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Era pasada la medianoche, pero las luces de la planta baja de la casa estaban encendidas.
Annie apareció de repente frente a la puerta principal, abrazándose con su cárdigan para tratar de entrar en calor y las lágrimas corriéndole en silencio por las mejillas.
Hal se había quedado justo tras ella, en el vestíbulo, con el rostro oscurecido por las sombras que proyectaban las luces del recibidor.
Alguien debía de haberlos llamado para contárselo.
Probablemente Jimmy. Este se bajó del coche en cuanto aparcaron y abrió la puerta trasera para ayudar a Marnie a bajar.
Stevie se quedó allí sentada, en el asiento del copiloto, por un momento, mientras su padre y Jimmy ayudaban a Marnie a subir los escalones del porche, donde Annie la envolvió en un fuerte abrazo.
Annie y Marnie se habían llevado bien desde el principio.
Y Marnie siempre le estaría agradecida por haber ayudado a Hal a enderezar su vida.
Annie había conocido a Hal unos pocos meses después de su accidente.
Por aquel entonces, él estaba pasando por una época muy oscura, pero ella fue capaz de devolverle la luz y de demostrarle que había vida más allá del futbol.
Sin ella, lo más probable era que su hermano jamás hubiese conseguido crear una empresa de jardinería tan exitosa como la que dirigía.
Además, Marnie sabía lo que era tener un hijo tan joven.
El padre de Hal había decidido abandonarlos cuando Marnie se había quedado embarazada con diecisiete años, y Annie había descubierto que Hal y ella iban a tener a Mia exactamente a la misma edad.
La familia de Annie la había echado de casa en cuanto lo habían descubierto, y los Baker la habían acogido con los brazos abiertos.
Stevie tenía tan solo tres años cuando nació Mia, por eso para ella siempre había sido más una hermana pequeña que una sobrina.
Y, a pesar de la diferencia de edad, Hal siempre se había comportado con Stevie como si fuese su hermano mayor por pleno derecho, y no solo su medio hermano.
Annie asintió mientras el tío Jimmy y ella hablaban bajo la luz del porche.
Lo más probable era que él le estuviese contando todo lo que se sabía de momento sobre el caso de Blair, aunque no fuese demasiado, y repitiendo las mismas promesas que les había hecho a ellos antes, de que encontraría al responsable de aquello.
Todos se volvieron hacia el coche. Stevie respiró hondo, se desabrochó el cinturón y salió a la cálida noche de junio. No podía esconderse para siempre. Annie la esperó en el porche mientras los demás entraban en casa.
—Lo siento muchísimo, Stevie. —Annie alargó las manos hacia ella, con el rostro contraído en una expresión de dolor, y tiró de Stevie para envolverla en un fuerte abrazo.
Annie era una de las pocas personas que siempre había sido capaz de ver más allá de la fachada tras la que Stevie se escondía y, para no derrumbarse en brazos de su cuñada, Stevie tuvo que morderse el labio inferior y clavar la mirada en las polillas que volaban tranquilamente alrededor de la luz del porche.
—Siento muchísimo que tengas que volver a pasar por esto. Primero con Mia… —Se le rompió la voz antes de seguir hablando—: Y ahora con Blair. No es justo. No es nada justo.
Stevie se apartó de la maraña de rizos rubios de su cuñada. No quería pensar en lo injusto que era todo, o permitir que la compasión de Annie la ablandase y dejase que sus sentimientos encontrasen la forma de salir a relucir.
Annie no soltó a Stevie, sino que la mantuvo aferrada con firmeza, pero también con dulzura. Y examinó su rostro con la mirada.
—Me tenías muy preocupada. ¿Cómo lo estás llevando?
Stevie suspiró con fuerza. ¿Cómo se suponía que debía a responder a eso?
—No estoy muy segura.
Su cuñada la observó un poco más, como si estuviese valorando si debía insistir o no y, al final, pareció decidir que lo mejor era dejarlo pasar.
—Hemos venido en cuanto nos hemos enterado.
Y para entonces los periodistas ya estaban aquí apostados, y Hal se puso a discutir con uno de ellos.
Por un momento incluso llegué a pensar que iba a golpearlo.
Por suerte, poco después apareció la policía.
—Se intentó limpiar las manchas de máscara de pestañas de debajo de los ojos con el dorso de la mano—.
Jimmy ha dicho que podría haberlo hecho Gunner Trip.
Algunos de los periodistas también nos preguntaron por él cuando llegamos. ¿Crees que podría haber sido él?
—No lo sé. —Stevie había soltado su nombre sin pensarlo antes, pero sí, si se paraba a pensarlo detenidamente, era posible que hubiese sido él. Se había saltado el concierto y, tal y como había dicho el agente Dean, el asesino solía ser alguien que tenía una relación cercana con la víctima.
—Ven —le dijo Annie, llevándola hacia el interior de la casa—, será mejor que vayamos con los demás.
Estaban todos sentados alrededor de la mesa de la cocina, con el enorme ramo que Blair había mandado la noche anterior, para disculparse por no poder ir a la cena familiar, colocado justo en el centro.
Hal estaba recostado contra la pared del fondo, con las manos metidas en los bolsillos de los pantalones cortos, la cabeza gacha y los mechones marrones oscuros ocultándole los ojos.
Marnie tenía el rostro enterrado entre sus manos, y los hombros le subían y bajaban con fuerza con cada sollozo que profería.
—¿Qué ha hecho esta familia para merecer tanto dolor? —preguntó entre llantos.
Nadie dijo nada.
Frank descorchó una botella de whisky y, con las manos temblorosas, sirvió cuatro copas. Stevie tomó asiento a la mesa y lo observó esperanzada.
—¿Hay una para mí?
Frank se volvió hacia Marnie, que negó con la cabeza. Al parecer, ni siquiera el que su hermana hubiese muerto bastaba para que la familia Baker aceptase quebrantar la estricta norma de que solo aquellos mayores de veintiún años podían beber alcohol.
Annie se llevó el vaso a los labios y se lo tomó de un solo trago.
Un gesto bastante impresionante, sobre todo para ella, porque no solía beber, probablemente porque siempre apoyaba a Hal en todo, y él no había tomado ni una sola gota de alcohol desde su accidente.
Stevie podría haber hecho algún comentario al respecto, y lo habría hecho, si se hubiesen encontrado en cualquier otra situación.
Annie dejó el vaso vacío sobre la mesa con las manos temblorosas y sacudió la cabeza.
—Deberíamos haber estado allí.
—No deberías pensar así. —Marnie le dio un suave apretón y se volvió a echar a llorar.
—¿Y qué podríamos haber hecho nosotros de haber estado allí? —repuso Hal. No alzó la mirada al hablar. Y su tono tenía cierto deje amargo. El mismo que siempre estaba presente cuando hablaba de algo que tenía que ver con Blair. Al parecer, eso no había cambiado tras su muerte.
Jimmy se echó hacia delante en su asiento.
—Entonces, ¿no estabais allí? ¿En el concierto? —Lo preguntó como quien no quiere la cosa, pero era evidente lo que estaba intentando hacer.
Frank dejó caer su vaso sobre la mesa, con el whisky derramándose por encima del borde por el impacto.
—¡Joder, Jimmy! ¡Ya te ha dicho que no estuvo allí!
—Sabes que tengo que preguntárselo igualmente.
Pero… ¿de verdad tenía que preguntárselo? Y justamente ahora, tan solo unas horas después de la muerte de Blair. Stevie fulminó a su tío con la mirada. ¿Qué hacía interrogando a Hal y no yéndose a buscar a Gunner Trip?
Hal ladeó la cabeza y fulminó a Jimmy con sus ojos verdes.
—¿Me estás preguntando si maté a Blair? ¿En serio, Jimmy?
Aquello era una locura. Pues claro que no había sido él.
Hal adoraba a Blair cuando eran pequeños.
Sí, su relación había estado un poco tensa los últimos años, pero, sinceramente, era comprensible.
Hacía cuatro años, cuando Blair, a saber por qué motivo, le había contado al mundo entero que a Hal lo habían detenido por conducir bajo los efectos del alcohol cuando tenía diecisiete años, le había roto el corazón, y a su familia también, sobre todo cuando después se había negado en rotundo a dar una explicación sobre por qué lo había hecho.
Stevie tan solo podía suponer que aquel no había sido más que otro de sus horribles intentos por l lamar la atención.
Pero ¿pensar que Hal podría haberla asesinado por ello?
Aquello era imposible. Totalmente imposible.
—Ay, Jimmy, no lo hagas. ¡Por favor, basta! —sollozó Marnie—. No le trates como sospechoso del asesinato de su propia hermana. ¡Por el amor de Dios, si cuando era pequeño solía ayudarme a cambiarle los pañales!
—No creo que lo haya hecho, Marnie. Solo pretendo averiguar si sabe algo que pueda darnos alguna pista.
Marnie alzó un poco más la voz.
—¡Pues claro que no lo hizo él! ¡Y lo que nos ayudaría de verdad sería que fueses a buscar a ese Gunner Trip y lo interrogases!
La rabia de Stevie se vio alimentada por el enfado de su madre.
—Tiene razón. —Señaló la puerta—. ¿No deberías estar ahora mismo ahí fuera buscándolo?
—Ya tengo a gente buscándolo. Si ha sido él, lo hundiremos. Pero tan solo necesito descartar esta hipótesis oficialmente. Ya hay gente por internet sugiriendo que Hal podría haber sido el asesino.
—¡Ay, la gente de internet! Me alegro de que estés haciendo caso a sus suposiciones —repuso Marnie.
—Ya le grabaron una vez diciendo que iba a matarla.
Hal soltó una carcajada burlona y le miró con desprecio.
—Bueno, pues evidentemente eso demuestra que fui yo quien lo hizo.
—¡Ni se te ocurra bromear sobre este tema! —le espetó Marnie, y después se volvió de nuevo hacia Jimmy—. ¡Dijo eso hace años, cuando Blair le contó esa historia horrible a Hilton Moore!
—¡Y ni siquiera lo dijo en serio! —añadió Stevie, algo que creía que era importante recalcar.
Jimmy se aseguró de mantener la calma.
—Lo sé, pero igualmente necesito que la gente vea que estoy haciendo mi trabajo como es debido, Marn.