ensangrentada? Stevie vaciló antes de abrir el primer vídeo. Le tembló la mano sobre el ratón.

No puede ser peor que haber tenido que ser testigo de ello en directo.

Le dio a reproducir.

Los rostros de dos chicas llenaron por completo la pantalla de su ordenador.

Estaban sonriendo de oreja a oreja, sacando la lengua, y se pusieron a gritar cuando los músicos empezaron a tocar.

Después volvieron la cámara hacia el escenario.

El plano subía y bajaba como si estuviesen dando saltos.

Se veía a la banda. Y a las mascotas de la gira.

Y entonces, ahí estaba Blair. En lo alto de la plataforma que no paraba de subir, en medio del escenario.

Con las piernas colgando inertes del borde.

Y los brazos estirados a cada lado. Ahí estaba su cuerpo, emergiendo en medio de una marea de vítores y gritos animados.

Como un sacrificio en el altar del entretenimiento.

Quieta. Tan quieta…

Tragó con fuerza. ¿Cómo podía haber tardado tanto en darse cuenta de lo que estaba pasando?

¿Cómo podía haberse quedado allí sentada, rodeada de tanta gente, sin saberlo?

Se le formó un nudo en la garganta y la bilis le subió a toda prisa desde el estómago.

Pausó el vídeo, se bajó de la cama de un salto, cubriéndose la boca con una mano, y vomitó en la papelera.

Se apoyó en la pared e intentó respirar con calma para que la habitación dejase de darle vueltas.

Podía oír el latido acelerado de su corazón en los oídos.

No podía quitarse de la cabeza la imagen del cuerpo roto de Blair sobre esa plataforma, ni dejar de oír la advertencia de Hal resonando en sus oídos…

«No te hizo ningún bien». ¿Por qué se estaba obligando a hacer eso de nuevo?

Respiró hondo y escupió en la papelera para quitarse el regusto amargo de la bilis de la boca.

Después se limpió los labios con el dorso de la mano, bebió un sorbo de agua y se sentó de nuevo en la cama. Sabía por qué lo estaba haciendo. Porque quizás alguien había grabado algo que pudiese darle alguna pista de lo que le había ocurrido a su hermana.

Solo tienes que disociar. Céntrate solo en los detalles. Bloquea las emociones. Haz el dolor a un lado.

Volvió a clavar la vista en la pantalla.

Esta vez, sin que le temblase la mano, le dio a reproducir.

Se centró tan solo en los detalles. En los rostros que podía ver entre la multitud.

En la gente que había sobre el escenario, o incluso entre bambalinas.

En los guardias de seguridad y vendedores de merchandising .

Amplió cada toma, tratando de ver algo más allá de las cabezas que le bloqueaban la vista.

Lo revivió todo. Fotograma a fotograma. La entrada de Blair.

Las veces que los músicos habían tenido que volver a empezar porque ella no había entrado cuando debía entrar.

Bex Lyons saliendo al escenario a la carrera.

Los gritos. El pánico. El anuncio por megafonía.

El paramédico que había negado con la cabeza.

Una y otra vez, ángulo tras ángulo. Pero no había nada que Stevie no hubiese visto ya con sus propios ojos.

La invadieron las dudas. Y después llegó la rabia.

¿Qué narices esperaba encontrar? ¿A un tipo saliendo de puntillas de detrás del escenario con una pistola en la mano y una camiseta en la que pusiese: «Yo asesiné a Blair Baker»?

Pero siguió buscando. Y buscando. Viendo un vídeo tras otro, reviviendo el asesinato de su hermana.

Su desesperación fue en aumento y entonces fue cuando empezó a descentrarse; dejó de fijarse en los detalles y le abrió el camino de vuelta al dolor.

Blair estaba muerta. Su hermana estaba muerta.

Ese dolor le rompió el corazón, le atravesó el pecho.

Apartó la mirada de la pantalla. Los sollozos la hicieron estremecer, sacudiéndola desde dentro.

Se dejó llevar y lloró desconsolada. Tenía la sensación de que no iba a poder parar nunca, pero entonces notó como una lengua áspera le recorría la mejilla y una nariz diminuta le acariciaba la piel.

Stevie se sorbió los mocos por la nariz y se secó los ojos con la sábana.

—Estoy bien, estoy bien.

Se acurrucó junto a Catsy, repitiendo contra su pelaje una y otra vez que estaba bien. Pero no estaba bien. Annie tenía razón. No era justo. Había perdido a Mia, y ahora también a Blair. Y quizás nunca descubriese lo que le había ocurrido a ninguna de las dos.

Se incorporó en la cama, con un movimiento pesado y renuente.

Debería apagar la luz de una vez. Intentar dormir un poco.

Quizás tendría más éxito por la mañana, después de haber descansado.

Un ligero murmullo seguía saliendo de los altavoces de su ordenador portátil m ientras se reproducía un vídeo tras otro.

Y ahí estaba, el nombre de su hermana, repetido una y otra vez.

Para. Por favor, para.

Alargó una mano hacia el ordenador, lista para cerrarlo de golpe, pero se detuvo al ver un rostro familiar en la pantalla.

Colby Green, llorando, con las mejillas cubiertas de ríos de máscara de pestañas. Pues claro que ella tenía algo que decir al respecto.

—Estoy rota. Todos estamos rotos. Esta noche hemos perdido a una estrella, pero el cielo ha ganado un ángel.

—A Stevie le volvieron a entrar ganas de vomitar.

Colby debería cerrar el pico y dejar de hablar de cielos y ángeles.

Alargó una mano de nuevo hacia la pantalla, pero entonces Colby dijo algo que la hizo detenerse.

—Después de los acontecimientos tan traumáticos de esta noche, siento que debo contaros algo.

En los próximos días subiré a la página de fans de Blair Baker un vídeo con mi experiencia de todo lo que ocurrió antes del concierto en su ciudad natal.

Sé que estamos viviendo un momento muy doloroso, y espero que os estéis cuidando mucho los unos a los otros, y a vosotros mismos.

Pero tengo información importante sobre lo que podría haberle ocurrido a Blair y quiero que vosotros, sus leales fans, seáis los primeros en saberlo.

A Stevie se le paró el corazón por un momento.

¿«Información importante»? Pero ¿qué…? Fulminó la imagen congelada de Colby con la mirada.

¿Qué quería decir con eso de lo que había ocurrido antes del concierto?

Era imposible que Colby pudiese saber algo sobre el asesinato de Blair, ¿no?

Aun así, una descarga de adrenalina le provocó un cosquilleo en la cabeza y la hizo correr a buscar la página de fans de su hermana.

Y ahí estaba Blair, vestida como una vaquera, montada sobre un caballo al que habían disfrazado de unicornio. Colby había escrito en el pie de foto: «Querida Blair, gracias por todo, ojalá en el cielo puedas seguir montando en unicornio».

¿Montando en unicornio? Stevie hizo una mueca y pulsó el enlace que llevaba al blog de Colby.

Vaya. Stevie se recostó contra la pared y se masajeó la frente.

Colby era una bloguera muy activa: había más de mil entradas en su blog y vlog.

No tardó mucho en encontrar el vídeo que había subido esa misma noche.

Tan solo llevaba publicado una hora, pero ya tenía ochenta mil visitas, sesenta y dos mil me gustas y diecisiete mil comentarios.

Stevie le dio a reproducir.

Vamos, Colby Green, veamos qué es esa información tan importante que tenías que contarme.

El rostro de Colby apareció en pantalla, con una mueca triste y deliberadamente solemne.

La chica se puso a hablar de lo rota que se sentía y de sus momentos favoritos de Blair, después encendió una vela y rezó una oración.

Aquello no era ninguna información importante.

Más bien tan solo era clickbait. Pero entonces carraspeó para aclararse la garganta y entrecerró los ojos.

—Como algunos de vosotros ya sabréis, después de la decepción que nos llevamos cuando Blair no apareció en nuestra fiesta de antes del concierto, la que celebramos la tarde del día anterior al concierto, me contactó para quedar conmigo la tarde del concierto, antes de que empezase todo.

Stevie pausó el vídeo y frunció el ceño.

Blair jamás habría accedido a ir a ninguna fiesta para fans.

Y, desde luego, jamás habría llamado a una fan directamente para quedar con ella, ¿verdad?

Colby tenía que estar mintiendo. Además, Blair también había dicho que iría a cenar a la casa familiar la noche antes del concierto.

Así que quizás le había dicho a Colby que iría a la fiesta, aunque en realidad no tuviese ninguna intención de cumplir esa promesa.

Tal vez Colby se había enfadado porque Blair la hubiese dejado plantada.

¿Una fan loca que había asesinado a su cantante favorita por venganza?

Stevie negó con la cabeza. Era una hipótesis demasiado descabellada.

Estaba empezando a sacar conclusiones precipitadas.

Vale que Colby era una pesada, pero ¿una asesina ? Le volvió a dar a reproducir.

—Mientras la esperaba fuera de su camerino, alrededor de las tres de la tarde, estaba grabando contenido para mi canal cuando… ocurrió algo que me puso los pelos de punta. Ahora os voy a dejar el clip. Quizá tengáis que subir el volumen, porque el audio no es muy bueno.

¿De verdad estaba fuera del camerino de Blair?

¿Cómo había llegado hasta allí? Quizás Colby sí que supiese algo.

A Stevie se le aceleró el corazón al subir el volumen del ordenador al máximo e inclinarse hacia la pantalla.

La cara de Colby volvió a aparecer en la pantalla, con las mejillas sonrojadas por la emoción.

Hablaba rápido y en susurros, mirando a todas partes como si estuviese nerviosa.

—Ese es el camerino de Blair, el que está al final del pasillo.

Estoy esperando a que me llamen para poder entrar.

Creo que hay alguien con ella. No estoy segura de quién es, pero ¡podría ser Gunner Trip!

—Colby soltó un gritito emocionado, pero un ruido que resonó de fondo la hizo detenerse y darse la vuelta.

El vídeo no tenía mucho volumen, pero debió de haber sido lo bastante fuerte en la vida real como para llamar la atención de la chica. Entonces se volvió de nuevo hacia la cámara y susurró:

—¡Creo que está pasando algo ahí dentro! Puedo oír a alguien alzando la voz. Voy a acercarme un poco para ver si puedo averiguar qué está ocurriendo.

Stevie se puso nerviosa. Colby se acercó de puntillas al camerino de su hermana, enfocándose la nariz con la cámara.

No era su mejor plano, desde luego. Y se detuvo junto a la puerta.

Stevie se inclinó hacia la pantalla del ordenador y pudo oír el ruido de una serie de voces hablando en susurros, pero el audio estaba demasiado enlatado como para saber qué estaban diciendo.

—Vale, Blair acaba de gritar: «Pero ¡yo sí lo sé!» —dijo Colby, desconcertada y preocupada—. Parece angustiada. Creo que debería entrar y comprobar si está bien…

Entonces la cámara enfocaba hacia el suelo de repente y se oía un:

—¡Oye! ¡¿Qué haces tú ahí?! —Y la pantalla se quedaba en negro antes de volver a mostrar a Colby sentada en su cuarto.

—Como habéis podido ver, estaba claro que algo iba terriblemente mal dentro del camerino de Blair la tarde de su muerte.

No sé quién estaba allí con ella, pero ¡creo que podría haber sido su asesino!

Por desgracia, los de seguridad no estaban informados de que yo tenía permiso para estar allí y me acabaron echando antes de que pudiese descubrir qué era lo que le pasaba a Blair.

Os podéis imaginar lo culpable que me siento ahora por no haber podido hacer más por ella.

—Colby tragó con fuerza y después alzó la mirada hacia el techo—.

Blair, quiero que sepas que lo siento, y que te quiero. Todos te queremos.

Stevie se recostó contra el cabecero de la cama, con el portátil caliente sobre su regazo.

¿Qué narices acababa de ver? Quizás Colby, a pesar de ser teatrera y dramática como la que más, tenía razón.

Quienquiera que estuviese en esa habitación discutiendo con Blair podría haber sido su asesino.

Aquello podía ser una pista, una de verdad.

Juntó las manos, pero no pudo contener el temblor que se había apoderado de ellas.

A primera hora de la mañana, iría a visitar a Colby Green y le haría unas cuantas preguntas sobre la fiesta de antes del concierto a la que Blair, al parecer, había dicho que iría. Y sobre quién demonios estaba en su camerino la noche del concierto .