Familia Fane Capítulo 13
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Capítulo 13

Clifford regresó a su casa. En la entrada, el señor Barnes había dejado una lámpara para que él pudiera entrar sin inconvenientes.

—¿Cómo le ha ido, milord? —curioseó su sirviente—. Lo esperaba más tarde.

El conde se acercó hasta el centro del salón en donde lo esperaba Benedict.

—Creo que ha sido la noche más perfecta de mi vida. Lady Fanny Fane es todo lo que cualquier caballero desearía. También pude besarla.

—¡Qué excelente noticia, milord! ¿Puede que pronto tengamos condesa?

—Milady tiene las alas muy grandes, no puedo cortárselas con esta oscuridad. Ella es un ser de luz, en cambio, yo necesito la oscuridad para refugiarme. Una dama como ella no merece un destino en las sombras, y eso es lo único que puedo ofrecerle.

—¿Usted le dijo que...?

—No, no le he dicho nada, no quiero que me rechace, prefiero quedarme con lo bueno que he podido traer esta noche.

Ella ha sido una persona fugaz, pero que sé que quedará en mi memoria para siempre, porque es inolvidable.

Si supieras que es tan vivaz y divertida...

—A Clifford le brillaban los ojos al hablar de ella.

—¿Por qué no deja que ella decida si lo acepta con algún que otro defecto?

—No. Me temo que no podré aprovecharme de su pobreza, pues su familia es de recursos, lo que significa que mis oportunidades de ser una rata disminuyen.

—Usted no necesita ser una rata. Es un caballero de corazón noble que tiene derecho a la felicidad.

—Pero no puedo sacarle la felicidad a otros. He vivido solo todos estos años...

—Puede, pero usted no quiere estar solo, desea una compañera. Es comprensible que a su edad esté deseoso por agrandar su familia. Particularmente, milord, creo que no nació para estar solo. Siempre ha deseado ser sociable, y lo era...

—Sí, hasta que escuché lo que no debería.

Mi rostro no debió ser un impedimento, como si fuera que yo mismo me hubiera quemado con el propósito de desagradar.

Perdí todo lo que amaba esa noche y no pude salvarlos.

Si nada de eso ocurría, mi vida sería otra.

Lady Fanny Fane estaría comprometida conmigo porque mi impulso me lo dice.

Quisiera decirle que me encantaría pasar mi vida a su lado, conociéndola, soñando junto a ella, pero la realidad es más cruel de lo que cualquiera puede vaticinar.

Tal vez mi futuro sea el arte en las sombras.

—No puedo persuadirlo de que busque su felicidad, pero sí de que se dé la oportunidad de salir más allá de su puerta en los días grises y los bailes de máscaras. Debe mostrarse de nuevo, quizá en Yorkshire la gente sea más amable que en otros condados.

—A veces siento el vigor de la valentía, pero no sé si exponer mi integridad ante otras personas sea algo que me beneficie.

—No lo sabrá hasta que vuelva a hacerlo. Las personas son crueles cuando no son iguales, pero no puede vivir en función a ellos, no lo alimentan ni lo acompañan, por lo que sus opiniones no valen nada.

—Mi buen Benedict, el cielo quizá te quede grande en el futuro. Estaría perdido sin ti.

—Estoy para servirle, milord. Acompañarlo no es solo mi deber, es algo que disfruto mucho. ¿Le preparo su camisón?

—Sí, por favor...

Él fue a su habitación en compañía de su sirviente.

Los dos conocían esa casa como la palma de la mano y por eso no se tropezaban con nada.

El resto del personal trabajaba muy temprano en la mañana para mantener la limpieza.

Cuando él despertaba, ya todos habían terminado su trabajo de aseo, entonces iban al mercado, a recoger algunas frutas silvestres, podar el jardín, recoger leña, alimentar animales y otras cosas.

Todo eso implicaba mucha luz y por eso lo hacían cuando Clifford dormía.

Una vez que terminó de cambiarse, se quitó la máscara y la colocó sobre la mesa en la que se encontraba la jofaina con la que se lavaría el rostro.

Sacarse la máscara era como quitarse una parte de él.

Estaba acostumbrado a usarla, sin ella se sentiría desnudo e inseguro.

Se aferraba a la tranquilidad que le daba verse en un espejo sin que la parte sobre sus ojos y parte de su mejilla, parecieran derretidos.

En ocasiones deseaba aventurarse al pueblo, pero se arrepentía al segundo.

Su paz era más importante que cualquier otra cosa.

Con una máscara en la cara atraería a muchas personas curiosas que lo incomodarían con preguntas que no deseaba responder.

Cuando terminó de secarse el rostro, corrió la cortina de la habitación.

La luz de la luna se filtraba a través del cristal en aquella fría noche, la más feliz de su vida al conocer a Fanny.

Besarla era el mayor de los placeres existentes.

Era una lástima que esa atracción que sentían no pudiera progresar y terminara en un beso, no habría visitas ni otros encuentros, todo había muerto antes de empezar.

Después de pensar unos minutos se recostó en la cama. Dio muchas vueltas pensando en la fantasía que había vivido esa noche.

***

Fanny se acostó en la cama junto a Miranda. Las dos se habían puesto los camisones y se trenzaron el cabello la una a la otra.

—Tengo curiosidad, tía Miranda. ¿En qué tiene que pensar usted? —indagó Fanny, consumida por sus ansias de saber.

—¿Estuviste escuchando mi conversación con el barón Zouche?

—Por accidente...

—Por accidente, eh...

—Claro, no iba a hacerlo a propósito. No soy tan cotilla.

—Que no te dé pena admitirlo, en fin, te enterarás después de todo. Te lo diré, milord me ha pedido que sea su esposa.

La sonrisa en el rostro de Fanny era genuina. Lo que le ocurría a su tía era algo maravilloso.

—Por el amor de Dios, tía, acepte ese compromiso...

—No tengo intenciones de negarme. Ha sido suficiente de esta soltería para mí, no me hace feliz, pero no se lo podía contar a nadie.

Estoy a punto de cumplir treinta y siete años.

Llevo muchos años agobiada por la soledad, pero desde que el barón apareció en mi vida, las cosas han cambiado.

Quise rechazarlo por decencia, pero eso no me llevará a ningún lado. Me arriesgaré a lo que tenga que ser.

—Será muy feliz. Pensé que sería el cupido para ustedes, pero no hay mucho que hacer en donde ya existía un sentimiento.

Esa noche las dos siguieron conversando. La emoción carcomía a Miranda cuando contaba cómo el barón le había propuesto matrimonio. Para no presionarla le dijo que pensara en esos días, aunque su tía ya estaba decidida a dejar de lado las penurias y las migajas de su hermano.

Una vez que su tía durmió, Fanny pudo pensar en lo que ella pasó en el baile, aquel que no olvidaría porque Clifford había dejado en su corazón una estaca de curiosidad y ansias por saber más de él.

Se acarició los labios con la mano que él había tocado y cerró los ojos.

Pensaba en qué podía ser tan horrible para que ese caballero huyera de ella.

Ser una mujer Fane no era malo, al menos ella creía eso.

Sopesaba que quizá su atrevimiento fuera mucho para alguien tan educado como él.

Todo el tiempo quiso mantenerse en una misma línea de pensamiento, de actuar y ser, pero al final huyó despavorido.

Solo quedaban en su mente las devocionales palabras para alejarse.

Fanny comenzaba a creer en el amor a primera vista, pese a que no le había visto el rostro, al menos no completo.

Sin embargo, lo que vio le convencía de que era un hombre bello en todos los aspectos.

¿Cómo haría para encontrarlo antes de irse a Londres?

Tal vez el barón Zouche lo supiera, pero debía tener paciencia hasta que regresara a la casa de su tía por su tan ansiada respuesta.

Para ella esa noche sería eterna hasta que lograra dormir.

Clifford anidaba en su mente de una manera que no había creído posible alguna vez.

¿Así se sentía estar enamorada? Necesitaba entender las formas del amor, pues era joven e inexperta, solo se guiaba por los sentimientos y pensamientos que la agobiaban.

Muy avanzada la madrugada, logró dormir, aunque sus sueños estuvieron lejos de dejarla descansar.

Había soñado un largo y casi interminable pasillo oscuro en la casa de lord Misterio, pero él no estaba por ningún lugar, a su alrededor las tinieblas la acompañaban y no podía escapar, no había nadie que la ayudara.

Había despertado en medio de aquella pesadilla, pensando en las razones por las cuales su mente la llevaba a esa casa.

Era probable que estuviera afectada por sus propias fantasías.

Por la mañana, ella despertó debido a los sonidos en la cocina de su tía Miranda. La casa se sentía cálida y acogedora gracias a que la chimenea tenía más leña. No tenía ganas de abandonar el lecho en el que estaba.

—¿Despertarás para el almuerzo o para el té? —preguntó Miranda con una sonrisa en el rostro.

—Ya hasta tiene una sonrisa en la cara...

—Ya después habrá tiempo de llorar. ¿Te levantarás o no? Recuerda que tienes algo que devolver en una propiedad que está muy lejos.

—Asumo que me prestará el caballo, tía.

—No, querida mía, todavía debes purgar tus culpas. Te has convertido en amiga de lo ajeno y eso no es correcto.

—¡Pero, tía!

—Pero nada. Lo hubieras pensado antes de desobedecerme.

Fanny se levantó de la cama, enfurruñada. Podía jurar que se comportaba de la misma forma que Eugenia, estaba a un paso de armar tal berrinche que la enviarían de vuelta a Londres con una patada.

Miranda vio que su sobrina no quería hacer lo que le decía. Su rostro era un cúmulo de gestos de fastidio.

—Debes hacerte cargo de las cosas que haces mal, Fanny. No necesitaste intercesión de nadie para robar, entonces no la necesitas para devolverlo —continuó diciendo su tía.

—Ya lo sé, tía. Habla como una cotorra, es peor que mi hermano dando consejos de moral.

—Consejos con los que te quitas la cera de los oídos, cría endemoniada.

Ella tuvo que obedecer a su tía. Se sentó a desayunar junto a ella un tanto pensativa. Seguía perdida en los acontecimientos de la noche pasada.

—Anoche no hablamos de ti, Fanny. Cuéntame más sobre el caballero que estaba contigo.

—Era un hombre maravilloso, tía. Tan alto, atractivo, sensible e inteligente, pero solo sé su nombre: Clifford. ¿Conoce a algún Clifford?

Su tía Miranda se había quedado pensativa por unos instantes.

—No, no conozco a nadie con ese nombre. ¿Te dijo algo más?

—Me dijo que tiene un título nobiliario, pero creo que se tomó muy en serio el hecho de las identidades en el baile.

—Pudo haberte mentido, como era un baile público, muchas personas entraron a probar suerte. Algunos caballeros hasta pueden agarrar una esposa con una dote importante.

—Pero él era educado. Es evidente que tiene un título.

—¿No estarás pensando que alguien que no te ha mostrado su cara ni te ha dicho su nombre es un buen candidato?

—Mmm... Tan bueno, no sé si sea, pero me ha encantado.

—Bórralo de tu mente. Eso no te traerá nada bueno ni te dejará escoger a un buen candidato en Londres porque estás sesgada por un extraño que pudo haberte tomado el pelo.

—Yo no lo creo.

—Tengo dieciocho o diecinueve años más que tú, créeme, no todos los hombres son buenos y sinceros. Ten cuidado.

—Sé que debo tomar mis recaudos. Meredith casi cayó en manos de un embaucador que era casado. Yo espero que este no lo sea, me rompería el corazón.

—Es muy poco lo que has vivido para sentirte enamorada tan pronto. Espero que lo olvides antes de irte.

—De hecho, él me dijo que no nos volveríamos a ver.

—Me alegra saberlo. Si no te ha dicho su nombre es porque algo oculta, y lo que se oculta no puede ser bueno para nadie.

Su tía tenía razón, pero ella no quería entenderlo.

Para Fanny, Clifford era excepcional, honesto y sincero.

No lo veía siendo un terrible cazador de dotes o un hombre casado con ganas de una aventura que la perjudicara.

Él se había comportado de manera correcta.

Además, era evidente que él había caído en su propio juego, una vez que se dio cuenta, huyó.

Sin embargo, Fanny ya había quedado impresionada y ansiosa por volverlo a ver, tanto, que lo había amenazado con encontrarlo.