Familia Fane Capítulo 23
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Capítulo 23

La joven había sufrido todo el tiempo que duró la fiesta de matrimonio de su tía.

No pudo acercarse a Clifford, la vida estaba siendo cruel, o más bien, Spencer lo era.

Al menos tenía un triste consuelo: iría a su casa mañana con toda la familia.

Con eso Spencer conocería al conde y lo aprobaría.

No existía alguien que pudiera rechazarlo al conocerlo.

Al día siguiente y con una paciencia infinita, sus hermanas, su hermano, su cuñada y ella, subieron al carruaje para ir a casa de Clifford. Fanny sería la encargada de guiarlos a su destino.

—La voz de milord es encantadora —halagó Eugenia.

—Además, es muy carismático —apoyó Rose.

—Él es tan educado y encantador que desearán que sea su próximo cuñado —alegó Fanny que en ese momento se enorgullecía de que sus hermanas apreciaran las dotes de Clifford.

—Por favor, Fanny, no hables de tonterías hasta que yo converse con ese hombre —musitó su hermano que iba con los ojos cerrados, como si deseara dormir.

—Ya lo verán en un momento...

Un cuarto de hora después, habían llegado a una residencia lúgubre y terrorífica por fuera. La nieve derritiéndose tampoco le ayudaba, pues se veían las plantas muertas alrededor de todo el lugar.

—Ninguna de mis hermanas entrará aquí —advirtió mirando a través de la ventanilla del carruaje.

—¡Ahí debe vivir un vampiro! —dijeron Fanny y Rose al unísono cuando empujaron a su hermano para mirar.

—No creo que sea tan horrible, Spencer. Según lo que todas dicen, él es un buen hombre —alegó Victoria, que también le echó una mirada a la fachada de la casa.

—Por la casa, puedo juzgar que de ninguna manera ese hombre puede ser nuestro futuro cuñado. Es un no definitivo y no necesito conversarlo con nadie.

—Spencer, te ha invitado con amabilidad. No puedes despreciar su invitación por tus absurdos prejuicios. Bajaremos todos juntos y no se hable más del asunto —pronunció Victoria, decidida.

Las niñas festejaban que bajarían del carruaje al igual que Fanny. Solo Spencer no estaba muy seguro de que ese fuera el lugar correcto para una de sus hermanas.

El conde de Nottingham se colocó frente a la puerta y golpeó para que le abrieran, detrás de él estaba su familia aguardando.

Desde la ventana del ático, Clifford los observaba. Había llegado el día en que definiría lo que ocurriría en su vida, respecto a la mujer más bella que había conocido.

El señor Barnes abrió la puerta para que la familia Fane entrara. Spencer comenzaba a arrepentirse de aceptar la invitación, y su esposa, quizá se arrepentía tal como él, pues lo tomaba con fuerza del brazo, mientras que Eugenia y Rose intentaban encontrar alguna cosa mágica.

—Lamento decepcionarlas, pero él no es un vampiro —dijo Fanny que se acercó a sus hermanas que ya se habían tropezado y golpeado los dedos de los pies.

—Esta casa es una trampa mortal. No le hace daño un poco de luz. No es tan feo como piensa —espetó Eugenia, limpiándose una lágrima que nadie podía ver, después de haber recibido un par de golpes.

—Por favor, tengan cuidado —avisó Benedict.

—La advertencia ha llegado tarde, señor —replicó Rose, que estaba de la misma manera que la menor de las Fane.

Pasaron por el recibidor y el gran salón para después pasar por un pasillo que los llevaba al salón del té.

—Sean bienvenidos a mi humilde morada —saludó Clifford que los esperaba en aquel sitio. Aquel tenía una mejor iluminación que el resto de la casa.

—¿A su oscura morada ha dicho? —alegó Eugenia.

—Eugenia... —reprochó Spencer, molesto.

—Lamento que los incomode la oscuridad de mi residencia. Aquí tenemos un ambiente más agradable, por favor, tomen asiento.

Fanny no dejaba de mirar a Clifford que era el anfitrión en ese momento. Lo estaba haciendo muy bien para ser un hombre poco sociable.

—Usted es quien vive aquí, nadie tiene derecho a criticarlo, y menos las visitantes que son unas crías malagradecidas —aseguró Spencer—. Le presentaré a mi esposa, Victoria.

El conde de Nottingham presentó con mayor formalidad a su familia, aunque ya no le hacía falta presentar a Fanny.

—Es un gusto volver a verlo, milord —expresó Fanny, que ya no podía soportar estar tan lejos de él.

—El gusto de verla y saludarla es todo mío, milady. Por favor, acomódese junto a su familia para que puedan conversar.

Por la mente de Clifford pasaban muchas cosas que él podría decir, pero la idea era no ser muy directo frente a las damas. Él quería conversar de lo realmente importante. El resto era solo un adorno de lo que diría.

Conversaron de todo un poco. Nadie se atrevió a preguntar las razones por las que él llevaba una máscara, o más bien, a Eugenia le impidieron preguntar cualquier cosa.

Spencer la controlaba por medio de golpes en sus pies y pinchazos en la rodilla.

Apenas veía que se movía para decir alguna cosa, él intervenía al instante.

—Por favor, lord Nottingham, ¿podría acompañarme al despacho? El señor Barnes llevará a las damas a un paseo hacia las caballerizas. Tengo nuevos ejemplares por si quieren apreciarlos.

—¿No puedo ir con ustedes? —preguntó Fanny, ansiosa.

—No, Fanny. No te ha llamado —respondió su hermano.

Los dos salieron del salón del té y fueron por otro pasillo hasta llegar al despacho. Aquel lugar tenía varias lámparas sobre el escritorio. Sin dudas las necesitaría para escribir.

—Su casa es muy lúgubre, milord —comentó Spencer sin poder atajar su lengua. Él también era un Fane, no podía hacer milagros.

—Lo sé. Es para que la gente no se acerque aquí. No me agrada que me vean.

—No me atreví a preguntar la razón de la máscara, pero debo confesarle que siento un poco de intriga al respecto.

—La uso porque mi cara está quemada en esa parte. Resulta desagradable que me vean y murmuren sobre mí. Cuando era pequeño, mi casa fue consumida por las llamas, mis padres murieron y yo sobreviví con mucha suerte, pero con secuelas.

—Lamento oír eso. Estoy aquí por lo que Fanny ha hablado sobre usted.

—Comprendo. Tome asiento, esto será largo.

Clifford comenzó a hablarle sobre todo lo que había acontecido con Fanny, desde la primera vez que la había visto hasta las últimas veces que conversaron e incluso el tiempo que ella pasó en esa casa.

Spencer estaba a punto de estallar con todo lo que Clifford le contaba sobre el atrevimiento de su hermana e incluso el beso que se habían dado cuando se conocieron en persona en la mascarada.

—Mis hermanas son capaces de matar a cualquiera de la vergüenza. Lamento mucho si se siente ofendido por la actitud de Fanny. Usted no se preocupe que yo me encargaré de que no la moleste si ese es su deseo —declaró Spencer.

—No puedo pecar de inocente. Yo la he llevado a ciertas situaciones. Desde que la vi, quedé fascinado con ella y no he podido olvidarla y ese es el problema.

—He notado que ella siente mucho interés por usted, y ambos se corresponden, pero debo contarle que no estoy de acuerdo en que mi hermana viva en un lugar oscuro como este.

—Es entendible y es por eso que usted está aquí.

El problema no es que ella y yo no nos correspondamos en sentimientos, el inconveniente es que sí lo hacemos, pero yo no deseo que ella siga ilusionada conmigo por la misma razón que usted ha mencionado.

¿Qué podría querer una niña cegada por el amor con un hombre defectuoso como yo?

Esto es lo único que le puedo ofrecer: mucha oscuridad y sombra.

Ella es muy joven e inocente, debe conocer el mundo y las bondades de su debut en la sociedad.

Soy como un peso muerto en sus hombros. Estoy enamorado, pero no puedo ser egoísta y privarla de una excelente vida en la luz.

El corazón de Spencer se acongojaba ante la confesión del caballero.

Le hablaba con absoluta sinceridad y sentimiento.

Un hombre común jamás hablaría de enamoramiento; sin embargo, él lo había aceptado y estaba a favor de que Fanny siguiera con su vida lejos de aquel. Ese sacrificio era de verdadero amor.

—Si está enamorado de ella, ¿por qué no mejor abre su mente a la luz y están juntos? Para mí no es un impedimento una quemadura si Fanny será feliz. Si ella lo ama es porque lo acepta.

—Ella no me ha visto sin máscara. Le gusta mi voz y como me veo, pero no sabe lo que hay debajo. —Clifford se quitó lo que cubría su rostro frente a Spencer y acercó la lámpara para que lo viera mejor.

El conde de Nottingham asintió ante lo que decía Clifford. No hizo ningún comentario, solo acató el pedido del conde de Montgomery.

—Quiero que le dé esta carta en su casa cuando le pregunte sobre lo que hemos conversado.

Sé que no la volveré a ver y por eso la escribí.

Espero que disfrute de lo que será su vida en Londres.

Es una mujer maravillosa y encantadora. Le gustan los hombres altos, de nariz larga, cabello oscuro y ojos grises.

No olvide eso, lord Nottingham, aunque tal vez se conforme con la idea de que sea alto.

—Lo haré. Lamento lo que ocurre y más me apena haber juzgado su caso sin saberlo. Debe ser consciente de que lo que le diré a Fanny romperá su corazón.

—Pero ella es joven y lo superará. Conocerá a un caballero perfecto y me olvidará. Es mi deseo por su bien. No puedo condenarla a esto por más que ella quiera. Su inmadurez no la deja pensar con claridad, ella piensa con el corazón y en este caso no es el mejor consejero.

—Espero que no se arrepienta, lord Montgomery. Tampoco deseo que vaya corriendo a mi casa si llegara usted a pensarlo dos veces. Aquí terminará lo que empezó.

—Estoy seguro de mi decisión de alejarme de su hermana y es por su bien. Yo llevo muchos años solo...

Un suspiro de pena y cansancio escapó de Spencer.

Tendría que darle una mala noticia a su hermana, una que le partiría el alma, pues ella estaba ilusionada con el conde de Montgomery, pero él se encontraba muy lejos de desear lo mismo para Fanny.

Prefería el sacrificio por una vida mejor para la mujer que amaba, no deseaba ser quien arruinara su futuro.

La nobleza de su corazón era más grande que su inteligencia.

Con la carta y las malas noticias en el bolsillo, lord Montgomery acompañó a Spencer hasta el lugar en el que se hallaban recorriendo las caballerizas.

Cuando Fanny se percató de que ellos habían terminado de conversar, se acercó a ellos antes que el resto.

—Puedes conversar con lord Montgomery, Fanny —concedió Spencer como un favor para ella, pues era probable que ellos dos nunca volvieran a encontrarse.

Para ella era increíble que su hermano la dejara estar a solas con un caballero, eso debía ser una excelente noticia. No esperaba otra cosa de Clifford, porque era adorable.

—¿Qué le ha parecido mi hermano, Clifford? —indagó la joven.

—Su familia completa es muy agradable, y su hermano me ha parecido un caballero íntegro y preocupado por sus hermanas. Las cuidará con su vida, para ustedes eso debe ser un orgullo —concedió Clifford, notando que ella se sentía aliviada al dar esa opinión del lord Nottingham.

—En ocasiones no lo soportamos, pero sabemos que es capaz de vender su alma por nosotras. Mis hermanas tal vez parezcan tontas, pero gozan de mucha viveza.

—Es lo que les sobra a ustedes, Fanny. Su pintura va muy bien y, me permito informarle que mis recuerdos de usted no pueden variar, usted es tan hermosa que eso resultaría imposible. Además, la frecuencia con la que está cerca de mí hace más difícil que eso sea posible.

—¿Mi hermano le ha dado algún día para que me visite? Confío en que lo que han conversado ha sido muy bueno.

—Lo sabrá cuándo esté en casa con su hermano. Él le contará el acuerdo al que hemos llegado pensando en lo más conveniente para usted.

—¡Muero por saber cuál es!