Capítulo 21
Habían pasado dos días desde que devolvió a lady Rose Fane y también desde que envió una carta a sus amigos para que lo visitaran en su propiedad.
Había podido reunirse con el administrador y su vida parecía haber regresado a la normalidad; sin embargo, él estaba en la habitación que le había pertenecido a Rose durante su estancia.
En el armario tenía tres vestidos y varios camisones, incluyendo las prendas masculinas que había usado los primeros días.
Suspiró en muchas ocasiones al sentirse solitario y sin la pelea con ella. Se maldecía en ocasiones por recordarla, aunque creía que era parte del proceso de haber convivido con alguien por unos días. Siempre había estado en compañía de sus sirvientes y en ese instante también. ¿Qué había cambiado?
Harper acarició la tela del último vestido que había usado Rose. Eso parecía disminuir su añoranza por ella. Después se acercó a la ventana y vio que un carruaje se acercaba a lo lejos. Estaba seguro de que eran sus amigos. Confiaba en que, con ellos, él recuperaría su brío.
Salió de la habitación, no sin antes darle un último vistazo.
Se dirigió por los pasillos hasta llegar a la entrada de la casa, en donde se encontraba Silvester esperando a las visitas.
—¿Los cuartos para las visitas están listos? —preguntó a su sirviente.
—Sí, excelencia. Sus amigos ocuparán las habitaciones junto a la que perteneció a milady...
Otro suspiro escapó de Harper. Parecía estar cansado de algo y a la vez decaído, aunque no tenía razones para estarlo, suponía que todo se debía a la transición de soltero con compañía a soltero sin pena ni gloria y él lo había decidido de esa manera, pues puedo haber deseado casarse con ella, pero todavía le asustaba el compromiso.
—Harper... —saludó Bradley que descendió del carruaje en compañía de lord Walton.
—Te ves un poco desmejorado, ¿has dormido bien? —preguntó Walton.
—Sí, pero ustedes no van a creer lo que ha pasado, en verdad, no me lo creerán... —dijo Harper que estaba dispuesto a compartir su secreto con sus mejores amigos de años.
—Eso suena muy interesante, queremos saber lo que ha ocurrido —comentó el conde de Bentley que sospechaba lo que Harper contaría.
En realidad, nada de lo que habían pensado respecto al plan de casar a su amigo había resultado.
Él se había librado de todo y quería saber cómo lo había logrado.
Casi era seguro que lo casarían con la joven, pero con la idea del rapto por parte de un delincuente cambió las cosas.
—Pasen, pasen. Después del desayuno podremos conversar mejor. Quiero que descansen y por la tarde iremos de cacería aquí cerca.
—La cacería suena espectacular —habló Walton que caminó junto a sus amistades dentro de la casa.
—Silvester acomodará sus cosas mientras que nosotros desayunamos. Han llegado a tiempo para este evento. ¿Cómo ha ido todo por Londres?
—Bastante tranquilo... —respondió lord Walton que miró a lord Bentley para que aprobara lo que decía.
—Bastante aburrido sin tu presencia —contó Bradley.
—¿Has conversado con la musa de tus afectos? —curioseó Harper.
—No se ha atrevido. Le intimida que sea la hija de un duque —replicó Walton en lugar de su amigo.
—Si sigues de esa manera, alguien más cortejará a la dama. Hay que atreverse y de una vez saber si te corresponderá o no. Vivir en zozobra no es algo digno para un caballero. ¿Quieres que hable por ti, Bradley?
—Yo puedo con esto. Si tú le insinúas algo, tal vez ella se ilusione contigo...
—Ya te he ofrecido mi ayuda...
—Si será igual que tu promesa de no acercarte, te agradecería que no me prestes ninguna ayuda.
—Bradley, eres muy rencoroso. Ya te dije que no estoy interesado en ella y tampoco en ninguna otra. Te he jugado una broma a ver si te tomabas de los pelos y así ocurrió.
Los tres caballeros tomaron asiento. Los sirvientes comenzaron a colocar el festín del desayuno sobre la mesa. Se sirvieron cuanto quisieron y comenzaron a comer.
—Ahora, dinos qué es lo que te ha ocurrido —indagó Bradley por curiosidad.
—En verdad, siento que creerán que estoy loco cuando se lo diga.
—Nos tienes en ascuas, no hace falta que sigas dando largas —pronunció Walton.
—Está bien. La noche en que me dirigía hacia aquí, escuchamos gritos en la parte trasera del carruaje, en la que estaba mi baúl.
Nos quedamos a la vera del camino y ahí, en medio de la noche y una amenazante lluvia, abrimos el baúl y de él salió como una rana, una dama que comenzó a correr por el monte.
Era una escena increíble. Después la perseguí por sugerencia de Silvester, sin saber que podría estar metido en un problema.
Lord Bentley y lord Walton se miraban de reojo. Ambos tenían una cara de sospechosos que quizá se descubrirían en la fechoría a causa de sus expresiones.
—Cuando encontré a la mujer, me acusó de haberla secuestrado.
Ustedes no saben lo que he tenido que pasar para salir impoluto de esto.
Todo mi arsenal mental estuvo a prueba. La retuve aquí durante un par de días hasta encontrar la solución perfecta que fue fingir que la había raptado un delincuente a cambio de dinero.
Esa idea me ha salvado de un desastre. ¿Me imaginan casado con una desconocida que encontré en mi baúl?
Ella debió saber que yo era un duque y quiso tener el camino fácil de casarse sin hacer el menor esfuerzo.
Pensó que sería tan tonto de asumir culpas que no eran mías. Fui afortunado.
—¿Y quién era la dama? —inquirió lord Walton.
—No puedo decirlo, pues eso sería desleal por mi parte.
Solo quería que supieran lo que me había ocurrido.
Por esa razón les pedí que no vinieran. No quería que su nombre se viera envuelto en un escándalo.
Todavía tiene esperanzas de hacer lo correcto y de casarse con alguien que le convenga.
Solo puedo decirles que es muy hermosa y de buena posición.
—¿Y con todo eso la devolviste? —interrogó Bradley—. El destino la puso en tu camino de buena o mala manera, los planes de Dios son perfectos.
—Pero no más perfectos que mis planes para salvarme de un matrimonio obligado.
—Era una buena oportunidad para no pensar en una esposa porque ya tenías una. Si era bonita la hubieras conservado —reprochó Walton—. ¿Acaso solo era bonita y no agradable?
Antes de contestar a la pregunta de su amigo, Harper recordó sus momentos tanto divertidos como los que no lo fueron.
Como resultado de su corto análisis, concluyó que Rose era agradable en todos los aspectos y no solo era bonita.
Le había gustado pasar tiempo con ella y sobre todo besarla.
Ese acto era tan sublime como tocar el cielo.
No podía evitar comparar a la joven con otras mujeres a las que había besado, Rose era la más torpe, pero de la que más había disfrutado.
Su inocencia y su falta de experiencia jugaban un papel fundamental para que él se sintiera complacido.
—Sí, fue agradable. Era inteligente... —dijo a grandes rasgos.
—¿Crees que alguien en Londres se tragará el cuento del secuestro?
Esa joven tendrá en sus hombros el estigma de haber sido mancillada, sea o no de esa manera —razonó Bradley que seguía insistiendo para que su amigo recapacitara y se casara con esa dama o, de lo contrario, él cargaría con esa culpa.
No era un mal hombre, pero si las cosas no resultaban tendría que hacerse cargo de sus propias locuras.
—No he tocado un pelo de su cabellera. Soy un caballero íntegro, tal vez mi reputación sea un tanto escabrosa, pero no por eso perderé la educación y menos con alguien que quizá ni siquiera tenga la culpa de lo que ocurre, por más que yo la considere culpable.
—Todavía estás a tiempo de ir a Londres a cortejarla si hablas bien de ella y más después de quedarte a su lado unos días. Tuviste tiempo para conocerla —razonó su otro amigo.
—¿Por qué no siento que estén sorprendidos con mi historia? Al menos no siento la empatía de mis amigos. No me dan la razón, sino que se compadecen de alguien que no conocen y me hacen a un lado.
—Un duque no es vulnerable como una dama, que con solo un mal movimiento podría arruinar su vida. Además, Harper, estamos considerando tu felicidad —prosiguió Bradley.
—Lo que noto es que insinúan que soy incapaz de conseguir una buena esposa. ¿Por qué ella debería ser la duquesa? —increpó.
—¿Y por qué ella no debería serlo? —cuestionó Walton.
—¿Acaso no oyeron que quiso aprovecharse de mí entrando a mi baúl? Es evidente que sabía que era un duque. ¿Lo entienden?
Harper todavía no salía del asombro. Sus amistades querían arrojarlo a los brazos de lady Rose Fane sin apoyarlo, sin darle la razón y eso le resultaba incomprensible.
—La verdad que desconfío de ti, Harper. Creo que tú te robaste a la dama. Ninguna mujer se metería a tu baúl y soportaría un viaje solo por ser duquesa. Algo no cuadra en tu relato —acusó lord Bentley.
—¡Por favor! Esto es absurdo, raya lo cuestionable. Solo un demente raptaría a una joven de cuna noble. Ella apareció en mi baúl y es la absoluta verdad. No les mentiría a ustedes, son mis amigos, las únicas personas en las que puedo confiar.
—Te estábamos poniendo a prueba —resolvió Bradley con una sonrisa conciliadora. Sabía que Harper no mentía. Él conocía parte de la secuencia de los hechos, al igual que Walton.
—Por un momento pensé que estaban en mi contra. Qué alivio...
Los tres desayunaron y siguieron conversando sobre la joven. Harper evitó contar la identidad de ella, aunque tal vez lo supieran al llegar a Londres, pero al menos no lo sabrían por él.
Los visitantes del duque fueron a sus habitaciones para cambiarse de ropa y poder prepararse para la cacería.
—Bradley... —Lord Walton irrumpió en la habitación del conde de Bentley.
—¿Qué ocurre?
—¿Y si Harper descubre que hemos sido nosotros? Ya no querrá ser nuestro amigo y es mejor tener un duque de amigo que de enemigo.
—Walton, él no sabrá nada, salvo que cometamos la indiscreción de hablar sobre eso.
—Esto es grave. Hemos perjudicado a una dama inocente.
—No sabíamos que Harper buscaría la manera de zafarse. Lo preocupante es que las cosas no resulten bien y lady Rose termine rechazada en la sociedad.
—Debemos conseguirle un esposo.
—¿Cómo se supone que lo haremos?
—Es bella, no debería ser difícil...
—Por ese lado no ardua tarea, el problema es la reputación. ¿Tú no quieres casarte?
—¿Por qué debería pagar por tus locuras? Si a alguien le corresponde pagar por sus pecados es a ti. Esta fue tu idea y debes responsabilizarte por ella. Harper tiene razón en no querer hacerse cargo de una desconocida.
—Yo no puedo. Estoy interesado en otra.
—Hubieras pensado en eso por si contemplabas la inteligencia de Harper que claramente no tuviste en cuenta.
—Debo hacer que se interese en ella para que no sea perjudicada. Mi honorabilidad me prohíbe hacerle mal a una joven.
—Tu honorabilidad es cuestionable. Si no te atreviste a hablarle a la hija del viejo duque, deberías cortejar a lady Rose Fane. Tiene a su favor que es más bella que tu adorada dama imposible, y te aceptará sin dudar gracias a la situación en la que tú mismo la colocaste.
—Con tu ayuda.
—Me dejé llevar por tu demencia. Me arrastraste a esto.
—¡Oh, el inocente lord Walton! La integridad ambulante.
—Búrlate todo lo que quieras, pero yo dormiré tranquilo, mientras tú adularás a Harper para que limpie tu camino de culpa y pecado. En esto terminó tu gran idea, Bradley. Es un desastre y puede terminar contigo casado con ella si no haces ceder a nuestro inflexible amigo.
Lo que Walton le decía era la realidad de lo que estaba ocurriendo.
Persuadir a Harper sería una misión imposible.
Era más fácil encontrar un dragón que hacer que él cambiara su opinión sobre algo.
Tampoco había pensado en su astucia, había menospreciado su inteligencia al creer que todo estaría listo, pero se complicaba.
Pondría su esfuerzo en que aquel accediera a casarse con Rose o el que acabaría casado gracias a sus culpas sería otro.