Capítulo 20
Al llegar a la casa de su tía, ella le pidió a Fanny que entrara, porque se quedaría a charlar un poco con el barón dentro del carruaje.
Para Fanny, aquella era una clara señal de que ellos hablarían sobre el matrimonio y no querían que ella escuchara nada. Eso era injusto para alguien como ella, pues había crecido escuchando lo que ocurría en el resto de las habitaciones de la casa, de cualquier casa.
Resignada, tuvo que colocar más leñas en la chimenea de la habitación para que pudiera descansar tranquila, no sabía si en realidad esperaría despierta a su tía.
***
Al día siguiente, Fanny despertó sin que nadie estuviera a su lado, su tía Miranda ya se había levantado o tal vez nunca durmió a su lado.
No lo sabía, porque se había quedado dormida en un pestañeo.
Ayer había sido un día difícil, pero productivo para Fanny.
La fortuna de saber que había encontrado a Clifford era enorme, y no solamente eso, él era un conde y eso le gustaría a Spencer.
Estaba segura de que era muy rico y, aunque no lo fuera, ella le daría su dote que era cada vez mayor cuando una hermana Fane se casaba.
Tenía mil teorías en la mente sobre Clifford y sus razones para alejarla, pero el tiro le saldría por la culata, puesto que ella no tenía pensado rendirse con facilidad.
La joven abandonó la cama y se vistió para salir de la habitación que estaba muy calentita.
—Buen día, tía Miranda —saludó la joven.
—Buen día... —correspondió su tía sin mirarla. Aquella tenía un tintero, una pluma a la que al parecer le sacaba fuego y varios papeles a su alrededor.
—¿Qué está haciendo?
—Escribiendo cartas.
—¿Para quiénes?
—Para mi hermano y otra para el tuyo.
—¿Para Spencer?
Por un momento, Miranda dejó a un lado la pluma y observó a su sobrina.
—Sí. Me casaré en dos semanas y... Deben venir por ti y lo mejor es que sea él y no tu hermana Meredith.
—Pero ¿cuál es el apuro, tía?
—¿El apuro? He esperado este momento los últimos diecinueve años de mi vida. Seré una mujer casada y necesitaré un poco de privacidad, por lo que no podré hacerme cargo de ti.
—Lo entiendo a la perfección. Meredith puede acogerme...
—Prefiero que sea tu hermano, ¿sabes la razón? Considero que él no dejará que hagas una tontería al regresar junto a lord Misterio.
—¿Por qué? Él es un buen hombre y...
—Muy bueno, sí, pero poco conveniente para ti.
Fanny frunció el ceño y miró a su pariente con desconfianza.
—Él es un conde, por supuesto que es conveniente para mí.
—No te humillarás persiguiendo a alguien así.
Es... —Miranda se detuvo para no decir que quizá él fuera un monstruo—.
Tú eres bella, no arruines tu vida pensando en que él es lo único que existe.
Ayer me asusté con tu comportamiento irracional y de ofrecimiento.
No desperdicies tu tiempo con alguien que no solo te hará vivir en un lugar tétrico, sino que huye de ti.
—Tiene dudas, ni siquiera es miedo. Es alguien valiente que se ha enfrentado al dolor de la muerte de su familia y a su propio dolor. A mí no me importa cómo lo ven los otros, yo lo considero perfecto. Es amable, generoso, atractivo, talentoso y divertido a su estilo. No tiene ningún defecto.
—Puedes tapar el sol con un dedo, pero sabes que está ahí. Te asustarás cuando se saque la máscara y quizá te dé asco.
—No llegaremos a ningún acuerdo. Comeré algo.
—Tienes fruta, panes y mermelada —dijo su tía al ver que Fanny estaba reacia a continuar con esa discusión.
La joven cogió lo que había dicho su tía y se sentó cerca de ella.
Por más que estuviera enfadada por sus palabras contra el conde, comprendía sus sentimientos.
Su hermano quizá pensaría lo mismo. Cuando conversara con él debía ser cautelosa al tratar ese tema, ya que Spencer buscaba lo mejor para sus hermanas y tal vez, ante los ojos de él, Clifford no lo fuera por lo mismo que argumentaba su tía.
—¿Qué le dirá a su hermano? —curioseó para aminorar la tensión entre ellas.
—Que se meta su miserable pensión por las orejas, pero con palabras más adornadas, y también, que pague mi dote al barón Zouche.
—¿Cree que todavía tenga dote?
—No me he casado, por supuesto que debe estar intacta. Sé hasta de qué valor es. Si mi hermano ha sido un buen hombre, nada debería cambiar.
—¿Considera que ha sido un buen hombre?
—No, la verdad que no, por eso vivo de esta manera. ¿Qué clase de buen hermano le hace esto a alguien que está sola? Me ha dejado a mi suerte. Sin los vecinos generosos que tengo, no tendría nada. Escucha, Fanny, no desprecio a lord Montgomery, me preocupo por ti.
—Lo entiendo, tía. No crea que para mí es fácil defender mi parecer. Sé que mis gustos son disgustos para otros, lo asumo, pero no me rendiré sin luchar por lo que creo.
—Inténtalo frente a tu hermano, porque lo invitaré a mi matrimonio.
En dos semanas tendría que lidiar con su hermano y, pese a que tenía miedo, se sentía segura de cómo defenderse y defender su postura.
Sin embargo, debía convencer a Clifford que ella era lo que él necesitaba.
Era reacio a entender que no era un monstruo, Fanny no lo veía así, pero no podía hacer milagros con alguien que se miraba a un espejo y tal vez se odiaba.
El conde debía aceptarse y aceptarla a su manera.
Los días pasaban y su tía Miranda estaba muy emocionada, tanto que ya no tenía ganas de hacer nada en su casa. El barón Zouche le había brindado una criada para que la atendiera. Tanto ella como su tía estaban muy felices con eso.
Ese día en particular, la futura baronesa debía ir a conocer su próxima residencia y decirle al barón todo lo que deseaba que se cambiara. Fanny no tenía la intención de ir a ese lugar, pero sí a otro, quería ir a tomar un té, en un lugar muy tenebroso.
—Vamos, Fanny, quiero que conozcas la casa del barón Zouche —instó su tía.
—Yo quisiera verlo cuando todo esté a su gusto, tía. En este momento quizá no se sienta tan bien al enseñarme algo que no le gusta —justificó la joven.
—Es cierto, milady. Nuestra sobrina querrá ver que todo está hermoso. Disculpen que diga que ya es mi sobrina, pero me agrada extender la familia, saben que era un hombre solitario —intervino el barón.
—Estoy muy feliz por tener un tío. Ya me he cansado de coleccionar cuñados, me faltaba un tío.
—Me alegra saberlo.
—Si no irás con nosotros, entonces estás libre. Aprovecha tu tiempo para ver si tienes una buena prenda para el matrimonio, faltan pocos días —le recordó su tía.
—Sí, lo haré.
Ella despidió a la feliz pareja y cerró la puerta de la casa de su tía. La doncella estaba parada en la pequeña salita, esperando alguna orden. Fanny la miró y le dedicó una incómoda sonrisa.
—¿La ayudo en algo? —preguntó la doncella.
—Sí, me ayudarías con tu silencio...
—Disculpe, milady, no la entiendo.
—Voy a salir y necesito que le digas a mi tía que estuve viendo mis prendas y que luego fui a recoger flores.
—¿Irá a recoger flores?
—Por supuesto, es solo que no quería buscar mi prenda —dijo para justificar que había metido la pata hasta el fondo. La doncella no tenía razones para saber sus maquiavélicos planes.
—Sí, milady, pero no creo que existan flores en el campo.
—Te aseguro que encontraré alguna...
Fanny salió de la casa con el canasto en la mano y emprendió su camino a casa de Clifford.
El clima había mejorado para su buena fortuna y un sol radiante la acompañaba en su travesía.
La nieve seguía, pero poco, pues comenzaba a desaparecer ante la inminente entrada de la primavera.
Esperaba que el conde no huyera al verla ahí.
Lo que más deseaba era que compartieran un momento juntos. Sería una gran sorpresa.
***
Clifford había intentado volver a su vida normal, pero pensaba demasiado en Fanny y más porque tenía su retrato a medio terminar. La pintaba con mucha paciencia, para no perder un solo detalle de ella. Deseaba retratar la picardía que a él le fascinaba.
Estaba arrepentido de permitir que se fuera.
Su cama ya no tenía olor a él, sino de ella, y eso lo enloquecía porque hacía que deseara volver a verla.
Habían pasado varios días e incluso había llegado la invitación para el matrimonio del barón Zouche, esa sería la oportunidad perfecta para volver a encontrarse con Fanny.
—¡Milord, milord! —exclamó Benedict que entró como tromba al estudio de Clifford.
—¿Qué ocurre, Benedict? Me estás asustando. Menos mal que no le he hecho ninguna raya al retrato de Fanny.
—¡Para qué quiere el retrato si milady está llegando! Esa joven está prendada de usted. ¿Todavía duda que ella no lo quiera? —expresó el hombre que corrió la cortina del estudio para que él se asomara a mirar.
—¿Fanny está viniendo? —inquirió. Corrió hacia la ventana y sonrió al verla aparecer con un canasto vacío. Después de un momento, ella fijó sus ojos en esa ventana en la que él estaba y levantó su mano para saludarlo.
—Iré a recibirla. Baje usted también.
—Voy en un momento...
El conde tragó saliva y se arregló su alborotado cabello que ya comenzaba a crecer demasiado, cubriéndole un poco la cara. Debía ir junto a ella. De nuevo estaba ahí, vivaz y alegre. Esa joven lo mataría. Se sentía tan afortunado como desafortunado por tenerla y a la vez no tenerla.
Su criado estaba mucho más entusiasmado que el mismo Clifford. Benedict no perdía la esperanza de que su patrón se casara y que olvidara toda la infelicidad de su vida.
Dejó lo que estaba haciendo y fue hacia la planta baja de su casa, al llegar al salón, vio la figura de Fanny que lo esperaba de pie.
—Buenas tardes, milord. He venido para el té —anunció sin vergüenza alguna. Fanny no conocía esa palabra, quizá ninguna de las hermanas Fane la conociera.
—Buenas tardes, Fanny... ¿Y su tía? No puedo tomar el té solo con usted, no es correcto.
—Mi tía ya no forma parte de este mundo cruel de idas y vueltas. Ella vive en la preciosa fantasía del compromiso. Es una niña; es decir, como una debutante debería ser. Ahora está en casa del barón Zouche y yo aproveché su ausencia para verlo, ¿le molesta que esté aquí?
—En absoluto. Lo único cuestionable es que vino sin una carabina.
—Si no quiere encerrarse conmigo en sus oscuros dominios, podríamos salir a pasear por los alrededores. ¿Eso le resulta menos escandaloso?
—Hay mucho sol.
—Tiene menos vecinos que ganas de cortarse esas greñas. Si no me quiere servir el té, me conformo con una caminata.
Él asintió y miró al señor Barnes.
—Está bien, pero no muy lejos —pronunció Clifford.
Los dos salieron de la casa y fueron hacia las caballerizas.
—¿No está cansada por el trayecto? Vino a pie —comentó Clifford que no dejaba de apreciar a Fanny.
—Ya no me canso. Me acostumbré a un par de cosas. No he dejado de pensar en usted... ¿Clifford, ha pensado en mí?
Él no quería decirle que todos los días a cada hora pensaba en ella, eso sería ilusionarla e ilusionarse, pues pese a sus ánimos de que todo acercamiento entre ellos terminara fuera lo correcto, Clifford ansiaba estar a su lado.
—Por respeto trato de no recordarla con frecuencia. No es correcto.
—Lo que no es correcto es esconderse de mí tras una máscara, cuando ya he declarado que nada de lo que existe debajo de ella me perturbará.
—Pero a mí sí. Tengo mucho de qué preocuparme. Fanny, solo alcanza a ver lo que desea, pero no comprende la complejidad de los sentimientos de alguien que ha pasado una desgracia como la mía.
—Yo quiero que la olvide a mi lado.
—Yo quiero que me olvide por nuestro bien.
He sido egoísta al pretender que una joven se fije en mí.
Lamento haber hecho y dicho cosas que pudieron impresionarle y hacerle creer que soy lo que necesita, cuando la realidad es que yo no quiero hacerle daño con mis demonios, aunque parte de mí, muera por usted.
Fanny se detuvo, dejó a un lado la canasta y cogió la mano enguantada del conde.
—Mi hermano vendrá a Yorkshire en unos días, lo traeré para que se conozcan. Si él lo aprueba, ¿hay alguna esperanza para mí?