Familia numerable (Trilogía completa) 3. Cosas que hay que saber
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3. Cosas que hay que saber

(Bruno)

Ámsterdam se escribe con dos emes, pero no juntas. Yo las escribí juntas.

Lo pongo aquí porque en esta casa, si no lo digo yo primero, lo dice otro y encima se ríe.

Lo busqué el domingo por la noche, cuando ya se habían ido los abuelos y mi madre estaba con el ordenador y la calculadora a la vez, que es una combinación que en esta casa significa que no hay que hablarle. Me llevé la tablet a mi cuarto y estuve una hora y veinte minutos. Lo sé porque lo apunté.

Y encontré cosas que nadie de mi familia sabe. Ninguno. Se lo he preguntado a todos menos a Nico, que tiene dos años y no cuenta.

ÁMSTERDAM. COSAS QUE HAY QUE SABER.

1. Tiene más de mil doscientos puentes. Venecia tiene cuatrocientos y pico. O sea que Ámsterdam gana.

2. Hay más bicicletas que personas.

3. Todos los años sacan de los canales miles de bicicletas con una grúa. Con una grúa. Miles.

4. Media ciudad está por debajo del nivel del mar.

El número 4 me tuvo dos días.

Yo se lo dije a mi padre el lunes en el coche, camino del entrenamiento, y mi padre dijo «sí, sí» con esa voz que pone cuando no ha escuchado, y luego dijo:

—Es que allí son muy altos por eso.

—¿Por qué?

—Por el nivel del mar. Como hay más presión, crecen.

Mi padre hace esto. Mi padre no dice nunca «no lo sé». Mi padre construye una explicación con lo que tiene a mano, como cuando arregla el grifo, y luego se queda tan tranquilo, y lo peor es que lo dice con tanta seguridad que te lo tienes que buscar tú después para comprobar que es mentira.

No es por el nivel del mar. Lo miré. Nadie sabe exactamente por qué son tan altos.

5. Preguntar a papá cosas solo para ver qué se inventa. (Divertido pero peligroso.)

A mi hermana se lo pregunté el martes. Le dije si sabía que media ciudad estaba por debajo del mar y me dijo que ojalá se hundiera del todo el once de julio. Después estuvo un rato mirando el móvil y me dijo, sin levantar la cabeza, que el dato de los puentes estaba guay.

Eso, en mi hermana, es como si te diera un abrazo.

Lo de las casas lo encontré el miércoles y es lo mejor de todo.

Las casas de Ámsterdam son estrechas, muy estrechas, algunas de dos metros de ancho, y no es por falta de sitio. Es porque hace muchos años pagaban impuestos según lo ancha que fuera la fachada. Entonces la gente construía casas finísimas y larguísimas hacia dentro, para pagar menos.

O sea que toda la ciudad, la ciudad entera, la de las fotos bonitas, es así porque la gente no quería pagar impuestos.

Eso se lo conté a mi abuelo.

Y mi abuelo, que llevaba toda la semana sin decir nada del viaje, dejó lo que estaba haciendo, se quedó pensando un rato y dijo:

—Pues muy listos.

Y luego dijo, más bajo:

—Aquí habríamos hecho lo mismo.

6. A las casas les pusieron ganchos arriba con poleas porque, como las escaleras son tan estrechas, los muebles no caben y hay que subirlos por fuera, por la ventana. POR FUERA. POR LA VENTANA.

7. Enseñarle esto al abuelo el primer día.

Aquí tengo que explicar una cosa.

Este viaje no es nuestro. Este viaje es de los abuelos. Lo dijo mi padre el domingo: cincuenta años y no han salido de España, se lo merecen. Vale. Pero es que después nadie ha vuelto a hablar de eso.

Mi hermana lleva toda la semana enfadada por lo de Gandía. Mi madre lleva toda la semana con la calculadora. Mi padre se ha bajado una aplicación para aprender holandés y lleva cuatro días diciendo hoi en la cocina y ya no se acuerda de nada más.

Y los abuelos no han dicho nada. Ni uno de los dos. Van a salir de España por primera vez en su vida dentro de siete semanas y no han preguntado ni cómo es Ámsterdam.

Entonces pensé que a lo mejor eso lo tengo que hacer yo.

LISTA. COSAS PARA ENSEÑARLE AL ABUELO. — Los ganchos de las casas. — El sitio donde guardan las bicicletas (hay un edificio entero solo de bicicletas, con pisos). — La casa más estrecha de la ciudad. — Los molinos, si están cerca. — Los tulipanes. (ESTO ES DE LA ABUELA. IMPORTANTE.)

Lo de los tulipanes lo busqué el jueves, después de lo que dijo la abuela el domingo.

Hay un sitio que se llama Keukenhof, un parque enorme lleno de tulipanes, y hay una foto desde arriba en la que se ven las filas de colores como si alguien hubiera pintado el campo a rayas. Naranja, rojo, amarillo, otra vez naranja. Kilómetros.

Lo puse en la lista con mayúsculas y con dos rayas debajo.

No miré las fechas. Lo digo ahora porque luego pasa lo que pasa, y prefiero que se sepa desde el principio: fui yo el que apuntó los tulipanes sin comprobar cuándo abría el parque.

Hay una cosa que no le he contado a nadie de mi familia y es que llevo desde el domingo sin dormir bien.

No de mal. De lo otro.

Es la primera vez que me voy a subir a un avión. También me lo van a preguntar y voy a decir que bueno, que bien, porque en esta casa si dices que algo te hace mucha ilusión alguien lo repite en la comida del domingo siguiente y todo el mundo se ríe, y no se ríen con maldad, pero se ríen.

Así que no lo digo. Lo apunto.

8. No decir nada.

El sábado fui a casa de los abuelos porque mi madre tenía que llevarles unos papeles del banco. Mi abuela estaba con la máquina de coser y mi abuelo estaba en la mesa camilla con la radio esa suya abierta, con todas las piezas puestas encima de un trapo, cada una en su sitio, como siempre.

Me senté enfrente. Estuve un rato mirando.

—Abuelo.

—Dime.

—¿Tú qué quieres ver?

Levantó la cabeza. Se le quedó una cosa rara en la cara, como si le hubiera preguntado algo en otro idioma.

—¿Dónde?

—Allí. En Ámsterdam.

Y mi abuelo cogió una pieza pequeña con dos dedos, la miró al trasluz, la volvió a dejar en su sitio del trapo y dijo:

—Yo lo que vea ya está bien, hijo.

Y siguió.

Se lo pregunté otra vez de otra manera, porque a veces la gente no contesta a la primera, y me dijo lo mismo con otras palabras: que él iba de acompañante, que el viaje era por las bodas de oro y que, con que la abuela lo pasara bien, él ya estaba servido.

Eso lo dijo así. Ya estoy servido.

Yo saqué el cuaderno en el autobús de vuelta y escribí una cosa, y no sé por qué la escribí, porque no era un dato ni una cosa que hubiera que saber, que es para lo que uso yo el cuaderno.

9. El abuelo no quiere nada. Averiguar qué quiere.