Familia Fane Capítulo 30
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Capítulo 30

Harper pasó el resto de la tarde de ese día haciendo compras para ganarse el favor de la familia Fane.

También le envió una corta misiva a lord Bentley para que ni se le ocurriera colocar un pie en esa casa, le había dicho la mentirijilla de que lord Nottingham lo había aceptado sin más ni menos.

Su amigo no tenía que saber que debía presentarse con libros contables como si fuera un administrador.

—Han traído muchas cosas, excelencia. ¿Necesita algo más? —preguntó Silvester.

—Hoy me acompañarás a casa de lady Rose Fane. Llevarás todo lo que he comprado. Ahora necesito que me acompañes al despacho. Debo llevar el libro contable y el anillo que fue de mi madre.

—Lo sabía. Ella será la duquesa. También puedo comenzar a buscar a una doncella y cambiar todos los muebles de la habitación que le pertenecerá.

—Vas muy rápido. Todavía no me ha aprobado lord Nottingham.

—¿Duda de que lo aceptarán? Yo no. Es un duque. No hay nada mejor que usted.

—Tú sabes alzar el ánimo, Silvester, aumentas mi confianza.

—Es mi deber, excelencia.

Los dos caminaron por el pasillo hasta llegar al despacho.

Mientras que Silvester cogía los libros, Harper tomaba el anillo que le había pertenecido a la anterior duquesa.

Al ver aquel enorme zafiro, entendió que estaba dando un paso demasiado importante, sería un hombre casado.

Las demás damas quedarían atrás y él permanecería con una sola, la más bella de todas.

—Quedarán atrás mis días de libertino, Silvester...

—No se sienta mal, es un seductor afortunado. No tuvo que buscar una esposa, ella ya estaba ahí.

—Mi amigo parece mi enemigo. Esta jugada le ha salido mal, pero bien a la vez.

No he sido una buena persona, Silvester.

Me he comportado mal con Bradley. No lo creí capaz de nada malo y menos de que secuestraría a una joven para hacerme daño.

Fui un tonto y he aprendido algo: jamás debo retar los límites de alguien que conozco, porque saldrá su lado desconocido.

—Es un buen aprendizaje, excelencia. ¿Le preparo el mejor traje?

—Por supuesto. Me enfrentaré a la familia y eso lo debo hacer con gran elegancia.

El duque y Silvester estaban listos para la gran noche que los esperaba. Harper estaba tranquilo, por más que no se confiaba del todo en la reacción de la familia de la dama.

Una vez que subieron al carruaje, Silvester amenizó el viaje del duque ensalzándolo un poco más para que su confianza aumentara.

—Lord Nottingham tiene una vivienda muy elegante —comentó el sirviente.

—Adentro es mucho mejor, es un lujo silencioso, aunque el gato se lleva las miradas con su collar que tiene un gran diamante. Eso es una locura.

—Tengo entendido que ha pedido una joya para el gato.

—Me ha recibido como agrado, es mi manera de agradecer y de ganarme a la hermana menor. Considero que eso es importante para milady, que su hermana menor me apruebe. La niña es un poco alocada, pero agradable.

El sirviente golpeó las puertas de la residencia y esperó que del otro lado abrieran.

—Buenas noches, pasen, por favor, lord Nottingham los espera —saludó el ayuda de cámara del conde.

—Baja las cosas del carruaje, Silvester. Entraré a saludar.

Él entró y escuchaba los sonidos de personas cuchicheando en el salón.

Por un segundo tragó saliva al ver lo numerosos y elegantes que eran.

No era lo mismo verlos en un salón repleto de gente que reconocerlos en un lugar.

Junto a lord Nottingham pudo reconocer a la joven que estaba radiante, esperando por él.

No había forma de que se arrepintiera de su decisión de pedir la mano de Rose.

—Buenas noches, excelencia. Quiero que formalmente conozca a los miembros de esta familia —habló Spencer que comenzó a presentarlos a todos.

Los condes de Montgomery parecían dos grandes alfiles en un tablero de ajedrez.

Eran cordiales, elegantes y muy altos. Lord y lady Earl eran simpáticos y un tanto ocurrentes, le agradaba que el conde lo recibiera como un miembro nuevo, mientras los demás eran amables, el duque y la duquesa de Salisbury lo observaban como si ni siquiera perteneciera a su círculo.

También estaban dos personas de edad a los que el conde de Nottingham identificó como la duquesa viuda de Salisbury y lord Sharp, tío de la condesa de Nottingham.

La hermana menor del conde permanecía sonriente y algo burlona, pero sentía el mismo aire que le inspiraban los condes de Montgomery.

—Es un gran placer estar a punto de formar parte de una gran familia. He traído presentes para todos —alegó Harper para agradarlos a todos. Buscó a Silvester con la mirada y lo primero que cogió fueron los libros contables y se los entregó a lord Nottingham—. Son para usted.

—Vaya presente —se burló lord Earl.

—También he traído un par de botellas de brandi para los caballeros. Silvester... —dijo para que comenzara a repartirlas.

—Foster, no has hecho eso al unirte a la familia, y tampoco tú, Clifford —reprochó el duque que cogió la botella que le entregaba el sirviente—. Un buen brandi se celebra.

—Para las damas he conseguido unas bellas diademas y para el apreciable felino de la casa una esmeralda.

—¿Ha pensado en mi gato Clauss? Nadie se había preocupado tanto por él. Ha llegado competencia para mi cuñado favorito —aludió Eugenia mirando al duque de Salisbury, que comenzaba a mirar con celos al recién llegado.

Una vez que entregaron las diademas a las damas y la esmeralda para la dueña del gato, Harper pudo concentrarse en la joven. Sin embargo, lord Nottingham lo llevó a su despacho y fueron acompañados por los demás caballeros que, una vez en el recinto, observaron sus estados contables.

Las damas habían quedado en el salón, festejando sus nuevos presentes.

—Ninguno es igual. Creo que todos saben que no pueden llegar con las manos vacías —musitó Kitty que se colocaba su diadema frente al espejo del salón por el que peleaba con sus hermanas.

—Siempre supe que sería duquesa. Su excelencia es exquisito en todos los aspectos —presumió Rose, sonriente.

—¿Siempre lo supiste? Hasta ayer llorabas, no mientas —la descubrió Eugenia.

—Lo que importa es que una más irá bien casada. Hay una casa más para que vaya Eugenia en verano —manifestó Fanny.

—Es un alivio más lugares, más rotación, más años de paz. —Meredith suspiró.

—Mujeres de poca fe. Pronto me extrañarán cuando me case.

—¿Y quién será el tonto que caerá en tus garras? —curioseó Kitty.

—Un tonto cualquiera como los que están casados ustedes. Es sencillo...

Las cinco hermanas Fane comenzaron a reír hasta que vieron a los caballeros regresando del despacho.

—Rose —llamó Spencer.

—Spencer...

—Estás comprometida con el duque de Alcost. Es lo que querías y considero que tiene espalda suficiente para ocuparse de ti —pronunció lord Nottingham.

Spencer se hizo a un lado y dejó pasar a Harper junto a Rose.

Harper quitó de su levita el anillo de zafiro que perteneció a su madre y bajó una rodilla al suelo.

—Lady Rose Fane, ¿me acepta como su esposo a pesar de todo lo que ha pasado, de mi rechazo, mi inmadurez y mi demencia? —preguntó ofreciéndole el anillo.

—Su excelencia, ser su esposa es lo que más deseo. Mi corazón le pertenece, lo adora y lo perdona por todo.

El duque le colocó el anillo en el dedo y después besó su mano como señal de que su vida comenzaría a cambiar. No podía hablarle más porque tenían muchos ojos rodeándolos, aunque eso no les quitaba la emoción de haber conseguido un compromiso que en un principio ninguno de los dos deseaba.

Harper y Rose fijaron la fecha de matrimonio para el final de la primavera.

Tenían pocas semanas para organizar una gran boda, de la cual se hablaba en demasía desde que fue comunicado en el periódico.

Lady Kirby se jactaba de haberlo sabido primero y de que, sin ella, ese compromiso no hubiera sido posible.

***

El día de la unión había llegado y a Rose le había costado mucho despedirse de los sirvientes y más de la señorita Harting. Su vida cambiaría para siempre.

—Recuerde, lady Rose, usted será una duquesa, no puede correr por los pasillos persiguiendo a nadie, tampoco maldecir...

lo que quiero decirle es que no le muestre esas cosas a su esposo —aconsejó la señorita Harting que la ayudó a subir al carruaje después de la despedida que habían tenido antes en donde soltaron muchas lágrimas.

—Le aseguro que con el tiempo que conviví con su excelencia, él sabe que no soy una persona que cederá ante sus caprichos y que lo arrollaré como una diligencia si no cumple con su palabra —musitó la joven que iba arreglada con joyas y un elegante y lujoso vestido marfil para su matrimonio.

—Es el encanto Fane. El duque no sabe lo que lleva —opinó Spencer ayudando a su hermana para que subiera al coche y pudieran partir.

—Tuvo a cuatro personas que le dijeron lo bueno y lo malo de los Fane y él aceptó. Lo tengo comiendo de mi mano —dijo sonriente y confiada, pues en verdad sentía que tenía al duque en donde quería.

—El amor nos ciega, pero una vez que el enamoramiento acaba, las decisiones pesan.

Spencer y Rose fueron juntos en el carruaje rumbo a la abadía. Después ellos pasarían al gran banquete que ofrecería el duque en su residencia.

—Otra hermana más... —habló Spencer que cogió la mano enguantada de su hermana y miró su anillo de compromiso.

—Una hermana menos... —corrigió Rose.

—Un cuñado más...

—Me has ganado, tienes razón. Espero que algún día su excelencia se gane tu favor.

—Si te hace feliz, será bienvenido siempre en mi casa y formará parte de la familia. Ha sabido ser diligente, servil y amable hasta el momento, aunque un poco irritante a veces.

—Tú eres el único que se irrita por su presencia y es porque me casaré con él.

—Te extrañaré, Rose. Nunca olvidaré el día en que te confundí con Eugenia. La última vez que te había visto, tenías cinco años.

—En ese entonces no nos apreciabas demasiado.

—Los tiempos cambian y yo me hago viejo. Pronto mi casa quedará vacía, solo estaremos Victoria, Philip, los sirvientes y yo.