Capítulo 14
En Londres...
El ayuda de cámara de lord Nottingham abrió la puerta al escuchar el sonido de unos tímidos golpes. En un primer momento no vio a nadie; no obstante, al bajar la cabeza, vio a un niño y le resultaba muy extraño que un pequeño estuviera en las calles por la noche.
—¿Qué se te ofrece? —preguntó el sirviente al niño.
Aquel no respondió de inmediato. Entregó una carta y después miró a su alrededor.
—Necesito llevar una respuesta. Esperaré aquí...
El criado cerró la puerta y fue junto a Victoria que se encontraba junto a la familia. Todos estaban reunidos en la casa. Spencer reposaba la mayor parte del tiempo por recomendación médica y, además, por la confianza que tenía en los miembros de su familia.
—Milady, un niño ha traído una carta. —Él le enseñó el papel para entregarlo.
Victoria miró al duque de Salisbury y le pidió con un gesto de los ojos que abriera la carta para su esposo.
Albert asintió, y pensó que podría ser algo que tuviera que ver con la desaparición de Rose. Cuando desplegó la hoja, un mechón de cabello rubio cayó del interior.
Los demás quedaron atónitos al comenzar a hilar lo que significaba una carta y cabello con ella. Meredith levantó lo que había caído y lo acarició. Estaba segura de que era de Rose.
—No te haría daño leer esa carta ya, Albert —pidió Eugenia.
—Lo leeré primero con los ojos y después en voz alta. No quiero matar a nadie si son malas noticias.
—La única persona que morirá será Spencer —masculló Eugenia.
—Eugenia, no digas eso de nuestro hermano —la reprendió Kitty que estaba sentada junto a Victoria, sosteniendo su mano para consolarla.
Eugenia se sentó, enfurruñada, en su asiento y cruzó los brazos.
Los ojos de Albert recorrieron las letras de la carta, la hizo a un lado y después volvió a fijar su mirada en ella.
Sus gestos ponían en vilo al resto de las personas que lo acompañaban en el lugar.
—Querido, ¿ya puedes decir algo? —curioseó Kitty, ansiosa.
—Estoy indignado... —habló Albert.
—¿Qué dice la carta? —interrogó Victoria, que estaba a punto de desmayarse.
—Dice que Rose fue secuestrada. Piden una cantidad ridícula, absurda e irrisoria por devolverla. ¿Qué clase de delincuente pediría tan poco dinero por una mujer de la valía de Rose? Es mejor que Spencer no sepa el monto o lo enterraremos mañana —contó Albert.
—¿Y qué significa eso de estar secuestrada? ¿Qué más dice la carta? —indagó Meredith.
—Dice que está asustada y no conoce a nadie. ¿Alguien podría reconocer su letra para saber si no es un timo?
—Yo puedo hacerlo, excelencia —alegó la señorita Harting—, permítame... —La institutriz observó las letras y frases con detenimiento para asegurarse de no cometer algún error—. Es su letra, excelencia. Lady Rose ha sido obligada a escribir esta carta.
—Entonces el cabello es una prueba de que la tienen en cautiverio —concluyó Foster.
—Sí, sí. Todos tienen razón, pero lo importante es saber cuál es la diferencia entre huir y ser raptada. ¿En qué me afectaría eso? ¿Hay posibilidades de que me case en Inglaterra o debo buscar un francés? —inquirió Eugenia.
—No tengo idea de cómo esto puede afectar a la familia. Podría ser una mentira, como podría ser cierto —aseguró Albert.
—Lo cierto aquí es que no casaremos a Rose con nadie, no sabemos quién es el responsable de su secuestro, tendremos que confiar en que las cosas mejorarán una vez que paguemos por el rescate —musitó Kitty.
—Yo creo que solo una persona puede ayudarnos en esta ocasión para saber cómo obrar. Pese a nuestros roces con esta dama, considero que puede ser de gran ayuda... —pronunció Foster para buscar una solución o al menos un consejo.
—¿No estarás hablando de esa mujer que...? —farfulló su esposa.
—Sí, lady Kirby. La persona que se encargó de unirnos en matrimonio para siempre —afirmó—. Sé que tal vez sea odiosa, egoísta y mal intencionada, pero es la única que conoce cómo se mueve la sociedad. Nos dirá qué hacer con Eugenia.
—Yo tengo un plan alternativo por si las cosas salen mal. Me quedaré en la casa de mis hermanas por temporadas, para eso tengo varias... —declaró la menor haciendo un gesto con los hombros.
—Hay que invitar a lady Kirby para que nos oriente en lo que ocurrirá —dijo Fanny, apresurada. Amaba a su hermana, pero exponer la integridad de su esposo era demasiado, aquel se preocuparía de sobremanera y estaría incómodo en su propio hogar.
—Está bien, pero lo primero es aceptar lo que piden y aguardar, aunque todavía me indigna esa cifra tan absurda —masculló el duque, ofendido. A él le parecía que su cuñada valía mucho más.
—¿Y qué le diremos a Spencer? Él necesita saber algo —habló Victoria, preocupada.
—No le podemos decir nada distinto a que está secuestrada. Es la única verdad que existe, tal vez eso lo tranquilice —opinó Clifford.
—Antes de hablar con él deberíamos buscar a lady Kirby, si es conveniente le diremos que está secuestrada, y si no, fingimos demencia y sostendremos que no sabemos nada. Qué alguien busque a esa mujer —ordenó Albert—. Yo contestaré la carta.
Las personas de la casa se pusieron manos a la obra para buscar a la matrona de Londres.
Confiaban en que el secuestro a cambio de dinero podría significar que una vez que recuperaran a Rose, ella pudiera casarse al igual que Eugenia.
Eso aliviaría a Spencer y las cosas volverían a la normalidad en la casa y todo quedaría como una anécdota familiar.
Esa era la esperanza. Además, informando a la matrona, esta podría interceder por Rose, ya que siempre hablaba muy bien de ella y podría hacer que el incidente se minimizase de una manera en la que quedaran satisfechos y sin daños a la imagen ni al apellido.
Escoger las palabras para responder a las cortas líneas de Rose era una tarea difícil, pues debía hacer notar la cooperación para recuperar con bien a la joven.
Al cabo de un par de horas, lady Kirby había acudido al llamado del duque de Salisbury. También este había dado una respuesta al mensajero y le había pedido a alguien de la casa que lo siguiera; sin embargo, el niño fue más ágil e inteligente que un lacayo y terminó perdiendo de vista al crío.
—Es una lástima por lo que está atravesando la familia.
Lord Nottingham es una víctima de la vida.
Pobrecito, está pálido, demacrado por tanta responsabilidad.
Las niñas no son algo fácil... —comentó la mujer que desconocía la razón por la que le pidieron que fuera a esa residencia—.
Y más cuando una de ellas sale descarriada.
—Lamento decirle que Rose no es ninguna descarriada —alegó el duque para defender a la joven. Su hermano no podía hacerlo, pero él tomaba el papel de protector muy en serio—. Le pedimos que venga, porque hemos recibido una carta.
—¿Le han dicho que está camino a Gretna Green o...?
—No. Rose ha sido raptada y están pidiendo dinero para dejarla libre.
Lady Kirby dio una carcajada musical, muy acorde a la posición que ocupaba.
—Excelencia, ya sabe cómo son los jóvenes hoy en día. Debe ser un juego. Por mi parte he averiguado que cierto caballero no se encuentra en Londres, al igual que lady Rose. Además, ese hombre se había interesado en ella la noche de la desaparición. Si me pregunta, considero que ha huido con él.
—¡Eso es absurdo! —masculló Meredith, demasiado ofendida por la afirmación de la aristócrata.
—¿Quién sería esa persona, lady Kirby? —indagó el duque.
—El duque de Alcost. Estaba casi en la primera fila, observando a las damas. Lady Rose quería impresionarlo, hasta que ocurrió lo impensable, tenía la mano cortada.
Los demás se miraron entre ellos y fruncieron el entrecejo. Al parecer la dama manejaba otra versión de lo ocurrido.
—No creo que un duque pida esta miseria de dinero. Si era inteligente, pediría un matrimonio —comentó Albert, entregándole la carta a la mujer—. Recibimos esto con una prueba que consta de un mechón de cabello de mi cuñada.
La aristócrata leía las líneas con premura.
—No puede ser posible. ¿Entonces es una coincidencia que ambos desaparecieran al mismo tiempo? Sigo un tanto incrédula al respecto.
—Lady Kirby, lo que deseamos saber es cómo afecta un secuestro a una dama. ¿Qué ocurrirá cuando paguemos la suma que requieren? ¿Qué le espera a su reputación? No es lo mismo una huida que un arrebatamiento.
—Su virtud puede estar comprometida. Si lo estuviera perdería todas sus oportunidades. En cambio, si regresa intacta, considero que no ocurrirá mucho más que bastante cotilleo alrededor. Las posibilidades de un matrimonio para ella podrían ser pocas, pero mayor a ninguna.
—No nos meteremos en la entrepierna de mi cuñada. Nos quedará confiar en su palabra cuando regrese —opinó el duque.
—Ciertamente. No podemos obligar a nadie a contraer matrimonio y más si en esta carta dice desconocer a su captor y que está muy asustada. Esto es terrible. ¿Lo sabe lord Nottingham?
—No queremos matarlo, lady Kirby. Queríamos una luz de esperanza con su conocimiento acerca de la sociedad. Si hay algo bueno, queremos decírselo, pero si no, preferimos esperar —interino Kitty.
—Lady Rose es tan bonita y agradable que contaré lo que ocurre en mi columna de cotilleo del periódico. Lograré formar una opinión en los demás y eso será bueno para cuando ella regrese.
—Lo hubiera hecho por mí también, lady Kirby —acusó Meredith.
—¡Oh, lady Earl! Gracias a eso está feliz y con una preciosa familia. Les hice un favor a ambos. ¿Se arrepienten acaso?
—No, pero fue incómodo en su momento —respondió Foster.
—Pueden estar seguros de que puedo hacer un buen trabajo, pero espero un pago de este favor.
—Lo que usted pida le será otorgado, lady Kirby. Si puede solucionar la situación de Rose, no tengo problemas en responder a sus pedidos —correspondió el duque.
—Ahora resulta que todos aman a Rose. Espero que nunca regrese —masculló Eugenia, molesta. Ya le parecía suficiente que fuera la favorita de su hermano, también quería serlo de su cuñado favorito.
—No hay lugar para egoísmos, Eugenia. Nuestra hermana está en manos de un desconocido que la atemoriza —reprendió Fanny.
—Descúbranlo y que se case con ella. Es una niña mimada y problemática. Se lo dije a Spencer, le advertí que Rose lo empujaría a su tumba —gruñó la menor de las Fane.
—No estamos hablando de algo tan absurdo como tus celos, Eugenia. Nuestra hermana no ha huido por amor o atracción con alguien, es mucho peor. Nos preocupa su seguridad y a ti solo te interesa que te quieran —reprochó Meredith.
—¿Y qué más me puede interesar? Ella no. Solo estoy aquí porque me dejan y soy cotilla.
La familia podía respirar con la noticia que les había dado lady Kirby. Albert podría entrar y darle la noticia a Spencer sin matarlo.
Después de que la dama se retirara, el duque fue junto a su cuñado. Aquel estaba sentado junto a la ventana, envuelto en una bata y bebiendo un té.
—Me alegra verte levantado. Es una buena señal —murmuró Albert para llamar la atención de Spencer.
—Estoy mejorando, solo tuve una crisis existencial. ¿Qué traes en la mano? ¿Hay noticias de Rose?
—Hay noticias. —Albert se sentó en la otra silla que estaba junto a la de Spencer.
—Dime que se casará y que solo fue a Gretna Green... la perdonaré de cualquier manera...
—Tengo otra clase de noticia, es bueno en cierto punto, solo espero que no te alteres.
—Mientras me dices que no me altere, hay cinco lacayos cavando mi tumba en el jardín. Habla...
—Rose está secuestrada. Hemos recibido una carta que escribió ella misma, en donde dice cuánto dinero quiere su captor.
Spencer cubrió su rostro con una mano y negó con la cabeza.
—¿En qué momento esto se convierte en una buena noticia? Cuando ya esté bajo tierra, ¿no es así? —Lord Nottingham le arrebató la carta a su cuñado para poder leerla.
—Lo bueno es que pagaremos para recuperarla y que su reputación no estará tan manchada. Lady Kirby intercederá por ella. Tenemos la esperanza de que todo saldrá bien.
—Lo único que quiero es que regrese, no me importa cómo, me responsabilizaré por ella y más ahora que no sabemos en qué condiciones regresará.