Famosa hasta la muerte 1 #3
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—¡Soy su fan número uno! ¡Mira! ¡Llevo la página de fans de Blairitas! Yo…

—Me da igual si tienes su nombre tatuado en el culo o no, no te voy a dejar pasar al backstage .

Stevie intentó no parecer demasiado satisfecha cuando pasó frente a Colby. Pero la verdad es que se sintió un tanto importante. Quizás el ser hermana de una superestrella sí que tenía sus ventajas.

Stevie y sus padres le enseñaron sus pases VIP a una mujer con un chaleco reflectante que tan solo les dijo:

—Nombres.

—Señora Marnie, con «ie» al final, Baker. —La madre de Stevie habló bien alto, y con cierto aire de importancia que hizo que varias de las personas que estaban esperando a la cola se volviesen hacia ellos y susurrasen:

—¡¿Esa es la madre de Blair?!

El padre de Stevie se inclinó entonces hacia la mujer y carraspeó con fuerza antes de hablar.

—Frank Baker.

La mujer tachó su nombre de la lista que tenía en su carpeta y después frunció el ceño cuando Stevie le dijo cómo se llamaba.

—¿ Stevie Baker ? ¿En serio? —Le dio un par de golpecitos a la carpeta con la punta del bolígrafo—. ¿Llevas algún documento identificativo encima?

—Me lo he dejado en el coche. —Stevie se sonrojó con violencia. ¿ De verdad estaban a punto de echarla del concierto de su propia hermana? Eso debía de ser el karma por haberse sentido tan complacida con lo de Colby.

Bex se acercó a ellos.

—¿Hay algún problema, Janie? Son la familia de Blair.

Janie jugueteó con su carpeta con nerviosismo.

—No, ningún problema, señora Lyons.

Bex les hizo un gesto para que entrasen.

—Seguidme, por favor.

Marnie asintió con la cabeza, observando a la mujer al pasar como si quisiese decirle: «La has cagado un poco, ¿no, Janie?».

Stevie oyó a alguien gritar a su espalda. Joder. Colby y sus flecos se estaban poniendo nerviosos.

—¿Y si te lo suplico de rodillas? —estaba preguntando la chica.

—¡Menuda escenita está armando! —murmuró Marnie.

—A lo mejor te compro uno de esos bañadores morados, Marnie —comentó Frank, antes de darle un cachete juguetón en el culo.

Puaj. Stevie no tenía por qué escuchar eso.

Marnie puso los ojos en blanco.

—Compórtate, Frank.

Bex los llevó hasta el campo, y Stevie respiró hondo, tratando de disfrutar de todo lo que la rodeaba. Las gradas estaban prácticamente llenas. Había oído el rumor de que habían vendido diez mil entradas y, al echar un vistazo a su alrededor, supo que debía ser cierto.

El interior del estadio estaba irreconocible.

El equipo de producción de Blair Baker había llegado a la ciudad en cuanto el instituto de Honeyville había cerrado sus puertas por las vacaciones de verano.

En menos de dos semanas, habían construido un enorme escenario en el fondo norte del campo, justo delante del gimnasio y los vestuarios.

También habían levantado varias pasarelas cubiertas para permitir el acceso al escenario.

Habían instalado suelos de alta resistencia sobre el césped y habían añadido gradas adicionales a las tribunas para aumentar el aforo.

Marnie estaba disfrutando del momento como nunca, asintiendo sin parar y saludando a todo el mundo, y gritando cuando veía a alguien conocido en las gradas generales, recordándole a Frank una y otra vez quiénes eran.

Algunos de los compañeros de clase de Stevie también estaban allí.

El concierto era el pistoletazo de salida para las celebraciones de su graduación.

Mañana se irían todos juntos a Folly Beach para pasar toda una semana en la playa.

A ella también la habían invitado, aunque todavía no había decidido si quería ir o no.

Al fin y al cabo, al final no se iba a graduar ese año, así que no sabía si tenía derecho a celebrarlo o no.

Había ido a la guardería, a primaria y a secundaria con todos ellos, pero después de lo que había ocurrido con Mia, había dejado de lado sus estudios y había tenido que repetir primero, por lo que se había ido alejando poco a poco de ellos.

Todo había sido culpa suya, era plenamente consciente de ello, pero aun así le habría gustado que las cosas hubiesen salido de forma distinta.

—¡Ha venido todo Honeyville! —comentó Frank mientras Stevie observaba cómo sus compañeros de clase se encaminaban hacia la grada este.

Su padre le dejó caer una mano en el hombro.

—¿Te encuentras bien, Osita? Puedes ir con ellos si quieres.

Stevie se obligó a esbozar una sonrisa.

—¿Qué? ¿Y abandonar a mi compañero de cuadros? —repuso, dándole un codazo juguetón. Se volvió hacia sus compañeros, y después de nuevo hacia su padre, y esbozó una sonrisa sincera cuando se fijó en lo preocupado que parecía—. Quiero quedarme con vosotros, de verdad.

Bex Lyons los llevó hasta el frente del estadio y después por las escaleras de las gradas que había justo a la derecha del escenario.

Tuvieron que abrirse paso a través de la gente que llenaba la fila para llegar hasta sus asientos, con Marnie apenas dándose cuenta de que estaba golpeando a todo el mundo con su bolso al pasar.

El estadio estaba prácticamente a rebosar; había toda una marea de fans ataviados con prendas con lentejuelas que ignoraban de forma descarada la actuación de los teloneros, que estaban luchando valientemente para acabar su actuación a pesar del desinterés del público.

Las mascotas del concierto, disfrazadas de osos gigantes con los uniformes del equipo de fútbol del instituto de Honeyville, aplaudían sin parar con sus enormes patas, tratando de despertar aunque solo fuese una chispa de entusiasmo entre el público.

—¡Menudos sitios! —declaró Frank, frotándose las manos en cuanto llegaron al centro de la fila.

—Lo mínimo que merecemos —repuso Marnie, antes de dejarse caer en su asiento como si fuese una reina, al tiempo que asentía y sonreía para la gente a la que ni siquiera conocía y quienes estaba claro que no tenían ni idea de quién era.

Stevie observó el asiento vacío a su lado y después se volvió hacia Bex. ¿Iba a sentarse con ellos durante todo el concierto? Seguro que si lo hacía se lo pasarían de lujo…

—Ese está reservado para Gunner Trip —dijo Bex.

Oh, menos mal. Espera. ¿El Gunner Trip ?

—Pero llegará un poco más tarde —añadió la mujer, volviéndose a mirar hacia otro lado—.

Os daré mi número por si necesitáis cualquier cosa.

—Stevie le tendió su teléfono y Bex le guardó su número en los contactos—.

Tengo que irme al backstage . Todavía queda mucho por hacer.

Disfrutad del espectáculo. Esta nueva gira va a ser increíble.

Estáis a punto de ser testigos de un concierto inigualable, con una Blair mucho más adulta, que seguro sobrepasará los límites de todo lo que creíais saber sobre ella.

Lo de sobrepasar siempre los límites era algo de lo que Blair era toda una experta. Sobre todo lo de empujar a todo el mundo a sobrepasar sus propios límites, incluso hasta lanzarlos por el borde de un precipicio, al menos en el caso de Hal.

Marnie le dio un codazo a Stevie en el costado y murmuró: «Gunner Trip», con la mirada brillante por la emoción. Stevie trató de mantener la calma. Pero ella también estaba bastante emocionada porque él fuese a estar allí con ellos esa noche, sentado a su lado.

Gunner Trip era el linebacker de los Titans.

El héroe nacional después de su paso por Bailando con las estrellas.

Y, al parecer, también el novio de Blair.

«Al parecer» porque, según las leyes de Marnie Baker, su condición de novio todavía no había sido confirmada porque nadie de la familia lo había conocido aún.

Aunque parecía que eso estaba a punto de cambiar.

—¿Has oído eso, Frank? ¡Gunner Trip! —gritó Marnie, levantándose de un salto para después darle unos cuantos golpes a Stevie en las rodillas—. ¡Stevie, cámbiame el sitio!

Stevie acababa de hacerse a un lado cuando Marnie se lanzó hacia su asiento.

—¡Gunner Trip! —repitió la mujer, subiendo y bajando los hombros emocionada y frotándose las manos.

Stevie no conocía a ese chico, pero ya se compadecía de él.

Se dejó caer en su nuevo asiento y echó un vistazo a su alrededor con discreción.

Quizás había más famosos allí, en la zona VIP.

Había un señor mayor sentado en la sección que había justo debajo de la suya, con una chica más joven que debía de ser su hija.

A Stevie le resultaba familiar, ¿tal vez era un actor?

No fue hasta que se giró que se dio cuenta de quién era en realidad: Kirk Tyler, el representante de Blair.

Stevie nunca lo había llegado a conocer en persona, pero había decidido que quizás era un poco imbécil cuando Blair había tenido que perderse el decimotercer cumpleaños de Mia solo porque Kirk la había obligado a actuar en un centro comercial.

Y su calificativo de imbécil tan solo se había confirmado cuando Blair no había aparecido en ninguna de las vigilias en honor a Mia el año pasado por «compromisos laborales inamovibles».

Su mirada se posó sobre Stevie, y después se deslizó hacia Frank y Marnie. Alzó una mano para saludarlos. Marnie le devolvió el saludo. Frank se limitó a asentir con la cabeza.

Stevie se dio la vuelta, preguntándose si reconocería a alguien más.

Dos filas más atrás, el actor Todd Richards estaba sentado junto a la supermodelo Asha Deacon.

Ella estaba demasiado ocupada mirando algo en su teléfono móvil y siendo preciosa, aunque era evidente que estaba aburrida.

Seguramente porque el meteorólogo local de Honeyville, Stan, estaba sentado a su otro lado, y parecía más que emocionado por ello.

Stevie lo observó con la cabeza ladeada.

Y sí, probablemente también iba un poco borracho.

En la fila de debajo estaban los miembros de la banda de K-Pop, KP1, y Roddy Ripper, el campeón de Ultimate Fighting que se había retirado hacía tan solo unos meses de la competición.

Era increíble que todos ellos hubiesen ido a la pequeña y vieja Honeyville que solo contaba con cinco mil habitantes en total.