Familia Fane Capítulo 3
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Capítulo 3

El conde de Walton escuchaba con atención lo que decía una de las mujeres más casamenteras de Londres.

Él no podía estar más complacido por lo que oía.

Al final terminarían favoreciendo a Harper con el mejor matrimonio que cualquiera podría concretar, tanto, que sentía cierta envidia de la suerte de su amigo.

Esperaba que alguien tuviera esa cortesía de conseguirle una excelente esposa.

—Lamento que milady ya esté en las pupilas del duque de Alcost. La información que recibo es exclusivamente para él.

—¡Un duque! Esas jovencitas tienen la suerte en la sangre para poder cazar a tan buen candidato, de hecho, al mejor de la temporada. ¡Oh, milord! No crea que un conde no es nada apetecible. Usted está en la lista de algunas osadas damas, y también su amigo, lord Bentley.

—Qué honor, milady. No se olvide de presentarme con alguna de ellas...

—¡Por supuesto! Después del concierto le presentaré con todas las que guste.

Lady Kirby estaba exaltada por el encanto de lord Walton y por la oportunidad de conseguir concretar una pareja más.

Estaba muy cerca de casar a otra Fane con un duque, uno que era tan seductor como lo fue su cuñado, lord Earl, en el pasado.

Esas niñas atraían a los sinvergüenzas y debía aprovechar esa situación.

Lord Walton se despidió de la matrona y fue a buscar a Bradley para contarle lo que había podido averiguar sobre la joven.

—¿Dónde te habías metido, Brad? —increpó su amigo que lo había buscado por todo el salón.

—Me estaba relacionando con otros mortales para conocer a la afortunada dama que conseguirá un esposo pronto.

—Es la hermana de lord Nottingham, me lo ha dicho lady Kirby.

—Sí, también supe lo mismo que tú. Él es un maldito con suerte. Le haremos el bien sin que Harper lo sepa. Ni siquiera podría escoger tan buena esposa. ¿Qué mujer podría superar a una bella y adinerada joven?

—La hija de un duque es lo único que podría sobrepasarla en rango.

—Sí, pero él ha estado en múltiples fiestas con las hijas de los nobles más importantes, no solo de Inglaterra, y no ha conseguido mucho.

—Es porque no le interesa casarse. Lo único que a mí me importa es que no ponga sus libidinosos ojos en mi amada.

—Al menos deberías acercarte un poco más a ella. No todo es culpa de Harper, él solo quiere divertirse.

—No se divertirá con la mujer que pienso convertir en mi esposa, hay que ser celosos y mantener el buen nombre de una dama.

—Entonces manos a la obra para que Harper sea bendecido con una esposa.

Los dos caballeros pusieron en marcha sus ideas para que todo saliera a la perfección.

Ajena a todas las cosas que se gestaban a su alrededor, Rose sentía que temblaba como una hoja al viento.

Durante varios días estuvo practicando sin descanso, esa era una de las noches más importantes.

Ella no quería mirar a su alrededor por vergüenza, pero se decidió a hacerlo para ver a su hermano que quizá estuviera cavando un hoyo para arrojarse por la humillación pública que, según él, le haría pasar.

Sin embargo, muy cerca de su hermano, se encontraba un caballero con el que sus ojos se habían cruzado.

Todavía no había tenido la oportunidad de conocerlo.

Era tan atractivo que le costaba trabajo disimular que se sentía atraída por sus facciones.

Con más razón debía hacer algo bien. No podía desperdiciar la oportunidad de quizá conquistar a su futuro esposo, tanto él, como cualquier otro, podría estar esperando a la mujer correcta y ella debía serlo.

—Vamos, jovencitas. Todas ubíquense en sus posiciones.

Recuerden que cada una tiene un número para entretener a todos los presentes.

Para motivarlas, les cuento que hay excelentes partidos esperando a alguna de las bellas flores inglesas que están hoy aquí.

Den su mejor esfuerzo, de aquí pueden salir con un pretendiente importante.

Ellos esperan una esposa talentosa y ustedes un buen marido —dijo lady Kirby para alentarlas.

Las jóvenes casi saltaban en un pie a causa de la emoción al saber que tenían ojos esperándolas, aunque Rose era la excepción. Por accidente, lady Kirby había puesto más cargas en ella y en sus expectativas.

Cuando fue a ubicarse junto al resto para esperar su turno, Rose vio cómo la matrona se había presentado ante ella, como si fuera un espectro.

—Lady Rose Fane, la más bella de las hermanas y será igual de afortunada que el resto...

¿Sabe que hay un duque joven entre el público y que está cerca de su hermano?

Trate de impresionarlo. Eso le hará muy bien a lord Nottingham.

El pobre ha envejecido un poco en estos años, deben ser las preocupaciones por casar a sus hermanas... —declaró lady Kirby.

Un duque... ¡Por supuesto que a ella le interesaba eso!

Lo único que lady Kirby no tenía en cuenta era su falta de talento.

Con eso tal vez ya no pudiera impresionar a nadie y terminaría casándose con algún hombre necesitado que le debía dinero a Foster.

Ir mal casada era la pesadilla de cualquier dama, y más la de ella.

—Lo tendré en cuenta, lady Kirby, aunque quizá no pueda impresionarlo mucho. Me he cortado la mano...

—¿Una dama con la mano cortada? ¿Qué estaba haciendo? Qué irresponsabilidad de lord Nottingham.

—Fue un descuido con la tijera de jardinería, milady. Estaba quitando un par de ramas secas. —La mente de Rose trabajaba a máxima capacidad para inventar algo y al menos que esa mujer pudiera explicar eso cuando llegara el momento de avergonzarse.

—Me apena mucho, pero de todas maneras le pido que se esfuerce. Dolerá más casarse con alguien sin el título de duque.

—Por supuesto, lady Kirby. Debo ir a formar la fila junto a las demás...

La joven esperaba tras una gran cortina en la cual había varias sillas con damas ocupándolas, todas esperaban su turno para impresionar y Rose no dejaba de temblar.

Sus piernas se movían como si tuviera mucho frío.

El miedo le decía que faltaba poco para que todo iniciara y ella se arrojara al abismo de la vergüenza por confiada, pues nunca debió aceptar participar sabiendo que tenía dos manos izquierdas para el pianoforte.

Entre los espectadores, Harper esperaba que los actos comenzaran.

La joven que lo había atraído había cruzado la mirada con él y eso solo significaba una cosa: que lo aprobaba y que cualquier acercamiento sería bienvenido.

Harper consideraba que felicitarla al final de concierto era la mejor estrategia de acercamiento.

Imaginaba a esa joven tan hermosa, sentada en el pianoforte, ejecutándolo de una manera magistral, con unos movimientos armoniosos de sus dedos y la posición curva de su cuello de cisne. Tenía una imaginación muy motivadora.

La anfitriona comenzó a hablar de lo que sería el concierto, mientras que Harper buscaba a sus amigos. Los asientos junto a él se habían llenado y ellos no podrían sentarse ahí. ¿En dónde estaban?

La ejecución de las primeras damas había sido impecable; sin embargo, aún no le tocaba el turno a la dama que él esperaba.

Cuando llegó el momento en que la vio entrar al escenario, sonrió sin darse cuenta, aunque le llamó la atención que tuviera puestos sus guantes y que no se los quitara como el resto de las demás.

—Por Dios, ¿qué se supone que hará Rose con sus guantes puestos?

—masculló Spencer que estiró su pañuelo que comenzaba a apretarle el cuello.

Él debería estar en su casa, escuchando la melodiosa interpretación de su esposa, mientras la admiraba con una copa de brandi en la mano, esperando una apasionada noche después de eso; no obstante, estaba en un concierto con su hermana menos talentosa.

Eso no podía acabar bien de ninguna manera.

—Guarda silencio, Spencer. No quieres que los buenos candidatos se espanten por lo que dices —murmuró Victoria intentando tranquilizar a su esposo.

—¿Espantarlos yo? Ella es quien lo hará si no puede medir sus capacidades correctamente.

Amo a Rose, en verdad, es la hija que no tenemos, pero soy realista, y ella no está lista para esto ni lo estará.

Lo poco que ella pueda interpretar lo echará a perder con los guantes que se deslizarán por las teclas.

Estamos a un paso de que mi última hermana nunca se case.

Cada temporada es un martirio, lleno de problemas.

Siempre estamos jugando en la cuerda floja. Lo único que quiero es descansar.

—Lo sé, querido, pero supongo que tiene una buena excusa para sabotearse.

—Que sea muy buena o la dejaré abandonada en el camino o mejor es si la ahorco por egoísta y no pensar en Eugenia.

—El único que se preocupa por todas eres tú, y la única que se preocupa y se ocupa de ti soy yo. Así que cálmate, Spencer, y deja de ser extremista y pensar en la muerte. Sé que cuando hablas de descanso te refieres a eso.

Spencer tuvo que callarse para no discutir con su adorable esposa.

—Milady, debe sacarse los guantes —recomendó la anfitriona.

—Oh, disculpe, es que me he cortado y siento un poco de dolor y no quisiera ensuciar su pianoforte... —repuso Rose.

Las Fane eran ingeniosas cuando se trataba de salir de un apuro. Mientras aguardaba su turno, una idea salvaje se atravesó por su mente y la copa de vino que tenía fue su mayor aliada, puesto que echó unas gotas de vino por el guante para que parecieran filtraciones en la tela.

Con todo el plan trazado, ella mostró su mano enguantada, esperando que eso disculpara sus desbarajustes en el instrumento.

—Querida, usted no puede tocar así. Es una pena, pero por el bien de esa mano y del pianoforte, es mejor que tome asiento entre los espectadores.

A Rose le parecía muy dura la decisión de la anfitriona. La idea era disculparse, por cualquier tipo de inconsistencia en las notas musicales, pero una invitación a abandonarlo todo le parecía muy drástico.

—Puedo tocar el pianoforte de igual manera, es solo...

—Es mejor que no dé una mala impresión. Creerán que no lo hace bien si el guante llegara a resbalar. Busque un lugar y llamaré a la próxima joven.

Ella tuvo que hacerse a un lado por el pedido de la dama y regresó detrás de la cortina.

Se sentía muy frustrada. Rose era tan caprichosa que lo que había hecho la anfitriona le parecía algo terrible y le daba mucha rabia.

No quería que las lágrimas la avergonzaran entre el resto de las mujeres, por lo que buscó una salida hacia el jardín.

Desde su asiento, Harper deseaba saber qué había pasado con la joven, por eso no estaba sentada en el banco.

En ese momento, sus expectativas habían caído.

Tendría que buscar la manera de conversar con ella, aunque sería un poco sospechoso si iba sin dilación.

Primero felicitaría a las demás y luego se acercaría a ella para conocerla.

Sabía que no debía hacerse ilusiones en cuanto a buena compañía se tratara.

Conoció a muchas damas y no todas eran lo que él esperaba.

Terminaron decepcionando sus ánimos y con eso lo dejaban lejos del matrimonio.

Podría ser posible que Harper fuera el problema, pues perdía el interés, apenas escuchaba algo que no le agradaba o cualquier cosa con la que no estuviera de acuerdo.

Se definía como un ser exquisito. Tal vez fuera un seductor, pero no seducía a cualquiera, el interés era la medida de la acción.

Todo era un juego divertido que exaltaba su ego.

Todas las damas creían tenerlo, pero él solo quería una buena compañía temporal.

A su vida no había llegado la mujer perfecta que ocuparía el lugar más importante: el de duquesa.

En el jardín, los amigos de Harper pensaban en cómo solucionar el gran inconveniente con el que se habían encontrado, y este era que no sabían cómo tener a la joven o provocar una situación que llevara al duque coqueto a casarse con la hermana de lord Nottingham.

No podían sacarla del salón y a él tampoco.

—Esto es un fracaso. Nos estamos perdiendo de todo lo divertido dentro del salón por estar aquí sin sentido alguno. Admítelo, Bradley, esta no será la noche. Todo es muy arriesgado, tenemos la intención, pero no la capacidad suficiente ni la idea correcta —se quejó lord Walton.

—Debe haber una manera de... —Bradley guardó silencio y golpeó a su amigo en el hombro para que se alejaran de ahí y que la persona que salió del salón no los viera—. Todavía tenemos una oportunidad y la aprovecharemos, lady Rose Fane ha salido sin compañía.