Capítulo 11
Dieron su último saludo antes de salir del centro del salón. Clifford no quería abandonar la mano de Fanny, después de tres bailes, ambos estaban exhaustos, pero con mucho interés en seguir juntos.
—Ahora tiene la obligación de leer mi mano —advirtió Fanny que tenía una memoria privilegiada para lo que le interesaba.
—Lo haré después de beber algo. ¿Le apetece una bebida?
—Una limonada, soy una persona juiciosa, desobediente, pero juiciosa.
—Ciertamente, no salir era un requisito de su familia, pero la desobediencia no siempre puede ser tan mala. Iré a por unas bebidas.
Clifford la dejó en aquel lugar desde el cual habían partido. Ella lo esperaba ansiosa.
—¡Fanny! ¡Casi me matas de un susto! ¿No te conformas con avergonzarme? Ahora también quieres matarme... —pronunció su tía Miranda.
—Estaba bailando, tía. Iba a pedirle permiso, pero usted se perdió con el barón.
—No me hables de él. Se ha atrevido a insultarme.
—¿Cómo? No creo que él la insultara, al menos no por voluntad propia, me parece un caballero íntegro.
—Íntegros son nuestros guantes de cabritilla.
—¿Qué le ha dicho para que esté tan enfadada?
—Me ha escandalizado pidiéndome otro beso. Cuando un caballero te lleva al jardín es para robarte un beso.
—¿Y qué le dijo usted?
—Me he negado, es lo único que una dama que se respete puede hacer.
—Entonces no ha logrado su cometido de besarla, porque él la respeta —dijo Fanny, pero su tía agachó la cabeza y miró hacia sus manos—. ¡Volvió a besarlo, tía!
—¡Baja la voz! —espetó intentando que no escucharan las demás personas—. Le debía el favor de pagar los vestidos y traernos aquí...
La joven achicó los ojos con desconfianza. Al parecer su tía tenía cierta debilidad por besar al barón Zouche sin compromiso alguno.
—¿Y dónde está él? Sabe que tendrá que verlo otra vez, ¿no es así?
—Lo sé, lo sé. —Miranda suspiró—. Fue a la mesa del tentempié, como todo sinvergüenza me ha dicho que le di sed.
Ambas se sonrojaron en ese momento en que Miranda se lo contó.
—¿Por qué no se casa con él? —indagó Fanny—. Son dos veces que lo besa.
—Fanny, no puedo casarme con alguien que no me lo ha pedido. Además, él es un sinvergüenza, libertino, mujeriego y otras cosas más que identifican a hombres de su calaña.
—Tía, es una mujer adulta, soltera y sin nada que perder, ¿por qué usted no le pide matrimonio?
Tendría más ventajas que desventajas. Digamos que el barón Zouche es todo lo que usted dice y que le pondrá una buena cornamenta, pero también le dará un estatus y dinero.
¿Prefiere pasar toda su vida sola en esa casa tan pequeña haciendo trabajos para sobrevivir?
Sabe que, si su hermano o su sobrino se levantan con un pensamiento de recortar algo innecesario, será usted la primera —aseguró Fanny—.
¡Oh! Por Dios, hablo como mi hermano. Es que siempre dice que ser soltera es algo malo.
Si tiene la oportunidad de cambiar su vida, debe hacerlo.
Miranda sabía que Fanny tenía razón, pero ella no quería ceder ante el sinvergüenza del barón Zouche por más que este le encantara.
—No es tan fácil, Fanny, y no es solo por enfrentarse a una negativa, mi corazón es importante.
—¿Su corazón está ocupado, tía?
—No, pero...
—Le recomiendo dejar de ser orgullosa y pensar. El orgullo no la hace merecedora de un buen futuro. Debería ser amable con milord que siempre está pendiente de usted. Imagine que pierde a ese caballero, solo falta una dama que le sonría.
—¡Ja! Mejor perderlo que encontrarlo. La dama no sabe la joya que se llevará...
Mientras que Fanny intentaba penetrar en la dura coraza de su tía, Clifford se encontraba bebiendo una copa de whisky a la par que esperaba que los lacayos repusieran las limonadas.
—¿Cómo te ha ido con milady? He visto que bailaban —comentó David que interrumpió a Clifford.
—De maravilla. Hiciste un excelente trabajo al hacer desaparecer a su tía.
—La llevé al jardín para que se divirtiera.
—Me carcome la curiosidad de saber cómo se ha divertido a tu lado.
—Milady es tan apasionada que no soporto un día más. Quiero que se case conmigo o, mejor dicho, necesito que lo haga, solo que es una mujer muy quisquillosa, impulsiva y temerosa. No confía en mí.
—Es una lástima que no lo haga, eres una excelente persona, al menos como amigo, pero no dudo que lo seas también con una dama. Es hora de la propuesta de matrimonio.
—Es probable que ya sea hora. ¿Y si hacemos una boda doble de tía y sobrina? No estaría mal.
—David, ella no pertenece aquí. Es una mujer de la ciudad, inteligente y muy bella. ¿La imaginas encerrada en mi casa?
—No la imagino encerrada, más bien te imagino con ella asistiendo a todos los lugares a los que le apetezcan, saliendo de tu prisión para ver la luz.
—Siempre veo la luz, lo que me incomoda es que me vean. No sé si después de esta noche la volveré a ver.
—Entonces aprovecha, no dejes que se vaya sin que uses un poco de tu encanto. Sabes que su tiempo aquí es limitado.
—No quiero encariñarme con ella, lo mejor es que me vaya y...
—¿Y dejar que piense mal de ti? ¿Con que crea que eres un vampiro no te parece suficiente?
—Es divertido como piensa. Me agrada, me quedaré por esta noche, pero mi objetivo será no volver a verla.
—Eso es más fácil de cumplir. Imagino que tiene una buena impresión de ti, se veía contenta y muy cómoda.
Lo mejor por hoy es seguir disfrutando de la compañía mutua.
Iré a limpiar tu camino, todavía no he terminado con la tía de la joven, ha llegado nuestro momento de bailar. Disfruta la noche como se debe.
Clifford vio que David se perdía entre los invitados, dejándolo pensativo sobre lo que debía hacer. Él tenía un gran conflicto, entre ceder a sus deseos y necesidades, o cuidarse de las palabras de rechazo que pudieran escapar de Fanny.
David se acercó a las damas que se encontraban conversando y sonrió.
—Ha llegado nuestro turno para bailar, lady Miranda, queremos ser tan felices como su sobrina mientras bailaba, ¿no es así? Déjeme preguntarle con quién se estuvo divirtiendo —musitó David con curiosidad.
—Se llama Clifford, es un caballero muy agradable —contó sonriente.
—Bailaste con él más de tres veces, Fanny, eso no debes hacerlo —expresó su tía.
—No reprenda a su sobrina, es solo diversión...
—Diversión que solo los sinvergüenzas como usted pueden ver como normal —reprendió Miranda.
—Es un baile de máscaras, no hay razones para escandalizarse, ¿o sí? —intervino Fanny ante el fuego cruzado entre su tía y del barón.
—Tú más que nadie deberías cuidarte. Ahora yo me quedaré contigo y no dejaré que bailes más de lo debido con nadie.
Fanny no quería que su tía se quedara con ella. Deseaba que Clifford regresara.
—¿Ha traído un bello vestido para que nadie la aprecie bailando, tía? —insinuó Fanny para persuadirla—. Milord tiene la mejor de las intenciones para usted, porque quiere que se divierta, ¿qué hay de malo con divertirse?
—Su sobrina tiene razón, milady, deje de lado sus prejuicios y amargura. Es la noche para ser felices y olvidar todo. Mañana quizá se enemiste aún más conmigo, o quizá, si soy afortunado, usted me recordará con afecto.
—¿Recordarlo con afecto? Ni que fuera usted mi fallecido caballo, milord.
—Por favor, tía, vaya a bailar, yo prometo no hacer tonterías que me involucren en una situación indeseable. Créame, tengo experiencia en distinguir situaciones que no me favorecen.
—Te estaré observando, Fanny... —advirtió su tía antes de ceder y terminar en una aceptación de la invitación del barón Zouche para un baile.
Ella le hizo un gesto con las cejas al barón, mientras que se iban al centro del salón. Los dos habían conseguido doblegar a Miranda, aunque eso no era tan difícil, puesto que, en el fondo, la dama estaba muy entusiasmada con el hombre al que rechazaba.
La joven siguió esperando a Clifford que estaba tardando demasiado solo para ir a buscar una bebida refrescante para ella, pero de repente lo vio aparecer entre todas las personas.
—Pensé que no lo volvería a ver, Clifford —declaró Fanny con un poco de reclamo en sus palabras.
—Lamento que se acabara la limonada y que tuvieran que reponerla, solo estuve esperando un par de minutos —replicó extendiendo la copa de limonada hacia ella.
—¿No le parece que aquí hace calor?
—Tome su limonada, eso le ayudará.
—Qué respuesta más básica para un caballero de su inteligencia, le estaba dando una sugerencia para acercarnos a una ventana o ir al jardín...
El conde sonrió ante el atrevimiento de la joven.
—No quería proponerle cosas que le hicieran pensar mal de mí, Fanny.
Cada vez que él pronunciaba su nombre, ella sentía un escalofrío que le recorría desde la parte inferior de la espalda.
Su tía le había dado la mejor idea para estar a solas y en paz junto al caballero que estaba ahí a su lado.
De cualquier manera, conseguiría llevarlo al jardín y que ahí, Clifford se comportara con indecencia y le pidiera un beso.
Ni su tía y menos su hermano debían saberlo.
Sabía que era peligroso y que se estaba limpiando las orejas con los consejos de la señorita Harting para no ir al jardín, pero ¿cómo luchaba contra lo que ese hombre le hacía sentir?
—¿Y qué piensa de mí en este momento? —interpeló Fanny.
—Que está desorientada y no mide los peligros para usted al estar con un caballero a solas.
—Pero usted es un caballero completo, ¿no es así? No se atrevería a nada malvado contra mí. Pienso dos cosas sobre usted: que quiere cuidarme o que solo se está haciendo el tonto para no leer mi destino.
—Le leeré su destino. Si vamos al jardín, primero iré yo y después me seguirá usted.
—Estamos en un baile de máscaras... ¡Máscaras! Usted trae una y yo también. No nos reconocerán, a mí no, ya que soy nueva aquí, al menos a esta edad.
—Tiene razón, pero de todas maneras iré yo primero.
Comenzó su camino para salir del salón. Cuando se fijaba detrás de él, la veía siguiéndolo con una mirada pícara. Ella no dejaba de sorprenderle. Lo único que Clifford esperaba era no enloquecer y arrojarse a sus labios para devorarla. Si lo hacía, estaría arruinado.
Había conseguido su objetivo, Fanny estaba poniendo a prueba todas sus habilidades maquiavélicas que venían de parte de la familia Fane.
Debía admitir que, a medida que crecían, sus mentes también lo hacían, pero para la maldad, pues todas ellas eran inteligentes para las lecciones de la señorita Harting, todas eran sobresalientes, incluso Eugenia.
De algo le debía servir el atrevimiento.
Durante años soportó las burlas por su altura y por la falta de su sangrado.
En este instante de su vida, todo se había resuelto y sus complejos fueron desapareciendo, aunque su altura siempre la mantenía un tanto insegura; sin embargo, al conocer a Clifford supo que podía congeniar con alguien y que este alguien cumpliera con sus expectativas: un candidato a esposo como ella necesitaba.
Cuando llegaron a un lugar cerca de un banco, los dos se detuvieron. La noche estaba fría y no soportarían mucho tiempo bajo el rocío de la noche. De sus bocas escapaba el vapor que parecía humo.
—¿Me leerá la mano? —preguntó Fanny que dejó su copa sobre el banco y se quitó el guante que llevaba puesto en su mano derecha.
Al ver esa mano desnuda, Clifford tragó saliva. Ella no le tenía miedo a nada, era valiente y arriesgada. Eso no era algo que halagar en una dama, según había dicho su preceptor, pero él estaba impresionado con ella, deslumbrado en todos los aspectos.
Él extendió su mano izquierda para que ella colocara ahí su mano abierta. De la misma manera que ella, Clifford dejó a un lado su copa de whisky.
—¿Qué quiere que le diga de su futuro? —curioseó Clifford colocando su dedo índice del lado derecho sobre la mano desnuda de la joven.
—¿Puede ver algo con su mano enguantada? ¿Eso no interfiere con sus visiones? —indagó socarrona.
Clifford suspiró y le concedió poder quitarse el guante. Menos mal que era el lado de su cuerpo que estaba intacto, cualquier cosa del lado derecho podría enseñarle.
Al colocar su dedo en el centro de la mano de ella, los dos se sostuvieron la mirada, lo que hacían era tan íntimo y prohibido que les resultaba fascinante.