Familia Fane Capítulo 29
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Capítulo 29

Victoria agitó con mayor rapidez el abanico que tenía en su mano. En cualquier momento su esposo se desvanecería.

—¡¿Mentiras?! ¿Has dicho mentiras, Rose Eveline Alexandra Fane Lyon? —increpó Spencer que tuvo que aflojar su pañuelo lazado.

—Es una larga historia, Spencer. El duque pensaba que yo quería casarme de manera fácil y que por eso me metí a su baúl y creí que era él.

Durante ese tiempo nos acusamos de ser culpables por eso, hasta que al final decidimos ser inocentes.

Su excelencia solo parecía querer librarse de mí; sin embargo, sabía que yo lo delataría, por eso pensó en lo del falso rapto por un delincuente de poca monta.

Él creía que con eso no saldría perjudicada, aunque no contaba con que su rechazo sería lo que más nos afectaría.

—Fui un tonto, milady, al no querer entender lo que ocurría entre nosotros.

Estaba cegado con la idea de que no la había escogido cuando yo quería, pero quizá nuestro destino era estar juntos y mi amigo lord Bentley lo hizo posible por su tontería.

Lamento haberla rechazado. Hoy estoy muriendo por pensar que se casará con otro y yo me quedaré solo con el anhelo del pasado.

No me resigno a perderla. Si lord Nottingham se niega a darme su mano, enloqueceré y esta vez la secuestraré para que sea mi esposa por siempre.

—¡Qué escandaloso, lascivo ofensivo! —espetó Spencer que golpeó su escritorio con violencia—.

Guarde sus ardores para otro momento. Hablaré a solas con mi hermana.

Si usted quiere casarse con ella, se someterá al escrutinio familiar en una cena mañana por la noche.

Además, quiero sus libros contables, por si mi hermana pierde su poco buen juicio y se arroja al abismo.

Yo no sé qué creer ni a quién creerle. Tengo a dos aristócratas secuestradores y a una hermana mentirosa.

Estoy en un dilema incomprensible en el que necesito la tranquilidad para despejar mi mente.

—Le pido a su excelencia que haga lo que dice mi hermano, pues yo conversaré con él y aclararé sus dudas —dijo Rose para que Spencer pudiera calmarse, ya que parecía un poco alterado.

—Está bien, pero por ningún motivo acepte a otro caballero.

—No lo haré si lo tengo a usted...

Harper hizo una inclinación de cabeza para despedirse del conde y Rose se acercó a la puerta para cerrarla y despedir al duque con una mirada de esperanza.

Al terminar de cerrar la abertura, ella giró sobre sus talones para mirar a su familia.

—Tienes muchas cosas que explicar, querida Rose —alegó Victoria con sarcasmo.

—Hasta las cosas inexplicables necesitan una explicación en este momento. Eres la reina del invento y la mentira.

—Lo lamento, Spencer, Victoria. Fue algo fortuito.

Yo me enamoré del duque y debo admitirlo.

Lo vi en la velada musical y lady Kirby me dijo que él estaba interesado en mí, en ese momento nuestras miradas se cruzaron y las malvadas intenciones de lord Bentley nos unieron.

Ese caballero se casaría conmigo por culpa y no por afecto.

Spencer, prefiero casarme por enamoramiento que por obligación.

Te ruego que me dejes casarme con el duque de Alcost.

Lord Nottingham levantó la mano indicándole a su esposa que dejara de abanicarlo.

—¿De verdad estás enamorada, Rose?

—Sí, Spencer. No quería admitirlo. Deseé odiar al duque por no querer casarse conmigo, pero comprendí su punto y él comprendió el mío.

Lamento haberte mentido sobre que estuve en un lugar oscuro.

Él me sacó a cabalgar, a pasear, tomó el té conmigo, comíamos todos los días juntos y, pese a que no lo toleraba en un primer instante, su presencia me llenaba de una felicidad desconocida.

—Un sinvergüenza es quien te enamoró... —objetó Spencer para intentar persuadirla.

—Lo sé y ese es su encanto. Él me ha dicho caprichosa y consentida, y yo sé que lo soy. De igual forma ha pisoteado su orgullo y sus palabras para venir aquí. Él es muy egocéntrico, si ha pensado en mí, es porque me aprecia de verdad.

—Además es un duque, piénsalo, Spencer —musitó su esposa.

—Por ese lado es lo mejor que podría pasarte, pero quiero estar seguro de que te merece. Todos nuestros cuñados han merecido a tus hermanas... ¿Qué convierte a este sinvergüenza en alguien especial?

—Que yo lo amo, Spencer...

Esas palabras enmudecieron a Spencer. Se detuvo a mirarla por un buen rato en absoluto silencio. Suspiró con fuerza y miró al techo de su despacho.

—Mi dulce y amable Rose se casará con un duque.

No sé si en realidad alguien te merezca y te valore tanto como yo.

Más que mi hermana eres como mi hija, la niña que siempre fue apegada a mí y que me invitaba a dormir si me daba miedo algo.

Era humillante, pero comprendía que era tu forma de demostrar tu afecto.

La joven derramó un par de lágrimas y sonrió antes de ir y abrazar a su hermano. Él estaba muy sentimental. Sabía que ya no necesitaría de su protección una vez que se casara.

—Para mí siempre serás todo lo que me hace bien, Spencer. Sabes que no me perderás, pues al igual que mis hermanas, siempre estaré cerca de ti.

—Odio a ese duque, lo odio mucho. Considero que nadie es capaz de merecerte.

—Spencer, deja que Rose crezca. Siempre estará contigo, te lo ha dicho. Además, no puedes ser tan romántico, todavía te falta casar a Eugenia —le recordó Victoria a su esposo.

—La regalaré al que venga primero. Cada vez está más insoportable.

—En lugar de eso, debes darle atención. Ella te quiere tanto que no puede decirlo, se avergüenza de sus propios sentimientos que la hacen ser débil.

Eugenia lo ha perdido todo desde niña, ni madre, ni padre, solo nosotros, siendo la menor, se hizo camino sola a nuestro lado, con una educación para mayores.

No la culpo por no poder ser distinta —aseguró Rose.

—Está bien. Es cierto, he descuidado a Eugenia, ya me encargaré de resarcir mi error. Ahora debo digerir que te casarás con uno y tengo que desechar a otro. Ya tengo experiencia en esto.

Cuando Rose salió de conversar con su hermano, encontró al duque en el salón, él no se había ido.

—Es un gato muy hermoso el que tienen aquí —comentó al dejar a un lado al felino que se le había recostado en una pierna mientras aguardaba sentado.

—Es el gato de Eugenia —contó Rose que se sonrojó al ver a Harper que se acercó a ella para coger su mano, dejar un beso al dorso y después no soltarla.

—¿Me equivoco o tiene un diamante en una correa de cuero?

—Ese gato tiene mejor vida que mucha gente. Es el más sencillo de todos sus collares, excelencia. El gato Clauss es la mascota más consentida del mundo.

—He tenido el gusto de conocer a su hermana. Es casi tan bonita como usted y bastante atrevida.

—Es el rasgo familiar. Ella no aprueba a lord Bentley, aunque al parecer a usted sí.

—La única aprobación que quiero es la suya. —Harper se acercó a ella y acarició la mejilla de Rose con la mano que tenía libre. La otra sostenía la extremidad de ella.

—Ni siquiera hace falta una aprobación si usted sabe que es así... —confesó esperando que él la besara.

—¿Aún no se ha ido? —increpó Spencer, que tuvo que observar ese horrible momento en que el caballero se acercaba a su hermana con la intención de besarla—. Quite sus garras de ella. No insulte mi casa.

Harper tuvo que retroceder unos pasos. El hermano de Rose era problemático y sabía que sería difícil integrarse. Consideraba que lord Nottingham lo odiaba.

Rose retrocedió y se colocó junto a su hermano, bajando la cabeza, avergonzada por el trato que le daba Spencer al duque.

—Estaba de salida, milord —justificó el duque.

—De la salida de su desvergüenza. Es un desvergonzado. Hasta que no traiga lo que le he pedido, no puede ni siquiera osar en mirar a mi hermana.

—No exageres, querido. Mañana el duque estará aquí para conocer a la familia. ¿No es mejor que nos ocupemos de eso?

—Ocúpate de eso, mujer. Yo veré que el caballero deje mi propiedad. No me agrada y tampoco sé si me agradará alguna vez.

—Spencer... —murmuró Rose.

—Haré lo que quiera. Yo mismo lo acompañaré a la salida para que sepa en dónde queda.

A Harper no le quedaba más remedio que tolerar la impertinencia de lord Nottingham. Él sabía que ni siquiera estaba al mismo nivel, pues era un duque y él un conde.

—Adiós, excelencia. Ahora sabe que no es tan bueno pretender a la favorita de Spencer —avisó Eugenia desde la parte alta de la escalera al verlo irse. Su expresión era burlona y no le importaba que la mirada de su hermano la crucificara.

Él no sabía que Rose era la favorita del conde. Eso hablaba mucho de que tendría a ese hombre pegado a su ventana para saber de ella cada día. Sería difícil, pero lo superaría.

Lord Nottingham despidió al duque en el portal de su casa y después entró al salón.

—¡Me avergüenzas, Spencer! —exclamó Rose, indignada, por la actitud de su hermano.

—A mí me avergüenza tu comportamiento. Estuvo a punto de besarte.

—¡Es exactamente lo que quería!

—Eres una sinvergüenza. Esa es tu hermana favorita, Spencer —masculló Eugenia—. Sabía que ella era coqueta y que se había ido con el caballero.

—No digas tonterías, Eugenia —farfulló Spencer.

—Espero que mañana lo trates mejor, Spencer —pidió Rose.

—Lo trataré mejor si tú prometes ser decente.

—Soy decente. Un beso no es nada malo.

—Por supuesto que lo es entre dos personas solteras.

—Lo dice quien ha seducido a la niñera de sus hermanas —le recordó Eugenia que después de eso corrió para esconderse. Decir algo semejante siempre molestaba a Spencer.

—¡Pequeña desver...! —gruñó amagando que iría tras la menor de sus hermanas.

—Ella tiene razón —dijo Rose.

—No es lo mismo. Ella era una mujer ajena a mi familia.

—Para el duque yo también lo soy. Es probable que tenga muchos pensamientos inquietos por mí al igual que tú los tuviste por Victoria.

—¡No quiero oír algo así! No, no y no. Iré a descansar o terminaré muerto.

Rose vio que su hermano se retiraba con presteza.

Le había dado en donde más le dolía, pero él debía entender que ella estaba enamorada del duque y que quería estar a su lado.

Se sentía feliz al saber que ese caballero en realidad sí había querido estar con ella.

Luchó contra sus propios prejuicios y por eso había ido a enfrentarse a su hermano.

Debía contarle eso a la señorita Harting.

Rose fue corriendo hacia la habitación de la institutriz y abrió la puerta sin pedir permiso. La encontró acomodando sus prendas en el armario.

—La educación que le he dado debió llevársela un raudal —aseguró la mujer que se había asustado.

—¡Me voy a casar, señorita Harting! ¡Tendrá otra duquesa en su historial! Puede morir en paz y ser feliz. —Rose abrazó a su institutriz y la apretó con fuerza.

—¡Ay, lady Rose! —exclamó casi asfixiada por la joven.

—Soy tan feliz...

—Hace tiempo que no la veía tan contenta. ¿Qué pasó con el conde que pidió su mano?

—¿Cuál conde? ¡Oh! Ya lo recuerdo. Pues mi duque, tan guapo y gallardo, vino a culparse por los pecados ajenos para tenerme a su lado. Él es tan afortunado.

—Por supuesto. No sabe la joya que se llevará...

—¿Está siendo sarcástica, señorita Harting?

—Se entiende de las dos maneras, pero en realidad, usted es una joya de cualquier forma.

Después de contarle todo y escandalizar a su institutriz, ella comenzó a buscar la prenda que utilizaría la noche siguiente en la que vendría el duque.

Deseaba agradarle mucho más. Esperaba que su familia lo recibiera con los brazos abiertos.

Sabía que él era perfecto para ocupar el próximo puesto de cuñado en esa casa.

También deseaba que en algún momento Spencer aceptara a Harper de buen grado.

Tener a su hermano y a su esposo en armonía era algo que la haría muy feliz.