Familia Fane Capítulo 2
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Capítulo 2

Al final, la señorita Harting terminó convenciendo a Eugenia que ella no solo había sido parte de su oficio, sino también de su vida.

Después de dejar aclarado aquel asunto, la institutriz la ayudó a escoger un par de prendas en compañía de Helen.

Las tres intentaban que Eugenia usara lo más hermoso de su renovado guardarropa.

Todos los vestidos le producían mucha ilusión y a la vez un poco de nervios.

Confiaba en que podría desenvolverse con confianza en los salones y que hallaría al caballero ideal.

Ella creía que no encontraría el amor, pues a quien adoraba estaba casado y muy felizmente unido a su esposa.

Solo buscaría a alguien que le resultara atractivo, fuera rico y con un título solvente.

Ella estaba acostumbrada a una buena vida y la persona que se casara con ella debía poder darle lo mismo o más.

Se conformaba solo con esas cosas que quizá la hicieran sentir mejor al considerar que enamorarse sería algo que no ocurriría.

Como última hermana Fane que debutaba, le entregaron las joyas que habían usado sus hermanas para hacerlo.

Había mucha expectativa alrededor de ella y Eugenia estaba dispuesta a romper los estereotipos de sus hermanas.

La creían una niña caprichosa que las haría pasar vergüenza, pero no se encontraban enteradas de sus planes.

Ella era más fría y más calculadora que las demás, sabía qué buscar y podía jurar que escogería a su esposo con un dedo.

Ni siquiera contemplaba que alguien se negara.

Sería tan encantadora con todos los caballeros dispuestos a un matrimonio, sin dudas estarían felices de que una joven de su cuna y sus parientes los escogieran.

—Te queda muy hermoso, Eugenia. Esas joyas son de la suerte, aunque para ti se necesita un milagro —habló Rose que le hacía compañía al gato Clauss en la cama. Partirían todos juntos en caravana hacia el primer baile de la última dama de la familia.

—¿No crees en los milagros? Yo creo mucho en ellos, sin eso no te hubieras casado —replicó Eugenia, cizañera.

—¿Qué pasará con tu gato cuando encuentres a un pobre caballero que te soporte?

—Irá conmigo para vivir con el pobre caballero que nos soporte. Al menos no será un incauto como tu esposo, Rose. Él debió casarse mejor. Es atractivo y un hombre importante, pero decidió perder su tiempo contigo.

—¿Y querías que lo perdiera contigo? Hizo lo más conveniente...

—No están discutiendo, ¿verdad? —cuestionó Kitty que se presentó en la habitación de Eugenia para saber la razón por la que tardaba demasiado—. Ya estamos listos para salir y solo nos falta la persona más importante: Eugenia.

—Estoy lista. Es tiempo que esperen por mí. Iré a buscar mi destino.

—Tú lo buscas y él huirá de ti, Eugenia. Cuando crees que tienes todo pensado, el destino te demostrará que no sabes nada sobre él —alegó la mayor de las hermanas.

—No hay nada más cierto que eso —auguró Rose.

Eugenia sonrió y se dio un último vistazo en el espejo antes de salir de la habitación.

—Mis hermanas morirán por su poca fe. Me reiré de ustedes cuando se den cuenta de que tengo razón —aseguró Eugenia que pasó junto a Kitty para salir de la habitación.

—Tú misma buscas que te ofendan, Rose. Ella no cambiará. Sabe que está equivocada, pero es necia y joven. Cuando llegue a mi edad, verá las cosas de otra manera.

—Ella no me ofende, ya no. Comprendo que es una niña y lo seguirá siendo por mucho tiempo. Hemos cumplido con bromear con ella sobre cuestiones reales. Dependerá de su persona hacer las cosas como se debe.

—Eso lo dudo. Bien, veamos cómo le va con su plan de dejarnos boquiabiertos.

La joven protagonista de la noche descendió por las escaleras con elegancia y observó como todos la miraban, era el centro de atención.

—Preciosa elección de vestido, Eugenia —la felicitó Albert, el duque de Salisbury y esposo de su hermana Kitty.

—Es uno de los que me has enviado. Qué buen gusto, estimado Albert —pronunció como agradecimiento.

—En verdad te ves muy hermosa, nadie pensaría que eres una alimaña —siguió su cuñado Foster, conde de Earl y esposo de Meredith.

—Debuta la menor y quizá la más mimada de la familia. Enhorabuena, querida Eugenia —dijo Clifford, conde de Montgomery y otro de sus cuñados.

—Muchas gracias a mis queridos familiares políticos. Y tú, Harper, ¿no piensas decirme nada?

—Claro que sí, te ves encantadora. Soy el recién llegado a la familia, pero escuché que este evento es algo esperado por todos los aquí presentes. Un evento canónico —comentó el duque.

Los otros caballeros que formaban parte de la familia desviaron su mirada de Harper, pues él casi había desvelado que ellos estaban ansiosos por casar a la culebra de la familia. El mismo Harper deseaba deshacerse de ella por los problemas que acarreaba para su esposa.

—No te has puesto nada de lo que te he comprado, Eugenia —reprochó Spencer al ver que su hermana solo lucía las joyas que estaban destinadas a sus hermanas.

—No seas envidioso. No soy tu favorita, así que no esperes ser el mío.

—Spencer... —murmuró su esposa al verlo a punto de estallar como un volcán por lo que le había dicho Eugenia. Ella siempre sabía ser punzante—. Vives esto cada día de tu vida, ten calma y paciencia.

—Ya quiero que otro viva esto, pero ya —masculló—. Al carruaje, y vas conmigo, Eugenia. Y tú, Albert, deja de consentirla, es un monstruo.

—Es su monstruo, Spencer. Cualquier cosa se la puedes dejar a él —bromeó Foster.

—Esa no sería mala idea, siempre y cuando no esté con nosotros —apoyó Meredith.

—Envidian mi buena fortuna con un cuñado que es un mejor hermano que sangre de mi sangre.

—¡Te oigo, pequeña desvergonzada! —replicó su hermano.

—Lo digo en voz alta para que lo oigas y te avergüences de tu comportamiento.

La familia extendida salió de la residencia de lord Nottingham y subieron cada uno a su carruaje. Ellos deseaban ver a Eugenia desempeñarse en un salón de baile.

Eugenia se sentó en el coche frente a su hermano y su cuñada, los dos la miraban como si desearan deshacerse de ella.

—Espero que tal como hablas te muevas, Eugenia.

Es evidente que tienes muchas ganas de dejar la residencia.

Esfuérzate para que puedas irte muy pronto, no falles porque puedes permanecer en mi casa por más tiempo —habló Spencer que todavía se sentía insultado por la actitud de su hermana, aunque era en parte su culpa por ser permisivo con ella y dejar que su cuñado la consintiera al punto de ser una joven insoportable e indomable.

Además, él no tenía mucho ánimo de domar a nadie.

A esas alturas de su vida lo que necesitaba era que ella se casara, también poder enseñarle a su hijo sus responsabilidades con el título e intentar tener una vida de casado con Victoria.

—Soy amada, odiada y envidiada, pero no ignorada, Spencer. Conseguiré a un gran candidato, un pez gordo, tanto que haré que te atragantes con él —replicó Eugenia, sonriente.

—Es lo que más espero, quiero que cierres la boca de todos los que desconfían de ti, no solo a mí, ¿o crees que eres lo mejor que les ha pasado a todos?

—Sé que tal vez a algunos les robe la paz, pero no a todos. Fanny sobreprotege a Clifford como si él no pudiera defenderse.

—No. Clifford es demasiado bueno para esta familia, el único amable y equilibrado que parece tener una conexión especial entre su lengua y su mente.

Nunca lo verás meter el pie en el fango, mientras los otros se hunden al decirte tus verdades.

Albert es el más perjudicado porque cree que ha hecho lo correcto contigo, pero lo único que ha conseguido es una mala influencia para Augusta —prosiguió Spencer.

—¿Mala influencia? Mala influencia eres tú dándole consejos al marqués de Asthon para que críe a sus hijas. Imagino que le dices: «Oye, William, esa se parece a Eugenia, échala a los lobos».

—Nadie te ignora, Eugenia, y tú misma lo has dicho —intervino Victoria para defender a su esposo antes de que Spencer perdiera la cabeza y ahorcara a su hermana menor.

—Al menos es un gusto saber que piensan en cómo ignorarme. No debe ser muy difícil —farfulló cruzando las manos bajo el pecho.

—Si bajas del carruaje con esa cara no pescarás más que un resfriado.

Sonríe para que al menos digan que la hermana de lord Nottingham no solo es bella, sino también encantadora.

Tu verdadera personalidad la puedes reservar para el matrimonio, en el momento en que la decisión de nuestro prójimo sea irreversible.

—Hablas de otros caballeros como si fueran víctimas, querido hermano.

—¿Y qué se supone que son? Al casarse como una Fane son víctimas de la mala fortuna.

—¿Y la mujer que se casa con un Fane de la misma manera es víctima de la mala suerte? —cuestionó lady Nottingham.

—No creo que sea de esa manera, Victoria. Tú te alimentas con nosotros dos, ya eres de la misma calaña —replicó Eugenia.

Los tres siguieron conversando hasta llegar al lugar en el cual se llevaría a cabo el primer baile de la joven.

Ellos bajaron del carruaje y esperaron a que el resto se acercara para que pudieran ser anunciados todos juntos. Acostumbraban a ir a los eventos todos juntos.

—Por primera vez veré cómo el vampiro que tengo de cuñado se desempeña en un salón de baile —comentó al colocarse junto a Clifford.

—Este nido de pájaros sirve para algo, Eugenia. Mi cabello encrespado me ayuda a que no se note demasiado. Te sorprenderá saber que muchas damas me han confundido con algún codiciado soltero —musitó Clifford.

—¿Y cómo son los celos de Fanny?

—Ella no dice nada, soy incapaz de echar un vistazo en donde no corresponde.

—Estoy segura de que a mí me gustarán todos los caballeros.

No tengo razones para no decir que debo conocer mis gustos.

Ustedes son lo único masculino que conozco, sin recordar al fallido marqués de Asthon; no se lo digas a Spencer, es muy celoso de la información que comparto para no decir que se molestará demasiado.

También aprendí a través de ustedes que me tiene que importar el dinero.

—Por mí no sabrá nada.

—Por eso me agradas, eres una tumba. Lo único que Fanny hizo bien en esta vida es casarse contigo.

—¿Con qué estás escandalizando a Clifford? —cuestionó Fanny que cogió a su esposo del brazo.

—Lo estoy elogiando. Le dije que él era lo único bueno que tú tenías.

—Él es lo único bueno de esta familia. Dudo que tu esposo sea tan bueno como el mío —musitó Fanny, burlona.

—No me importa que sea mejor, sino que sea mío y que me dé todo lo que quiero.

—Eugenia, ven a mi lado, deben verte conmigo, aunque no nos guste estar juntos —habló lord Nottingham que cogió del brazo a su hermana para que pudieran entrar al salón.

Eugenia sonrió y miró el salón como si nunca hubiera visto algo tan maravilloso; sin embargo, pensaba en que se había preparado toda la vida; al igual que sus hermanas, para ese día.

Las expectativas eran muy altas. Dentro de todas sus maldades, ella anhelaba una noche maravillosa, y una soñada.

Desde pequeña, esperaba bailar con el amigo de su hermano.

El marqués de Asthon era el hombre inalcanzable al que ella veía llegar cada día en su casa.

Él le besaba la mano, la trataba como una dama, le llevaba hermosos obsequios y más.

En resumidas cuentas, era un caballero de verdad.

Era consciente de que siempre había sido inalcanzable, pero eso no significaba que no pudiera soñar.

En su mente, Eugenia vivía la fantasía de un cortejo con William, era su mundo y nadie le impedía ser feliz ahí.

La realidad ya era lo suficientemente poco alentadora para que se limitara en su propia cabeza.

Las posibilidades de la imaginación eran infinitas en comparación con la triste conciencia de la rutina diaria, por eso consideraba que quizá toda su vida la pasaría en un lugar paralelo a lo real.

No sabía si encontraría al hombre ideal, solo sabía que debía ser importante y encajar con la familia para callar bocas y siempre ser de alto perfil.