Familia Fane Capítulo 21
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Capítulo 21

Clifford no sabía qué responder, estaba desarmado por la sinceridad de Fanny. Ella sabía lo que pasaba por su mente, pero se negaba a entender lo que significaba una negativa.

—Me encantaría decirle que sí.

—Entonces es un sí. Usted no debe preocuparse por nada. Le diré a Spencer que es de pocas palabras, pero muy decidido.

—Ajá. Tiene mucha creatividad para hacerme ver de esa manera. —Él apretó la mano de Fanny y no dejó de mirar sus ojos azules. Cuando la vio acercar su rostro hacia el suyo, Clifford no dudó en responder a lo que ella deseaba.

Sus labios se habían vuelto a encontrar después de muchos días. Entre ellos crecía un sentimiento tan intenso que uno de los dos intentaba reprimir, mientras el otro lo alimentaba fantasiosamente a su antojo.

El conde estaba atrapado entre lo que nacía en su corazón y lo que su mente le dictaba. No estaba listo para salir de su cueva y tampoco para llevarla a ella hasta ahí.

De una manera muy distinta a la que pensaba Clifford, Fanny creía que lo tenía comiendo de su mano y que acataría sus órdenes.

Lejos estaba de saber que él solo la dejaba soñar, sin tener en cuenta que en cualquier momento la haría despertar del idilio en el que vivía desde que lo conoció y las ideas fijas que se plantaron en su cabeza.

En lo único que ambos coincidían era en que debían disfrutar de ese instante en el que estaban juntos. Las oportunidades eran pocas para estar a solas, y debían aprovecharlas al máximo.

Cuando sus bocas se juntaban, la magia despertaba y se perdían en el hechizo de los labios del otro. Sentían aquel impulso de estar cerca, de unirse en la danza más genuina y artística del mundo: un beso.

La joven había soltado la mano de Clifford para sujetarse del cuerpo de él, mientras que el conde la apretaba contra su cuerpo, deseando exprimirla como si fuera una deliciosa fruta.

En aquel instante, Clifford era solo un hombre enamorado de una mujer que le correspondía en sentimientos, pero que estaba equivocada en cuanto a su percepción sobre lo que podría encontrar bajo esa máscara, mas él no se atrevía a que el desencanto alejara a tan bella y graciosa criatura de su lado.

Cuando ellos necesitaron respirar, se alejaron un poco, aunque seguían agarrados.

—Le va a agradar mi familia, milord. Cada vez se agranda más, ¿sabe? Cuando los conozca, seguro que deseará formar parte de nuestro clan. Somos muy unidos —comentó Fanny, ofreciéndolos.

—Tener una gran familia debe ser hermoso.

—El conde la alejó un poco, y luego cruzó el brazo de ella con el de él para que pudieran continuar caminando—.

Yo tengo algunos parientes que se hicieron cargo de mí cuando me recuperé del incidente, pero más que ayudarme, me torturaron.

Yo hice una buena poda de mi árbol familiar. No tenía razones para conservarlos.

—Estoy segura de que ha tenido sus razones para alejarlos de su vida, pero con mi familia será diferente, le aseguro que seremos muy felices.

—Me agobia, Fanny, me agobia mucho —dijo con sinceridad—. No piensa con claridad lo que pasa. Culpo a su inmadurez.

—Inmaduro es usted, Clifford. A mí me han enseñado a ser valiosa y a luchar por lo que me interesa.

—No se encapriche conmigo, puede salir decepcionada.

—Y usted no me amenace, porque puedo tener la lengua muy larga y mentir para conseguir lo que quiero, pero como yo quiero que usted abra su mente, no tome en cuenta que mentiré. Será mi último recurso.

—Es demasiado sincera para su bien y muy amable —alegó con sarcasmo.

—No vine a pelear, sino a conversar. ¿Cómo le va con mi retrato?

—La hice demasiado inocente para lo que usted es en realidad.

—¿Se arrepiente de haberme conocido?

—No, eso sería una tontería. Tiene sus defectos, pero es única.

Fanny se sonrojó por las palabras del caballero y recostó su cabeza sobre el brazo de él. Ella no se avergonzaba al demostrar su afecto. Clifford era más frío para demostrarle lo que sentía, pero ella no se hacía problema, lo comprendía.

—¿Al casamiento de mi tía irá con su máscara o sin ella?

—Con ella, por supuesto. No quiero incomodar a muchas personas con mi aspecto.

—¿Sabe que llamará la atención por su altura?

—Soy consciente de ello.

—Entonces por eso lo van a mirar. Lo segundo será su máscara. ¿No cree que es lo mismo mostrar su cara a que vean la máscara? De todas formas, le preguntarán algo.

—Tiene razón, pero prefiero que me pregunten por qué uso máscara, a tener que responder que me quemé.

—¿Entiende que no se nota?

—Fanny, ¿cree que debajo de mi máscara hay una piel tersa y hermosa y que me hago alguien interesante tapándome la cara?

—Es interesante con ella.

—Qué agradable confesión, pero la verdad es que nada es bonito al quitarme esto.

—Nunca lo sabré porque no me deja ver.

—No la quiero asustar. Sé que una vez que yo le muestre esto, su percepción va a cambiar y sus recuerdos comenzarán a variar. Ya no me hablará de su familia y de oportunidades o posibilidades. —Clifford suspiró y se acercó a los caballos. Les dio un poco de paja para que se entretuvieran.

—¿Le han dicho que su fe es su mayor virtud?

Si le dijeron eso le han mentido. Como cualquier persona, usted merece lo mejor del mundo, y considero que, por haber sufrido tanto, debería tocarle el doble de felicidad que el resto.

Para tener mucha felicidad y una vida divertida, solo le hace falta una Fane.

—¿Una Fane?

—Yo soy una Fane. A mí me encanta su tétrica residencia, no la cambiaría por nada, ni si me ofrecieran el cielo.

—¿A usted le dijeron que halagar era su mayor virtud? También le han mentido. No es una residencia tétrica.

—¿Lúgubre, oscura, luctuosa, tenebrosa? ¿Qué término le gusta más? Para mí todas significan lo mismo.

—Le gustan los vampiros, así que no me sorprende que le agraden los lugares oscuros —replicó el conde—. Ha quedado decepcionada al saber que soy un simple mortal y no su ansiada criatura mitológica.

—Tal vez esté un poco triste porque mi fantasía duró muy poco. Yo quería contarle a mis hermanas cómo era entrar a la casa de un vampiro, pero ahora diré: «¿Saben cómo es entrar a la casa de mi futuro esposo?».

A él se le escapó una risa divertida. Deseaba tomarle la palabra de ser su futuro esposo, pero ella no lo entendía, por lo que quizá tuviera que conversar con alguien que sí se preocupara por ella.

Llegado el caso de que el hermano se presentara en su casa, conversaría con él sobre las ideas y locuras de Fanny.

—Se reirán de usted por ilusa.

—¡Me envidiarán! Todas tendrán esposos comunes, en cambio, el mío, será el más valiente.

—Es adorable, Fanny, y muy divertida. Deseo que sea muy feliz después de irse de Yorkshire.

—Lo seré... ¿Tomaremos el té en su jardín? El clima es agradable. Debo apresurarme porque mi tía no puede saber que vine aquí o me matará.

—Está decepcionando la confianza de su tía.

—A ella no le importa. Vive en una nube desde que está comprometida. Ya ni siquiera la siento como mi tía, parece una más de mis hermanas.

—No se lo diga a su tía, quizá se ofenda.

—Puede ser...

Clifford tuvo que pedirle a su personal que prepararan un té para que ambos lo bebieran.

Después de eso, Fanny tuvo que volver a la casa de su tía Miranda y lo hizo antes de que ella regresara. Ella se había divertido junto al hombre más amargado del mundo; sin embargo, no lo cambiaría por nada.

Para pasar el tiempo, Fanny cogió uno de sus cuadernos y comenzó a escribir una corta historia de misterio. Tenía muchas ideas derivadas de sus visitas a cierta casa.

Al momento en que más inspirada estaba, escuchó unos golpes en la puerta. La doncella de su tía hizo a un lado la madera y ahí vio entrando a su hermano Spencer.

—¿Cómo es eso de que hay un hombre al que persigues? —increpó Spencer al ver a su hermana.

Ella dio un respingo y corrió a esconderse detrás de la doncella.

—Buenas tardes, Spencer —saludó Fanny, asustada.

—¿En verdad persigues a un caballero, Fanny? ¡Qué osada! —expresó Eugenia.

—¿Por qué Eugenia está aquí?

—Porque es chismosa y porque Albert la había devuelto a casa —respondió lord Nottingham.

—Lo de siempre, no soporta un chasco —se justificó Eugenia, sonriente.

—En fin, vine a saber eso de que persigues a un hombre.

—No persigo a ningún hombre, Spencer. Es una mala interpretación de mi tía —explicó.

—Una mala interpretación es... —Spencer quitó la carta de su bolsillo y se dispuso a leer una parte—: «Me avergüenza que no tenga un mínimo de recato con un caballero que claramente es inconveniente». Dime, ¿dónde lo he malinterpretado?

—Mi tía exageró. Estaba malhumorada cuando escribió esa carta, pero milord no es inconveniente.

—¡Milord! ¡Ay, Spencer, el hombre existe! —alertó Eugenia, alharaca.

—Sube al carruaje, Eugenia —ordenó su hermano. Eugenia tuvo que obedecer, pues solo había bajado por curiosidad—. Ahora necesito una explicación clara.

—Bueno, entonces seré sincera contigo. Quiero que conozcas a alguien...

Su hermano comenzó a abanicarse el rostro con la mano. Estaba escandalizado. A medida que pasaban los años, él se escandalizaba con mayor frecuencia y por cualquier cosa.

—Supongo que quieres casarte —dijo con dificultad.

—Sí, he conocido a alguien.

—¿En el campo? ¿En medio de la nada?

—¿Y no tenemos un cuñado que vivía en el quinto infierno?

—Es cierto, pero como mínimo, este varón debe ser tan bueno como ese duque.

—No es un duque, pero es un caballero muy atractivo y valiente.

—Cuidado con esas palabras que dices. Avergüenzas a tu institutriz y a la familia refiriéndote así a alguien.

—Ahora resulta que todos son blancas palomas. Estoy siendo sincera y te doy la confianza de contarte estas cosas. Me he enamorado de lord Montgomery y quiero pedirte que hables con él para conocerlo. Sabrás que es agradable y educado.

—No estoy ajeno a conocer a alguien, pero te olvidarás de que iré a ofrecerte.

—Lo comprendo, pero entonces debes hablarle bien de mí.

—Hablaré maravillas de ti si siento que es alguien que vale la pena. Ya sabes que considero algo con valía. Ni siquiera pongas de ejemplo a Foster, él es un caso aparte, una obligación.

—Ha encajado muy bien en la familia, y yo te aseguro que lord Montgomery será igual de bueno que el resto.

—¿Estás segura de que eso es lo que quieres? Escucha, no has debutado, no es el único pez en el mar.

—Lo sé, pero fue algo fortuito, no pensaba que conocería a alguien aquí; no obstante, él es diferente. Cuando lo conozcas, sabrás a lo que me refiero.

—Ya lo veremos. Prepara tus cosas, iremos a casa. ¿Dónde está tu tía? Quisiera conversar con ella.

—Está en su futura casa. Regresará en un par de horas tal vez. Es mejor que quienes están en el carruaje bajen a extender sus piernas un poco...

Spencer hizo caso a Fanny y pidió a todos que descendieran del carruaje y que caminaran.

Las hermanas y el sobrino de Fanny corrían por el campo, mientras Victoria y Spencer conversaban con ella sobre el compromiso de su tía y el lugar en el que harían la fiesta en los próximos días.

Una hora después, Miranda regresó a su casa y encontró a la familia Fane en su jardín, molestando a sus animales. En ese momento, lord Nottingham recordó al barón Zouche y lo saludó entusiasmado. Ambos recordaron la última vez en la que se vieron.

Para suerte de Fanny, su hermano estaba tan distraído que había olvidado preguntar cómo había conocido a Clifford, si lo sabía, pegaría el grito al cielo y después quizá la ahorcara, aunque la señorita Harting tenía el hocico metido en su comportamiento y hacía muchas preguntas que la condenaban a un castigo.

No hablaría, si su tía no la echaba de cabeza, ella con menos razón se sabotearía.