Familia Fane Capítulo 16
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Capítulo 16

Él sonrió ante la inocencia de Fanny al preguntarle si no quería una esposa. Por supuesto que la deseaba, y más quería que ella fuera la persona que lo acompañara por siempre en la vida.

—Lo he pensado mucho en los últimos años.

—¿Sale mucho para conocer más damas?

—No. Dejé de salir a lugares públicos hace ocho años, solo salgo a bailes de máscaras por un motivo.

—¿Qué motivo?

Clifford le hizo un gesto con la boca a Fanny. Ella pareció olvidar que él tenía un defecto que no quería mostrar. Se le hacía muy inocente de su parte, obviar lo que le ocurría.

—La máscara es el motivo. No puedo darle más explicaciones, ninguna es necesaria.

—Para mí es incomprensible que alguien como usted no esté siendo admirado.

—No soy un charlatán en la feria de los gitanos para que la gente me admire, Fanny. Lo último que deseo es que muchos sepan de mi existencia. ¿Usted cree que una preciosa dama estaría dispuesta a vivir aquí si me aceptara?

Ella miró la oscuridad que la rodeaba y después dirigió sus ojos a Clifford, al que no podía distinguir demasiado.

—Con su compañía cualquier dama estaría dispuesta a vivir en una oscuridad perpetua con el simple objetivo de acompañarlo, porque la ganancia es usted.

—¿Le parece justo que una preciosa joven se marchite en este lugar y que sus días los tenga que pasar sumergida en la oscuridad ajena?

—Una esposa va siempre junto al esposo. Las mujeres viven la realidad del hombre con el que se casa. La joven que venga aquí sabrá con exactitud su futuro. ¿Sabe que yo no tengo inconveniente con la oscuridad?

—¿Y sabe que yo no puedo traer a una dama aquí? Me sentiría muy culpable si estropeara una vida, ni por más que alguien estuviera dispuesto a vivir aquí.

—Entonces cambie usted. ¿Por qué da vueltas con la misma idea si todo tiene una solución? Si mi hermano estuviera aquí, ya lo hubiera golpeado, porque odia los rodeos, prefiere las cosas claras y sin dilación. Nos ha enseñado a que no hace falta adornar nada para decirlo, solo hay que decirlo.

Los puntos de vista que le había dado la joven eran válidos, aunque no para él.

Su mente estaba lastimada y su percepción propia bastante desbaratada gracias a los años en que creyó que sus cicatrices no lo afectarían.

En su plena juventud no le había llamado la atención, pero ya estando en la edad de fijarse en una mujer, comenzó a notar que se alejaban, algunas con educación y otras sin tanta fineza.

Clifford no era capaz de entender las primeras veces hasta que una máscara le había mostrado el camino.

Con ella había logrado acercarse a algunas damas alegres para saciar las necesidades masculinas que había sufrido en cierto tiempo.

—Para la gente perfecta, la imperfección es incomprensible, pero dentro de un mundo bello hay cosas que no lo son.

¿Por qué las mujeres gustan de las joyas, de los vestidos y los listones?

Porque dan belleza para atraer. La belleza atrae más belleza, mientras que la fealdad solo es capaz de acercar cosas feas.

—¿Yo le parezco fea?

—¡No! ¡Por el amor de Dios, no vuelva a decir algo semejante!

—Entonces por qué dice cosas que no son ciertas. Lo único feo está en su cabeza. ¿No piensa quitarse la capucha de su capa?

—No, ya se lo he dicho. Fanny, ¿me permitirá algo? Sé que será atrevido lo que le pediré, pero...

—Si quiere volver a besarme, no hace falta que pida permiso... —interrumpió con premura.

—Usted acabará conmigo, es tan encantadora, pero no me refería a eso, sino más bien a pedirle que se deje retratar por mí.

—¿Aquí?

—Aquí...

—¿Y la luz?

—Una lámpara siempre ayuda. Le da otra perspectiva al arte.

—Vi que dibuja objetos y paisajes hermosos. Tiene mucho talento.

—Dibujo lo que me falta. La soledad me ayuda a ser creativo.

Llevaba un par de años sin tener contacto con una mujer hasta que apareció usted.

Cuando la vi, supe que sería muy especial.

Desde la azotea me fijé que era tan hermosa y graciosa que se me ocurrió retratarla, quería mirarla más de cerca, pero cuando estaba en la escalera, la vi y usted no me dio oportunidad de nada, casi me deja sordo.

—Me arrepiento de haberle dicho que era un vampiro, pero estaba sugestionada desde que se formó un misterio alrededor de usted. Mi tía tampoco lo ha visto, solo sé que hace algunos trabajos para usted y lo surte de manera habitual.

—Lady Miranda es una persona a la que le tengo respeto y mucha consideración.

Está sola en medio de la nada, no podía dejar que le pasara nada.

Barnes me había contado la situación de una solterona y yo sé lo ingrata que puede ser la sociedad cuando ya no perteneces a ella.

Entre Zouche y yo la estábamos cuidando.

—Qué afortunada es mi tía por cruzarse con personas tan maravillosas. ¿El retrato que quiere hacerme es para usted o para mí?

—Soy un poco egoísta, será para mí. Solo necesito un poco de usted y el resto puedo solucionarlo con mis recuerdos.

—Puedo estar aquí todo el tiempo que usted lo requiera. No quiero que en sus recuerdos tenga una carnosidad en la punta de la nariz, en ocasiones los recuerdos pueden variar.

—Le aseguro que no es necesario, mi memoria es exquisita.

—Solo alguien como usted se conformaría con una pintura y no con la realidad.

—Las pinturas no gritan que soy un vampiro, Fanny. Debe descansar. Su tía no puede encontrarla en pésimas condiciones, no sé qué pueda pensar de mí si cree que la tengo mal en mi casa.

—Se preocupará más por lo que usted piense de ella que por mí. No se preocupe tanto. ¿Me invitará a cenar con usted?

—Lo más probable es que cene aquí sola.

—¡Uy! Es tan odioso, Clifford —masculló. Fanny sentía como si él quisiera alejarla de su lado, siendo que ella lo que más deseaba era permanecer en esa casa como una costra pegada.

—Puede quedarse en mi casa el tiempo que le parezca conveniente para su recuperación. Si me considera odioso puedo no aparecer por aquí —alegó Clifford que emprendió su salida de la habitación.

—Recuerde que necesita verme para pintarme.

Debe estar aquí, Clifford. Lo esperaré para que traiga sus cosas, no se tropiece en esta terrible oscuridad —dijo para que él no se fuera.

Sabía que aprovechaba cualquier expresión para escabullirse hacia las sombras, mientras que ella deseaba atraerlo hacia la luz.

Debía mantener la boca cerrada si no quería que Clifford la dejara sin atenciones.

Lo único que le quedaba era victimizarse un poco.

Una Fane hacía lo que sea para conseguir lo que esperaba.

—Regresaré en un momento con mis cosas.

Clifford salió de la estancia y respiró profundo.

Fanny podía hacerse adorar sin que él se diera cuenta.

Era tan divertida que no quería que se retirara de su casa; sin embargo, debía alejarla.

Ella no entendía nada de lo que intentaba advertirle.

Se había dado cuenta de que Fanny lo idealizaba y tenía los mismos síntomas de un enamoramiento que también lo afectaba.

Juntos harían tantas tonterías que era mejor que se apartaran.

Algo dentro de sí le decía que era incorrecto arrastrar a una jovencita sin debutar a algo que ella no querría en el futuro, una vida que odiaría con el tiempo.

Fanny debía conocer lo que era la luz de un baile y el rostro impecable de un caballero que la invitara a bailar.

No podía aprovecharse de la terrible ignorancia de la que sufría una niña que ni siquiera podía enfrentar el frío del campo, ¿qué podría conocer alguien como ella de una vida como la de él?

Para Fanny todo era sencillo, sin turbaciones, con una sonrisa y una broma, pero Clifford no sentía que su sufrimiento se solucionaría con tan poco.

Estaba enamorado de lo que representaba la vitalidad de Fanny para él; no obstante, lo mejor era que no siguieran alimentando un sentimiento que a la larga los llevaría a sufrir a ambos.

Ella hoy lo adoraba, pero unos días viviendo en tinieblas, acabarían con esa adoración para siempre.

Lo vería como lo que era: un monstruo que la había arrastrado a una vida miserable, sin ni una gota de felicidad.

Ya que él no la llevaría a ningún evento en el que no pudiera encajar por su condición.

Entonces, Clifford estaba decidido a no hacer sufrir a Fanny, él solo quería recordarla con aquel retrato para siempre.

Fue hasta el ático y de ahí cogió su caballete, sus pinceles y sus pinturas para poder comenzar con los trazos que él necesitaba para inmortalizar a su querida lady Fanny Fane.

Igualmente, si alguna vez se casaba con alguien dispuesto a olvidar todo para no pasar penurias y resignarse a vivir en un entorno oscuro, le quedaría la opción de admirarla por siempre.

¿Por qué alguien debería saber quién era ella?

Podría decir que era producto de su imaginación o de su soledad.

Para él era de suma importancia la experiencia con ella y aún más lo era el recuerdo que dejaría en su vida.

En la habitación, Fanny no dejaba de pensar en las mil y una maneras de permanecer más tiempo en ese lugar.

Se sentía normal después de haber quedado entumecida por la aguanieve.

Nunca en su vida había estado tan expuesta a esas temperaturas.

Ni su padre ni su hermano la habían dejado salir nunca por temor a las enfermedades.

La salud era una gran fortuna en esos tiempos.

¿Y si fingía un resfriado? ¡Por supuesto!

Así duraría más días, ahí cuidada y mimada por Clifford.

Después podría conversar sobre el conde con Spencer y convencerlo de que era la mejor opción para un matrimonio, aunque sabía que él tendría sus dudas al respecto por cómo vivía lord Montgomery.

Esperaba convencerlo de que lo adoraba, mas comenzaba a pensar que, a quien debía convencer era a Clifford, de que ella era lo que le convenía y no esa absurda oscuridad.

A Fanny todavía le costaba comprender las razones por las que alguien tan agradable como Clifford estaba ahí encerrado por algo que ella consideraba un defecto mínimo, su esencia era lo importante.

Si bien, en el mundo en el que vivían, la belleza era muy valorada, Fanny sabía lo que era ser diferente en medio de personas promedio.

Ella juraba que Clifford exageraba al decir que era hermosa, porque sabía que no le ganaba en eso a sus hermanas, pero se sentía halagada y le encantaba la sensación que le producía que la apreciara de esa manera.

¿Por qué él no podía comprender que compatibilizaban a la perfección?

No le importaba cualquier defecto que pudiera tener, pues ella no era nadie para juzgarlo.

Ante sus ojos, Clifford era perfecto para ocupar el puesto de esposo y cuñado para el resto.

Encajaría con los Fane. Solo ellos podían tener a un ogro ermitaño y un facineroso como cuñados.

Eso no era algo común, podría unirse un supuesto vampiro.

Sus hermanas enloquecerían al ver esa casa y aún más al entrar en ella.

Mientras se perdía soñando despierta, el conde regresó y comenzó a acomodar sus cosas. Eso de pintarla era en serio, no era una broma ni una excusa para echarse a correr porque ella no lo dejaba en paz.

—¿En algún momento me llevará a recorrer su casa? Quisiera ver un poco más. El aspecto tétrico no ha logrado espantarme —alegó la joven.

—La apariencia de la casa es para que nadie quiera entrar aquí.

—Eso no lo está consiguiendo. Personas curiosas como yo, morimos por entrar a un lugar así. Desde muy pequeñas, mis hermanas y yo aprendimos a apreciar las historias y más las de terror y misterio. Esta casa alentará la locura de ellas cuando la vean, lo puedo asegurar.

—No creo que traiga a sus hermanas aquí, Fanny. ¿Puede colocarse en una posición en la que esté cómoda?

—¿Una en la que parece que lo estoy apreciando o prefiere que mire a otro lado?

—Como guste, siempre que pueda pintarla.

—Entonces lo apreciaré durante el tiempo que me necesite quieta.