Familia Fane Capítulo 30 #2
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Capítulo 30 #2

—Tienes muchas habitaciones vacías. ¿No piensas tener más hijos?

—No me siento preparado. Estoy cansado y Philip ha crecido muy rápido al igual que ustedes. Después de que se case Eugenia, considero que comenzaré a disfrutar de mi matrimonio si no muero antes.

—Eso no ocurrirá...

Dentro de la abadía, el duque conversaba con sus amigos lord Bentley y lord Walton.

Harper había decidido no cortar su amistad con ellos.

Al final el asunto quedaba como una anécdota.

Él era demasiado feliz pensando en que se casaba con una excelente mujer.

No le importaba someterse a la tiranía Fane porque todos le agradaban.

—Esto es una locura. Todavía no puedo creer que he cumplido con mi cometido de darte una esposa —dijo Bradley que miraba la abadía casi con sorpresa.

—Una verdadera locura que me coronará como esposo en unos momentos más cuando ella aparezca.

—Su prometida se acerca, excelencia, es mejor que se coloque en su lugar —recomendó Silvester que había entrado al recinto después de ver el carruaje del conde de Nottingham.

Harper se arregló las prendas al igual que su cabello para estar presentable. La ocasión ameritaba que estuviera más elegante que nunca.

Trataba de no verse muy nervioso, puesto que podría convertirse en la comidilla de Londres cuando leyera el artículo periodístico que hablara sobre su matrimonio.

Al ver a Rose entrar en compañía de su hermano, sintió que casarse con ella era la decisión correcta. No importaba lo que tuvieron que pasar para llegar a ese momento, todo era perfecto.

Cuando Spencer entregó a Rose, ella fijó sus ojos en Harper y sonrió.

—Hoy puedo decir que la fortuna me ha sonreído, milady, pues no existe criatura más perfecta y digna que usted —aseguró Harper completamente enamorado de Rose. Su sonrisa que partía su cara en dos lo delataba.

—Espero que mañana no cambie de opinión y siga amándome tanto como yo lo amo.

—Nada me hará cambiar de opinión y mucho menos desistir de mi amor por usted...

Los dos tuvieron que dejar de lado sus sentimientos para prestar atención a la interminable ceremonia que los uniría para siempre.

Epílogo

Cinco años después...

Aquella propiedad en la que se conocieron por primera vez se había convertido en el lugar favorito para ellos al salir de Londres para respirar un poco de paz. Era el sitio para reunirse con los amigos y la familia.

Rose y el duque habían agrandado la familia y el pobre Silvester no daba abasto con los pequeños que habían tenido.

Charlotte y Charles, ambos eran mellizos que sorprendieron a todos en el nacimiento.

Eso explicaba la enorme barriga de la duquesa.

Buscar dos nodrizas fue una terrible odisea para que los niños que cumplían cuatro años pudieran sobrevivir.

Harper nunca había vivido con tantas personas en una casa y tampoco se había sentido tan asfixiado en las visitas a sus familiares políticos.

Eran demasiadas personas en el gran salón de su cuñado, lord Nottingham.

Cada navidad era algo que podría volver loco a cualquiera con tanto alboroto.

Sus amigos le daban un poco de tranquilidad.

Lord Walton se había casado con una dama de gran carisma dos meses después del matrimonio de Harper y Rose.

Lord Bentley también contrajo matrimonio y fue con la dama que él había esperado.

Descubrió que lady Anabelle Winfrey no era entusiasta del matrimonio con un marqués y decidió darse una oportunidad con el conde de Bentley, algo que a ambos les dio felicidad.

La amistad entre los tres caballeros no se había roto y Rose ganó un par de amigas con las cuales pasaba ratos excepcionales.

—Deben estar por llegar —musitó Rose que se colocaba unos aretes con presteza.

—Depende de quién estará por llegar, querida.

—Nuestras amistades, por supuesto. Eugenia ha suspendido su visita por un malestar.

—¡Ja! Uno de esos malestares que dan sorpresas.

—¿Lo dices por nuestros hijos?

—Lo digo por tus excusas para no darme algunos gustos.

—Ajá. Ya sabes, no quiero forzar el pianoforte, ni hacer estallar tus tímpanos, Harper.

El duque se colocó su pañuelo con rapidez, mientras miraba por la ventana cómo Silvester, un señor mayor, era torturado por dos pequeños niños.

—¿No crees que hace falta alguna institutriz? —cuestionó Harper.

Ella también se acercó a mirar por la ventana y sonrió.

—No. Deja a Silvester. Está muy feliz con ellos. Le pediré a mi doncella que lo acompañe para que no lo destrocen. Charlotte es una gran exponente de la familia Fane.

—Es la gran gemela de tu hermana Eugenia y lo que más miedo me da es que la hija de Albert está alineada con ella. Es un demonio.

—Pronto será distinto. Todos crecemos y cambiamos, maduramos a golpes. ¿Recuerdas cuando eras un seductor?

Él suspiró y la cogió de la cintura.

—Esos momentos solo quedan en mi memoria. He perdido el toque.

—Ahora eres un seductor, pero uno afortunado. Siempre supe que querías casarte conmigo.

—Ajá. Deja el vino, pues tú has intentado todo para tenerme.

—A veces me arrepiento, pero no dura mucho tiempo, Harper. Somos felices y es lo que importa. Las pelean son parte del sabor de la vida.

—Te amo, Rose. Agradezco que el destino te pusiera en mi camino.

—Yo también te amo, pero debo contradecirte. No fue el destino, fue lord Bentley.

Los dos sonrieron y después de eso se besaron para demostrarse una vez más que estaban juntos por elección y no por obligación.

Fin.