12. Lo que no entienden
Bruno
El viernes catorce por la mañana le enseñé el pueblo a Femke porque me lo dijo mi madre y porque yo quería.
Salimos a las nueve y cuarto, que es cuando se puede salir, y volvimos a las once menos veinte, que es cuando ya no.
Yo hablo inglés de colegio. Sé el verbo to be , sé los números, sé bastante vocabulario de animales por un proyecto que hicimos en quinto y sé decir muchas cosas señalando.
Femke habla inglés de verdad pero lo pone despacio cuando habla conmigo, y eso lo hace ella sola, sin que nadie se lo pida, y es una cosa que le agradezco.
Le enseñé, por orden:
1. La plaza. Tiene cuatro bancos y tres árboles y un poyo de piedra donde se sientan los viejos, que a las nueve y cuarto ya estaban. Cuatro. Nos miraron los cuatro a la vez.
2. La iglesia. Está cerrada. La llave la tiene Pilar, la del bar.
Yo le dije my grandparents, here, 1975 y ella dijo ah y se quedó un rato mirándola desde fuera, la fachada, la piedra de arriba, y luego dijo una cosa que no entendí y que me apunté como suena: rendered over ashlar . Se lo tengo que preguntar a Vega.
3. El bar de Pilar, que está abierto.
4. El otro bar, que se llama El Refugio y que lleva cerrado desde antes de que yo naciera y que sigue teniendo las mesas dentro.
5. El lavadero. Es un sitio de piedra con seis pilas y un techo, donde antes se lavaba la ropa.
Ahora sale un chorro pequeño de agua todo el año.
Le dije before, women, here, wash , y ella metió la mano en el agua y dijo que estaba muy fría, y yo le dije que está a doce grados todo el año, que lo midió mi padre con un termómetro de cocina, y ella se rió.
6. La piscina municipal de aquí. Es un rectángulo de hormigón detrás del campo de fútbol y no la llenan desde hace cuatro años porque el ayuntamiento tiene que arreglar una bomba y la bomba cuesta once mil euros. En el fondo hay hojas y una silla de plástico.
Femke se quedó mirando la piscina vacía bastante rato, más que la iglesia.
Y aquí voy a parar de poner números porque lo que pasó después no es una lista.
Cuando volvíamos, en la cuesta, ella me preguntó una cosa.
Me lo preguntó despacio y con las palabras fáciles, y aun así me lo tuvo que decir dos veces.
Me preguntó si mis abuelos van a la iglesia.
Y yo le dije que no.
Y ella dijo: never?
Y yo dije que no, que van tres veces al año, y le conté con los dedos: en Semana Santa, el día de la fiesta del pueblo, y cuando se muere alguien.
Y ella dijo okay y luego dijo, y esto sí lo entendí entero porque lo dijo muy despacio:
Then why in the church.
Y yo me quedé parado en la cuesta.
Porque yo no me había hecho esa pregunta. Ni yo ni nadie de mi casa. En mi casa se ha discutido de la lista, de las sillas, de los papeles, del obispado y de una cosa que se llama dispensa que hizo llorar a mi madre por teléfono, y no he oído a nadie preguntar por qué en la iglesia.
Y le dije la verdad, que es lo único que se puede decir cuando solo tienes cuarenta palabras:
— Because my grandmother.
Y ella dijo:
— Yes.
Y no dijo nada más y subimos la cuesta.
Y llegando arriba me dijo una cosa que no era una pregunta y que yo no le pedí, y que me dijo mirando al suelo:
— I am not baptised. This was a problem. Nobody told me it was a problem. I found out from a paper.
Yo no supe qué contestar a eso en ningún idioma.
Así que le dije sorry , que es lo que dice uno.
Y ella dijo no, no, y me tocó el hombro, y dijo:
— It is fine. It is only a paper.
Y ahí, subiendo la cuesta de mi pueblo con una señora holandesa de cuarenta y un años, yo pensé una cosa que voy a apuntar tal cual porque no la voy a saber decir mejor luego.
Que en mi familia todo el mundo se ha pasado un mes hablando de papeles.
Y que no se le ha ocurrido a nadie que los papeles eran de ella.
Cosas que Femke no entiende:
1. Las persianas. 2. Por qué se come a las tres. 3. Por qué en la iglesia.
Cosas que no entendemos nosotros:
1. Nada de ella todavía.
Y al día siguiente fue quince de agosto.
El quince de agosto es la Virgen. Aquí es fiesta y hay misa a las doce.
Y yo tengo que corregir una cosa que escribí ayer.
Ayer le dije a Femke que mis abuelos van a la iglesia tres veces al año y le conté con los dedos cuáles: Semana Santa, la fiesta del pueblo y cuando se muere alguien.
Y eso es verdad de mi abuelo.
Mi abuela va a esas tres y va a la Virgen de agosto, y yo creo que va a alguna más, y llevo doce años pensando que iban los dos a las mismas.
O sea que ayer conté mal, y no conté mal por equivocarme. Conté mal porque yo había metido a mi abuela dentro de mi abuelo, como si fueran una cosa sola con dos nombres.
Y me he dado cuenta hoy porque he visto salir a una sola persona por la puerta.
Y pasaron dos cosas.
La primera es que el pueblo estaba lleno. A las doce menos cuarto había gente en la plaza, con la ropa de los domingos, con calor, y los cuatro del poyo de piedra estaban de pie y con chaqueta. Y había coches aparcados en la cuesta que no había visto en toda la semana.
Y a las doce menos diez mi abuela salió de casa con el bolso y con la peineta pequeña, y bajó sola.
Mi abuelo estaba en el comedor con el trapo y las piezas puestas en fila, y no levantó la cabeza cuando ella pasó, y ella no le dijo adónde iba.
Porque él ya lo sabía. Llevará cincuenta y un años sabiéndolo.
Y la segunda cosa es esta.
Mi madre, Femke y yo fuimos con ella hasta la puerta, porque a mi madre le pareció que había que acompañarla.
Y en la puerta mi abuela se paró y le dijo una cosa a Femke.
Le dijo, señalando hacia dentro con la barbilla:
—¿Quieres entrar?
Y mi madre lo tradujo.
Y Femke dijo que no, gracias.
Y lo dijo bien, ¿eh? Lo dijo sonriendo y con la mano en el pecho y dijo que iba a dar una vuelta y que ya la esperaba.
Y mi abuela dijo «muy bien, hija» y entró.
Y nosotros nos quedamos fuera los tres en la calle, a cuarenta grados, y mi madre dijo que si nos íbamos al bar y Femke dijo que sí.
Y estuvimos cincuenta minutos en la terraza del bar de Pilar, a la sombra del toldo, oyendo desde allí la campana y luego el órgano y luego nada.
Y en un momento Femke dijo una cosa mirando la iglesia, con el vaso en la mano, y mi madre no me la tradujo y yo la entendí igual porque era corta.
Dijo:
— Next Saturday I go in.
Y la semana siguiente entró. Y se casó allí. Y no había estado dentro ni una vez.
Y eso a mí me estuvo dando vueltas mucho tiempo, y no sé si está bien o está mal, y por eso lo apunto sin decir cuál de las dos cosas es.
Y luego hay una cosa que no va en ninguna de las dos listas y que llevo un año sin apuntar en ningún sitio.
Esta libreta no es mía.
Es de mi abuela. Es la de las flores en la tapa, la de la gomilla, la del estanco.
Se cambiaron en Ámsterdam el día de la lluvia y, aunque en la cena de aniversario nos las pasamos un momento, al final seguimos cada uno con la del otro; en la primera página, con la letra de ella, están las cuatro frases en inglés escritas como suenan.
Yo llevo un año escribiendo detrás de esas cuatro frases.
Y quedan once páginas.