Capítulo 33
Spencer cogió a su hermana del brazo y se la llevó casi a rastras.
—No puedo creerlo, Eugenia —masculló enfadado.
—Considero que el menor defecto de ese hombre es haber sido un delincuente. Por ningún motivo alguien que te agarra de esa manera puede ser un caballero —comentó Victoria.
—¿Que me agarré cómo Randalf o cómo Spencer? Porque no considero que sea caballeroso de parte de nadie, arrebatarme de esa manera de la compañía de mi prometido.
—¿Cuál prometido? Ese no lo será ni si vuelve a nacer —gruñó Spencer.
—¿Piensas separarme de él?
—No, él te dejará libre. ¿No entiendes que no está feliz contigo?
—Él necesita un poco más de tiempo conmigo...
—¿Para convencerse de qué? ¿De dejarte o de ahorcarte?
—¿No has considerado que pueda adorarme?
—¡No! —expresaron su hermano y su cuñada.
Definitivamente, Randalf no tenía la aprobación familiar del miembro más importante, por ende, no tendría el del resto.
—¿Qué te ha dicho ese maldito crápula? —increpó lord Nottingham.
—Pues que me haría sufrir. Le gusta odiar a las personas y a mí por haberle ocultado que estaba comprometida. Él está enamorado de mí.
—Sí, y tú de él, no me hagas reír... Sube al carruaje —mandó Spencer.
—En efecto. Solo debe abrir los ojos, dejar de creer que soy coqueta y perdonarme para empezar de nuevo, pero que siga creyendo que le pediré perdón por algo.
Él también me ha mentido con lo de su apellido.
Nos hubiéramos ahorrado todo este asunto si él hablaba con la verdad de su familia y no desconfiara de todos.
Yo creí en su historia, pero algo me hacía dudar y era la idiosincrasia de que nunca tendría la suerte de encontrar un esposo de una manera excepcional, como mis hermanas.
Al final cualquiera diría que lo rechacé por su pobreza, aunque no está fuera de ser real.
Le tengo miedo como me han enseñado a temerle a eso, es mi educación.
—Lo lamento, Eugenia, pero si no existe un cambio verdadero en ese caballero cuando yo lo visite mañana, este compromiso se romperá. Es un día clave, que si no resulta como espero, te llevaré a otro país.
—Pero yo quiero estar con él, Spencer.
—¿Con alguien que hoy te odia y quizá mañana te haga cosas peores y yo no pueda intervenir porque será tu dueño? Lo siento, pero eso no ocurrirá. Antes que mi reputación estás tú y tu seguridad no se negocia. Puedes enamorarte de otros hombres que parezcan buenos y lo sean.
—Él no me dejará ir. Me confirmó que no romperá el compromiso y tampoco quiero que lo haga. Deseo convencerlo de que deje de lado el odio y continúe adelante. Está cegado por el sufrimiento del pasado.
—No te meterás en cosas que no te corresponden. Deja que mate a su primo y a toda su familia si así lo quiere, pero tú no serás un cadáver de su colección, fin.
Los tres se dirigieron a la residencia de lord Nottingham, mientras él no paraba de despotricar contra Randalf.
Se había ganado su rechazo a pulso y no le importaban los pensamientos y sentimientos de Eugenia, pues quería preocuparse por su seguridad y no por el dinero.
Prefería a una hermana soltera y quizá con amantes que muerta y con los gusanos devorando su cuerpo por culpa de una mala elección y de que él no hiciera nada para impedirlo.
A Spencer no había alma que lo tranquilizara; sin embargo, Eugenia vivía en una burbuja de enamoramiento una vez más.
Las amenazas de Randalf parecían no tener efecto en ella.
Se acariciaba los labios como si él le hubiera dicho palabras románticas antes de besarla, aunque todo estaba muy lejos de ser así.
En parte le lastimaba lo que le había dicho y por otro comprendía su dolor, por más que a estas alturas lo veía como absurdo después de haber conseguido lo que esperaba.
¿Por qué no disfrutar de lo que tanto anhelaba?
Eso le costaba comprender sobre el comportamiento de Randalf.
Eran tan parecidos, pero en eso eran distintos, pese a sus diferencias entre sus hermanos, ella intentaba disfrutar la vida al lado de ellos al máximo, mas otra vez llegaban al mismo punto: ninguno de sus parientes le había hecho un daño real como él sí lo había sufrido.
No tenía forma de consolarse, ni consolar a Randalf, ya que él no estaba interesado en escuchar nada que no lo complaciera, era como una criatura caprichosa que esperaba que se cumplieran todos sus deseos, esos que por quince años le fueron negados.
Pese a los defectos que pudiera tener Randalf, ella prefería estar a su lado que con cualquier otro.
Presentía que cambiaría, tal y como ella lo estaba haciendo.
Sentía que haberlo conocido, le aportó algo a su existencia, alguien a quien querer, ayudar y consolar, los tiempos de ser la joven rebelde y caprichosa habían pasado y llegaba a la etapa en la que sus hermanas estaban, que era la del matrimonio, convivir con los defectos y virtudes de otras personas, aprender sobre lealtad y amor.
Tal vez Randalf tuviera razón al creerla desleal con su prometido, ya que la falta de amor no debería ser una razón para un amante.
Por dentro ella se juzgaba y concluía que en cualquier momento lo hubiera buscado para volver a verlo y si no lo encontraba se casaría con su prometido.
El destino le jugaba sucio, Randalf jugaba con dureza y ella se pasaba esquivando los obstáculos.
Eugenia también se pondría a jugar de manera definitiva.
Dependía de lo que conversara Spencer, porque él no quería que se casara con Randalf por una primera mala impresión y Randalf se había esforzado para que fuera la peor de todas, sin darse cuenta de que su hermano era una persona impulsiva que amaba a sus hermanas y que cortaría cabezas por ellas.
Las palabras que le había dicho Spencer antes la habían llenado de orgullo, ahí ella comprendió que también la quería como al resto y la cuidaba. No importaban sus maldades, su amor era incondicional.
Spencer no había cerrado los ojos toda la noche.
Se paseó por la habitación, preocupado, por el futuro de Eugenia y más porque él sospechaba que ella estaba enamorada de ese hombre que no parecía ser alguien cuya compasión fuera su mejor virtud.
Siempre se había enfocado en darle a cada uno de sus cuñados la oportunidad para resarcir cualquier error que tuvieran, pero el marqués de Lorne no le inspiraba lo suficiente para tener ese privilegio.
No lo quería cerca de su hermana y menos después de ver cómo la había cogido con violencia.
Era inadaptado socialmente, con una gran falta de empatía y mucha prepotencia.
Sin haber dormido de manera decente, Spencer partió rumbo a la residencia de Randalf. No importaba si era inoportuno, tampoco volvió a conversar con Eugenia sobre sus deseos, pues no esperaba menos de ella y le diría que quería sufrir al lado de él; una verdadera locura que no permitiría.
Cuando llegó a la residencia del marqués, quien lo recibió había sido la madre de este.
—Lord Nottingham, bienvenido a esta casa —saludó la mujer.
—Gracias, su señoría, siempre es un placer verla —correspondió cogiendo su mano para dejarle un beso al dorso.
—Lamento la situación por la que estamos pasando todos, milord.
Me produce mucha felicidad tener a mi hijo de vuelta conmigo después de creerlo muerto por tantos años.
No obstante, su sed de odio hacia Henry no tiene límites en este momento.
Debe estar buscando el coraje suficiente para hacer algo malo.
Su hermana está en medio de esta lucha. Sé que Randalf está enamorado de milady, pero tampoco es bueno que permanezca a su lado.
Tiene ideas equivocadas sobre ella y Henry.
—Lo que usted me dice solo hace que afiance mi decisión de alejar a Eugenia de su hijo. Sé que ella también tiene sentimientos por él, pero por sobre cualquier cosa está la seguridad de mi familia.
—Me duele que mi hijo no prefiera vivir tranquilo. Hay cosas que no puede cambiar ni recuperar. El resentimiento, lo único que hará es alejarlo de lo importante.
—Buen día, lord Nottingham —habló Randalf que se presentó en el salón—. Mi madre es muy amable al recibirlo.
Él le dio un beso en la frente a su madre y después hizo un saludo para Spencer.
—Me gustaría saludarlo con el mismo ánimo; sin embargo, mi sinceridad me lo impediría —replicó Spencer.
—Está bien, lord Nottingham. Dígame, en qué puedo servirle.
—Quiero saber si usted cambiará su forma de ser con Eugenia. Anoche quedé muy impresionado con su poca gracia y caballerosidad con una dama.
—Si hubiera educado bien a su hermana, las cosas serían distintas. Es atrevida y coqueta.
—Ella es encantadora, si usted no ha sido capaz de resistirse a su encanto no es culpa de Eugenia. Ni siquiera intente hablar mal de mi hermana, porque mi decisión de alejarla de su presencia será más segura.
—Usted no alejará a Eugenia de mí, no romperé el compromiso y es todo lo que tengo que decir para usted. Tampoco dejaré que se case con otro, ella es mía.
—No es de su propiedad, no están casados.
—Puedo convencerla de irnos lejos para casarnos. No dude que como Eugenia tiene sus encantos, yo tengo los míos.
—¡No se atreva a seducir a mi hermana!
—Lord Nottingham, estoy segura de que Randalf no está pensando bien las cosas. Perdónelo —rogó la marquesa viuda.
—El compromiso está roto y es mi última palabra. Eugenia se comprometió con un caballero distinto y usted no cumple con mis requerimientos para ser esposo de mi hermana.
—Eso lo veremos, lord Nottingham, ella está comprometida con el marqués de Lorne, con el portador del título hoy. ¿Acaso comprometería a su hermana con alguien que pronto vivirá de la generosidad de mi madre?
—Estoy seguro de que él la merece más que usted por más miserable que sea. Si Eugenia pide casarse con el señor Beaumont, puede hacerlo.
—Sobre mi cadáver o el de Henry. Él no volverá a quitarme nada y eso incluye a su hermana.
—Si usted amara con sinceridad a Eugenia y no solo quisiera utilizarla como una herramienta para causar daño, la dejaría que se casara, pero eso no es así, por lo que no puedo dejar que se casen. Es mi última palabra y no pienso escuchar algo más, mi decisión está tomada. Adiós.
Spencer no se quedó a escuchar una respuesta más de Randalf. Había decidido que su hermana sería apartada de ese hombre que solo quería hacerle daño. Si tuviera sentimientos por ella, no eran suficientes para que Eugenia fuera feliz.
—¿En qué pensabas al decirle eso a lord Nottingham? Eres poco inteligente, Randalf —acusó su madre—. Te arrepentirás de lo que haces cuando la pierdas.
—Usted estaba conspirando en mi contra, ¿cree que no la escuché? Todo por salvar a Henry, todo por el queridísimo Henry —escupió.
—Vives envenenado contra él cuando tu primo está continuando con su vida, tú sigues estancado como si fuera que no conseguiste lo que esperabas. La venganza te está haciendo más daño a ti de lo que puede hacerle a él.
—No viviré tranquilo.
—Lo que debes hacer es casarte y engendrar un heredero. De esa manera él ya no será un problema para ti, ni te sucederá si algo llegara a ocurrirte. Si esos son tus temores, tienes la solución en tus manos, pero la estás dejando ir.
Randalf tenía todo lo que podía desear; sin embargo, no era feliz.
En su pecho sentía que el odio lo embargaba y lo cegaba.
Por supuesto que quería quedarse junto a Eugenia y tal vez algún día perdonar a Henry; sin embargo, los pensamientos intrusivos de venganza eran muy fuertes, haciéndole tener problemas no solo con su madre, Eugenia, Henry y lord Nottingham, sino también con el mismo Tom, quien estaba en desacuerdo con sus pensamientos y acciones.
Estaba sufriendo por su pasado y no lograba ver la luz del futuro a causa de vivir de rencores pasados que no lo dejaban tener una vida plena y feliz.