Familia Fane Capítulo 15
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Capítulo 15

Fanny no podía creer que se encontraba en la mismísima cueva del lobo, y que el hombre al que le robó la había salvado. Qué vergüenza sentía, él debió ver que ella tenía consigo el cuaderno.

—¿Cree que pueda ver a milord? —preguntó Fanny.

—Tal vez después de que tome la sopa caliente.

—¿Y mi ropa?

—Su ropa está llena de barro y muy húmeda. Estará bien con el camisón de milord.

Ella puso las manos sobre la boca para callar el grito de espanto que quería salir. Tenía puesta la ropa de un hombre.

Benedict le puso la bandeja de la sopa sobre sus muslos para que Fanny se sirviera con tranquilidad.

—La campanilla está junto a usted, milady. Si algo se le ofrece, solo debe agitarla.

—Gracias, señor Barnes.

El hombre se retiró de la habitación, dejando sola a la joven para que esta pudiera comer.

Con sus dedos aún entumecidos, Fanny tomó la cuchara, la metió en la sopa y sorbió el líquido caliente de buen sabor que le habían servido.

Mientras se alimentaba, pensaba en que Clifford le había leído la mano como un juego, pero ante la terrible coincidencia de que le había dicho algo sobre ese conde que vivía ahí, ella comenzaba a desconfiar de que se tratara de simple diversión, y que al final él tuviera razón con lo que le deparaba el destino.

No le gustaba la idea de no tenerlo cerca y de que solo hubiera sido la aventura de una noche.

Al acabar de tomar el caldo, sintió su cuerpo un poco más caliente y agradable. Dejó la bandeja a un lado de la cama y se acomodó para seguir calentándose. Sin darse cuenta se había quedado dormida otra vez.

Tiempo después, Benedict regresó a la habitación para cerciorarse de que todo estuviera bien. Ella había devorado la sopa y en ese momento descansaba. Al salir del lugar, fue junto a su patrón para contarle. Aquel estaba en el comedor, sirviéndose el almuerzo.

—Milady ha comido muy bien, milord —comunicó Benedict.

—¿Y qué está haciendo en este momento?

—Está dormida, recobrando fuerzas.

—Considero que deberíamos avisarle a lady Miranda Templeton que su sobrina se encuentra aquí. No queremos que piense que le ha pasado algo. Debe estar preocupada si solo vino a devolver algo.

—Trate de no avergonzar a la joven, milord. Ella se notaba apenada por tener su cuadernillo.

—Esperemos que dé una explicación sobre tener eso en su poder.

—Debería ir junto a ella más tarde para poder conversar sobre ese tema. ¿Lo hará?

—Lo pensaré, Benedict. Al escuchar mi voz sabrá que soy el hombre que la ha besado noches atrás.

—Eso es bueno porque sabrá quién es. Usted nunca cambia de estilo de máscara, por lo que ella estará cómoda viendo y escuchándolo. Le ha fascinado con todo y el rostro cubierto, ¿eso no le dice algo?

—Me dice que le encanta la fantasía y no yo.

Le desagradará saber que no soy un vampiro y que tampoco soy lo que espera bajo esta máscara.

Ella espera ver un rostro terso como un panecillo y no como una galleta quemada.

¿Entiendes? Ver su cara de decepción solo me golpearía innecesariamente.

Prefiero que me crea el rey del misterio, que siga pensando que hay algo bueno que ver.

—Será como usted decida, pero permítame comentarle algo...

—Cuando te permito un comentario, siempre terminas convenciéndome de algo.

—Vaya a la habitación más tarde, ella quiere conocerlo.

A Clifford no le estaban quedando muchas alternativas para librarse de los pedidos de su criado. ¿Podría seguir manteniendo la fantasía en la mente de Fanny? No lo creía. Quizá el hecho de que se desencante de él, sirviera para que también se desencantara de ella.

Después de su almuerzo, estuvo sopesando la situación en su despacho.

El arte no era capaz de calmar su nerviosismo al tener en su casa a una dama, y no a cualquiera, era la mujer que le agradaba más de lo que debería y no era saludable para cualquier persona.

La lucha entre mostrarse frente a ella o ignorarla, era muy fuerte, porque no quería sufrir de manera absurda y por su propia culpa.

Todo era su culpa, si él no se hubiera fijado en ella desde la ventana, no estaría tan loco como en ese momento, hablando solo mientras respondía sus cartas comerciales.

Había conseguido improvisar un baile de máscaras para conocer a la joven.

Movió su artillería en un segundo y solo por ella.

La demencia lo había consumido en menos de un día después de conocerla.

***

En los aposentos de Clifford, Fanny se había despertado, y lo había hecho con mucho ahínco. Estaba en una casa ajena y quería saber qué tenía el dueño de esa casa.

Se levantó de la cama y con lentitud comenzó a recorrer el oscuro lugar en el que estaba. En la mesita, junto a la cama había un libro cerrado, al parecer el conde gustaba de la lectura.

Siguió con su pesquisa y fue hacia el armario.

Lo abrió y vio muchas capas. Sonrió y negó con la cabeza al pensar que ese hombre arreglaba la capa rota por tonto, pero como había dicho su tía, quizá fuera el recuerdo que alguien le había dejado.

En otra de las puertas del mueble encontró camisas colgadas, todas muy olorosas y pulcras.

Pese a que apenas podía distinguir todo lo que la rodeaba, vio un rincón en el que estaba una jofaina y se acercó a ella. Cuando iba a tocarla, se había percatado que echó algo al piso con la manga gigante de aquel camisón.

Se agachó para recogerlo y sintió que era algo que no tenía forma, pero que era del mismo material que el de su antifaz. Cuando estaba a punto de entender que era una máscara, escuchó que la puerta se abría y miró hacia la entrada de la habitación.

Clifford tenía la vista de un ojo más desarrollada gracias a que le gustaba la oscuridad, y distinguió que la joven tenía la máscara de él en su mano. No había mucho más que ocultar para él.

—Tengo más de esas si quiere ver, milady... —dijo Clifford.

La sorpresa de Fanny al oír la voz de Clifford hizo que ella volviera a soltar la máscara que tenía en la mano.

—Usted es... —Las palabras no salían de su boca, estaba impactada al darse cuenta de que el vampiro era el mismo Clifford.

—Lamento decirle que no soy un vampiro, espero que eso no le deprima mucho. No soy una criatura mitológica.

El rubor cubrió sus mejillas al darse cuenta de que había llamado vampiro al dueño de esa casa la primera vez que se vieron.

—Yo...

—No se preocupe, tampoco me molestaré porque usted tenía mi cuaderno de arte.

Ella sentía que se desmayaría de la vergüenza, pero todavía no podía reaccionar con la impresión de ver ahí a Clifford. Fanny ni siquiera había colocado juntos a lord Misterio y a Clifford, pero fue tonta, porque era evidente. ¿Quién más era tan misterioso en Yorkshire?

El silencio por parte de Fanny lo ponía nervioso y hasta llegaba a ponerlo ansioso. Tragaba su saliva con dificultad, pues no sabía lo que estaba pensando sobre él.

—No puedo creerlo, Cliff... digo, milord. Entonces ya nos habíamos conocido aquí antes. Discúlpeme por decirle vampiro, es que... me sugestioné —confesó avergonzada.

—No me dejó saludarla en esa ocasión, pero pudimos hacerlo en el baile de máscaras... —Clifford sonrió.

—Sobre su cuaderno... —Fanny tragó saliva y se rascó la nuca—. Lo cogí de su carruaje, porque lo miré cuando regresaba a casa de mi tía, pero como no lo vi completo, lo tomé.

—Aprecia el arte, eso es gratificante, ¿le han gustado mis dibujos?

—¡Por supuesto! Todo de usted me gusta... —dijo sin pensar, aunque luego se arrepintió y procedió a corregirse—. Digo, todo lo que hace me gusta.

El conde avanzó hacia ella y agarró la máscara del suelo.

La joven aprovechó para mirarlo y notó que llevaba la máscara con la mitad del rostro cubierto.

—Creo que debería quitarse la máscara, ya no existe misterio. Lord Misterio es lo mismo que Clifford, y Clifford es igual a lord Montgomery. ¡Le dije que lo encontraría!

—La máscara siempre me acompaña, Fanny.

—¿Puedo abrir una de las cortinas para que entre más luz?

—No. Me gusta la oscuridad, así vivo.

—¿Por qué le gusta la oscuridad?

—Porque me hace sentir bien, oculta todo lo que no deseo que alguien vea.

—¿No limpian bien su casa, por eso no quiere que alguien lo vea?

Él se carcajeó y después intentó recuperar la serenidad y también la seriedad. Fanny era única para hacerlo reír.

—No, no es eso. No quiero que la gente me vea. Hay muchos curiosos por aquí, gente como usted que piensa que soy un vampiro tal vez.

—¿Hay alguna razón para la máscara? ¿Tiene algún problema?

—Es inteligente, Fanny, sé que entiende que cuando se tapa algo es por una razón.

—¿Y solo por eso se esconde? No debería. Usted es guapo, talentoso e interesante.

—No haga que me sonroje.

—Si se sonroja no podré verlo. Es la única persona que usa una capa en su casa y más con la capucha puesta. Vi que tiene muchas más en su armario. ¿No cree que son demasiadas?

—No. Usted es un soplo de aire fresco en esta casa. Envié un criado a casa de su tía para que no se preocupara por usted. Si está lista, le doy una capa para que se cubra y pueda ir en mi carruaje. Le obsequio el cuaderno si le apetece.

Por ningún motivo Fanny deseaba salir de esa casa, no en ese instante en que había conseguido dar con Clifford sin quemarse las pestañas.

—Todavía siento mucho frío —musitó fingiendo que temblaba e hizo castañear sus dientes para que fuera más creíble.

Preocupado, él se acercó y quiso sobar los antebrazos de la joven, pero se detuvo, no podía ser tan impetuoso. Deseaba acariciarla, pero ella podía tomar aquello como una intromisión a su privacidad.

—¿Me ayuda a llegar a la cama? Siento muy lánguidas las piernas... Necesito que me cargue —pronunció Fanny intentando conseguir un contacto con él. Todavía no podía creer su buena fortuna al tenerlo ahí con ella.

El caballero no sabía qué hacer; sin embargo, sabía que negarse no era una opción. Él quería un contacto con ella, por más mínimo que fuera. Entonces, dejó a un lado la máscara que tenía en su mano y tomó en brazos a Fanny.

Al instante, la joven se pegó al pecho de él.

Fanny primero sonrió y después se mordió los labios con picardía.

Ser una Fane también significaba ser una malévola criatura manipuladora.

Hacían todo lo que estaba a su alcance para siempre conseguir sus objetivos, nada las detenía.

Gozaba de ese corto momento en el que Clifford la trataba como si ella fuera de cristal. No quería irse de esa casa, nunca.

Por la mente de Clifford pasaban mil ideas, desde arrojarla a la cama y correr por su vida hasta besarla y asfixiarla ahí mismo con sus atenciones, pero él, con simpleza, olió sus cabellos y aspiró ese aroma con suavidad y sigilo.

Quizá eso lo conformara un poco para cuando ella tuviera que irse.

La dejó en la cama y la ayudó a cubrirse.

—Si viene su tía la alojaré en una de las habitaciones de la casa. No puedo dejar que regrese a su morada muy sola.

—Solo debería buscar al barón Zouche, ella lo espera muy ansiosa. ¿Sabe que mi tía aceptará la propuesta de matrimonio que él le hizo la noche del baile?

—No sabía que se lo había propuesto. Es una noticia que me alegra mucho. Por mucho tiempo, David ha estado detrás de ella, y con las mejores intenciones.

—¿Usted no está casado, milord? —inquirió, esperando a que él respondiera que no.

—Todavía no he sido afortunado. ¿Usted piensa que le he mentido al decirle algo en el baile? Le digo que no son mentiras, tal vez omití quién era. Puede seguir llamándome Clifford, ese es mi nombre.

—Porque era un baile de máscaras, usted lo dijo.

—Es cierto. La dejaré descansar porque se siente mal. ¿Le apetece algo?

—Solo su compañía, quédese aquí. Quiero saber más de usted. ¿No ha pensado en una esposa?