Famosa hasta la muerte 5 #2
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Notó cómo Catsy deslizaba su cuerpo cálido alrededor de sus piernas. La tomó en brazos y enterró el rostro entre su pelaje.

—¿Cuánto tiempo podría tardar en ver si hay alguien ahí fuera, chica?

No tanto, ¿verdad?

Oyó una serie de pasos que se acercaban desde el final de la calle.

Lo encontró rápidamente con la mirada, corriendo hacia ella. Dejó escapar un suspiro aliviado.

El agente Dean no se detuvo hasta que llegó a su ventana. Se llevó las manos a las caderas y se dobló sobre sí mismo, con la camisa estirándosele sobre el pecho mientras trataba de recobrar el aliento.

—Me temo que no hay ni rastro de él.

—Estaba ahí —soltó, quizás un tanto cortante, aunque no pretendiese sonar así.

—Te creo, Stevie.

Dejó a Catsy de nuevo en el suelo.

—Es solo que… he tardado demasiado en avisarte. Me quedé paralizada cuando le vi… —Dejó la frase colgando. ¿Por qué estaba admitiendo aquello? Él también debería haber visto a aquel hombre. ¿No estaba por eso allí? ¿Para vigilar?

—Es totalmente comprensible. El ver a un tipo en tu calle, con un cuchillo en la mano, haría que cualquiera se quedase paralizado.

Pero ¿de verdad había sido un cuchillo? A Stevie le estaba costando recordar los detalles de lo que había presenciado, de lo que creía haber visto.

—¿Lo habías visto antes?

—No. Nunca. ¿Crees que podría tener algo que ver con Blair? ¿Que podría ser algún fan loco? ¿O su acosador?

—Es posible. Claro que también podría ser tan solo una coincidencia. Podría no ser más que un oportunista asqueroso.

—¿Y qué? ¿Estaba ahí solo porque le gustaba nuestra calle?

El agente Dean suspiró con fuerza.

—A ver… ¿tal vez? Puede que se viese atraído hasta aquí por todo el bullicio y ajetreo del día de hoy. Pero debo investigarlo seriamente. ¿Puedo entrar para tomarte declaración?

—No, ya bajo yo.

Marnie y Frank no tenían por qué enterarse de aquello esa noche, ya tenían suficiente con todo lo demás.

Cerró la puerta principal tratando de no hacer ruido.

Le temblaban las manos, por lo que se las metió en los bolsillos traseros de los pantalones.

El agente Dean ya estaba listo y esperándola en el porche, con su libreta y bolígrafo en la mano.

Stevie no pudo evitar volverse hacia el final de la calle.

—No te entretendré mucho. Puedo escribir luego un informe mucho más detallado de lo que ha ocurrido, pero necesito que me des unos cuantos datos más.

—Sí, claro.

—¿Te acuerdas de qué aspecto tenía el hombre que has visto?

—No sé…, parecía un tío raro y espeluznante. —Sacudió la cabeza. Estás siendo de gran ayuda, Stevie. Con esa descripción podrían dibujar un retrato robot perfectamente.

—«Un tío raro y espeluznante» —repitió.

A Stevie le pareció muy bonito que estuviese dejándolo todo por escrito y, sobre todo, no haciéndola sentir estúpida.

Entonces el agente Dean alzó la mirada. La luz del porche proyectaba un suave resplandor dorado sobre su rostro, iluminando las pecas que le surcaban la nariz y las mejillas. Y la estaba observando con firmeza, como si quisiese alentarla a seguir hablando.

—¿Algo más de lo que te acuerdes?

Stevie respiró hondo.

—Era alto. Debía de medir más de dos metros, eso seguro. Y también estaba un poco gordo, como si no estuviese para nada en forma. Tenía barriga. Y llevaba una gabardina y una gorra de beisbol.

—Vale, eso nos vale. Lo estás haciendo genial.

¿En serio?

—¿Te acuerdas del color de pelo? ¿O de su color de ojos? —Volvió a pegar la punta del bolígrafo a la libreta.

—Todo estaba demasiado oscuro. No pude verlo bien. Lo siento por no poder ser de más ayuda.

Él cerró la libreta y se la guardó en el bolsillo trasero de los pantalones.

—Te seré sincero, con estas pistas no tenemos mucho de lo que tirar para encontrarlo.

Pero creo que un tipo tan grande como el que me has descrito debería ser fácil de localizar si es que decide volver a aparecer por aquí.

Me aseguraré de que los demás agentes estén al corriente y pendientes.

Como he dicho, podría haber sido tan solo alguien que merodeaba por aquí esta noche, pero no podemos descartar que tenga algo que ver con Blair.

—¿Crees que tal vez sea su acosador? ¿Que vino para…

estar más cerca de ella o algo así? ¿Para ser testigo de las consecuencias de haberla asesinado?

—Todavía había bastante humedad allí fuera, incluso para ser de noche, pero aun así un escalofrío la recorrió de la cabeza a los pies.

Se abrazó el cuerpo con fuerza—. Tú también has oído hablar de eso, ¿no?

De que hay locos que asesinan a gente por placer.

—La gente así es mucho menos común de lo que las películas te puedan hacer creer, pero tampoco podemos descartar esa hipótesis.

Sobre todo teniendo en cuenta que Blair no era una chica normal, sino una extremadamente famosa.

No quiero preocuparte de forma innecesaria, pero si ese es el caso, su acosador podría sentirse atraído también por ti, al ser su hermana, y querer causarte el mismo daño que a ella.

Stevie apretó los labios con fuerza.

—Ya, bueno, pues cuesta un poco no preocuparse por ello, la verdad.

—Creo que ahora lo que tienes que hacer es pensar en frío. No salgas nunca de casa sola, sobre todo después de que anochezca. Asegúrate de mantener las ventanas y las puertas cerradas. Estate siempre atenta y ten mucho cuidado.

Stevie se masajeó la nuca. Aquello iba en serio.

—¿Crees que podría volver?

—No quiero hacer suposiciones, pero, si lo hace, te aseguro que habrá algún agente vigilando aquí fuera.

Stevie asintió con la cabeza, y se mordió la lengua para no soltar que él había estado aquí fuera y, aun así, no lo había visto.

—Puede que no haya sido este tipo, Stevie. Gunner Trip sigue siendo nuestro principal sospechoso y aún no hemos conseguido localizarlo…

—Y «en esta clase de casos, el asesino suele ser un amante con el corazón roto y sed de venganza»… —Stevie dejó que sus palabras, o las palabras de él, más bien, se cerniesen sobre ellos. ¿Pretendía hacer un comentario gracioso? ¿Soltarle una pulla? Ni ella misma lo sabía.

De todas formas, él no mordió el anzuelo.

—Mañana hablaré con tus padres y con todos los vecinos, para preguntarles a ver si han visto algo raro y pedirles que estén atentos.

—Vale, gracias.

—Bueno…, pues entonces creo que ya hemos terminado. Intenta dormir un poco. Yo estaré aquí fuera si necesitas algo. —Retrocedió un paso y se tropezó con los escalones del porche.

Stevie lo observó con las cejas enarcadas. Aquello no resultaba precisamente tranquilizador…, pero… ¿es que estaba conmocionado por lo que había ocurrido y estaba tratando de no demostrarlo?

—¿No deberías de tener un compañero contigo esta noche?

—Pensé que no pasaría nada si estaba una hora solo. Creíamos que sería un turno de vigilancia tranquilo.

—Bueno, pues os equivocasteis.

Se llevó las manos a las caderas y asintió, esbozando una media sonrisa.

—Sí, nos equivocamos.

Pensándolo en frío, Stevie no sabía decir si había sido muy valiente o muy estúpido al salir corriendo tras un posible asesino.

—No te preocupes, el agente Dwight llegará pronto, así que no estaré toda la noche solo.

Stevie asintió y se dio la vuelta, dispuesta a marcharse. El agente Dean carraspeó con fuerza para llamar su atención y, cuando ella se volvió de nuevo hacia él, bajó la mirada hacia el suelo.

—Solo quería decirte que siento mucho lo que le ha ocurrido a tu hermana.

Entonces volvió a alzar la vista y sus ojos se encontraron, y la observó con tanta sinceridad que a Stevie se le formó un nudo en la garganta. No se atrevió a decir nada, por lo que se limitó a volver a asentir y se apresuró a entrar en casa.

Stevie le echó un último vistazo al coche patrulla del agente Dean antes de correr las cortinas.

Estaba sentado en el asiento delantero, con la mirada clavada en el tejado de su casa, con el pecho subiéndole y bajándole con cada respiración lenta y comedida, como si estuviese tratando de calmarse.

Por un momento, le entraron ganas de abrir la ventana para preguntarle si se encontraba bien. Pero eso habría sido muy raro.

Bajó la mirada hacia Catsy, que estaba hecha un ovillo suave en su cama, respirando lenta y rítmicamente.

Stevie también debería estar cansada, y quizás lo estaba, pero no podía dejar de darle vueltas a todo, como si su cerebro fuese incapaz de apagarse, de silenciarse.

Su hermana había muerto. Miles de personas habían visto su cadáver, millones incluso, gracias al alcance de internet.

Ella misma lo había visto.

Estaba tan quieta…

El paramédico negó con la cabeza.

Se metió bajo las sábanas, tratando de no despertar a Catsy, y se volvió a colocar el ordenador portátil sobre el regazo .