Familia Fane Capítulo 27
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Capítulo 27

Ella tomó asiento después de que el vizconde lo hiciera y le entregó una sonrisa.

—Helen, busca a Victoria y a la señorita Harting —mandó Fanny que se quedaría a atender al hombre.

—Sí, milady —acató la doncella, dejando a Fanny y a su acompañante solos.

—Mi hermano se encuentra resolviendo un inconveniente que le llevará un poco de tiempo, milord, pero su esposa dará el visto bueno para nuestro paseo.

—No se preocupe, que no pueda salir no es un problema mayor para nosotros, milady. Puedo hacerle compañía aquí o en el jardín. —Ethan cogió la mano de Fanny y ella tuvo que darle una sonrisa nerviosa de agrado, aunque lo que deseaba era morder esa mano o golpearla.

—Estoy segura de que saldremos, milord. ¿Le apetece algo de beber?

—No, milady. Estoy muy bien acompañándola.

Fanny quería que la tierra se la tragara. La situación era muy incómoda. No le gustaba tanto el contacto con el caballero. Él sí le parecía agraciado y cumplía con el requisito de ser de buena estatura, pero no le gustaba que fuera tan meloso.

—Buen día, milord —saludó Victoria, que se había presentado en el salón para permitir la salida de su cuñada.

—Qué placer poder saludarla, lady Nottingham —correspondió el caballero.

—Tengo entendido que saldrán al parque a pasear. La señorita Harting los acompañará en esta ocasión.

—Prometo traer sana y salva a su cuñada, milady.

—Eso espero, milord. Pueden retirarse cuando gusten.

La joven prefería dar un paseo a tener que quedarse en el salón con el vizconde buscando un contacto constante.

A ese hombre lo había conocido hacía un mes atrás, aunque después de unas semanas él se convirtió en su pareja de baile, y era más por una cuestión ajena, que a sus deseos de que estuviera con ella.

Era amable y, en ocasiones, interesante, pero para Fanny no era suficiente, le faltaba emoción a su vida, y eso solo lo conseguía a través de la escritura.

Era como una forma de vivir otra vida, una en la que ella era feliz con Clifford.

Lord Misterio era su único amor, ambos envueltos en lo desconocido, vibrando con cada contacto que tenían al estar cerca el uno del otro.

Todas sus fantasías románticas se cumplían en las hojas que escribía.

A veces, quería dormir más horas pues, en ocasiones, soñaba con lo que había vivido junto a lord Montgomery y era como volver al pasado en el que fue feliz por poco tiempo hasta que él destrozó su corazón.

El paseo inició con la señorita Harting detrás de Ethan y Fanny.

Lo mejor que podía hacer ella era escucharlo, sonreírle y opinar para complacerlo.

Eso no era lo que una Fane de verdad quería hacer, ella quería alborotarse, reír y bromear, pero si demostraba esas actitudes, nunca se casaría y ese no era el objetivo.

—Estaba ansioso por verla otra vez. Estuve ausente un par de días por motivos ajenos a mi voluntad —habló Ethan para hacer conversar a su acompañante.

La Eugenia que vivía en su mente quería decirle un par de cosas: «No lo había notado, qué lástima que no tardara más tiempo y acabó la fiesta con su llegada», pero eso sería atentar contra la señorita Harting y Spencer, que también compartían espacio con la Eugenia de su cabeza.

—Me apena que estuviera ausente estos días. Estuve muy sola en los salones. No sé qué sería de mí sin usted —dijo Fanny para congraciarse, aunque su diablillo interior le decía: «serías feliz sin él».

—Lo suponía. Para alguien de su altura... Digo, para alguien con su encanto...

¿Era imaginación de Fanny o a lord Coast se le había escapado su «Eugenia Fane»?

—Sí, ya sabe —replicó un tanto molesta por las palabras de él. Ya quería regresar a su casa.

—Le quería decir las razones por las que no estuve aquí... —comentó intentando enmendar su error.

—Lo escucho. —Ella evitó chirriar los dientes por el desagrado, pero estaba tentada a hacerlo.

—Fui a ver unos negocios para antes poder presentarle mi propuesta de matrimonio a lord Nottingham.

Ante lo que escuchaba, Fanny palideció. Estaba a un paso de ser una mujer casada y no estaba convencida de desear serlo, al menos no con el vizconde.

—No sé qué decir... —logró articular con dificultad. Su primer impulso era coger del brazo a la señorita Harting y salir huyendo de ahí, pero en lugar de eso, miró hacia su institutriz que casi festejaba lo que había dicho el caballero. Ella se sobaba la mano como una mosca sobre una taza de té.

—Pues debería alegrarse, pronto estaremos juntos. Apenas se desocupe lord Nottingham, me tendrá en su despacho dispuesto a pedirle su mano.

—Qué... alegría. Es el sueño de cualquier casadera —expresó titubeando. Todavía estaba demasiado sorprendida por la rapidez con la que su vida cambiaría. No era lo mismo estar enamorada que casarse por obligación y ella lo estaba sintiendo en carne propia, pero no podía hablar.

—Sí, por fin usted y yo estaremos juntos. Ansiaba este momento desde el día en que la conocí.

La joven abrió su abanico y comenzó a agitarlo para que de él saliera un tornado y se la llevara de ahí. Estaba muy avergonzada. Por lo que él decía, pues ella no creía que fuera para tanto, no estaba enamorada y consideraba que el vizconde tampoco, aunque no podía asegurarlo.

De repente, Fanny sintió que él volvía a coger su mano y la acariciaba, eso ya no pudo tolerarlo, por lo que le dio un golpe en la mano con el abanico que ella tenía. De inmediato, Ethan retiró su mano.

—Si quiere tocarme, será después del compromiso —expresó. Ante su acción, prefirió no mirar a la señorita Harting, quizá ella la condenara por semejante acto, pero debía evitar que la tocara, era muy incómodo. ¿Cómo se suponía que viviría con él después de casarse?

—Lo comprendo, milady. No se preocupe.

Continuaron con su paseo por una hora más, hasta que el vizconde la dejó en su residencia y se retiró a la suya.

Ethan llegó a su residencia, y ahí arrojó su larga figura en un sillón, se sentía cansado por la salida con Fanny.

—¿Cómo te ha ido, querido mío? —preguntó su madre, la vizcondesa viuda.

—Creo que bien. ¿Es necesario que me case con esta hermana Fane? Es bella, pero no me gusta que sea de mi estatura.

—¿Tienes miedo de que una mujer te golpee?

No seas cobarde, Ethan, tú tienes más fuerza.

Lo que debes pensar es en todo lo que ganarás.

Las hermanas Fane tienen mucho dinero y la influencia de su familia está en la cima.

Emparentar con ellos es lo mejor que te podría ocurrir en la vida o, puedes esperar a que tu primo lejano se muera, cosa que no ha ocurrido ni siquiera con el incendio que consumió la casa en la que estaba.

No sabemos nada de él, y lo único que espero hoy en día es que nos avisen que él está muerto para que tú puedas disfrutar de toda su herencia y el título.

—Soy mayor que él, madre. Lo más probable es que yo me muera primero antes de que a se le ocurra hacernos el favor de morirse. Estoy ahogado en deudas y los criados de lord Earl respiran en una de mis orejas.

—Entonces debes apresurar este matrimonio lo más que puedas, como cuñado de lord Earl, él no te podrá cobrar.

—Prefiero que Clifford se muera y que pueda casarme con una joven que me agrade más. Lady Fanny Fane es bonita, pero creo que ni siquiera le agrado.

—Si no quieres casarte con ella, busca una rica heredera, pero lo más rápido es casarte con una joven que tiene más dinero que cerebro y un hermano que quiere casarlas a como dé lugar, por eso es que muchos se han enterado del valor de la dote de la joven.

Cualquiera pensaría que, al ser tantas hermanas, lord Nottingham estaría en la ruina, pero la realidad es otra.

Podremos beneficiarnos de ese dinero y de la influencia de la familia.

Todo será perfecto, querido. Solo debes mantenerte en tu papel de caballero enamorado y servicial.

Una vez que el asunto esté cocinado, puedes hacer lo que te plazca con la joven.

Ya habremos obtenido lo que deseábamos de ella.

—Ese sería mi único consuelo. Me tomaré un par de días de descanso para ir a casa de lord Nottingham y pedirle la mano de lady Fanny Fane. Necesito ordenar mis pensamientos y mis deseos.

—No tardes mucho, que los matones te acechan. Mi anillo de compromiso está disponible para que lo utilices para la pedida de mano.

La codicia de Ethan y su madre, los llevaba a tener que utilizar la última carta para salir de una situación desfavorable, que consistía en sacrificar su soltería con una rica heredera.

Desde que la vizcondesa viuda supo de la existencia de una hermana de lord Nottingham que estaba en edad casadera, lo arrojó sin inconvenientes a los brazos de la joven, y desde ese momento su vida cambió para siempre.

Durante mucho tiempo estuvo esperando que su primo lejano, el conde de Montgomery, falleciera, pero eso no ocurría, o al menos no habían recibido una comunicación formal de eso.

Estaba a una muerte o a un matrimonio de resolver su vida.

***

Después de su paseo, Fanny regresó a seguir fantaseando en su habitación, pero no sin manchar sus hojas con algunas lágrimas que escapaban de sus cuencas, aquellas traicioneras gotas de agua salada la dejaron lamentar una vez más haberse enamorado de Clifford hasta ser rechazada, por lo que él decía que era por su bien, pero en realidad era por la comodidad de no salir de su cueva.

Debería odiarlo, pero no podía. Clifford en ese instante formaba parte de su vida, aunque como una fantasía, y eso era lo único que la mantenía ahí sin perder la cordura, pese a que cualquiera diría que por andar escribiendo sobre un hombre, ella ya había perdido el juicio.

No sabía qué hacer en ese momento, no tenía una amiga a quien contarle sus peripecias.

Sus hermanas eran juez y parte del problema, por lo que no podía hablar con ellas para desahogarse.

La señorita Harting la castigaría, Helen contaría los chismes a Victoria y eso llegaría a Spencer y hasta su sobrino lo sabría.

Fanny no tenía salida más que la resignación.

Esperaba que su futuro esposo le permitiera ser feliz con su escritura.

Cuando cerró el cuaderno en el que escribía, cogió el de arte que le había pertenecido a Clifford y miraba con tristeza cada obra.

Deseaba que el tiempo regresara para no haber salido tan intempestivamente de su residencia y quedarse pegada a una de sus piernas, esperando a que él se resignara a tenerla en su vida.

Unos golpes en su puerta hicieron que ella metiera el cuaderno bajo la almohada y después recostó su cabeza para fingir que ahí no había nada.

—¡Hazte a un lado! —espetó Eugenia, que estaba pegada a Rose, de manera literal, estaban atadas.

—¿Qué les ha ocurrido? —preguntó Fanny, sorprendida.

—Todo es culpa de Eugenia. Ahora estoy atada a la persona más insoportable y celosa de Inglaterra —contó Rose que le mostró a Fanny que ambas estaban atadas por dos listones y ambos eran los favoritos de ellas. Spencer lo había hecho para que no utilizaran las tijeras.

—Quien está atrapada soy yo. Espera a que venga Kitty. Ella intercederá por mí, al igual que Albert.

—Dices una tontería más y te aseguro que atarán a otro para que nos acompañe por diez horas. ¡Diez horas! Nunca pensé que mi querido hermano me castigara de esta manera.

—Él te ha castigado por presumida, pero a quien peor le ha ido es a Eugenia que no puede quedarse quieta.

—Estamos cansadas, pero queremos saber cómo te fue en la visita. No pudimos saludar al vizconde por... ya sabes, un castigo gracias a Rose...

—Fue muy bueno —habló con una sonrisa forzada. Se había convertido en la dama de las sonrisas fingidas—. Todo va muy bien con él.

—Eso significa que nos liberaremos de Rose muy pronto, si no tienes inconveniente para casarte, todo será perfecto.

—No, no tengo inconveniente. Ya saben, todas las ovejitas detrás de mí son importantes...