Capítulo 32
En su despacho, Spencer recibió al vizconde de Coast. Todavía no tenía ninguna información sobre él, por lo que debía ser muy inteligente y escoger sus palabras con sabiduría, el futuro de su hermana dependía de esa decisión.
—Bienvenido, lord Coast, es un gusto volver a saludarlo. No lo he visto estos días por los salones —dijo Spencer para iniciar la conversación.
—Me he ocupado de algunos asuntos que requerían mi interés —musitó Ethan intentando ser amable.
—¿A qué obedece su visita?
—Sabe que desde hace un par de semanas pretendo a su hermana, lady Fanny Fane, y estoy aquí porque quisiera que se me concediera su mano en matrimonio.
—Ajá. Me alegra que tenga buenas intenciones con mi hermana, pero debo decirle que estoy un poco indeciso respecto a todos los candidatos que se han interesado en ella. Debo sentarme y conversar con Fanny para saber a quién de todos desea como esposo. Entienda que es su vida la que está en juego.
—¿Tiene demasiados pretendientes, pero si ella es...? —Ethan se detuvo antes de decir una indiscreción. No podía creer que tantos caballeros estuvieran interesados en ella, pues no había bailado con muchos.
—Es de buena estatura. No crea que solo hay hombres altos en esta lista que manejo.
Ella escogerá, pero le comento que usted tiene una clara preferencia cuando hablamos de candidatos, solo quiero saber si no ha cambiado sus gustos.
Puede conversar con ella para que lo tenga más en cuenta a usted que a otros.
Consiéntala, dígale halagos, eso es algo que le agrada a una dama de su edad.
—Por supuesto...
Después de que conversaran, Spencer salió del despacho en compañía del caballero. Fue al salón y ahí estaban sus tres hermanas con el rostro de perpetuo aburrimiento.
—Fanny, lord Coast te hará compañía por un momento —anunció su hermano—. Eugenia, Rose, busquen a la señorita Harting o a Helen para que acompañe a Fanny.
—Sí —aceptaron las dos niñas al unísono.
Los ojos de Fanny le rogaban a su hermano que le dijera que no había concedido su mano a ese hombre. Desconfiaba de que se la hubiera dado y por eso debían hablar en ese momento.
La doncella apareció después de un rato y se quedó parada muy cerca de ellos, mientras que Spencer regresó a su despacho.
Victoria y sus cuñadas miraban desde la cima de la escalera todo lo que podían, ya que las niñas le habían dicho que era probable que Fanny estuviera sentenciada al matrimonio, ya que no quería casarse y por eso era una sentencia.
—Disculpe mi ausencia estos días. Creí haber resuelto todos mis problemas, pero han surgido otro par y mucho más graves.
—Lo lamento, milord.
—La compensaré con varias piezas en los bailes. Siempre es un gran honor bailar con usted. Nunca he compartido tanto tiempo con alguien tan especial.
A Ethan se le acababan las ideas para estar lo más fresco posible en la memoria de esa joven, si no lo hacía, no solo su madre acabaría con él, sino también sus acreedores.
—Gracias por adularme tanto, milord. Por supuesto que acepto sus atenciones... —Ella tampoco sabía qué hacer para que ese momento tan incómodo pasara. Cada vez que compartía más tiempo con el vizconde, menos quería casarse con él. No tenían nada en común.
—¿No le apetece jugar un juego de cartas? Sé que las damas son dignas contrincantes.
Ella aceptó el esfuerzo que hacía el hombre. Lo que le parecía raro era que no hubiera mencionado nada de la propuesta. Debía hablar de eso con su hermano.
Al cabo de una hora el vizconde se había ido y Fanny fue junto a su hermano para conversar de lo que había conversado con lord Coast; no obstante, esa mañana sería movida en la casa, Foster había acudido a la residencia de su cuñado para responder en persona a la pregunta que le había hecho en una nota.
Pese a que le dijeron que él estaba ocupado con Fanny, a lord Earl no le importaba mucho, necesitaba hablar con él.
—Entonces no le diste mi mano —habló Fanny, aliviada.
—No, me temo que lord Montgomery ha sembrado la desconfianza en mi cabeza. Más vale que eso que dijo de lord Coast sea cierto y que aparezca para pedir tu mano.
—Lo hará, yo seré la condesa. Quizá sea exceso de confianza, pero confío en él.
—Disculpen que los interrumpa —dijo Foster al entrar al despacho sin ser anunciado—. Buen día, querida...
Foster le dio un beso en la mano a su cuñada.
—Hablaremos de tus delirios de condesa después de que hable con Foster. Ve con tus hermanas —ordenó Spencer.
—Está bien... ¿Trajiste algo para nosotras, Foster?
—Fanny, no me hagas esto, estoy aquí por un apuro. Les traeré algo después...
—Yo te perdono, pero no sé si las otras lo harán...
La joven salió de la estancia y los dos se quedaron en el lugar mirándose.
—Dime que el vizconde es un hombre limpio —pidió Spencer.
—Nada en él es limpio. Está muy endeudado. Dime que no le has concedido la mano de Fanny, porque si es de esa manera, la sacaremos de Inglaterra.
—Oh... Eso suena terrible.
—No solo le debe a mi organización, sino a otras.
Su padre era un apostador, al igual que su esposa.
A él nunca lo vi jugar, pero debe cargar con todo el peso de las deudas heredadas.
No es buen candidato y de esta manera no se casará con nadie, irá a la prisión de deudores o quizá lo maten. Los préstamos no son algo tan limpio.
—Lo lamento por él, pero no le daré la mano de Fanny. Espero que sus corazonadas sean ciertas y que el hombre que conoció en Yorkshire en realidad venga a solicitar su mano, porque si no es de esa manera, tendremos a una mujer soltera aquí y eso es muy malo para todas las damas de la familia.
—Ya comienzo a sentirme mal al pensar que mis adorables cuñadas no podrán casarse.
—Y tu hija tampoco si Fanny no va casada. Quizá sea mejor mal casada, que soltera.
Mientras su cuñado conversaba con su hermano, Fanny miraba a través de la ventana de la casa.
Así había pasado varias horas del día hasta el almuerzo y luego siguió haciéndolo hasta que había llegado la noche.
¿Dónde estaba Clifford? ¿Por qué no había acudido ante ella?
¿Por qué tardaba en pedir su mano si la amaba tanto?
Sus nervios comenzaban a traicionarla y las dudas que había sembrado su hermano en ella, al igual que las propias, la hacían pensar que la confianza de Clifford se había desvanecido al limpiarse la cara después de encontrarse la noche anterior.
No quería caer en el abismo otra vez. Y había caído en eso meses atrás y no quería volver a hacerlo.
Debía mantener su fe intacta. Él no le volvería a fallar.
Para la hora de la cena, ella era la única que estaba con el ceño fruncido. Los demás conversaban de todos los temas existentes y próximos a existir, mientras ella transitaba el tétrico camino de la amargura. Hasta Eugenia tenía una visión muy clara de Clifford y eso le ponía de peor humor.
—¿Jugarás algo con tus hermanas esta noche o preferirás ir por el valle de los desahuciados? —indagó Spencer al verla poco interesada tanto en la comida como en la conversación que mantenían los demás.
—Escribiré —replicó sin mirarlo.
—Ella es la única de nosotros que vivirá por siempre de la fantasía. ¿Por qué no nos lees eso que escribes todos los días? Debe ser muy hermoso describir los besos que se han dado tú y el vampiro —se burló Eugenia.
—¿Escribes esas obscenidades, Fanny? —increpó Spencer, sorprendido.
—Y le ha tocado la mano sin guantes —contó Rose para hundir un poco más a Fanny.
Lord Nottingham bebió todo el contenido de su copa de agua como si algo se le hubiera quedado atorado y después le hizo una seña a su esposa para que le diera el suyo para continuar bebiendo.
—Gracias a ustedes morirá por atragantamiento, ¿están felices? Yo no miro sus cosas. Ustedes no entienden de privacidad y de sentimientos.
—No de sentimientos tan ardientes, pero está muy interesante lo que escribes... —confesó Rose.
Victoria se colocó de pie junto a su esposo y lo abanicó con una servilleta. Spencer estaba rojo de furia.
—Querido, no es nada grave. A veces las damas fantaseamos mucho. Dudo que esas experiencias que cuentan Rose y Eugenia sean verídicas. Deberías acostarte temprano, estás a punto de enfermar —alegó Victoria, preocupada.
—Solo falta que arrojen tierra sobre mí para enterrarme.
Solo soy el mayor... Qué castigo tan grande.
Una hermana ardiente, la otra cotilla y la última es algo sin nombre.
Mi padre y sus pantalones ligeros. Debió cuidar en donde plantaba las semillas que terminarían convertidos en engendros rubios, diabólicos y...
—Exageras, Spencer. Termina tu cena y tú y yo conversaremos un momento antes de dormir —pidió Victoria con cariño, aunque después miró a sus cuñadas, levantó una ceja y achicó sus ojos de manera amenazante.
—Qué haría sin ti, Victoria, eres lo único que me consuela en mis momentos más dramáticos...
Al acabar la cena, Rose y Eugenia fueron a sus habitaciones, mientras que Fanny no quería irse a la suya porque tendría la debilidad de mantener su mirada en la calle. ¿Y si salía a buscarlo? No sabía cuál era su casa.
De repente, la puerta volvía a ser golpeada. Al parecer todavía nadie descansaría. Spencer y Victoria no se habían retirado a su habitación para saber quién los visitaba a tan mala hora.
Está vez Helen fue a abrir la puerta y para sorpresa de todos eran varias personas.
—¿Tía Miranda? —preguntó Fanny al ver a su pariente que entraba en compañía de su esposo. Una gran sonrisa se dibujó en su rostro y la abrazó con afecto.
—Perdón por la hora. Lord Montgomery ha tenido que esperarnos toda la tarde, nos retrasamos —replicó la mujer correspondiendo al abrazo.
—Mi querida sobrina, lady Fanny, ¿cómo se encuentra? —El barón Zouche la saludó con un gesto de cabeza.
—Buenas noches, tío. —Ella hizo una reverencia y después miró a la persona que estaba detrás de él—. Lord Montgomery...
A Fanny se le escapaban suspiros al verlo, al igual que Clifford no podía ocultar su felicidad por estar ahí.
—Disculpen la hora. Quise dejar esta visita para mañana, pero el ímpetu de la baronesa y del barón no me han dejado cumplir con cierto protocolo. Lord Nottingham, disculpe que lo moleste en este momento...
—Con usted me encantaría conversar después, sobre... ciertas cosas que he sabido y me han puesto de pésimo humor —alegó Spencer con seriedad.
—Quisimos acompañar a Clifford en este día tan importante. Nosotros somos su familia, tal vez no de sangre, pero sí de corazón —declaró David.
—Lord Nottingham, ¿podría concederme su tiempo? Quisiera conversar con usted.
Pese al cansancio de Spencer, él miró a Fanny y aceptó. Ella esperaba eso, alargar su agonía sería pura maldad.
—Por supuesto. Las damas se quedarán aquí y nosotros iremos a conversar —pronunció Spencer.
Clifford observó a Fanny antes de seguir a Spencer y a David hacia el despacho.
Cuando Fanny vio desaparecer a Clifford, comenzó a sollozar de felicidad. Sabía a qué había ido hasta ahí. Su felicidad quedaba en manos de Spencer y a ella solo le quedaba esperar que las noticias fueran las mejores.
Su tía Miranda le daba ánimos para que sonriera, creía que ella estaba triste, pero sollozaba de felicidad, por un sentimiento que la dominaba y una paz que nunca había conocido. Victoria la comprendía un poco mejor, pues la conocía de más tiempo y vivían bajo el mismo techo.
Ella no sabía cuánto tiempo había pasado en medio de la ansiedad por saber el resultado de lo que Clifford fue a decir. Caminó por esa casa de arriba hasta abajo, de izquierda a derecha, esperando noticias, hasta que los vio regresar con su hermano al frente.
—Fanny... —Spencer se colocó ante ella y suspiró—.
Hoy supe que lord Coast no solo estaba detrás de tu dote, sino algo peor.
Durante años, la familia de él se había aprovechado de la convalecencia del conde de Montgomery, gastando parte de su fortuna.
Es una verdadera suerte que ahora todo esté aclarado.
Le he concedido tu mano a quien tú amas. Qué seas feliz, mi querida hermana...
Ella abrazó con fuerza a su hermano, era su forma de agradecer sus palabras afectuosas. Luego lo dejó y esperó que Clifford se acercara.
El carraspeó de garganta del barón Zouche hizo que los demás se fueran hacia otras dependencias de la casa. Tal vez Victoria les enseñara la galería para que Clifford y Fanny pudieran quedarse solos.
—Lamento haberla hecho esperar tanto tiempo.
He sido egoísta y me he victimizado más de lo que debería.
Mi vida nunca volverá a ser igual que cuando tenía diez años, será mucho mejor a su lado, Fanny.
Me ha salvado de la oscuridad de mi alma y del malvado espectro de la soledad al que me había entregado.
Usted es la luz de mi vida y la amo como no tiene idea.
Se ha convertido en la razón de mi existencia y ninguna cantidad de retratos podrán cambiar la valía de su presencia.
—Sufrí y lloré por este momento. Mi lord Misterio, mi vampiro. Quiero estar a su lado en el lugar que usted me lleve, ya sea en la luz, en la oscuridad o en el mismo cielo. Quiero ser su Fanny para siempre...