Capítulo 10
Esa voz era tan gruesa y agradable, que ella había quedado impresionada. Nunca había oído una voz así. Sus ojos se dirigieron al portador de ese sonido. Para su sorpresa, ella tenía que alzar la mirada para mirar hacia el rostro del caballero.
Comenzó a estudiarlo con minuciosidad. Además de ser alto, sus facciones eran atractivas. Su mandíbula era cuadrada, su nariz larga y fina y sus ojos eran brillantes, quizá grises o azules y su cabello negro.
Clifford comenzó a sentirse un poco incómodo al ser escrutado sin al menos disimularlo. Ella parecía devorarlo con la mirada o tal vez buscaba las imperfecciones que tenía.
—Buenas noches —respondió Fanny después de un largo silencio.
—Lamento importunarla con mi petición. Es probable que tenga comprometido su primer baile.
—¡No! —respondió exaltada y sonriente. Esa voz la cautivaba de una manera extraña. Era como si estuviera hipnotizada—. Acabo de llegar, es el primero que me ha solicitado un baile.
—Entonces puede bailar conmigo. Me presentaré, mi nombre es Clifford.
—¿No tiene un título?
—Se supone que para algo son las máscaras, para proteger el misterio.
—¡Ajá! No lo había visto desde esa perspectiva, entonces por esta noche puede llamarme Fanny o si le resulta incómodo, milady.
Estoy aprendiendo muchas cosas en Yorkshire, aunque nací aquí.
Es mi primera vez en un baile de máscaras.
Si usted no me dice cuál es la esencia de esto, hubiera cometido el error de preguntar nombres a todos.
—La he salvado de parecer inadaptada. Yo vivo en Yorkshire desde hace tres años, nací en Devonshire, aunque le confieso que sí tengo un título nobiliario.
—Es bueno saberlo. Soy la hermana de un conde, cuñada de otro conde y un duque y tengo muchas hermanas.
Clifford sonrió al escuchar hablar a la joven. Su voz era melódica y celestial. No solo su belleza lo atraía, sino también todo el conjunto de lo que ella era. No tenía miedo de decir algo y sobre todo, le sonreía.
—Yo solo tengo sirvientes. No hay mucho más que decir de mí.
—Es corto de cotilleo, Clifford.
—Nunca nadie me ha llamado corto de cotilleo. —Rio al decirlo.
—Siempre hay una primera vez para todo. También tengo una curiosidad, ¿tiene mucho frío?
—No tengo frío, ¿por qué lo pregunta?
—Porque tiene su capa puesta.
Él observó sobre sus hombros y no vio nada de malo al tener su capa puesta.
—Es parte del misterioso atuendo que llevo.
—Es un tanto excéntrico, y eso me hace pensar que usted en verdad disfruta de los bailes de máscaras, se lo toma en serio.
—Es el encanto del desconocimiento. Convivir con extraños de vez en cuando es más satisfactorio que estar con personas que no logran apreciar nuestra presencia.
Excéntrico, filosófico y misterioso, eran las palabras que describían a Clifford, el caballero que le había pedido bailar juntos.
Le resultaba tan extravagante que todo en él era atractivo.
Desde su altura y sus modales hasta sus pensamientos concordaban con lo que su mente le decía que era ideal para ella.
Fanny estaba siendo deslumbrada por un hombre encantador del cual no sabría demasiado de nombre o reputación, pero sí de pensamientos.
—¿Nos iremos a bailar ahora? —inquirió presurosa. Fanny necesitaba conocerlo más.
—Cuando la pieza termine nosotros bailaremos, Fanny —dijo Clifford con serenidad.
Pese a estar completamente desarmado por la curiosidad e inocencia de Fanny, él trataba de mantenerse y no convertirse en su vasallo eterno.
Había conocido mujeres hermosas y, debía admitirlo, disfrutó de alguna de ellas en encuentros furtivos en los que siempre conservaba sus prendas.
Si el fuego no se había llevado algo, era su pasión, aunque con algunas condiciones.
El corazón de Fanny estaba a punto de salir por su boca. La voz de Clifford era encantadora e irresistible. Todavía no había conocido a ningún otro hombre, pero su mente le indicaba que no faltaba otro hasta ese instante.
—¿Qué cosas le gusta hacer, Clifford? —interpeló llena de curiosidad, mientras esperaban que la pieza terminara.
—Me gusta cabalgar —contestó sonriente.
—Le cuento que soy una amazona experimentada.
—Es bueno saberlo.
—¿Le interesa saberlo para invitarme a cabalgar algún día antes de que regrese a Londres?
—¿No se quedará aquí?
—No puedo quedarme mucho tiempo. Solo estaré un par de semanas. Debo buscar un buen esposo, aunque si aquí en Yorkshire algún caballero me agrada para el matrimonio, conversaré con mi hermano para permanecer en este lugar —insinuó sonrojándose.
—¿Y cómo usted imagina al caballero ideal? Me da cierta curiosidad —alegó Clifford que deseaba conseguir más información sobre ella.
—Alto, cabello oscuro, voz gruesa... Disculpe, ¿de qué color son sus ojos? —investigó después de hacer una corta pausa. Esperaba que él entendiera lo que ella decía.
—Son grises... —Clifford sentía que su cara comenzaba a arder por culpa de la vergüenza que sentía al responder la pregunta de la joven.
—Y de ojos grises. ¿Sabe lo difícil que es conseguir el primer requisito? Mi altura es un problema.
—Usted no tiene ningún problema. Estoy seguro de que debajo de ese antifaz existe una dama cuya belleza es capaz de destruir cualquier prejuicio y más por algo tan triste como unos centímetros más o menos.
—Usted lo dice porque es alto. Es capaz de encontrarme mirando cabezas en un salón, pero en mi caso yo encontraría al caballero, así que habla desde su privilegio. Ser demasiado alta no es algo bueno ni elegante. Comprar un vestido significa que debe alargarse el dobladillo.
—Es algo mínimo que debe hacer para acrecentar su belleza y su decencia. Usted se ha acostumbrado a que la miren distinto, pues si realmente le dolieran los comentarios hirientes creería que jamás encontraría a un caballero, sus inseguridades serían mayores.
—Tal vez tenga razón. Confío en que podré ir bien casada. Cuento con todo lo necesario para hacerlo, aunque no con la obediencia...
—¿Por qué?
—Es un secreto, pero usted no se lo contará a nadie, ¿no es así?
—No, soy alguien solitario.
—Me alegra saber que es tan silencioso como un cementerio. Pues incumplí con un designio de mi hermano. Él dijo que no saliera a ningún baile, pero aquí me tiene, aunque podría defenderme diciendo que no incumplí con el mandato de no beber, ¿qué cree usted?
—Creo que, si hubiera sido obediente, jamás hubiéramos conversado.
Era cierto. Si ella no desobedecía a su hermano, no estaría pensando que ese caballero era el primero en su lista de solteros deseables.
—No he conocido a nadie con más razón que usted, Clifford. Me agrada demasiado —confesó Fanny con atrevimiento. Tenía a una Eugenia desatada en su cuerpo.
—Con solo verla supe que usted era especial, por algo me tiene aquí esperando bailar. Si me permite, quisiera ser su acompañante toda la noche.
—Estaré encantada de serlo, solo necesito el permiso de mi tía... —Fanny comenzó a buscar a Miranda por todas partes, pero ella había desaparecido en compañía del barón Zouche—. Creo que está un poco distraída en este momento.
—No se preocupe, estaremos aquí a la vista de todos, prometo no morderla...
Que la mordiera no sonaba tan mal porque él le agradaba tanto, que la quebrantaba con ciertas sensaciones y pensamientos intrusivos.
Quería estar cerca y si podía tocar un poco a Clifford se daría por servida.
Ella creía que sería una experiencia fascinante, aunque no sabía a quién le contaría al regresar a su casa.
Si su hermano sabía que había estado muy cerca de un caballero, quizá se muriera y más si no sabía quién era el hombre.
Sería bueno que la obligaran a casarse con él como habían obligado a Meredith.
Cuando la pieza terminó, los dos se disponían a ir hasta donde estaban los danzantes, pero Clifford colocó su mano para que ella la cogiera y pudieran ir juntos.
Sin dudar, Fanny colocó su mano sobre la de Clifford y aquel fue el empujón que necesitaba para perderse en la presencia de él.
Mientras caminaban, ninguno de ellos desviaba la mirada del otro. Estaban compenetrados en su totalidad, haciendo que todo lo que los rodeaba fuera algo inservible y sin sentido. Solo ellos importaban.
La conexión que Clifford sentía con Fanny era única.
Desde que la vio llegar a su casa, supo que ella no sería como cualquier otra mujer.
Todo alrededor de su espíritu le indicaba que sería algo distinto.
Lo que él percibía en Fanny iba mucho más allá de cualquier simple atracción, comenzaba a formarse dentro de su mente un verdadero interés.
Ambos hicieron sus reverencias y comenzaron a mover sus cuerpos al compás de los acordes de la orquesta.
Se miraban, se estudiaban y se compenetraban sin entender lo que significaba.
Tal vez, para Fanny, había sido un flechazo inmediato.
Cupido se encontraba trabajando arduamente para que eso que ellos creían que era algo especial se convirtiera en una peligrosa atracción, puesto que ambos eran de mundos distintos.
Para Clifford era limitante su percepción de sí mismo.
En cambio, en Fanny, él notaba la seguridad al hablar, al moverse y al ser sincera, incluso sobre su propia ignorancia.
Esa joven era mucho para una persona que se había aislado por voluntad propia.
Era demasiado temprano para creerse enamorado a muerte, porque podría terminar muy decepcionado.
No podía casarse con alguien como Fanny, era muy valiosa para alguien como él.
¿Cómo se sentiría que ella nunca pudiera salir del brazo de su esposo a algún lugar, siendo ella una persona extrovertida, dinámica y divertida?
Sería iluso al creer que sacrificaría su libertad por estar con un hombre que se encerraba en un lugar lúgubre, triste y lleno de soledad.
Sería como enjaular a alguien que había nacido para ser libre.
Le agradaba tanto, que era incapaz de cortar sus alas para volar.
Fanny era demasiado perfecta para alguien como él, que no dejaría su oscuridad.
Ella tampoco le pediría que se quedara. ¿Qué tan cruel podía ser enamorarse y saber que debía dejarla ir?
Estaba en el camino a construir una gran herida, pues no se creía capaz de mostrarle sus defectos.
Deseaba ser un hombre normal, pero eso no estaba permitido para él.
—¿En qué piensa? Se ha quedado callado, cualquiera pensaría que le he comido la lengua —dijo Fanny al notar distraído a su pareja de baile.
—Solo estaba soñando despierto. Me agradan los bailes de máscaras, los disfruto mucho. Además, su compañía es tan grata que hace que me sienta en el cielo —replicó condescendiente.
Ella no dejaba de sonreír ante lo que él le decía. Clifford era excepcional.
—Usted sabe cómo agradar a las damas. ¿Después de bailar qué haremos?
—Lo que a usted le complazca más. Si manda, yo me limitaré a obedecer, porque escoja lo que escoja, sé que resultará fascinante para mí.
—Me recuerda a algunas frases de mi hermano que dice: desconfía de quien busca complacerte, pues puede que quiera algo de ti siendo un libertino.
—Me encantaría ser un libertino para ser tan atrevido, pero solo busco gratificación inmediata con alguien que busca lo mismo. Bailar es gratificante a su lado, al igual que cualquier otra actividad que pueda involucrarla.
—Mi cuñado, lord Earl, era un libertino antes de casarse con mi hermana. Mi otro cuñado era un ermitaño, diría que era un ogro ermitaño, pero sigue siendo un ogro. Me encantaría saber cómo será mi esposo.
—Mmm... Podríamos jugar a que le leo la mano. Algunos de mis criados me han enseñado a leer las líneas. Dicen que nuestra vida está escrita en nuestra mano derecha.
—¿Usted cree en esas cosas?
—Lo creeré si alguna vez compruebo que mi lectura tuvo razón si usted se casa.
—Entonces debería estar presente para comprobarlo...
Clifford le sonrió a la joven que, para su apreciación, le estaba coqueteando, no de manera descarada, pero sí con un poco de sutileza.
Nunca se había divertido tanto en la vida.
El misterioso caballero llamado Clifford tenía sus conclusiones lógicas y algunas un tanto hilarantes.
Lo percibía equilibrado entre la seriedad y el humor, aunque lo que más resaltaba en él eran sus frases cortas que no profundizaban demasiado en su vida, sino que más bien se prestaban a un entorno general.
Si Fanny no fuera tan habilidosa con su mente, no hubiera entendido ni siquiera la mitad de los dichos que Clifford pronunció.
Al acabar la primera pieza bailaron otras dos, una más sobre lo recomendable para una misma pareja. Pasando ese límite, se consideraba que ambos estaban muy interesados el uno en el otro, algo que no estaba lejos de ser verdad.