Familia Fane Capítulo 24
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Capítulo 24

—Por supuesto, milady.

A lord Bentley no le quedó más remedio que aceptar la propuesta de la joven.

Él no tenía la suficiente valentía para rechazar los acercamientos de una dama desesperada.

Sabía a la perfección que ella estaba en esa condición gracias a su locura que, al final, no le había servido para nada.

De hecho, no debía negarse a nada de lo que la joven solicitara.

¿Con qué cara podría hacerlo? Era responsable de que estuviera en desgracia.

Al haber conseguido su objetivo, ella comenzaría sus maquinaciones para conseguir información de todo.

Sabía que era mejor dejar el asunto en paz, pero necesitaba hallar culpables a su desgracia, además, podría reprochar lo ocurrido por más que no consiguiera nada, al menos el mal sabor de boca se lo quitaría.

Cuando acabaron el baile, los dos fueron caminando hasta donde se encontraban los parientes de Rose, que los miraban como águilas y más porque suponía que Fanny había contado lo que sabía del conde de Bentley y podría dar lugar a especulaciones de un supuesto interés de su parte, tal vez a eso se debía la cantidad de ojos que los observaban con interés.

—No olvide decirle a mi hermano sobre la visita —insistió Rose para que se comprometiera.

—No se preocupe, milady.

—¿Ha sido divertido, Rose? —preguntó Spencer a su hermana.

—Sí, la compañía de milord es muy grata —respondió.

—Lord Nottingham, quisiera pedirle permiso para que me deje visitar mañana a su hermana. Hemos concluido que un baile no es suficiente para conocerse mejor —alegó lord Bentley.

—Me parece estupendo, lo esperamos mañana, milord —dijo lord Nottingham.

—Hasta mañana entonces... —declaró en forma de despedida. También hizo una reverencia a los parientes de la joven y a ella.

Rose correspondió con una venia y lo vio irse.

—Faltó poco para que Spencer se arrojara a los brazos de lord Bentley y lo llenara de besos —habló el duque de Salisbury para burlarse de su cuñado.

—Todavía no puedo darme por servido, Foster debe calmar mis dudas.

—Considero que lo importante es casarse, el dinero es lo de menos —intervino Rose, sarcástica—. No puedo aspirar a mucho, así que les pido que no espanten a los pocos valientes que puedan acercarse a mí.

—Por supuesto que el dinero es importante. No saldrás de tu casa donde vives como una reina para irte a ser una esclava o a vivir como una miserable —espetó su hermano—. Entre todos esos pobres valientes deben existir adinerados y es a aquellos a los que apuntamos.

—Yo apunto a no sentirme mal por hundir el nombre de la familia. Un esposo es un esposo.

Al decir eso último, ella giró su cabeza hacia otro lugar.

No discutiría nada. Creyó que haciendo eso las cosas mejorarían; sin embargo, de nuevo ahí estaba la mirada del duque, que parecía enfadado, no como cuando lo vio al inicio.

¿Podía ser posible que estuviera molesto porque bailó con su amigo?

No. Pensar en que los celos eran posibles solo la ilusionaba con algo que no pasaría.

Los ojos de Harper estaban encendidos por la furia. Una fuerza rabiosa corría por sus venas como una violenta correntada. Ni siquiera había pensado en lo mucho que le afectaría ver a Rose y más con otro. Sabía que no había nada entre ellos, pero no podía evitar esos sentimientos tan nefastos.

—¿Estás seguro de que no bailarás? —inquirió Bradley que había regresado junto a su amigo con dos copas de brandi.

Harper no pudo evitar observarlo con molestia. Cogió la copa que Bradley le ofrecía y siguió enfrascado en su estilo de prepotencia y amargura.

—No. Bradley... ¿Lo haces a propósito?

—¿Qué se supone que estoy haciendo?

—Lo entiendes, lo sabes —acusó agitado.

—¿De qué demonios estás hablando?

—Tú eres consciente de quién es la joven que estaba en mi baúl...

En ese instante se abrió la mente de Bradley y descubrió lo que su amigo quería que entendiera.

—Supuse que preferías que hiciera como que ese evento nunca ocurrió. Invitarla ha nacido de mí por molestia, pero no hacia ti, pero sí hacia mí por darme cuenta de que no tengo oportunidades.

—Pues lady Rose Fane tampoco debería ser una opción.

—¿Por qué no? Tú das fe de su honorabilidad. Sé que para cualquiera su reputación puede estar mal, pero no para nosotros tres. De hecho, ella me ha invitado a su casa mañana.

Una palidez digna de un cadáver se apoderó de Harper. No podía creerlo.

—No digas mentiras, milady no haría eso —reprendió a su amigo.

—Me ha dicho que le simpatizo mucho y que un baile no es suficiente para conocernos mejor, así que, conversé con lord Nottingham y sabe que iré mañana.

—Lo que quiere es enredarte, conseguir un marido de manera fácil... ¿Estás ciego o qué?

—No, no estoy ciego. No estoy ajeno al compromiso como tú, aunque no me implicará el sentimiento, sino más bien la necesidad de cumplir con lo que se requiere para mi título, un matrimonio por conveniencia. Una de las matronas me habló muy bien de ella antes de su desaparición.

—¿Crees que alguien se equivocó de carruaje y la metió en el mío? Tal vez un caballero con mucha codicia.

—Es probable, Harper. Es una gran candidata a esposa, pero no tanto como lady Anabelle Winfrey.

Él no quería que su amigo se interesara en Rose, no podría verlos juntos jamás.

Se moriría antes de permitir esa aberración.

¿Por qué no lo permitiría? Era a lo que Harper la había empujado a buscar un esposo.

El conde de Bentley no era mal partido, pero no quería que ni siquiera la cortejara.

¿Y si Bradley la besaba de la misma manera en la que él lo había hecho?

Imaginarlo le producía repulsión. Se sentía dueño de Rose por más que no lo fuera.

Había tenido la oportunidad perfecta de convertirla en su duquesa, mas la había rechazado de todas las formas posibles en las que una dama no debía ser rechazada. ¿Qué haría para resolver su dilema?

El duque de Alcost solo quería que la noche llegara a su fin.

Ver a Rose comenzaba a ser como un suplicio, pues todavía se negaba a aceptar acercarse a ella por las especulaciones que sabía que corrían sobre él y la joven a causa de la desaparición de la misma.

Lo mejor era mantenerse lo más lejos posible para que esas habladurías cesaran, lo que significaba que debía soportar estar ahí. Era una carga pesada.

Al final terminó rindiéndose ante su propia presión y se retiró de la velada.

Su vida, como la conoció antes de Rose, no estaba regresando de la manera en la que él creyó que regresaría.

Durante el trayecto en su carruaje, no había dejado de dar vueltas en su cabeza la imagen de Bradley y de la joven sentados muy cerca el uno del otro, con aquel cogiendo la mano de ella para llevársela a los labios como todo un romántico.

No dudaba que Rose cayera en las garras de lord Bentley, ya que estaba desesperada.

¿Por qué no podía simplemente olvidar todo y seguir adelante?

¿Y si lady Rose Fane lo hubiera hechizado?

—¿Se le ofrece algo, excelencia? —preguntó Silvester que interrumpió al duque en sus cavilaciones mientras entraba a su casa.

—Sí, quiero respuestas —replicó pasando junto a su sirviente para seguir su camino hacia la segunda planta de la casa.

—Pregunte lo que quiera y si está a mi alcance le responderé —dijo su criado yendo detrás de él.

—Dime, Silvester, ¿por qué no puedo olvidar a lady Rose Fane? Es una criatura caprichosa, grosera e insufrible.

—Lo que le diré no le va a gustar. Solo le diré si lo aprueba.

—Ahora necesito respuestas que sean o no de mi agrado.

Él y su sirviente entraron a la habitación y Harper tiró su cuerpo la cama para que Silvester le quitara las botas.

—Entonces le digo lo que ya le he repetido muchas veces, aunque no con estas palabras.

Excelencia, usted está enamorado de lady Rose Fane y no quiere admitirlo.

Es orgulloso porque las cosas no se han dado como usted esperaba, pero el corazón no escoge de quién enamorarse.

Considero que hemos descubierto que tiene corazón.

—Me niego, me niego a tal cosa. Es absurdo. Estoy... encaprichado, enfadado o no sé con exactitud lo que pasa. Solo odio verla con otro, desprecio estar lejos y la pienso todos los días...

—Todos son síntomas muy graves de una enfermedad, excelencia. Lo compadezco por este padecimiento.

—¿De qué enfermedad me estás hablando?

—Del amor. En la clase alta no se escucha mucho sobre eso, porque no se dejan llevar por lo inapropiado que puede ser una persona a la cual se le otorgan los sentimientos.

Los de su clase prefieren sufrir junto a alguien de su mismo estatus pudiendo pasar años sin sentir amor, deseo o la sola tolerancia.

Es la razón por la que los matrimonios entre los aristócratas no es algo agradable.

Harper quedó en silencio ante lo que Silvester le decía. ¿Sería posible hablar de amor con lady Rose Fane?

—¿Cómo saber si estoy enfermo de eso en realidad y cómo puedo curarme?

—Considero que la cura es aceptar lo que pasa e ir a casa de lord Nottingham, conversar con él y pedir la mano de su hermana antes de que otro lo haga.

—¿Crees que ese otro pueda ser Bradley?

—Puede ser cualquiera y le aseguro que lo que menos le agradará será que ella se case con uno de sus amigos.

—Es horrible siquiera considerar esa aberración. Milady tiene demasiado carácter para alguien tan débil como Bentley o Walton. Los haría puré en una sola conversación. Lo peor es que Bradley la visitará mañana. No quiero que lo haga, intenté persuadirlo...

—Tenga cuidado con lord Bentley, es un arma de doble filo.

Lamentará que él se case con ella por su ineptitud e indecisión.

Milord es más astuto al conseguir una esposa de forma fácil.

¿No es más sencillo aprovecharse de la desgracia de una dama que conquistar a la hija de un duque?

Las aves de rapiña tienen más sentimientos que él.

—No sigas envenenando mis pensamientos o terminaré cometiendo una locura.

—No sé qué locura podría ser. ¿Matará a su amigo o hablará con lord Nottingham?

—No puedo hablar con lord Nottingham. Yo rechacé a milady y no puedo ir ahí y decirle a su hermano que quiero casarme con ella.

—Entonces deje las cosas como están si le da vergüenza hacerlo. Esperemos que su amigo pase de largo del asunto de milady y la deje en paz.

—Tengo un mal presentimiento con Bradley.

Puedes llamarle como gustes, pero algo no anda bien.

Hoy se ha resignado a que ha perdido su oportunidad con alguien con quien no ha cruzado más de una frase de cortesía.

Eso podría darme esperanza, pero como tú dices, él quizá quiera aprovecharse de la necesidad de milady.

Ella no puede rechazar a nadie. El primer pez que caiga en la red será cazado, no importa si es pequeño o grande, no está en condiciones de dejarlo ir.

—Entonces no espere muchas cosas buenas si sabe lo que ocurre. Le quedan pocas opciones y tiempo. Le dije que era un error dejar ir a esa joven. Ahora lo está sufriendo.

—Todavía tengo la esperanza de que esto solo sea un momento de debilidad y que pronto la olvide. Ha pasado poco tiempo...

—Es muy insistente con eso. Por pensar así, menos saldrá de su mente. —Silvester comenzó a quitarle las prendas, mientras que el duque guardaba silencio, se le habían acabado las quejas.

Su silencio no era más que un torbellino de ideas y escenarios posibles respecto a Rose.

Si Silvester tenía razón, a él no le quedaba más remedio que aceptarlo y tomar decisiones de acuerdo a eso.

Le costaba resignarse a creer que Rose no había querido obligarlo a un matrimonio metiéndose en su carruaje con ayuda de un secuaz.

Su actuación de dama desesperada era excelente, mientras que él se hundía en la preocupación de no poder interpretar sus propios sentimientos.

Lo único que entendía era que estaba en manos de ella.