Familia Fane Capítulo 12
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Capítulo 12

Con la mano enguantada, el conde sostenía su mano desnuda y movía su dedo sobre las líneas que se dejaban ver en la palma de su mano. Fanny sentía que un cosquilleo recorría todo su cuerpo cuando él la tocaba. Sin darse cuenta había cerrado sus ojos para disfrutar de ese acercamiento.

Mientras la joven tenía los ojos cerrados, Clifford miraba los labios de Fanny, se veían tentadores cuando estaban entreabiertos.

Lo que ocurría entre ellos era una verdadera locura, sin dudas se trataba de una poderosa atracción física que quizá en el futuro se viera afectado por sus defectos.

Ese era el momento para aprovechar el tiempo.

—¿Qué le está diciendo mi mano? —interrogó Fanny ante los movimientos circulares del dedo.

—Aquí aparece un misterioso hombre en un lugar oscuro... —respondió refiriéndose a él.

—¿Quién puede ser?

—Alguien que la ha asustado...

Ella abrió los ojos y sonrió ante el recuerdo de haber entrado a la casa de lord Misterio.

—Es probable que él esté en mi destino porque me ha dado un susto al llegar aquí...

—¿A quién se refiere? —indagó sabiendo que hablaría de él.

—Es alguien a quien le dicen lord Misterio, pero yo creo que es un vampiro de unos doscientos años que vive escondido ahí y sale por las noches a buscar víctimas. Nadie en su sano juicio viviría en un lugar tan oscuro.

—¿Un vampiro? —Clifford quería reír sin parar, pero debía meterse en su papel de vidente charlatán.

—Por supuesto, ningún ser normal podría vivir con tanta oscuridad, pero ¿qué tiene que ver con mi futuro? ¿No me diga que será mi esposo? No juegue conmigo —bromeó.

—No será su esposo, es solo que aquí puedo ver cosas resaltantes, como que es muy fantasiosa.

—Lo soy. Ahora quiero que hable de mi futuro esposo, ¿será que ya lo conocí o lo conoceré?

Ante ese cuestionamiento él no sabía qué responder.

—Aquí dice que hay alguien que le interesa, pero que su futuro esposo está en Londres.

Pese a que era un juego, esto le decepcionaba mucho. La idea era que él le dijera que sería su esposo, al menos en su fantasía así funcionaba todo.

—¿Y qué más me puede decir? ¿Es alto, atractivo, rico, inteligente, con toques místicos o misteriosos?

—Es un hombre normal, dueño de muchas extensiones de tierra, excelente renta...

—Sé que es un juego; sin embargo, ¿cree que seré feliz así con un caballero con poca imaginación?

—Será tan feliz como cualquier mujer casada que desea lo esencial: contraer matrimonio.

—Es un charlatán, pero me veo en la necesidad de abonarle por sus servicios... —dijo Fanny un poco ofendida, retirando la mano para que Clifford dejara de tocarla.

Clifford hizo un amague de sonrisa, pero la reprimió con rapidez para pensar en algo más que decirle. Notó que echó a perder un divertido juego para hacer que ella se sintiera mal porque se casaría con un hombre común.

—¿Me presta su mano otra vez? No he visto todo lo que debería.

—¿Todavía hay más? Solo le daré mi mano si me dirá algo bueno. Le advierto que, si vuelve a decirme algo desagradable, lo pisaré en el pie.

—No es algo malo lo que le diré, pero usted puede tomarlo como guste.

—Él extendió su mano izquierda para que ella pudiera devolverle la mano derecha y que pudiera continuar la lectura.

Una vez que Fanny lo hizo, comenzó su mismo juego de antes, pero en esa ocasión pasaba todos sus dedos encima de la palma de ella con suaves toques.

De nuevo, unas sensaciones aún más avasallantes se apoderaron de Fanny. Con aquellas caricias, su corazón comenzó a latir con premura, su estómago pareció dar un vuelco y su respiración estaba demasiado agitada por la expectación que le provocaba saber lo que Clifford tenía para ella.

Notaba que su compañera respiraba con dificultad y él no estaba lejos de sucumbir ante sus propias sensaciones.

Sentía que su cuerpo ardía en una llamarada apasionada que amenazaba con hacerlo cometer una locura.

Arrojarse a la boca de esa dama era su perdición, si lo hacía no tendría forma de salvarse.

Le quedaría luchar contra sus propios deseos para no sufrir por algo que no podría ser.

Tragó saliva antes de hablar.

—Aquí veo una aventura. Un misterioso caballero que la atrapará si no huye, que sufrirá si no se va, que le arrebatará el corazón si no lo rechaza ahora mismo...

—Dígame que esa aventura es usted —rogó Fanny.

Clifford no pudo resistir un segundo más.

Se abalanzó sobre Fanny y se apoderó de sus labios como si su vida dependiera de eso.

Al hacer contacto con esa boca, el cielo se abrió frente a él, gratificándole como nunca antes lo había creído.

Nada se comparaba a la experiencia de probar el néctar que destilaba la boca de ella.

Su tía Miranda tenía razón con lo del jardín.

Ahí estaba consiguiendo su primer beso y no podía estar más complacida.

Fanny ya no se sentía estar en la tierra, ni siquiera la pisaba, estaba en una nube suave, cálida y esponjosa.

Era la mujer más feliz del mundo en ese instante.

¿Cómo podía caer tan rápido en el influjo de un caballero?

Ese día los astros se alinearon para que ella conociera al que sería el amor de su vida y no tenía dudas al respecto.

Debía conseguir que Clifford se interesara en ella después de esa noche.

No podían dejar de besarse. Era una lucha titánica entre alejarse o respirar para vivir. De hecho, Clifford sintió que las manos de su querida acompañante se aferraban a su levita.

—Besarlo es lo más intenso que jamás he vivido —dijo Fanny como un halago.

El conde volvió a besar a la joven, pero como si fuera una despedida. No dejó que ella respondiera.

—Usted es lo más maravilloso que he conocido... —replicó Clifford.

Fanny se quitó el antifaz para mostrarse ante él. Cogió la mano desnuda de Clifford y la pasó por su rostro para que pudiera sentirla.

—Soy lady Fanny Fane. No tengo que ocultarme. Ahora necesito saber quién es y donde buscarlo...

—Yo no puedo decirle quién soy en realidad. Es mejor que viva de esta fantasía del misterio.

Fanny no podía admitir semejante rechazo. ¿Por qué razón no le daría su nombre?

—¿Es usted un hombre casado en busca de una aventura? —increpó—. Lamentaré mucho que sea una persona deshonesta con su esposa. Una hermana mía ha pasado por una terrible situación similar de enamorarse de un hombre casado.

—No, no soy un hombre casado, espero serlo alguna vez.

—Entonces, ¿por qué no quiere conocerme?

—Usted es de Londres, no creo que le agrade el campo. Baila muy bien para terminar recluida en un sitio como este.

—Ya le he dicho que nací en Yorkshire. Viví aquí mis primeros años de vida, no me molesta estar aquí.

—Se apresura, Fanny. Usted tiene un futuro lejos de aquí.

—¿Con un esposo aburrido como el que vio en mi mano? No quiero, prefiero quedarme aquí, en esta aventura.

—Se apasiona muy rápido. Solo cumplo con advertir que, si bien usted me fascina, no puede pasar de eso, por su bien.

—¿Está rechazándome? Soy una Fane y es probable que no sepa lo que significa.

—Por favor, no la estoy rechazando, solo le comento la situación. Tal vez la vuelva a ver o quizá regrese a Londres sin haberme visto una vez más. Mantengamos esto en el encanto de un baile de máscaras.

—Para mí ya no tiene sentido si le he mostrado mi rostro. Al menos muéstreme el suyo.

—No es lo más conveniente por razones personales. Sepa que usted es la criatura más hermosa y perfecta que he visto.

Fanny comenzaba a enfadarse. Él pensaba que la halagaba, pero la realidad era que la ofendía con sus palabras. Tan bella, pero no podía considerarla como una esposa, ¿qué clase de justificación podría tener eso? Era absurdo.

—Tan perfecta que prefiere tenerme lejos. ¿No he besado bien? Puedo practicar con una naranja...

—Lamento no darme a entender. Besa maravillosamente, Fanny. Tengo que irme...

Necesitaba salir de ahí antes de cometer una locura.

Quedarse era peligroso, porque podía continuar con ese juego que no los llevaría a ningún sitio.

Después de conocerla por un par de horas, se dio cuenta de que Fanny era una joven ingenua, fantasiosa y divertida, daría su vida por tenerla como esposa, pero también había otra parte que debía tener en cuenta.

Él era un monstruo y ella una mujer hermosa que merecía lo mejor, y eso no era estar recluida en un lugar húmedo y lúgubre como su casa.

—Si se va, lo encontraré de igual forma... —advirtió Fanny al ver que él estaba huyendo.

—¿Es una advertencia?

—Si usted será para mí, lo volveré a encontrar... Dios o el diablo lo colocará en mi camino.

Clifford hizo una reverencia antes de perderse entre las sombras del jardín. Después de unos minutos, escuchó el relinchar de un caballo. Estaba segura de que Clifford montaba el animal. Solo él podía romper el silencio de la noche con su huida.

¿Podría existir una posibilidad de que ella lo hubiera asustado con su atrevimiento?

Si ella no perseguía sus objetivos, ellos no se presentarían a ofrecerse.

Por alguna razón la vida le había permitido conocer a Clifford, no era casualidad; sin embargo, algo ocultaba, que no le podía decir y que le impedía ser él mismo.

Ella se quedó por unos minutos más a observar la oscuridad, después cerró la mano que no tenía el guante.

El juego había sido divertido hasta que decidieron hablar de cosas más serias, pero no pudo evitarlo, había perdido el control sobre sus acciones.

Él tenía todo lo que Fanny deseaba, cumplía con sus requerimientos, solo que no sabía qué era eso que ocultaba.

Cuando el frío comenzó a calarle los huesos, ella prefirió entrar al salón, aunque se sentía sola y sin ánimos de continuar en el baile de máscaras. Sin Clifford veía las cosas con mucho nerviosismo y no con las mismas expectativas con las que había llegado.

También algo que pudo comprobar esa noche era que nadie se acercaba a ella. De hecho, la mayoría eran de estatura regular, por lo que no encajaba en los cánones de nadie. El único que la vio con potencial había sido el misterioso Clifford. ¿Qué tenía Yorkshire que atraía el misterio?

Después de aburrirse como una ostra en un rincón, el barón Zouche y su tía se veían felices como la misma Fanny cuando había estado junto a Clifford.

—¿No me digas que no ha venido junto a ti ese caballero con el que bailaste, Fanny? —interpeló Miranda.

—Ya se ha ido. Llevo mucho tiempo aquí sola.

—¿Nadie la ha invitado a bailar? —preguntó el barón.

—Desde que este misterioso caballero se fue, nadie me ha invitado y yo sé las razones. Mi tía tiene suerte, usted al menos es de su misma estatura —respondió Fanny.

Ciertamente, el barón era de la misma estatura que su tía Miranda, por lo que no estaba tan avergonzado. Además, a él no le importaría ser un duende con tal de poder estar junto a ella.

—Entonces creo que es hora de irnos. ¿No es mucha molestia que nos devuelva a nuestro hogar? —inquirió Miranda mirando a David.

—Por supuesto.

Los tres recogieron sus abrigos que habían dejado en la entrada y después fueron al carruaje.

La mente de Fanny volaba sin límite pensando en lo que había ocurrido esa noche.

Su cabeza no solo era fantasiosa, sino también muy creativa para inventar razones y problemas.

Mañana al despertar tendría al menos cinco opciones por las cuales Clifford había huido.

Necesitaba saber qué pasaba por sus pensamientos.

Quería hallarlo otra vez, pero no sabía por dónde empezar su búsqueda.

Como toda Fane, ella no esperaría su destino, iría tras él.

Esperaba que ese caballero supiera esconderse muy bien, porque Yorkshire no era tan grande.

Al llegar a la casa de su tía, Fanny se despidió del barón y entró; sin embargo, con la puerta entreabierta se puso a espiarlos.

—Espero que lo considere —dijo el barón Zouche—, es conveniente para usted y para mí.

—Lo pensaré. Regrese en unos días por mi respuesta —pronunció la tía de Fanny.

El barón Zouche se acercó a Miranda y le dejó un beso en la frente y una caricia en la mejilla.

Escondida, Fanny suspiró al ver aquello. Estaba segura de que su tía se casaría ese mismo año.