Familia Fane Capítulo 24
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Capítulo 24

La familia Fane se despidió de Clifford y emprendieron el regreso a la residencia. Mientras estaban en el carruaje, las tres niñas conversaban sobre la experiencia en casa del conde.

Fanny escuchaba, complacida, cómo ellas hablaban maravillas sobre Clifford y su mansión tan misteriosa.

Spencer escuchaba hablar a sus hermanas y notaba la ilusión en el rostro de Fanny. Él no sabía cómo darle la noticia de que lord Montgomery prefería seguir su camino de vida sin ella. Destrozaría el buen ánimo de Fanny, pero era su obligación que entrara en razón.

Al llegar a la casa, Rose y Eugenia bajaron del carruaje con mucha prisa, querían contarle todo lo que habían visto a la señorita Harting y también a Helen.

Victoria siguió a sus cuñadas, dejando solos a Spencer y a Fanny.

Lord Nottingham intentó ignorar a su hermana para poder buscar las palabras correctas para decirle lo que debía; sin embargo, ella lo seguía como un sabueso, abriendo los ojos como si esperara algo de él.

—¿Qué fue lo que conversaron con milord, Spencer? ¿Le has hablado de que mi dote es muy generosa? ¿Hablaste bien de nuestra familia? Desde que lo conocí he intentado dejar la mejor imagen de todos nosotros.

Ella estaba deseosa por saber todo lo que habían estado conversando esos dos. Su hermano quería hacerse el interesante sin decir de una vez lo que era de su incumbencia.

—¿Puedes dejarme descansar y después lo conversamos?

—¿Crees que esperé todos estos días para que tú simplemente me respondas que espere?

—No, pero me harás caso como cualquier buena hermana. ¿Te parece que lo conversemos después de la cena?

—Es eso o nada, no puedo ser tan exigente.

—Es bueno que entiendas cómo son las cosas en casa.

—Está bien, pero me tendrás dando vueltas por toda la casa esperando que me digas lo que deseo escuchar.

—Ya lo hablaremos, ten calma y sobre todo, paciencia.

—La paciencia no es una palabra que le agrade a cualquier Fane, y menos a ti.

—Pero intento ser paciente, siempre lo intento.

Dejó ir a su hermano, a la vez que ella se quedaba pensando en mil escenarios posibles.

Le sería difícil llegar a la noche para poder enterarse de lo que le importaba.

Tendría que armarse de paciencia, y eso lo conseguiría escribiendo un poco.

Fanny había hallado la inspiración en sus visitas a la casa del conde y también en él.

Aquel la inspiraba para un bello relato sobre el amor entre dos personas distintas.

Quizá Fanny no fuera diestra en el arte con las pinturas, mas lo probable fuera que lo suyo se notara en las letras.

El arte tenía muchas formas de expresión, no solo lo visual o audible, sino también a través de la escritura y lectura.

Durante unas horas estuvo sumergida en las ideas más soñadoras y poco elocuentes que cualquier persona pudiera leer hasta que la señorita Harting entró a su habitación.

—Es hora de la cena, lady Fanny —anunció acercándose hasta ella—. ¿Qué está haciendo?

—Escribiendo, señorita Harting. Estoy inspirada en lord Montgomery y su personaje de un vampiro.

La institutriz suspiró y después tocó el hombro de la joven.

—Si sigue fantaseando, nadie se casará con usted, milady.

Yo no le he enseñado para que espante candidatos, sino para que los atraiga.

Le aconsejo que utilice el pianoforte, el violín o su bella voz para el canto.

Usted canta mejor que todas sus hermanas.

Tendrá buenos candidatos en su presentación.

—Señorita Harting, yo no buscaré a nadie, ya tengo a quien querer. Lord Montgomery me quiere tanto como yo. Estoy segura de que nos casaremos. Nunca estuve tan segura de algo en mi vida.

—Considero que ese caballero no es conveniente para usted que ha nacido para brillar como una gran anfitriona. Es muy extrovertida, organizar fiestas será mucha diversión para usted.

—Prefiero ver a Clifford pintando, cabalgando o pasear con él por el campo. No podré extrañar nada de lo que nunca participé. Me conformo con quedarme en Yorkshire. Ya no quiero regresar a Londres.

—No diga tonterías, milady. Usted se irá a Londres a disfrutar de su vida.

Negó con la cabeza lo que decía su institutriz, pero ella era incapaz de entender sus sentimientos y pensamientos.

Dejó lo que estaba haciendo para acudir al comedor y cenar con los demás miembros de su familia.

La cena transcurría con la normalidad de sus hermanas hablando hasta por los codos, con Victoria intercediendo por sus cuñadas y Spencer intentando mantener a raya sus instintos de coger un látigo y corregirlas de esa manera.

Fanny era consciente del gran cariño y paciencia de su hermano.

Aquel hacía un gran esfuerzo por ellas y nunca descansaba buscando el bien de todas, incluso de las que ya estaban casadas.

Tanto era su sacrificio que había decidido solo tener un hijo para poder concentrarse en acumular fortuna para sus hermanas, pues nunca sabía quién de ellas la necesitaría.

Cuando terminaron la cena, sus hermanas subieron a sus habitaciones, al igual que Victoria junto a su hijo. Solo quedaban Spencer y Fanny. Ella tenía los nervios de punta por enterarse del cotilleo.

—Vayamos al despacho, Fanny —pidió su hermano que le mostró el camino con un gesto de la mano.

Mientras caminaba, los nervios la trataban peor, la espera era insoportable y más que eso, eterna. Pronto desfallecería. Su corazón comenzaba a palpitar con rapidez y su estómago parecía estrujarse dentro de ella.

Él abrió la puerta del despacho para que Fanny pasara. Volvió a señalarle un asiento para que ella se sentara, pero él no había hecho lo mismo.

—¿Puedes ser breve, Spencer? Durante toda la tarde estuve esperando este momento y mi ansiedad no me dejará tranquila si no respondes —expresó afligida por la espera.

—Fanny, la verdad es que no sé cómo empezar sin que esto sea perturbador...

—Solo dilo. Lo que sea necesito escucharlo.

—Durante horas estuve pensando en cómo decirte esto, pero no encontré palabras consoladoras. Fanny, lord Montgomery no está interesado en un matrimonio contigo.

Fanny palideció y miró a su hermano como si estuviera loco. Trataba de mantener la calma, a la vez que su corazón intentaba tener de nuevo los latidos que la mantenían con vida.

—Debe ser un error, Spencer. —Ella rio para tratar de calmarse—. Clifford es un poco negativo con respecto a todo. No puedes creerle a todo lo que dice. Él no entiende.

—Pues él cree que quien no entiende las cosas, eres tú. Te ve como una niña inmadura que podría cambiar de opinión en cualquier momento y culparlo de tu ruina en cualquier aspecto. Lord Montgomery prefiere que estés lejos, pero feliz.

—Esta debe ser una artimaña que viene de ti porque él no te agrada. Deben ser mentiras que dices para alejarme de alguien que tú crees que es inconveniente para mí —acusó sin detenerse a pensar que eso que podía decir su hermano era la verdad.

—No soy capaz de mentirle a ninguna de mis hermanas.

Tampoco he dicho que no me agrada lord Montgomery.

De hecho, me ha parecido un hombre excepcional, demasiado bueno para pertenecer a un infierno como nuestra casa.

Él es quien ha pedido que vivas tu vida como se debe en Londres, pues cree que a su lado nunca serás feliz.

Intenté convencerlo de que lo piense dos veces, puesto que lo había notado muy atraído por ti, pero siguió refutando todo.

No cambiará de opinión. Me ha dado una carta para ti.

Quiere que la tomes como sus palabras de despedida.

No lo podía creer. Ella estaba en el hoyo de la incredulidad. Sabía que el conde era recio con sus ideas, pero no creía que en verdad se atreviera a rechazarla tan abiertamente.

Estiró su mano para coger la carta que su hermano le había llevado. Se negaba a creer en lo que decía Spencer, porque ella creía conocer a Clifford y más a sus sentimientos.

—Fanny, partiremos a Londres en dos días. No te dejaré aquí, humillándote frente a alguien que, si bien es un buen hombre, prefiere vivir en su mundo por siempre y no quiere que seas parte de él.

Con su carta en la mano y con el corazón en el suelo, ella abrió la puerta del despacho y encontró ahí a sus hermanas, a la señorita Harting y a Helen.

Todas ellas estaban escuchando su conversación con Spencer.

Hizo caso omiso a eso y fue corriendo hacia su habitación, dejando atrás los gritos de su hermano que les reprochaba lo que hacían.

Estaba muy dolida para quedarse y divertirse, por lo que sufrirían sus hermanas en manos del conde.

Se encerró en su habitación y se acercó lo más que pudo a una lámpara para leer lo que Clifford había escrito. Ese pedazo de papel estaba lacrado y olía a él. Su hermano no pudo haber hecho todo eso por maldad.

Mi querida lady Fanny Fane.

Cuando lea estas palabras entenderá lo que he querido hacer por usted. Ante su poco entendimiento de la vida, decidí tomar el camino más conveniente para usted: su felicidad.

Quizá hoy le duelan mis palabras, pero cuando esté en un bello salón, bailando y gozando de su vida, de su belleza y de su juventud, me habrá olvidado.

No quiero que piense que yo quiero hacerle mal, sino que mi intención es abrirle los ojos y dejarle claro que soy alguien inconveniente.

No soy capaz de echar a perder el futuro de alguien tan brillante como usted.

Merece una vida plena, con alguien que cumpla con los requisitos para hacerla feliz.

De ninguna manera esto significa que yo no la quiera, no la aprecie o no la ame, porque la amo con una locura indómita, es por eso que me atrevo a dar semejante paso hacia atrás, sabiendo que tengo su corazón, pero no concibo a mi amada Fanny, junto a un monstruo como yo.

Tiene mi corazón para siempre. La amo intensamente, Fanny.

Atentamente.

Clifford.

La carta estaba fechada un día antes. Él ya había definido todo tiempo atrás.

No era una decisión tomada a la ligera. Siempre estuvo avisándole que no era bienvenida en su oscuro mundo y eso le dolía.

Le aprisionaba el pecho y el dolor la cegaba.

Quería verlo y escupirle todo eso que estaba ahí escrito con el ánimo de matar, porque herir era más fácil, él la quería matar al decirle que la amaba, pero que la dejaría.

Esperó a que toda la casa quedara en silencio para ir a las caballerizas, coger un caballo y salir de la propiedad para reprocharle a Clifford sus fétidas palabras.

Fanny solo podía escuchar el sonido de su nariz sorbiendo sus propias flemas después de pasar horas llorando abrazada a la carta de la discordia.

Salió de su habitación vestida con su camisón, unas botas y una capa. No dormiría hasta que hiciera lo que debía.

Logró llegar hasta las caballerizas y ahí cogió un caballo aprovechando el descuido de uno de los mozos que una vez que Fanny salió disparada sobre el corcel, corrió tras ella sin éxito.

Su idea de salir en silencio se había caído, pero no le importaba, ¿qué pasaría?

¿Spencer y la señorita Harting le pondrían un castigo?

No le importaba, porque no había mayor castigo que ese que le daba Clifford con su desprecio.

Cabalgó bajo el rocío y el frío de la noche sin que sintiera nada de eso.

El dolor era como un escudo que hacía que no sintiera ningún tipo de herida o cambio de temperatura.

Su mente estaba concentrada en llegar a la propiedad de lord Montgomery a como diera lugar, aunque se sintiera desorientada sobre la ubicación de su casa.

La hallaría, pues en el estado en que se encontraba, llegaría a Francia sin descansar.

Luego de azuzar a su caballo por varias millas, logró llegar a la oscura propiedad de Clifford. Bajó con apuro y golpeó esa puerta como si su vida dependiera de ello.