Famosa hasta la muerte 4 #2
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—¿Que vean que estás haciendo tu trabajo como es debido o que hagas tu trabajo como debes hacerlo? —le espetó Hal.

—Ambos. Este es un caso con una víctima de gran relevancia, todos van a estar pendientes del Departamento de Policía de Honeyville. Vamos a tener que dedicarnos en cuerpo y alma a resolverlo —dijo Jimmy.

Había dicho lo mismo cuando había desaparecido Mia y con el caso del asesinato de Aaron Taylor.

La Policía de Honeyville al completo se había volcado por resolverlos, aunque sin éxito alguno.

A Mia nunca la habían llegado a encontrar, y el asesino que había disparado a Aaron en el estómago a sangre fría en ese aserradero seguía campando por ahí a sus anchas.

Quizás Jimmy y sus compañeros se estaban volcando en cuerpo y alma en otras cosas, en vez de en su trabajo.

—Tenemos que investigar a todo el mundo.

A su equipo, a los fans, a su acosador, al novio y también a su familia.

Y lo único que quiero es descartar a todos y cada uno de sus familiares cuanto antes.

Así que, Ha…. —Jimmy carraspeó para aclararse la garganta—.

Tengo que preguntártelo, chico. ¿Dónde estabas a las siete de la tarde?

—No fue al concierto —dijo Annie, antes de que Hal pudiese responder—.

Ninguno de los dos fuimos. Ni siquiera vinimos a buscar los pases VIP que nos había dejado preparados Blair, así que no habríamos podido entrar ni aunque quisiésemos.

Yo sí que había querido ir, pero después de que Blair decidiese no presentarse a la cena anoche, supe que iba a ser imposible convencer a Hal de que me acompañase, y me negaba a ir sin él. Así que nos quedamos en casa. Juntos.

—¿Es cierto? —preguntó Jimmy, observando a Hal fijamente—. Necesito que me lo confirmes.

Hal pasó la mirada de Annie a Jimmy, y después volvió a clavarla en el suelo y se removió ligeramente en su sitio.

—Sí, es cierto.

Mierda. Estaba mintiendo. A Stevie se le revolvió el estómago.

Fue por ese gesto de Hal. Le había visto hacerlo cientos de veces antes.

Cuando Marnie o Annie le reprochaban su comportamiento por cualquier nimiedad, solía bajar la mirada hacia el suelo, cambiar el peso de un pie a otro, y jurar por Dios que no había hecho aquello de lo que le estaban acusando.

Y también lo delataba cuando hacía algo grave.

La mirada de Stevie se encontró con la de su hermano, y él se la sostuvo por un momento, antes de apartarla.

Jimmy sonrió y dio un par de palmadas sobre la mesa.

—Eso es todo lo que necesitaba oír.

Frank se levantó, fulminando a su hermano con la mirada.

—Creo que ha llegado el momento de que te marches.

—Venga… No seas así.

Frank tuvo que tragarse un sollozo.

—No estoy siendo de ninguna forma. Nuestra hija ha muerto esta noche, Jimmy.

—Y yo voy a hacer todo lo que esté en mi mano para encontrar a su asesino.

Hal soltó una carcajada hueca.

—Pues disculpa porque no tenga ni la más mínima fe en ti.

Marnie se echó a llorar de nuevo y Annie se levantó de un salto de su asiento, se arrodilló junto a ella y la tomó de las manos con dulzura.

—No comprendo cómo alguien puede haber sido capaz de entrar en ese estadio y disparar a mi hija con toda esa gente y guardias de seguridad a su alrededor. ¡Explícame cómo ha podido ocurrir algo así, Jimmy! —Marnie le miró fijamente, con los ojos ardiendo por la furia desesperada que sentía.

—Todavía estamos en las primeras fases de la investigación —repuso el hombre.

Stevie se echó hacia delante en su asiento.

—Pero seguro que tienes alguna teoría, ¿no?

Jimmy puso una mueca.

—Todavía es…

—Si tienes algo, nos gustaría escucharlo —le interrumpió Frank.

Jimmy le sostuvo la mirada a su hermano por un momento, antes de carraspear con fuerza.

—Vale, esto es lo que sé. Justo debajo del escenario había una especie de salita de espera, como una diminuta jaula de metal, en la que se guarda la plataforma que después sube hacia el estadio.

Está bastante alejada de la zona de los camerinos y de las salas de los técnicos de luces y sonido.

Antes de cada concierto, Blair insistía en que la dejen media hora sola para centrarse y prepararse para salir al escenario.

Stevie asintió, imaginándose a una Blair de diez años nerviosa, encerrándose en los baños antes de cada recital de baile en el que solían participar de pequeñas.

Cuando no eran más que unas crías, Stevie era la única que podía hacerla hablar antes de cada actuación.

A pesar del talento que tenía, a Blair nunca se le dio bien lidiar con la fama.

Cuando su primer single se hizo viral, con solo quince años, y la gente empezó a fijarse en ella y a acudir en masa cuando la veían, el médico le tuvo que recetar Xanax para ayudarla a lidiar con el estrés de la fama.

Esa fue la primera droga a la que se volvió adicta, la siguiente fue la cocaína.

A S tevie siempre le había preocupado el futuro de Blair.

Pero nunca había pensado que su vida pudiese acabar así.

—Entonces, se metió en esta salita, cerró la puerta y, mientras tanto, su equipo de seguridad se quedó fuera. Lo que pensamos es que lo más probable es que su asesino ya la estuviese esperando dentro.

El corazón de Stevie, su sangre, sus órganos… Todo su cuerpo se quedó helado.

Marnie contuvo el aliento.

—¿Había alguien allí con ella?

—La última vez que alguien fue a comprobar la plataforma para asegurarse de que todo funcionaba correctamente fue a las tres de la tarde.

Blair no entró en la sala de la plataforma hasta las ocho y media, lo que nos deja con una ventana bastante amplia de tiempo para que alguien pudiese colarse allí sin ser visto.

Una ventana de unas cinco horas y media era más que amplia.

—Creó que le dispararon justo cuando estaban lanzando los fuegos artificiales, para enmascarar así el ruido.

—Pero estaba viva después de eso. La oímos hablar por megafonía —replicó Stevie.

—Era un audio que habían grabado antes.

—Pero si había guardias de seguridad apostados fuera de esa sala, ¿cómo es posible que no viesen a quien lo hizo?

—Una vez que la plataforma se alzó, los guardias tenían que subir y colocarse a ambos lados del escenario, entre bambalinas. Para cuando a alguien se le ocurrió bajar a comprobar que no hubiese nadie en la sala de la plataforma, quienquiera que hubiese disparado a Blair ya se había marchado.

Hal le dio una patada a la pared.

—¿Y en serio tienen que formarse para ser así de incompetentes?

—Está claro que se cometió más de un error —repuso Jimmy con calma.

—¿No me digas? —replicó Hal.

—¿Y qué hay de las grabaciones de las cámaras de seguridad? —le preguntó Frank—. Tiene que haber algo, ¿no?

—Al parecer, no había cámaras en esa zona.

Las únicas grabaciones que tenemos son las de las cámaras del pabellón.

No hay ninguna colocada para grabar los pasillos ni la zona de debajo del escenario.

Aun así, os prometo que revisaremos todas las grabaciones para ver si podemos encontrar alguna pista.

Stevie se masajeó la frente, intentando encontrarle algo de sentido a lo que estaba oyendo.

—¿Y Blair no llevaba ningún micrófono encima? Si había alguien con ella, ¿por qué no dijo nada? ¿Por qué no abrió la puerta para pedir ayuda?

—No lo sabemos. Su audio estaba apagado, ya fuese porque lo hubiese apagado ella o porque lo hubiese hecho su asesino.

Desde producción estaban hablando con ella por el pinganillo, dándole la cuenta atrás.

Al parecer, no era tan extraño que no respondiese, sobre todo cuando estaba tratando de relajarse antes de una actuación, por eso no se dieron cuenta de que algo no iba bien.

La cocina se sumió en el más profundo silencio.

Stevie se puso a darle vueltas a todos los «¿y si?

» que se le ocurrieron. ¿Y si uno de sus guardias de seguridad hubiese comprobado la sala antes de que llegase Blair?

¿Y si desde Satellite Entertainment se hubiesen preocupado por poner cámaras de seguridad en los sitios estratégicos por si ocurría algo malo?

¿Y si ella hubiese ido a ver a Blair antes del concierto?

¿Y sí hubiese hablado con ella, le hubiese deseado buena suerte como haría cualquier hermana, en vez de esconderse en el gimnasio?

Frank rompió el silencio con un suspiro largo y pesado.

—Es tarde y todos deberíamos dormir un poco, para reunir fuerzas para enfrentarnos a lo que nos espera mañana.

Y también tenemos un funeral del que ocuparnos.

—Su rostro perdió todo rastro de color y clavó la mirada en el fondo de su vaso—.

¿Cómo se supone que se organiza el funeral de una superestrella?

A Stevie se le revolvió el estómago al pensarlo; en toda la gente que iría, en todas las cámaras. Aquella sería la última actuación de Blair, para que todo el mundo pudiese ser testigo del dolor de su familia.

Jimmy se bebió de un trago lo que le quedaba de whisky y se levantó.

—Os avisaré cuando podamos entregaros el cuerpo, pero ya sabéis lo lentas que van siempre estas cosas.

Habrá en todo momento una patrulla apostada frente a vuestra casa, para mantener alejados a los periodistas.

Hemos apelado a su bondad, y todos os han concedido esta noche para llorar vuestra pérdida y descansar, pero no podemos hacer mucho p ara evitar que vuelvan mañana.

No existe ninguna ley que les prohíba estar en la vía pública.

—¿Que nos han concedido? Qué amable por su parte… —se burló Hal.

Jimmy lo ignoró descaradamente.

—Me pasaré por aquí mañana a primera hora, y os diré si hemos hecho algún progreso esta noche. Mientras tanto, intentad no meteros en internet. La gente está diciendo toda clase de barbaridades e inventándose toda clase de teorías descabelladas que no deberíais leer o escuchar.

Stevie tuvo que resistir el impulso de sacar su teléfono móvil y ponerse a buscar todas y cada una de esas teorías en ese mismo instante. Si la gente tenía alguna pista sobre quién podía haber asesinado a Blair, quería saberlo.