Capítulo 18
—Me convendría que Spencer esté aquí, tía. Clifford es tan... excéntrico y encantador que quisiera que mi hermano lo obligara a casarse conmigo.
—El matrimonio no es algo que puedas tomar a la ligera. ¿Por qué usa una máscara? Deberías cuestionarte eso.
—Un pequeño defecto sin importancia que a mí me parece poco relevante en comparación a su compañía...
—¿Un defecto?
—Milord se ha quemado según lo que he podido entender. Debe tener cicatrices...
—O peor que eso: quedar como una vela derretida, Fanny. Tú eres muy hermosa, no desperdicies tu tiempo aquí, mereces algo bueno, mucho mejor que alguien deforme. No lo tomes a mal, no tengo nada en contra de él.
—¿Puede hablar así de alguien que la ayuda a sobrevivir, tía? En verdad, me quedé sorprendida con sus palabras —dijo Fanny, sintiéndose decepcionada de su tía por creerla tan superficial.
—Lo siento es solo que... No puedo explicarlo —se disculpó Miranda—. Sé que no tiene sentido que diga algo más, pero tu destino no está aquí al lado de alguien que no quiere mostrarse ante nadie, ya sea por el defecto que tenga. Eso te obligará a vivir aquí bajo sus normas y sus reglas.
—Yo viviría encantada con sus normas en lo que usted cree que es un valle de tinieblas.
—¿En verdad quieres vivir en un lugar donde es probable que pierdas los dedos en una semana al tropezarte con cosas que ni sabías que existían? No me parece justo para ti. Mi hermana escogió un mal matrimonio, pero mi sobrina no cometerá ese error.
—Hablaríamos de matrimonio si Clifford quisiera casarse conmigo, pero huye de mí.
—Por fin alguien con criterio. Si no quiere es porque prefiere quedarse solo aquí.
—No quiere, es el único camino que él cree posible.
—Y tú no eres nadie para convencerlo de lo contrario. Traje ropa para ti, póntela y nos vamos.
—¡Pero si estoy convaleciente!
—No te veo convaleciendo, te veo como una demoniaca criatura intentando engañar a alguien. Vístete ahora mismo y nos iremos.
Fanny tuvo que acatar la orden de su tía, no la dejaría quedarse ahí con ninguna excusa, y menos después de escandalizarla con sus intenciones.
Cuando Miranda terminó de prepararla, trató de dejar todo el dormitorio bien arreglado, aunque no veía demasiado y se había tropezado un par de veces otra vez. Juraba que ya no sentía ni sus dedos del pie ni sus rodillas.
Entre suspiros y resignación, Fanny cogió el cuaderno de dibujo que Clifford le había dicho que tomara si lo deseaba, y por supuesto que se lo llevaría.
—¡No, no, no, jovencita! ¿A dónde crees que llevas ese cuadernillo de la discordia? —interrogó Miranda al verla otra vez con eso que la había llevado casi a una muerte segura.
—Él me lo obsequió. Ahora me pertenece. Me ha perdonado por haberlo sustraído sin su permiso.
—No te creo. Una vez fuiste capaz de mentirme, no me sorprende que lo vuelvas a hacer. Se lo preguntaré personalmente al conde.
La tía de Fanny abrió la puerta y con su mano le indicó la salida a su sobrina, aunque después miró a los oscuros pasillos, intentando recordar cuál era el lado correcto para salir de aquel escondrijo.
Como Fanny entendió la confusión de su tía, ella cogió la campanilla de la habitación y la agitó, el señor Barnes las salvaría de aquel aprieto.
Luego de unos minutos, Benedict se presentó frente a las damas e hizo una reverencia.
—¿En qué puedo ayudarlas? —preguntó Benedict.
—Señor Barnes, queríamos despedirnos de milord y agradecerle la atención que le ha dado a mi sobrina —habló Miranda.
Benedict se fijó en la joven que estaba detrás de su tía y no se veía muy contenta al irse.
—¿Está segura de que milady está en condiciones de retirarse? El frío puede volver a hacer que su cuerpo recaiga en la debilidad, pero si de todas maneras están dispuestas a correr el riesgo, le avisaré a milord que quieren verlo. Síganme, las llevaré al salón e iré a por el conde.
El sirviente las llevó al salón, pero en el camino las dos se seguían golpeando con cosas que no podían ver. Después las dejó ahí un poco golpeadas y regresó a la planta superior.
En el ático, Clifford se encontraba sentado con una copa de brandi en la mano, observando hacia la parte exterior de la casa, estaba cerca de oscurecer.
—Disculpe que lo interrumpa, milord, pero lady Miranda ha venido a buscar a su sobrina.
—¿Y cómo se la llevará? ¿A caballo? —cuestionó.
—Al parecer, milord.
Él suspiró y se levantó del sillón en el que se encontraba.
—Tendré que invitarla a cenar. ¿David está en camino?
—Le envié un lacayo a su residencia, milord. No tardará en llegar al saber que lady Miranda está aquí.
—Entonces tendré que presentarme ante ella. No puedo dejar que saque de aquí a Fanny, ella está convaleciente.
—Y muy enfadada, no quiere irse, se le nota en la mirada. ¿Usted dejará que ella se vaya?
—Es lo mejor, Benedict, o me torturará con sus pedidos y no quiero caer. Es muy insistente y a su edad no entiende las consecuencias de sus decisiones. La he impresionado, pero es porque no conoce nada más.
—¿Y si ella conoce algo más y usted sigue en su mente?
—Eso no pasará. No dejará la belleza de los salones por la oscuridad de esta casa.
—Me encantaría que cambiara de parecer y que prefiriera ir hacia la luz que le ofrece milady.
Ustedes se verían muy bien juntos bailando en un salón.
No debería dejar de lado esa idea. No le dé gusto a las personas que lo han despreciado dándoles la razón de que usted no será nada en la vida y que nadie lo va a querer.
—No sé si este será el momento de cambiar de vida, pero ella me agrada mucho.
Es desesperante y atarantada, y eso es lo que más me divierte.
Debo hacer lo correcto, Benedict, no puedo obligarla a estar aquí por más que ella crea que es lo mejor.
Cualquiera le podrá aconsejar que aquí no es su lugar.
Después de conversar un poco con Benedict, Clifford fue hacia la planta baja. Le daría un poco de pena presentarse ante lady Miranda, pero no quedaba otra opción.
Las dos mujeres estaban sentadas en el sillón hasta que escucharon el sonido de unos pasos. Levantaron la mirada y vieron lo que sería una sombra negra.
—Ese es lord Montgomery, tía —anunció Fanny, sonriente, porque lo vería por más que él intentara esconderse siempre.
A Miranda le salían los ojos de sus cuencas al ver lo que se acercaba a ellas. Por supuesto que Fanny tenía razón al pensar que era un vampiro.
—Sea bienvenida, lady Miranda. Es un placer conocerla en persona —saludó Clifford.
La voz del conde era sorprendente y gruesa. Era un deleite escucharlo. Entendía que Fanny cayera cautivada por un par de cosas. De hecho, la altura hacía mucho del trabajo, pues como ambas eran altas, encontrar a alguien que fuera de considerable estatura era un reto.
—Es un gusto conocerlo, milord. Han sido… ¿tres años desde que está aquí? Nunca lo había visto —alegó Miranda, todavía tratando de dejar atrás la sorpresa.
—Sí, son tres años. No soy asiduo a salir porque no me gusta.
—Milord quiere jugar a asustar a la gente, tía. Debería confesar que esas son sus intenciones —intervino Fanny.
Clifford sonrió ante la vergüenza que le estaba haciendo pasar la joven.
—Tal vez sea como dice milady, pero lo que ahora me preocupa es lo que ha manifestado el señor Barnes, lady Miranda. ¿Es cierto que quiere llevarse a su sobrina? Considero que ella no está recuperada. La recogí del campo, estaba mojada y muy fría.
—Ella está recuperada, milord, y...
—¿Cómo la llevará, lady Miranda? —cuestionó Clifford con firmeza—. De ninguna manera dejaré que milady enferme yendo con usted en un caballo. Puede esperar a que mi estimado amigo, el barón Zouche, venga a cenar conmigo, por lo tanto, ustedes están invitadas también.
—Le agradezco tanta generosidad, pero no queremos molestar. Fue mi culpa por haber enviado a Fanny en estas condiciones climáticas tan adversas. Debí ser precavida. Ella no está acostumbrada a la vida aquí en Yorkshire.
—Comprendo sus sentimientos de culpa, pero considero que lady Fanny Fane debe regresar a su reposo hasta la hora de la cena.
Para apoyar a Clifford, Fanny comenzó a toser, aunque su tía la miró para hacerle saber que no le creía nada.
—¿La oye? —preguntó Clifford preocupándose por la tos de la joven.
—Creo que necesito que alguien me cargue, me siento mareada —declaró la joven con dramatismo, y luego tomó asiento para realzar la gravedad de la situación.
—Querida, no necesitas que nadie te cargue. Puedes apoyarte en mi hombro e ir a descansar un rato, pero nos iremos después de la cena. Conversaré con el barón Zouche para que nos lleve a casa y ahí cuidaré de ti —dijo Miranda entre dientes.
—Puede sostenerse por mí, Fanny —musitó el conde, que extendió la mano hacia ella para que la cogiera.
Sin importarle lo que pudiera decir su tía, ella aceptó su mano y después se sostuvo con fuerza de su antebrazo.
—Puede acompañarnos, lady Miranda. Tal vez quiera estar con su sobrina hasta la cena —pronunció Clifford, amable.
—Sí, los seguiré para no golpearme.
Los tres fueron con cuidado por las escaleras. Fanny aprovechaba la situación para pegarse al cuerpo de Clifford. Aprovecharía cualquier momento que tuviera para acercarse.
—¿Por qué lleva el cuaderno? —interrogó Clifford.
—¿Ha olvidado que podía quedarme con él?
—¿Lo ves, Fanny? Te he dicho que no toques lo que no te pertenece. Milord...
—No se preocupe, milady, yo se lo he regalado. Su sobrina aprecia el arte. Tengo muchas creaciones que nadie ve...
—¡Yo puedo verlas todas si me deja! A mí me encantaría vivir en una casa llena de obras suyas...
Miranda comenzaba a ver borroso a causa de la actitud de Fanny.
Estaba a punto de ofrecerse en bandeja de plata para el conde.
Con sinceridad, a ella no le parecía que un hombre con tanto secretismo fuera lo mejor para Fanny.
No quería que echara a perder su vida como Mary en aquel lugar de Yorkshire, cuando toda la educación que había recibido era para estar en Londres y ser una mujer de mundo y no de cuentos fantasiosos de vampiros.
El conde podía ser generoso, amable y bueno, pero no era lo que esperaba para ella, merecía ser glamorosa y no tenebrosa.
A ella le sorprendía lo impresionada que estaba Fanny con un hombre al que no le podía distinguir nada; sin embargo, contaba con otros atributos que quizá su sobrina estaba apreciando.
Cada mujer apreciaba cosas distintas de un caballero, tal como ella distinguía al barón de una manera incomprensible, incluso para la misma Miranda.
Tal vez se debía a la insistencia y picardía de él o las ansias de cambiar de estatus que ella tenía.
No lo sabía, pero se complementaban a la perfección.
Al llegar a la habitación, Fanny se sentó en la cama y Clifford ayudó a cubrir la figura de ella con una manta después de que la joven se quitara los zapatos.
—Pondré más leña en la habitación —dijo Clifford que fue caminando hacia la chimenea y le arrojó un par de pedazos de madera al fuego.
—Gracias, milord —habló Miranda que quería que él se fuera para poder decirle un par de cosas a su sobrina.
—Las haré llamar para la cena o apenas llegue el barón Zouche. Con permiso —se despidió Clifford con una inclinación de cabeza para ambas.
Miranda y Fanny sonrieron para despedirlo, pero apenas la puerta se había cerrado, las dos cambiaron la expresión de su rostro.
—Esa tos ni tú te la has creído, Fanny. Eres una mala actriz. Me avergüenzas, no puedo imaginar la vergüenza que puedes hacer que pase tu hermano con semejante comportamiento libertino.
—Tía, ni siquiera escucho a la institutriz y menos a mi hermano. Ahora mismo no quiero pensar en nadie, estoy bien, feliz y sintiéndome afortunada. Nadie tiene la buena fortuna de estar en casa de un caballero tan agradable.
—Un caballero que no sabemos qué desea contigo, pero estoy segura de que cierta persona me lo contará, no hay nada que un beso no haga confesar.