Familia numerable (Trilogía completa) 3. Cuarenta y un días
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3. Cuarenta y un días

Bruno

Me fui al pasillo con la libreta.

En el comedor llevaban veinte minutos hablando de sillas, y en mi casa, cuando se habla de una cosa veinte minutos, ya no se habla de otra en toda la tarde.

El pasillo de casa de mis abuelos tiene la puerta del comedor a la mitad, y si la dejas entornada entra luz y se oye todo. Me senté en el suelo con la espalda apoyada en el armario.

La libreta se abre por donde está la gomilla. Es pequeña, tiene flores en la tapa y la gomilla ya está dada de sí, porque lleva un año.

Cosas que apunté el domingo doce de julio por la tarde:

1. Mi tío Rodrigo se casa con Femke el sábado 22 de agosto en Benafús.

2. Del domingo 12 de julio al sábado 22 de agosto hay 41 días.

3. Lo he contado dos veces con el calendario del móvil de mi hermana y una vez con los dedos.

4. 41 días son 5 semanas y 6 días.

5. Mi madre ha dicho «esto es imposible» cuatro veces.

6. Mi padre ha dicho «esto se hace en dos tardes» una vez.

7. Cuando mi madre dice que una cosa es imposible normalmente la hace ella.

Luego hice otra cosa.

Yo, cuando hay una fecha nueva, miro qué había antes en esa fecha. Eso lo descubrí el año pasado y sale bien casi siempre.

Mis abuelos se casaron el dieciocho de julio de mil novecientos setenta y cinco.

Eso no lo tuve que buscar. Esa fecha me la sé como me sé mi cumpleaños, y me la sé por una cosa que hice en Ámsterdam el año pasado con dos ruedecitas y un tampón, y que no le he contado a nadie, y que aquí tampoco voy a contar.

Estamos en julio.

Tardé cuatro segundos.

8. El sábado 18 de julio mis abuelos hacen 51 años de casados.

9. Es dentro de 6 días.

10. No lo ha dicho nadie.

Yo pensé que no lo había dicho nadie porque no se habían dado cuenta, y luego pensé que a lo mejor sí se habían dado cuenta y que 51 no es un número de los que se celebran.

Y las dos cosas pueden ser verdad, pero yo miré una cosa.

El año pasado, cuando eran 50, nos fuimos diez días a Ámsterdam. Hubo un restaurante, hubo una mesa para ocho, hubo vasos rojos, hubo un avión de metal que le di yo y mi abuelo se puso una chaqueta.

Eso fue por 50.

Y 51 es el año siguiente de 50. Y el año siguiente de una cosa es cuando ya nadie mira.

11. El 18 de julio no va a hacer nada nadie porque están todos con la boda.

Y cuando lo tuve apuntado se me quedó una cosa rara en la barriga, que es lo que me pasa cuando escribo algo que es verdad y que no quería que fuera verdad.

Y entonces me levanté.

Y esto lo voy a contar entero porque si no, no se entiende lo de después.

Me levanté del suelo del pasillo con la libreta en la mano y fui hasta la puerta del comedor, que estaba entornada, y la empujé.

Y tenía la frase montada. La tenía entera, diez palabras: el sábado que viene los abuelos hacen cincuenta y uno.

Y dentro estaban así: mi madre con un folio y el bolígrafo, mi padre de pie al lado de la mesa con el móvil en la mano, mi abuela en la puerta de la cocina con el trapo y mi abuelo sentado en su sitio sin decir nada.

Y mi madre estaba diciendo:

—¿Pero eso lo alquilas por silla o por bloques de veinticinco?

Y mi padre dijo que por bloques.

Y mi madre dijo que entonces hay que saber el número antes del uno de agosto.

Y me vio mi padre, que es el que ve siempre a todo el mundo, y dijo:

—¿Qué quieres, campeón?

Y yo dije:

—Nada.

Y cerré la puerta y me volví a sentar en el suelo del pasillo.

Y lo pensé bien, ahí sentado, y llegué a esto:

Si yo entro y lo digo, alguien dice «¡ah, es verdad!

». Y luego alguien dice «pues hay que hacer algo».

Y luego vuelven a las sillas, porque el número hay que tenerlo antes del uno de agosto.

Y el sábado 18 alguien pone una foto antigua en el grupo de WhatsApp con un corazón, y mi abuela contesta con tres, y ya está hecho.

Y eso es peor que no hacer nada.

Eso yo lo tengo clarísimo aunque no lo sepa explicar.

Así que hice esto, y lo apunto para que conste:

12. No lo voy a decir todavía.

13. Voy a esperar a ver si lo dice alguien.

14. Si el sábado 18 a las doce de la noche no lo ha dicho nadie, entonces ya sé una cosa de mi familia que no sabía.

Y luego escribí una cosa más, sin número, porque no era de las de apuntar.

El año pasado el abuelo guardó dos cosas en el mismo bolsillo.

Este año no sé qué va a guardar.

Pero yo creo que se va a poner la misma chaqueta.