Familia Fane Capítulo 9
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Capítulo 9

Rose siguió caminando y él también lo hizo detrás de ella.

—No puedo permitirlo y le he dicho la razón —replicó apresurando el paso.

—A usted no le importan mis problemas y a mí tampoco los suyos. Le daré la misma empatía que recibo. Mi hermano sabrá qué hacer, es un hombre sabio.

—Lamento que mi conveniencia sea más importante que la suya. La insto a regresar y conversar sobre el asunto.

—No quiero conversar con alguien a quien no le interesa el bienestar de una dama. Lo animo a dejar de seguirme para que pueda continuar con mi camino.

—La única forma en la que saldrá de aquí, será muerta...

Al escuchar eso, Rose palideció y no dudó un segundo para echarse a correr.

Ante la tontería que había dicho Harper, pronunció una maldición antes de seguir a la joven por segunda vez. En esa ocasión, sí la había asustado.

—¡Milady! —la llamó para que se detuviera, pero sus piernas parecían tener más fuerza que nunca, por lo que utilizó todo su esfuerzo para alcanzarla, arrojarse sobre ella y detenerla.

Ella solo sintió que había caído sobre la hierba y que tenía un cuerpo sobre el suyo.

—¡Quítese! —exclamó ella para librarse de él. No quería morir de una manera tan absurda. Lo empujó, pero el duque la volvió a coger y esta vez quedó sobre ella, muy cerca de su rostro.

—Era un chasco, milady. Es evidente que no la mataría. ¿Cómo puede pensar eso de mí? —curioseó mirándola hacia sus preciosos ojos azules que se notaban asustados.

Rose también fijó su mirada en los ojos del duque. Era igual de atractivo después de agitarse tanto por la carrera.

—No me parece gracioso. Usted no sabe cómo tratar a una dama —acusó.

—Mi negocio son las damas, ellas me adoran.

—Sáqueme de su lista, rufián. No tiene vergüenza de tratarme de esa manera tan poco caballerosa...

—Es muy necia, ¿se lo han dicho? —indagó Harper, tentado a besar a la joven.

—Sí, pero todas esas personas que me critican me aman.

—Los dos tenemos un problema con el ego, milady, y eso es muy atractivo...

Sin mediar más palabras, Harper añadió un problema más a los que ya tenía: pegó sus labios a los de Rose. Definitivamente, podía culparse de acrecentar la fricción entre ellos dos, pero ya tendría tiempo de arrepentirse, ese era el momento de disfrutar de lo que hacía.

Esta era la primera vez en la que alguien la besaba.

Rose siempre tuvo una idea de lo que era un beso; sin embargo, desconocía cómo se sentía ser besada.

Pese a que el duque le parecía alguien de poca seriedad, no podía quejarse de ese acercamiento.

Ella no sabía si deseaba algo semejante, mas le gustaban las sensaciones que se disparaban dentro de ella.

Cuando él la incitó a abrir la boca, sintió que la lengua del caballero recorría su cavidad, buscando enredarse con su lengua, que era torpe y lenta en comparación a la de él que derrochaba experiencia.

Su cuerpo estaba conociendo cosas extrañas sensaciones y sus pensamientos viajaban más allá de las nubes, imaginando que llegaba a tocar el cielo.

Le encantaba lo que ocurría, pero Rose entendía que había un inconveniente con ese beso y era que el duque no quería responder por ella.

La estaba utilizando de una manera absurda y ella, tonta e ilusionada por un beso, se hundía aún más en el hoyo de la desolación.

Secuestrada y besada era lo peor que le podría pasar a alguien.

Sabía que debía regresar junto a su hermano, por más que ese hombre aprovechado se lo impidiera.

Ella también se perdía en lo incierto de su futuro.

¿Qué ocurriría al regresar a Londres? ¿Cómo podrían salvarla sus parientes de algo que era casi imposible pasar por alto?

Si ellos se enteraban de que el caballero la había besado en su cautiverio, las cosas empeorarían.

Por conciencia, ella decidió alejar a Harper y se levantó con prontitud para acariciarse los labios con los cuales el duque estaba engolosinado hasta dejarla feliz y magullada.

Él miró a Rose, a la que no quiso soltar por nada. Se sentía como una sanguijuela que quería más de ella.

—¿Por qué me ha besado? ¿No ve que es insensato e incongruente?

—La atracción entre un hombre y una mujer es algo natural.

—No es natural besar a una dama a la que le niega la oportunidad de recuperar su buen nombre.

—Soy un sinvergüenza, ¿qué esperaba?

La indignación recorrió el cuerpo de Rose hasta llegar a su mano para propinarle un bofetón al duque.

—Y yo no soy cualquier mujer, ¿qué esperaba? —respondió regresando a la casa del hombre. Aprovecharía algún descuido para tomar un caballo apenas tuviera la oportunidad.

Harper se quedó parado en el medio del campo nublado, intentando colocar la quijada en su lugar.

Se acarició la mejilla maltratada y sin querer sonrió.

Ella era puro fuego. Llevaba fuerza y entereza en las venas.

Más que engañarlo, comenzaba a maravillarlo, pues no había conocido a nadie con tanta soltura y confianza que no estuviera interesada en conquistarlo, y si ella lo estaba, fingía muy bien que no lo deseaba.

Debía admitir que era un descarado y sinvergüenza para haberle hecho caso a sus deseos antes que a lo correcto, aunque lo correcto hubiera sido dejarla en donde la encontró o al menos en donde ella decidió salir del baúl.

Cuando miró hacia donde la mujer se perdía, siguió apreciando el contoneo de cadera, mientras se retiraba bastante enfadada y tal vez ofendida.

Solo le quedaba regresar tras ella y pensar en cómo salir del aprieto.

¿Qué opciones tenía? Casarse no era algo que le agradara, tampoco le desagradaba, pero las cosas no eran como había imaginado, tampoco podía ir a Londres y colocar a la joven en la puerta de su casa y luego correr como un cobarde.

Huir a tiempo jamás podría ser considerado cobardía.

También tenía una opción más: fingir que la había secuestrado, pedir una recompensa y luego devolverla.

Esa era la mejor forma de salvarse de un matrimonio indeseado.

Llegó a la casa convertida en la furia con piernas.

Estaba indignada por la actitud del duque.

Podía besarla, pero no responsabilizarse por ella, ni llevarla ante su familia.

Si bien Rose no estaría disconforme con un hombre como él por ser lo que había esperado desde que formó una imagen en la mente de lo que ella deseaba para el futuro que debía ser, un hombre guapo, rico e interesante.

Cumplía con dos de los requisitos para ser su esposo, salvo que él carecía de ánimos para casarse.

El beso había sido maravilloso y no lamentaba esa situación, más bien el resto de las situaciones que los rodeaban.

Necesitaba volver a su realidad, lo que estaba viviendo era algo excepcional.

Nunca imaginó estar en la casa de un caballero sin haberse casado.

Si esto lo sabían sus familiares, estarían muertos.

Spencer no lo soportaría y la señorita Harting se moriría de decepción.

Rose comprendía todos los pensamientos ajenos.

Como había pensado con anterioridad, su caso era parecido al de Meredith y a ella la obligaron a contraer matrimonio con un desconocido, pero con el tiempo se aceptaron y se amaron; sin embargo, el duque no estaba dispuesto a sacrificarse por su nombre ni por ella y era hasta comprensible.

Lo que siempre tenía en cuenta era que no importaba la inocencia, lo único importante era limpiar la mancha en el buen nombre de la familia.

Rose ignoraba lo que ocurriría con ella ante las reiteradas negativas del aristócrata, con el que desafortunadamente coincidió en la vida.

—¿Todo está bien, milady? —preguntó el ayuda de cámara del duque.

—No —respondió de inmediato.

—¿Algo no resulta ser de su agrado?

—El dueño de esta casa no puede ser del agrado de nadie.

—Su excelencia es un caballero interesante, milady. Si me permite, le sugiero que lo escuche cada vez que pueda.

—Le daré la misma importancia que él me da: ninguna.

—Lamento las circunstancias que está pasando, milady. ¿La puedo reconfortar de alguna manera?

—Sí, podría darme un caballo o prestarme el carruaje para ir junto a mi hermano. Cada hora que paso lejos de él, empeora mi triste y tenebroso futuro, y todo gracias al duque y a sus gustos que se convierten en disgustos.

—No puedo proporcionarle tales cosas sin que su excelencia lo apruebe.

—Él no lo aprobará.

—¿Alguna otra cosa en la que pueda ayudarla?

—Un libro, al menos eso.

—Un libro con una taza de té y un par de galletas. Me encargaré de que lo tenga todo lo más pronto posible, milady.

El sirviente que la había interrumpido en su caminata se retiró, y ella no sabía en qué lugar de la casa se ubicaría. Al final decidió ir a la habitación que le habían designado.

Harper regresó a su casa y buscó a la joven a su alrededor para comentarle que ya tenía una solución al problema.

—¿A dónde vas con eso, Silvester? —cuestionó el duque al verlo con una bandeja con té, galletas y un libro.

—Le llevaré esto a milady.

—¿Qué se ha creído? Primero me da un bofetón y después comienza a mandar en mi casa.

—Ella solo ha pedido un libro. Las galletas y el té se lo he ofrecido.

—Milady no es tu patrona ni lo será. No te acostumbres a su efímera presencia.

—Por supuesto, su excelencia. Tengo curiosidad, ¿por qué lo han golpeado?

—Un momento de debilidad. Ella es atractiva e inconsciente sobre su belleza y las formas de su cuerpo. Esas prendas que llevaba casi me enloquecen. Lo mejor es que no la vea con frecuencia o puedo tener malos hábitos.

—¿Qué malos hábitos serían esos?

—Sentirme tentado a besarla y complicar mi situación con esa mujer. Sería como darle la razón de que fui yo quien la raptó.

—Yo sigo pensando que ha sido usted en un momento de debilidad.

—He dicho que no. No puede ser que hasta mi sirviente que me conoce de toda la vida dude de mi palabra. Me he devaluado demasiado.

—Usted es un libertino, excelencia. A veces los libertinos pierden la cabeza y terminan encontrando un matrimonio inesperado.

—Eso no me ha pasado. Por supuesto que vi a esta joven, pero no por eso debería ser culpable. Ella no admite lo que ha hecho y yo no cargaré con culpas ajenas.

—Lo único que sabemos es que, mientras más tiempo pase milady a solas con usted, mayor es el riesgo de que la sociedad comience a hilar entre las personas que faltan en Londres y que estuvieron en el mismo lugar.

—Me pones en un aprieto con este comentario, Silvester, pero ya he pensado en una solución para ella y para mí, sin que salgamos perjudicados, es decir, casados.

—Entonces debería calmar a milady que está preocupada y mortificada por la situación. Usted es un caballero, excelencia, la tranquilidad de la dama debería formar parte de sus prioridades. Con permiso, no quiero que se enfríe el té de la dama.

Harper vio partir a su sirviente, mientras él se quedaba aún más preocupado que antes.

Todavía no había pasado un día, pero ¿cuánto tiempo podrían tardar los demás asistentes en saber que ambos podrían estar relacionados de alguna manera?

Con la idea de asumir un falso secuestro con fines económicos por parte de desconocidos, sería suficiente para despistar a todos.

Solo debía ordenar sus ideas y convencer a lady Rose que ambos saldrían limpios de la situación.

Mientras él seguía pensando en la forma más rápida y correcta de salvarse, no se permitía por nada del mundo considerar la idea de fallar en su plan.

Era la salida que esperaban y Harper debía convencer a la joven para que aceptara eso y olvidara cualquier otra idea.

Debía hacerla sentir segura de que nadie la juzgaría y que no la rechazarían, pues quedaría como una víctima de alguien que estaba necesitado de dinero.

Muchas personas sabían que la falta de dinero en Londres era una situación delicada, y más para mantener las apariencias de unas finanzas excelentes.