Capítulo 29
Todos alrededor de Fanny se habían detenido al escuchar la voz del hombre que le había cogido la muñeca. La persona del nido de pájaros en la cabeza no era más que Clifford y ella no podía creerlo.
En su interior, se imaginaba saltando a su cuello para besarlo hasta desfallecer; sin embargo, recordaba sus insensibles palabras cuando ella le había rogado para que la tuviera en cuenta como esposa.
Quería saber qué estaba haciendo en aquel lugar.
Se molestaría mucho que la hubiera rechazado solo para buscar una esposa a su conveniencia, si Fanny se había ofrecido para acompañarlo en su vida.
—¿Para qué desearía bailar conmigo después de que usted me alejó? Si no me quiere en su vida, yo tampoco lo quiero en la mía —respondió con acritud y resentimiento. Se dispuso a continuar, pero Clifford no la dejaba.
—¿No me concederá un baile? —insistió.
—No me interesa bailar con usted.
Clifford frunció el ceño ante la actitud de Fanny. Él no podía creer que la criatura dulce y divertida que había conocido meses atrás se comportara de esa manera, aunque sabía que ella tenía sus razones para odiarlo.
—¿Es porque está comprometida? —cuestionó deseando no haber llegado tarde.
A Fanny se le ocurrió una gran idea para molestar a Clifford, mas no sabía si en realidad le molestaría algo referente a ella.
—Estoy a punto de comprometerme. Fue muy sabia su decisión de dejarme ir, lord Montgomery. Ahora, si me disculpa, debo ir con mi hermano.
Ella se le estaba escapando, debía hacer algo para retenerla a su lado. No podía irse sin que él supiera más sobre ese supuesto compromiso.
—Quería leerle la mano por última vez, Fanny. Si no acepta bailar conmigo, al menos que sea para eso.
—No participaré de sus juegos absurdos. Si ha venido hasta aquí solo para timarme, regrese a su monte —escupió.
Ella estaba dispuesta a herirlo de la misma forma en que él lo había hecho.
Fanny decidió que no discutiría frente a las demás personas.
Se soltó del agarre de Clifford y fue en dirección contraria a la que se encontraba su hermano, dejando al conde mirando a su alrededor.
Lord Montgomery no pasaba desapercibido entre tanta algarabía. Lo observaban con especial interés y él sentía que buscaban sus imperfecciones, pero había sido más astuto en esta ocasión que en años anteriores en todos los condados en los que recorrió y se mostró.
En ese instante, estaba decidido a conversar con Fanny, que se notaba visiblemente resentida ante su llegada.
Debía admitir que en parte era su culpa.
¿Qué esperaba? ¿Que lo recibiera con los brazos abiertos?
Él estaba ahí sin saber si ella se había casado o no.
Llegó a Londres para pretenderla de manera formal y no le gustaba saber que alguien había posado sus ojos en su amada.
Ante las negativas de la joven, decidió usar la vía prohibida: el hermano.
Pese a que lord Nottingham le había advertido sobre dejar ir a Fanny, él hablaría con la verdad y con sus verdaderas intenciones.
Se pondría a su disposición y aceptaría sus condiciones.
Caminó a paso decidido y, observando sobre todas las cabezas, encontró con rapidez a su objetivo que se encontraba bebiendo una copa, mientras escuchaba hablar a su esposa.
—Disculpen si los molesto —articuló Clifford que se acercó hasta ellos.
Al escuchar esa voz tan gruesa y profunda, Spencer reconoció de inmediato que se trataba de lord Montgomery, por más que no se viera de la misma manera, pues entre como él lo recordaba y como se encontraba, había diferencias sustanciales, y no solo la ausencia de la capa, sino también su rostro y el largo de su cabello.
—¿Lord Montgomery? —curioseó con cierta duda.
—Sí, soy yo y desearía conversar con usted.
—Buenas noches, lord Montgomery. Espero que se encuentre muy bien, lo dejaré conversando con mi esposo, mientras yo voy a saludar a algunas personas —dijo Victoria para dejarlos hablar. Ella estaba muy impactada por ver a alguien que se suponía que era renuente al matrimonio.
—Es un placer saludarla, milady —correspondió el conde, a la vez que veía a Spencer asentir ante lo que su esposa había dicho.
—Mmm... No sé por dónde empezar —habló Spencer lanzando un dardo hacia él—. Espero que no me ofenda, diciendo que ha venido a buscar esposa.
—Lamento ofenderlo, pero he venido a eso.
—Condenación —masculló casi inaudible—. Ha rechazado a mi hermana y ahora resulta que está interesado en una dama. No quisiera que Fanny se enterara de esto, puede herir susceptibilidades.
—Sé que sus palabras fueron claras cuando me visitó en casa. Dejó sentado que no me arrepintiera, que es con exactitud lo que me ha ocurrido. He venido a pedir la mano de su hermana Fanny.
Spencer tenía la quijada en el suelo. Tenía cuñados que eran un poco especiales en el carácter y tal vez un poco menos educados que Clifford, pero le había sorprendido la serenidad y la fortaleza con la que hablaba de casarse con Fanny.
—¿Qué ha cambiado en usted para desear casarse con ella? —increpó al recuperar el razonamiento.
—No puedo concebir mi vida sin tenerla un día más a mi lado. Es tan especial y encantadora que no pude solo vivir de sus recuerdos. Hace unos instantes abordé a su hermana, pero ella me ha rechazado un baile y sé que ha sido con la malicia suficiente para golpearme.
—Mis hermanas pueden ser tan bonitas como serpientes, pero son de cuidado, el veneno lo inoculan con mucho rencor.
No esperaba menos de Fanny. Ha estado fingiendo todo este tiempo que es feliz y todas esas tonterías, cuando yo conozco a las diablesas que viven conmigo.
Piensa que me engaña, pero no puede ni siquiera engañarse a sí misma.
Todos en la casa sabemos que tiene un cuaderno en el que habla de usted y de ella en escandalosas aventuras, pero no entraré en detalles que espero, sean solo producto de una gran y prolífica imaginación.
—No me sorprendería que existiera mucha verdad en sus escritos, la sutileza no es de sus mejores virtudes...
Clifford y Spencer seguían conversando, mientras Fanny buscaba ordenar sus ideas ante la aparición de Clifford.
No sabía cómo debía reaccionar. Lo primero había sido repeler un acercamiento, pero en ese instante en que lo pensaba con detenimiento, ella sentía alivio al verlo.
La sensación de «estar sin salida», se había desvanecido.
Quizá fuera solo algo que tuviera que ver con su imaginación o sus sensaciones.
Tenerlo cerca era como volver a la locura que se había desatado dentro de ella en Yorkshire.
Cuando caminaba hacia su hermano, se dio cuenta de que él no estaba solo, sino que tenía un acompañante: Clifford.
Era tan atrevido para hablar con su hermano después de las palabras que habían dicho, que también estaba tentada a saber qué le decía.
Ella se colocó junto a Spencer y miró a Clifford con altanería.
—Fanny, lord Montgomery ha venido desde Yorkshire —comentó Spencer para estudiar la reacción de su hermana.
—Ajá. ¿Quieres que le organicemos una fiesta porque el ogro salió de su pantano? —replicó audaz.
—Antes era vampiro —alegó Clifford sin medir las burlas de la joven.
—Tal vez mis recuerdos puedan variar, lord Montgomery, porque al parecer los suyos también varían y ha olvidado ciertas cosas.
—Él ha deseado bailar contigo y yo concedí que lo hiciera —comunicó lord Nottingham para que su hermana dejara de arremeter contra el conde con el que, claramente estaba en plena negociación.
Ella miró a su hermano como si fuera a derretirlo con los ojos. Le había concedido bailar sin siquiera haberle preguntado si lo deseaba, pero eso no le sorprendía de Spencer, ya lo había hecho con candidatos anteriores.
—Puesto que tengo el visto bueno de su hermano, ¿puede acompañarme a bailar?
—No queda otra opción, estoy obligada a cumplir con lo que mi hermano disponga, por más que eso vaya en contra de mi felicidad.
—Salgan de ese cuerpo, Kitty y Eugenia —farfulló para burlarse de Fanny. Esas palabras no eran nuevas para él. Sus hermanas siempre lo acusaban de cuanta mosca las molestaba—. Ve a divertirte.
El conde de Montgomery extendió su mano derecha enguantada para que Fanny la colocara sobre ella; sin embargo, la joven lo ignoró y caminó unos pasos frente a él, a lo que respondió siguiéndola con sigilo.
—Si me tiene, no es con la mejor predisposición del mundo —advirtió Fanny.
—¿Dónde está la criatura tan sublime que conocí en Yorkshire? —preguntó Clifford ante la antipatía de la joven.
—Enterrada en ese mismo lugar en el que usted me rechazó.
No sé para qué me busca si lo que deseaba era estar en soledad con su tétrica oscuridad.
Salió de su cueva con intenciones que nadie conoce.
Lo que me sorprende es que se atreviera a estar en un salón, uno al que, por cierto, me arrojó, porque según usted, debía conocer el mundo.
¿Qué hace su vida diferente hoy en día para que no traiga su máscara y se cubra la cara con las greñas?
Ellos se saludaron antes de iniciar la pieza y luego comenzaron con los pasos del baile. Clifford esperaba responder a las intimidantes acusaciones que le hacía Fanny.
—¿No le agrada mi cabello? Es mi estado natural. Además, ayuda a disimular mis imperfecciones.
—Siempre creí que sus imperfecciones no estaban en su rostro, sino que estaban en su mente y ahora me doy cuenta de que también estaban en su corazón. ¿Para qué llegar a un salón y buscar a la mujer a la que rechazó?
—Porque su retrato no es suficiente, Fanny.
—Es lo que tendrá. Estoy ilusionada con las palabras de un caballero que ha prometido hablar con Spencer en estos días. Esto era lo que deseaba, milord. Sus sueños de arrojarme a los brazos de otro se le cumplirán —arremetió sin compasión. Tenía muchas cosas atoradas en su garganta.
—¿Y quién es el caballero que la mantiene ilusionada? —inquirió. Él sospechaba que ella no tenía ningún pretendiente, pues lord Nottingham no le había comentado nada.
—Es lord Coast. Está muy interesado en mí —exaltó con orgullo.
El semblante de Clifford se oscureció al escuchar lo que ella había dicho.
De ninguna manera dejaría que sus parientes empobrecidos se aprovecharan de Fanny y de su bien posicionada familia.
Su primo lejano, o más bien su tía, estaba a punto de hincarle los dientes a la dote de su amada.
Agradecía los buenos consejos de David y Benedict para poder estar ahí y evitar tal aberración.
—Siento que esa unión no será beneficiosa para usted, porque pese a que me rechaza, me sigue amando.
—No. Yo amaba a lord Misterio, al halo de fantasía que lo rodeaba, pero el día en que me mostró la verdadera esencia de su ser, supe que había estado equivocada respecto a usted.
—Lo dice porque está enfadada y resentida conmigo por no aceptarla en un principio. No insistiré si a usted no le apetece mi compañía, dejaré que regrese a mí, sola.
—¡Ja! Seguirá esperando, acomódese.
En su pecho, Fanny saltaba de emoción al escucharlo, pero se negaba a facilitarle la vida a Clifford. No podía creer que le dejaría libre el camino a su corazón. Le pondría trabas para que al menos sintiera una parte de lo que ella había sufrido.
Los dos seguían bailando, pero Fanny lo miraba desafiante a la par que él intentaba darle su mejor sonrisa.
Ella miró que el rostro de él estaba tapado con algún tipo de mezcla que imitaba el color de su piel y a eso le ayudaba el volumen que aportaba su cabellera encrespada.
Clifford lucía más atractivo que antes, aunque extrañaba su aspecto espectral.
No obstante, debía admitir que había decidido correr riesgos y superar sus temores.
Lo que le había dicho, significaba que había ido corriendo tras ella, haciéndole saber con eso, que no podía vivir sin su presencia.
El retrato que le había hecho no le hacía justicia y él lo sabía.
No se trataba de belleza, se trataba de amor y de compañía que ambos se habían brindado sin importar sus diferencias: Fanny era inmadura y Clifford, precavido.
Ellos hicieron que la cordura encontrara a la locura.