3 #2
—¡Parad! ¡Los dos! —Marnie volvió a dejarse caer en el sofá en forma de labios y se echó a llorar desconsolada, con sus hombros subiendo y bajando con cada sollozo.
Stevie tuvo que apartar la mirada. No podía soportar ver a su madre así. Porque eso hacía que su propio dolor se sintiese demasiado real, demasiado fuerte. No podía permitir que sacase lo peor de ella. No podía dejar que la volviese a romper en mil pedazos, otra vez no.
—Comprendo que ahora tengáis las emociones a flor de piel, pero no creo que esto vaya a ayudar a nadie —intervino el agente Dean, acercándose a ellos, pero, un segundo después, volvió a retroceder cuando todos se volvieron a mirarlo.
Menudo comentario más atrevido para un novato…, pero también es cierto que alguien tenía que decirlo.
—El agente Dean tiene razón —repuso Jimmy—. Tenemos que trabajar juntos. Ya tomaremos declaración a todo el mundo más tarde pero, de momento, ¿alguno sabe de alguien que pudiese querer hacerle daño a Blair?
El agente Dean sacó una pequeña libreta de uno de los bolsillos de su uniforme. Comprobó que tuviese el bolígrafo listo tres veces y alzó la mirada, expectante.
—¡No! —lloró Marnie—. ¡Yo no!
—¿Algún otro sabe de alguien? —insistió Dean.
Kirk se pasó una mano entre los mechones con frustración y suspiró.
—Yo no. Podría haber sido algún fan loco. Blair ya había tenido algún que otro acosador en el pasado. Hubo uno que fue extremadamente insistente.
—Muy bien, investigaremos esa posibilidad —repuso Dean mientras le daba golpecitos a su libreta con el bolígrafo—. Vamos a necesitar que nos des toda la información que tengas sobre él, así como la correspondencia de Blair, sus correos electrónicos, el historial de su teléfono…
—Le pediré a Bex que se ponga a recopilarlo todo —le dijo Kirk.
—Posible acosador —repitió Dean en voz alta al tiempo que lo dejaba por escrito en su libreta. Y después volvió a alzar la vista—. ¿Alguien que tuviese una relación un poco más cercana con ella? La mayoría de las víctimas suelen conocer a sus asesinos.
Stevie parpadeó con fuerza. ¿De verdad había dicho eso como si fuese algo evidente?
—Mi Blair no es la mayoría de las víctimas —le espetó Marnie, con la voz cargada de veneno—. Ella es especial, y más te valdría recordarlo.
—Por supuesto, no pretendía… —Dean se sonrojó con fuerza, tartamudeando, como si no supiese qué decir, y después volvió a abrir su bolígrafo con un clic y clavó la mirada en Marnie.
Cuando volvió a hablar, lo hizo con dulzura—.
Aun así… ¿se os ocurre alguien? ¿Alguien con quien hubiese peleado últimamente?
¿Alguien que pudiese tener algún problema con ella?
—No, nadie —espetó Marnie.
—¿Estáis seguros? —preguntó Dean, con el bolígrafo suspendido sobre el papel—. Tomaos un momento para pensarlo bien.
Stevie y sus padres intercambiaron una mirada. Todos estaban pensando lo mismo, ¿verdad? Casi podía ver su nombre suspendido en el aire sobre sus cabezas.
Hal.
Pero aquello era ridículo. Hal jamás asesinaría a su propia hermana. Todo lo que había ocurrido entre ellos por culpa de ese estúpido artículo había pasado hacia siglos.
—Gunner Trip —soltó Stevie, alejando el nombre de su hermano de allí.
Dean la observó con la cabeza ladeada.
—¿El linebacker de los Titans?
—El novio de Blair —repuso Stevie, antes de añadir—: Supuestamente. —Porque quizás las normas de Marnie en cuanto a los novios también importaban en cuanto a investigaciones de asesinato se refería.
—¿Y él y Blair discutieron? —preguntó Dean, claramente interesado.
—No… No lo sé. Nunca llegamos a conocerlo. Se suponía que esta tarde iba a venir al concierto, pero nunca apareció.
—¡Stevie tiene razón! ¡Nunca apareció! —sollozó Marnie—. Ay, Dios, fue él, ¿verdad? Fue Gunner Trip.
—Puede que tenga razón, señora —repuso Dean—. Normalmente, en esta clase de casos, el asesino suele ser un amante con el corazón roto y sed de venganza.
Stevie se volvió a mirarlo con incredulidad. ¿Estaba hablando en serio?
—¡Agente Dean! No es el momento para ponerse a hacer conjeturas —le reprochó Jimmy, claramente tan poco impresionado con sus dotes de detective como Stevie.
—Lo mataré —ladró Frank.
—Papá, sé que he mencionado la posibilidad de que haya sido Gunner, pero podría estar equivocada —dijo Stevie.
—Stevie tiene razón —repuso Marnie, y Stevie se fijó en el brillo salvaje y peligroso que había adoptado su mirada—. Tenemos que esperar hasta estar seguros, entonces podrás matarlo si quieres.
—Nadie va a matar a nadie —intervino Jimmy—. Pero, desde luego, Gunner Trip se encuentra entre nuestros principales sospechosos. Le citaremos a declarar a comisaría. Da el aviso a todas las unidades para que busquen a un joven blanco, de unos dos metros de altura…
—Ya, jefe, creo que sé quién es —repuso el agente Dean—. Mientras tanto, ¿podéis decirme cuándo fue la última vez que visteis a Blair?
—Hace más de un año —respondió Stevie.
—Es que ha estado muy ocupada —añadió Marnie a toda prisa—. Se suponía que iba a haber venido anoche a cenar a casa, pero al final no pudo ser.
Jimmy los observó con renovado interés.
—¿Dijo por qué?
Frank fulminó a Kirk con la mirada.
—Porque tenía que trabajar.
Kirk alzó las manos.
—Conmigo, no, desde luego. Lo último que me dijo fue que se marchaba a cenar a casa con su familia. De hecho, insistió en que le diese la noche libre. Se fue después del ensayo de ayer por la mañana y no la volví a ver, al menos, no hasta que llegó hoy al mediodía al estadio.
Stevie observó a Kirk atentamente. No sabía si estaba mintiendo o no. ¿Para qué otra persona iba a estar trabajando Blair?
—¿Y dijo algo de dónde había estado? —insistió el agente Dean.
—No, y yo supuse que había estado en casa de sus padres.
—Entonces, ¿cuándo fue la última vez que la viste?
Marnie soltó un sonoro sollozo.
—Cuando estaba en su camerino, más o menos una hora antes de que tuviese que salir al escenario. Siempre pide estar sola antes de todos sus conciertos.
—¿Y qué aspecto te pareció que tenía? —le preguntó el joven agente.
Kirk se encogió de hombros.
—El mismo de siempre, estaba normal. Quizás un poco nerviosa por la actuación, pero eso tampoco era algo fuera de lo normal en su caso. Sobre todo porque este concierto significaba muchísimo para ella.
El agente Dean escribió algo más en su libreta y después se volvió a mirar a Stevie.
—¿Blair te dijo algo a ti? Como eres su hermana, ¿te habló en algún momento de su relación con Gunner Trip o te dijo que hubiese tenido alguna discusión con cualquier otra persona?
El agente Dean la estaba mirando fijamente, y Kirk Tyler y el tío Jimmy también.
No era una pregunta descabellada, al fin y al cabo, era la hermana de Blair.
Y hubo un tiempo en que aquello habría significado algo.
Una época en la que Stevie habría sido la primera en enterarse de si Blair había discutido con alguien.
De cuáles de sus amigas era la que peor le caía.
De qué chicos le habían roto el corazón.
Pero ahora ya no sabía nada. Y, sinceramente, tenía la sensación de que ya tampoco conocía a su hermana.
—¿Nada? Cuanto más sepamos sobre Blair y sobre por lo que estaba pasando, más oportunidades tendremos de encontrar a su asesino.
Stevie mantuvo la vista clavada en el suelo.
—No. No solía hablarme de su vida. Siempre estaba muy ocupada, ¿sabes?, con eso de ser famosa. Y ya no hablábamos tanto como antes.
Cuando alzó la vista, su mirada se encontró con la de Dean, y pudo ver un brillo compasivo en sus ojos.
—Una pena —murmuró.
Sí. Era una puta pena.
Jimmy le echó un vistazo a su reloj y se estiró el uniforme.
—Bueno, se hace tarde. Ha sido un día muy traumático para todos. Creo que lo mejor será que volvamos a casa y podremos empezar a peinar este lugar en busca de alguna pista esta misma noche. Tal vez por la mañana hayamos encontrado algo.
—Yo también me pondré en contacto con vosotros —dijo Kirk—. Para ver cómo vamos a gestionar todo esto.
Frank soltó una carcajada seca y amarga.
—¿Quieres «gestionar» la muerte de mi hija?
—Lo siento, señor Baker, pero alguien debe hacerlo. La prensa no tardará en hacerse eco de la noticia. Se lanzarán a por vosotros. Ya hay varios equipos de televisión de distintas cadenas acampados en el aparcamiento frente al estadio. Y seguramente también frente a vuestra casa.
Frank se puso en tensión.
—Puedo ocuparme de «gestionar» todo esto yo mismo. No necesitamos tu ayuda.
—Frank, no seas tonto. Sabes tan bien como yo que me necesitáis —repuso Kirk.
Frank lo fulminó con la mirada, pero después dejó caer los hombros.
—Muy bien.
Jimmy se acercó a ellos y señaló la puerta.
—Os sacaré de aquí por la parte de atrás, para ver si podemos evitar a los periodistas.