Familia Fane Capítulo 31
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Capítulo 31

El sirviente los hizo pasar al recibidor y fue a avisarle a su patrón que alguien lo buscaba.

—Disculpe que lo interrumpa, lord Coast, pero tiene una visita —anunció el mayordomo de la residencia.

—¿Una visita? ¿De quién podría tratarse? —indagó el vizconde.

—Debes tener cuidado, Ethan. Tienes más enemigos que amigos —dijo su madre, precavida.

—En su tarjeta dice que es lord Montgomery.

Ethan y la vizcondesa viuda se miraron con asombro.

—¿Clifford? —cuestionó—. ¿Tenía alguna quemadura en la cara?

—No he notado nada extraño en el caballero. Ha venido acompañado por un criado.

—Hazlos pasar aquí. Acompañaré a Ethan en esto.

—Sí, lady Coast —acató el criado que fue a buscar al caballero.

—¿Usted cree que puede ser Clifford o alguien fingiendo ser él, madre?

—No lo sé, pero no me fío, esperemos a ver quién entra a la habitación. Llevo muchos años sin verlo, quizá ni siquiera lo reconozca.

Los pasos que se acercaban, anunciaban que pronto llegarían hasta él y su madre las personas que habían pedido verlo.

Los ojos del vizconde recorrieron a la alargada y atlética figura que estaba frente a él. Sí, sin dudas era Clifford y lo reconocía por el color de sus ojos y por el sirviente que lo acompañaba.

—Buen día —saludó Clifford tomando la iniciativa.

—Tu voz ha cambiado mucho, Clifford —alegó Ethan.

—¿Y qué ha pasado con tus cicatrices, Clifford? —indagó la vizcondesa buscando un defecto en él.

—Aquí siguen, no han desaparecido. Estaba por Londres y pensé visitar a mis parientes.

—Es una buena noticia que nos recordaras... —musitó el vizconde.

—Supongo que hablarás con Ethan sobre el título, ¿o te has casado?

—Mi título sigue y seguirá siendo mío y de mis descendientes. Si bien no me he casado, ya tengo a una mujer a la que escogí.

Con eso que había dicho Clifford, Ethan sabía que no le quedaba más que casarse con lady Fanny Fane para obtener la dote que lo salvaría de la ruina definitiva.

—¿En verdad has conseguido a alguien que desea casarse contigo, Clifford? No creo que ninguna dama de cuna acepte a semejante...

—¿Semejante monstruo, vizcondesa? —Clifford terminó la frase por la mujer—. Le sorprenderá saber que la dama que será mi esposa es una mujer de buena familia, respetable y adinerada.

—Madre... —gruñó Ethan un poco avergonzado.

—No te preocupes, Ethan, la vizcondesa nunca se ha preocupado por ser amable conmigo, solo ha deseado mi muerte y te ha contagiado con eso. Sé que son intereses y en cuanto a eso, el afecto no existe.

—No me fío de ti, Clifford. Has venido aquí para tomarnos el pelo con una prometida que no existe, de eso estoy segura.

—Por algo vine y no fue para hacer una visita social.

Sé de muy buena fuente que Ethan está detrás de lady Fanny Fane y no con las mejores intenciones.

El título nunca estuvo bien por los malos manejos que hicieron.

Lo sé porque mientras estuve junto a ustedes casi quebraron mi propio título.

Ni por más dinero que tengan, siempre les faltará porque no saben cómo gastarlo bien.

—Nuestros asuntos económicos no son de tu incumbencia, Clifford —espetó Ethan, ofendido, por las palabras del conde.

—Lo son cuando a quien quieren embaucar es a mi amada Fanny, a la mujer que será mi esposa.

—¡Eres un envidioso, Clifford! —exclamó la mujer, furiosa—. ¿Cómo te atreves a perseguir a la joven a la que tu primo pedirá en matrimonio? Tú no tienes pudor.

—La conocí mucho antes que ustedes, así que, no tengo más que decir. Les advierto que desistan de su codicia. Ethan, deberían impedir que tu madre te siga hundiendo. En el fondo no eres tan malo como tus padres.

—Lo siento, Clifford, te pediré que salgas de nuestra casa. Tus ofensas han sido suficientes —musitó el vizconde.

—No me apetece quedarme. La advertencia está hecha. Ni siquiera diré hasta pronto, porque espero no ver a la vizcondesa. Si tú quieres encontrarme, Ethan, el señor Barnes te entregará mi dirección.

—¡Ya vete! ¿Por qué no nos haces el favor de irte o morir? —espetó la madre de Ethan.

—Basta, madre —masculló.

Clifford emprendió el camino de salida, a la vez que el señor Barnes le entregaba a Ethan un papel con la dirección de la casa, luego alcanzó a Clifford y ambos salieron de la residencia de Ethan.

Cuando él estaba a punto de mirar el contenido del papel, su madre se lo arrebató y lo arrojó al suelo.

—Irás en este mismo instante a pedir la mano de lady Fanny Fane. No puedes perder ante este infeliz. Necesitamos ese dinero —espetó su madre—. No necesitas la dirección de Clifford, salvo que sea para matarlo. Ahora, haz lo que te digo.

La vizcondesa fue hacia la segunda planta de la residencia, mientras que Ethan miró hacia el suelo y cogió el papel para leer la dirección.

Fuera de la residencia, Clifford y Benedict subieron a su carruaje.

—Lo admiro, milord, los ha atacado en la yugular —dijo el sirviente.

—Ya no soy un jovencito sin experiencia en la vida. ¿Has notado que la vizcondesa ha querido pisotearme otra vez? Es tan lamentable que no cambiará sus malos hábitos. No sé por qué consideré que tal vez ella había cambiado.

—Es una víbora y siempre lo será. A quien vi completamente dominado fue a lord Coast.

—Él no tiene voluntad propia. Hace lo que su madre dice.

Lamento que siendo mayor que yo, se comporte aún como un niño.

Le falta salir del yugo de la persona que lo mantiene atado a deudas.

Jamás podrá progresar si sigue teniendo a esa arpía a su lado.

Puede casarse mil veces, pero nunca se librará de los problemas de dinero que le acarrea esta mujer.

Sus arcas no son tan grandes para gastar tanto dinero para la vida que quiere su madre.

—El esposo no pudo y el hijo tampoco podrá, es una pena.

—Ni si me matan tendrán dinero. La miseria los perseguirá, eso te lo aseguro.

***

En casa de lord Nottingham, Spencer caminaba hacia su despacho con rapidez, huyendo de Fanny que iba cacareando cosas ininteligibles detrás de él.

Cerró la puerta de la estancia y creyó que estaría seguro en ese lugar.

Sin embargo, su hermana seguía en la puerta, aullando su nombre para que le abriera.

—¿Qué quieres, Fanny? —gruñó Spencer para que lo dejara en paz. Estaba enfadado con ella después de haberla descubierto besando al conde.

—Quiero hablar sobre lo que ocurrió anoche —respondió sintiendo que tenía alguna oportunidad.

—No voy a hablar contigo sobre eso. Me has decepcionado.

—Pues conversaremos aquí, ambos gritando y dándole el ejemplo a las menores.

—Entra —espetó su hermano dejándola pasar. No quería tener que responder preguntas incómodas durante el almuerzo.

—Spencer, quisiera pedirte...

—¿Clemencia, caridad?

—No. Que por favor dejes que me case con lord Montgomery y que por ningún motivo concedas mi mano a otra persona.

—Volvemos a lo mismo, Fanny. ¿Qué te hace pensar que él ha cambiado y que sí quiere casarse contigo en esta ocasión? ¿Quién te asegura que no te dejará tirada?

—Pero al menos no concedas más paseos ni visitas a lord Coast. Clifford me ha dicho que no es buena persona y que está en la quiebra.

—Deja que yo averigüe las cosas. No te dejes llevar por alguien que habla mal de la competencia.

Si alguien sabe quién le debe a quién, ese es Foster.

Él es muy útil y empezaré a utilizarlo contigo.

Todos los pretendientes pasarán primero por Foster antes de llegar a mí.

Ninguna de mis hermanas vivirá en la miseria ni incomodará a las demás con sus vivencias poco favorecedoras.

—Eso es suficiente para mí. Clifford vendrá a pedir mi mano. Confío en que esta vez sí está decidido a casarse conmigo, salvo que ustedes lo asusten. No quiero que lo hagan.

—¿Y cómo sabemos que no desea aprovecharse de ti? Te ha besado en un lugar que podría haber arruinado tu reputación.

—Debiste obligarlo a que respondiera por mí, Spencer. Si hubieras pensado en el futuro de tu tercera hermana, él estaría aquí haciendo un trato contigo y conociendo al resto de la familia en una gran cena.

—¿Te estás oyendo? ¿Cómo ha entrado Eugenia en tu mente? Cada año que pasa ustedes están peor. No puedo creer que quisieras obligar a alguien a que se case contigo.

—Es lo más razonable que has oído nunca. Él me ama, pero no se decide. Necesita un empujón directo hacia mí.

—Vete antes de que te arroje algo en la cabeza, jovencita descocada. No hagas esa clase de comentarios frente a las demás.

—Entonces puedo confiar en que tú no darás mi mano a nadie que no sea Clifford...

—Mmm...

—¡Dame tu palabra!

—No puedo darte eso porque mi deber es que vayas bien casada y no cumplir con tus caprichos. Deja que yo solucione las cosas.

—Maldición... —masculló enfadada.

—¿Qué dijiste? —cuestionó su hermano para que Fanny se retractara.

—Dije que tengo hambre —replicó. Sabía que, si no se corregía, su castigo sería más largo.

—Está bien, ahora vete porque tengo cosas que hacer.

Fanny chirrió sus dientes y fue al salón. Ahí se sentó en medio de sus otras dos hermanas que estaban aburridas. La señorita Harting les había dado un par de cosas que hacer, pero no querían empezar.

Un rato después, escucharon que la puerta era golpeada por alguien. El ayuda de cámara de Spencer fue caminando hacia la entrada para abrir.

Las tres estaban expectantes, deseaban saber quién los visitaba.

—Debe ser Albert —dijo Eugenia, sonriente—. Como es nuestro mejor cuñado, nos traerá algo.

—Lo dudo. Spencer ha pedido que Foster venga a casa, es Foster, estoy segura —alegó Rose que había escuchado la conversación.

—No, yo estoy segura de que es Clifford —habló Fanny—. Ha venido a pedir mi mano.

—¿Todavía piensas que lord Vampiro vendrá a pedir tu mano? Es más fácil enamorar a un murciélago que pretender que él salga de su casa —espetó la menor, burlona.

—Te sorprenderás al saber que lo vi anoche...

—Hagan silencio, ya sabremos quién de nosotras tiene razón.

Ellas observaron a quien llegaba junto al sirviente de la residencia y la cara de decepción de las tres, era épica.

—Buen día... —saludó Ethan al ver a las tres damas. Todas muy bellas, aunque de menor estatura que la mujer a la que él pediría en matrimonio.

—Lord Coast... —musitó Fanny al verlo. Eso no era bueno. Tenía miedo de que Spencer saltara al cuello del vizconde, lo abrazara y besara por pedir su mano. Había llegado el peor día para ella.

—¿Es el vizconde? —preguntó Eugenia que lo estudió de pies a cabeza—. Se parece al vampiro.

Rose se acercó a Eugenia y le dio un codazo por decir tonterías.

—¿A qué se debe su sorpresiva visita? —inquirió Fanny. No quería parecer odiosa, pero no deseaba que él le pidiera su mano.

—He venido a conversar con lord Nottingham sobre lo que hablamos la última vez que la vi —contó. Ella no se veía contenta con su visita. Su cortesía era forzada y él tampoco estaba ahí por gusto.

—¿Se van a casar? Pero si usted no ha pasado por mi cordial saludo como los demás cuñados. Yo no lo apruebo —comunicó Eugenia, molesta.

—Eugenia... —dijeron Fanny y Rose entre dientes.

—Sígame, milord, lo anunciaré con lord Nottingham —pidió el sirviente que miró a Eugenia rogándole por favor que controlará sus impulsos demoníacos.

—Con permiso. Conversaré con su hermano, milady. Hasta pronto...

Lo vieron irse y las tres se sentaron al mismo tiempo, parecían sincronizadas.

—Es terrible. No me gusta, es... no me gusta. Algo dentro de mí dice que no deberías casarte con él —aseguró la menor de las Fane.

—Tiene que casarse o yo no me casaré, y si yo no lo hago, tus posibilidades serán miserablemente bajas, Eugenia. Lo que cae del cielo no golpea, un esposo es un esposo. Es de buen ver al menos y muestra toda la cara. Deberías valorar eso, Fanny.

—Ustedes no saben, pero lord Montgomery me ha dicho que no confíe en lord Coast porque solo estaba detrás de mi dote y siento que es verdad. No lo quiero ni me quiere. Espero que Spencer se detenga para pensar en mí por una vez y se preocupe por mi felicidad.