Familia Fane Capítulo 22
61%

Capítulo 22

Cuando su hermano decidió que era prudente que se retiraran, ella se despidió de su tía y del barón Zouche.

—Los veré en el matrimonio —se despidió Fanny un poco entristecida. Se había acostumbrado a ver casi todos los días a su futuro tío. Era muy agradable y divertido, además que siempre le contaba cosas de Clifford.

—Te esperamos, querida. Compórtate. —La despidió su tía.

—Futura sobrina, no te preocupes, nos volveremos a ver. —El barón también correspondió a las palabras de Fanny. Era evidente que para ella ya terminaron los momentos felices.

Cuando Fanny subió al carruaje, ahí todos la miraban con muchas ganas de averiguar cosas.

—¿A alguien más le resulta curioso que cierta persona que solo había venido de visita conociera a un caballero? Mmm... algo aquí huele muy mal —comentó Eugenia.

—¡Grrr! Odio darle la razón a la perspicacia de Eugenia —espetó Spencer, pero él tenía la misma duda que el resto.

—No me van a creer... —dijo Fanny con el corazón latiendo desenfrenado. La devorarían en el trayecto a su casa si no hacía algo para alargar el asunto.

Durante el camino a la casa de Yorkshire, que quedaba un poco alejada de la residencia de Clifford, Fanny utilizó todo tipo de artimañas para intentar salvarse.

Habló hasta de bueyes perdidos en el monte.

Aburrió a toda su familia hasta que bostezaban en su cara, pero estaba segura de que ninguno de ellos olvidaba lo que debía decir.

Al ver la casa en la que había nacido y crecido, creyó que ya había encontrado la paz; sin embargo, la mirada penetrante de Spencer le ordenaba que confesara.

—¡Está bien! Lo diré. He desobedecido una orden tuya, Spencer —confesó.

—¿Has bebido y estás en un problema? —increpó buscando calma antes que la muerte de su hermana.

—Tenemos a otra amante de la bebida en la casa. Qué vergüenza —manifestó Eugenia, que bajó del carruaje, al igual que el resto, menos Spencer y Fanny.

Cuando los demás descendieron y Fanny se disponía a bajar, él le impidió que lo hiciera, cerró la portezuela del carruaje y siguió exigiendo con la mirada.

—No he bebido más que agua. Lo juro, Spencer. Bueno, una o dos limonadas y...

—¡Qué fue lo que desobedeciste! —expresó su hermano.

—¡Fui a un baile de máscaras!

Él apretó sus dedos contra sus ojos y después comenzó a masajear su frente con las yemas.

—Ustedes nunca entenderán lo que significa una orden.

Se les dice, no toquen, y tocan, no vayan, y van...

Para ser obediente no se necesita ni una sola destreza, solo tener la capacidad de oír, pero ustedes son las personas más tercas, casquivanas, huecas e irreverentes que he conocido, incapaces de cumplir con una promesa que hacen. Mataré a Meredith por esto.

—No tiene la culpa, no ha pasado nada.

—Lo mismo decía y ahora está casada con el mismo que hizo que su nombre estuviera hasta en la panadería. Debo mantenerme sereno o no llegaré a presentar a Rose. ¿Para qué sigo teniendo esperanzas de que mis hermanas progresarán si ellas mismas se ponen trabas en las ruedas?

—Creo que exageras, Spencer. No es para exaltarse.

He bailado con él y quedé fascinada, es todo.

Mi tía lo ha tomado un poco mal porque milord no es alguien que sea muy sociable.

Vive en una enorme mansión con sus criados y en una gran oscuridad, no abuso cuando lo digo.

Es en el sentido literal de la palabra oscuridad.

—No me importa. Solo no quiero que tu nombre esté en boca de todos.

—Era un baile de máscaras...

—Por favor, Fanny. Sabrán que eres tú, ¿quién más tiene casi dos metros? No pasas desapercibida para nadie y tu tía tampoco. Solo a ustedes se les ocurriría semejante tontería. ¿Desde cuándo las gallinas se creen faisanes?

—Solo tú puedes tomarlo con tanta seriedad.

—Lo único que agradezco es que no exista una lady Kirby en este lugar, alguien que arruine tu vida.

Si tenemos suerte, no se acordarán de ti.

Sin embargo, ahora con la boda de tu tía, las cosas serán más difíciles.

Te prohíbo que veas a ese hombre otra vez, al menos no hasta que yo tenga el disgusto de conocerlo.

—Pero, Spencer, yo quiero bailar con él.

—Bailarás en tus pensamientos. Ve a tu habitación. Estás castigada por tu desobediencia.

Ella espetó una maldición antes de bajar del carruaje, enfurruñada.

—¡Fanny! —La llamó su hermano.

—¡Qué!

—Estás castigada hasta el día del matrimonio de tu tía. No saldrás de esta casa, así aprenderás a ser una persona que valora su palabra.

Estaba enfadada. ¿Qué haría encerrada tantos días? ¿Cómo haría para ver a Clifford? Tenía casi el mismo castigo que le habían impuesto a Meredith años atrás por encontrarse con un caballero a solas.

No le quedaba más que resignarse, no encontraría compasión de nadie en esa casa. Su tía Miranda fue malvada al decir ciertas palabras en su carta que herían la sensibilidad de su hermano.

***

Una semana después...

Fanny había sobrevivido por sus ganas de ver a lord Montgomery ese día. También le mostraría a su hermano y a sus hermanas quién era él para que no se sintieran intimidadas por su tétrica apariencia.

Durante esos días, su hermano lo había dejado ir en compañía de su tía y el barón Zouche hasta la residencia de él para conocer el lugar y le había gustado mucho. Su pariente quedaría en buenas manos y con muchos recursos, nunca más tendría que pasar penurias.

El hermano de su tía y el sobrino de ella habían aparecido en Yorkshire, pero para decirle que no le darían su dote porque habían pasado demasiados años. Al barón eso no le importaba, pero Miranda seguía demandando lo que le correspondía, al igual que las joyas que eran parte de su dote.

El matrimonio se celebraría en la vicaría del barón Zouche, era la vía más rápida para que se casaran, de esa manera, todo se realizaría en un mismo lugar al igual que la celebración.

Cuando llegaron a la capilla, Fanny miró a todos los invitados, buscando a Clifford, pero no lo encontraba.

La ceremonia avanzaba y ella seguía sin distinguirlo entre los demás, hasta que decidió dejar de mirar en el lugar más común en el que él no estaría, miró hacia un rincón oscuro y retirado del resto.

Ahí estaba Clifford, con su capa y su capucha puestas, oyendo las palabras del vicario.

Quería hacerle gestos con las manos para que la viera; sin embargo, no hacía falta, él le había hecho una inclinación de cabeza para saludarla.

—Spencer, mira —pidió Fanny a su hermano, y luego molestó a sus otras dos hermanas—, ustedes también, aquel es lord Montgomery.

Los ojos de Spencer observaron al misterioso hombre que se encontraba junto a un pilar mirando hacia donde ellos se encontraban.

Percibió que aquel tenía parte del rostro cubierto, por lo le daba menos confianza que antes.

No dejaría que su hermana se acercara a alguien que no enseñaba la cara y que no se acercaba a los demás.

—Se nota que es muy sociable —comentó Spencer, sarcástico.

—Yo creo que se equivocó de fiesta, ¿no sabe que no es un baile de máscaras? —preguntó Rose, burlándose.

La joven estaba ofendida por cómo su familia tomaba su interés como una bazofia, en lugar de que ellos la protegieran de él, ella debía protegerlo de ellos. No representaban en absoluto lo que Fanny pensaba sobre una persona de la condición de Clifford.

Al acabar la ceremonia y ser declarados marido y mujer, todos los invitados los siguieron para las debidas felicitaciones, aunque Clifford no se había acercado a ellos aún, prefería hacerlo en privado.

Por respeto y cariño a la feliz pareja, él había participado de ese evento y también iría para el baile que ofrecería David por el matrimonio.

—¿No se ha equivocado de lugar? No es un baile de máscaras, es un casamiento —dijo la voz de una niña.

Clifford bajó la mirada para distinguir que una cría muy parecida a Fanny estaba junto a él, mirándolo con curiosidad.

—Buenas tardes, milady. Puedo ver que tiene mucho parecido con lady Fanny Fane —saludó Clifford que primeramente se había asustado al oír una voz.

—Soy lady Eugenia Fane. Mi hermana Rose y yo sentíamos gran curiosidad por conocerlo. Fanny se ha llenado la boca hablando bien de usted...

Rose le dio una sonrisa nerviosa, mientras estaba pegada del brazo de Eugenia. Las dos querían saber quién era él. Si Fanny no le temía, no había razones para que ellas lo hicieran. Entendían que Spencer tenía sus razones para mantenerlas alejadas de cualquier persona.

—Le agradezco a milady que hablara bien de mí...

—¡Tiene una gran voz! —expresó Rose, asombrada.

—¿Por qué no se quita la máscara? —indagó Eugenia, curiosa.

—Porque las asustaría mucho...

Spencer solo se centraba en vigilar a Fanny y no se había dado cuenta de que las otras dos habían corrido a cometer una indiscreción.

—Me vigilas como águila, pero se te han perdido dos de tus mayores problemas —dijo Fanny.

Lord Nottingham miró a ambos lados y no encontró a las otras dos urracas parlanchinas que había llevado con él. Cuando las distinguió, aquellas dos estaban avergonzándolo.

—Condenación —masculló entre dientes—. Son incontrolables, necesito un descanso, pero eterno.

Él dejó a Fanny para que saludara a su tía y su reciente esposo, a la vez que trataría de salvar a Eugenia y a Rose de la tontería y la curiosidad. ¿Cómo pudo haberse confiado con esas dos sueltas por ahí?

—Eugenia, Rose —pronunció con autoridad.

Las dos se colocaron tras el conde de Montgomery para que él las defendiera.

—Disculpe, usted debe ser lord Nottingham —habló Clifford—. Las niñas son muy amables.

—Mi hermana Fanny me ha hablado de usted y no estoy convencido de que una persona que no se integra al resto sea de fiar. Vamos, Rose, Eugenia.

—Lord Montgomery nos ha invitado a su casa a tomar el té en familia... —contó Eugenia que se aferró a Rose cuando ella iba a colocarse junto a su hermano.

—Los invito para que vayan. Quisiera hablar con usted, lord Nottingham. Entenderá mucho sobre mi forma de proceder y sobre la de su hermana.

—Solo espero que no me escandalice. Estaré en su residencia mañana por la tarde...

—Spencer, también estamos invitadas —se quejó Rose.

—Yo hablaré en privado con el caballero, ustedes pueden saltar como cabras en el monte, pero sin hacer tonterías.

Las dos niñas se enfurruñaron de la misma manera. A ellas nunca las sacaban a ningún lugar distinto a las casas de las familias políticas de sus cuñados.

—Los esperaré. Podríamos beber el té y luego conversar sobre lo que nos apura, milord —concedió Clifford.

—Está bien. Hasta mañana, milord. Le pediré que mantenga distancia con Fanny hasta que aclare lo que ocurre —pidió Spencer.

—Por supuesto, lord Nottingham. Lo veo mañana.

El conde de Nottingham llevó a sus hermanas con él, reprendiéndolas por haberse escapado.

Clifford tenía en mente todo lo que le diría a ese hombre.

La sinceridad era la única manera en que entendería sus sentimientos hacia Fanny y sus circunstancias, ya que ella no podía explicar nada sin estar cubierta por la venda del amor.

La joven era incapaz de encontrarle un solo defecto y eso no era bueno.

Quería que ella pisara tierra y viera lo que podía estar escapando entre sus manos por perseguir algo sin sentido.

Durante la fiesta en casa del barón, Fanny no dejaba de ser vigilada por la vista de halcón de su hermano. A las otras dos las había enviado a la residencia por comportarse de manera inapropiada.

Ella solo había podido bailar con su nuevo tío y nadie más. A Clifford podía verlo bebiendo en un rincón y festejando a su manera la buena nueva. Fanny le hacía señas con las manos, con el rostro y con lo que pudiera para que se encontraran, pero él la ignoraba por completo. ¿Qué estaba ocurriendo?

—Ya deja de moverte como si alguien te hincara un tridente, Fanny —farfulló su hermano—. Lord Montgomery te ignorará toda la noche porque yo se lo he pedido.

—¿Por qué eres tan malvado, Spencer? —increpó molesta.

—Porque no me fío de él. Mañana iremos a su casa a beber té y tendré la oportunidad de saber qué quiere.