Familia Fane Capítulo 9
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Capítulo 9

Buscando su defensa y que la lástima del barón hiciera lo suyo para conmoverse y que se atreviera a salvar a Miranda, Fanny hablaba de las peripecias que debía pasar.

Cuando llegaron al pueblo, David las llevó a la mejor tienda, pues él quería pagar todo. No dejaría que Miranda o su sobrina tuvieran que hacerlo.

—He traído monedas, milord, pero me parece indecente que nos traiga al lugar más caro —reprochó Miranda, orgullosa.

—Tía, no se preocupe, yo tengo dinero para lo que necesitemos. Compraremos vestidos...

—¿No estarás pensando en comprar mi perdón, Fanny?

—Tal vez, pero no es del todo cierto. Quiero que se vea muy bonita ese día, ¿no le parece que es lógico?

—¿No te parece lógico que no me reconocerán?

—Disculpen que me entrometa en el asunto, pero dudo que cualquiera de vosotras pase desapercibida por los demás, son muy altas —opinó el barón.

—Lo único que sé es que se nos verán los tobillos... —dijo Miranda.

Las dos comenzaron a reír, pues era cierto eso de que siempre se les veían los tobillos y más cuando eran vestidos comprados sin las medidas concretas.

—Ninguna de ustedes pagará nada, yo las he traído y no dejaré que me contradigan.

—Y después querrá cobrarnos, sinvergüenza —espetó Miranda.

—Si usted quiere pagarme, puede hacerlo con un par de invitaciones a caminar o cabalgar juntos. No estoy ajeno a los pagos en especie.

—Estoy de acuerdo con milord, tía. Le haría bien no tener una deuda en la conciencia.

—Ya que estoy condenada a pagar por algo, escogeré lo que quiera —habló la tía de Fanny que abrió la puerta de la tienda y entró.

Fanny y David quedaron solos frente al lugar.

—Seré breve, milord. ¿Está enamorado de mi tía? Si es así, estaría encantada de colaborar con que ella se casara si es que pretende eso.

A David la sorpresa lo había dejado atónito. Esa niña no andaba con rodeos.

—Absolutamente, milady, pero su tía me desprecia y todos mis esfuerzos se ven socavados por su propio prejuicio. Prefiere seguir soltera pasando penurias que tenerme en cuenta como un candidato.

—Ni siquiera debería hacerle caso. Mi sugerencia es que la invite a un lugar y después la rapte y la obligue a casarse con usted. Ella no se da cuenta de que es feliz cuando lo ve. Sus ojos cambian y se arregla mucho más.

—Me encantaría seguir sus indicaciones, milady, pero no soy un sinvergüenza. Es cierto que cambié un caballo por un beso, pero tal vez fue por un mal consejo de alguien bien intencionado. En mi esencia soy una buena persona.

—Lo sé, puedo notarlo. Usted no se queda atrás en cuanto a mostrar síntomas de alegría al verla.

No diré mucho, pero he visto que tomó la mano de mi tía y ella no la retiró.

Los gestos hablan más que mil palabras. Ya he visto el amor y es algo que busco, por eso reconozco sus formas en cuanto las veo.

Espero ser de utilidad para que ustedes se unan.

No quisiera que ella siguiera pasando necesidades.

—Usted es una persona madura y preocupada para ser tan joven. Dios permita que consiga a un caballero que la merezca, porque le aseguro que usted encajaría a la perfección con alguien que fuera de buen corazón.

—No sé si me llevaré bien con alguien honesto. Ya sabe lo que hice, no puedo hablar de honestidad y menos juzgar a los demás.

—Sé lo que la ha motivado a tomar lo que no le corresponde, su excelente apreciación del arte ha actuado sin pedirle permiso, pero no se preocupe, todo se solucionará. Vaya con su tía, milady, o ella escogerá algo por usted.

La joven asintió y caminó dentro de la pequeña tienda.

Las telas no eran tan bonitas como en Londres, pero Fanny no estaba ahí para juzgar.

Sabía que tenía más cosas de las que debería por el excelente pasar económico de su familia.

Spencer cada vez se hacía más rico y eso le permitía darle mucho a todas.

Además, sus hermanas que estaban casadas eran demasiado generosas.

—¿Qué hablas tanto con el rufián? —indagó su tía que se acercó a ella.

—Le hablaba de cuándo devolveré el cuadernillo. Será después del baile de máscaras.

—Espero que milord no esté presente, buscándote para reclamar lo que le falta.

—¿Son muchas las probabilidades de que él asista?

—Es un hecho. Dicen que le gustan los bailes de máscaras. Podrás cruzarte con él sin saber que lo hiciste. Espero que sea compasivo contigo —musitó Miranda—. ¿Qué te parece este vestido? —Ella señaló a uno que estaba colgado.

—Hermoso, pero tendrá que agregarle tela. Los míos ya vienen con el arreglo porque mi hermana Kitty es muy quisquillosa para las cosas de sus hermanas. Para la modista de Londres, es una odisea vestirnos a todas gracias a una duquesa. Debe ser hermoso tener tanto poder...

—Es uno de los beneficios de ser una mujer casada. ¿Escogerás algún vestido?

—No, tengo los míos que están muy bonitos.

—Entonces aprovecharé para gastar mucho y que el barón Zouche comience a desesperarse. Aprenderá una lección por ser grosero conmigo.

—Tía, es una pilla. Creo que él no necesita que le haga eso para espantarlo, no hay forma de que lo haga. Apuesto lo que sea a que terminará más que casada con milord. Hacen una pareja preciosa.

—¿Quieres que lo mate a los dos días de estar cerca de él? No lo tolero, es un libertino, cascarrabias y, sobre todo, viejo. ¿Qué puedo querer yo con alguien así? —Miranda se alejó de su sobrina para seguir mirando otras prendas.

A Fanny le daban risa las excusas absurdas de su tía.

Ella no estaba dispuesta a ceder con facilidad, pero lo que ignoraba era que el barón tenía sus propias tácticas para conquistarla.

Le encantaba la pareja que ellos formaban y le gustaría vivir un enamoramiento tan grande como ese.

Quería un caballero que la adorara tanto como el barón y estuviera dispuesto a lo que fuera por amor.

Al momento de pagar la cuenta, el barón Zouche ni siquiera se había despeinado. La tía Miranda esperaba verlo trepando por las paredes de la tienda, pero nada de eso ocurrió. Los tres habían salido de ahí con las manos llenas.

Para Fanny lo único que importaba era tener el antifaz, no le importaba más que eso.

Quería asistir a ese baile y conocer cómo era.

Suponía de primera mano que no conocería a nadie, aunque su tía le había metido el miedo de que el dueño del cuadernillo pudiera encontrarla esa noche.

¿Cómo sabría quién era el conde? ¡Era una pregunta absurda!

Por supuesto que sería el que estuviera en el lugar más oscuro del salón, acechando a las damas.

***

En la noche del baile de máscaras, quien llevaría a Fanny a su tía era el mismo barón Zouche. Él sí que sabía prestar un servicio completo para ella, solo faltaba el paso más importante: que vivieran juntos.

—¿Piensa que me reconocerán, tía? —indagó Fanny, que por primera vez en su vida se había puesto algo que cubriera parte de su rostro y eso le daba cierta emoción. Todo le parecía novedoso y ella sabía que cuando eso ocurría, se perdía en las sensaciones que podría tener.

—La verdad nadie te reconocerá, aunque por tu altura sospecharán que eres mi sobrina.

—¿Alguna vez ha bailado con caballeros de menor estatura?

—Sí, ¿por qué crees que sigo soltera? Los hombres no quieren que las mujeres los aventajen ni siquiera en la altura, es una humillación para ellos.

Pueden hacerte caminar varios pasos detrás de ellos para que no se note la diferencia.

Para alguien como nosotras, es difícil contraer matrimonio.

Mary tuvo suerte de encontrar a lord Nottingham.

Era un hombre viejo, pero de una considerable altura. Lo recuerdo bastante bien.

—Sí, lo sé. Siempre he vivido acomplejada por mi altura, pero he pensado que la persona ideal para mí debe ser más alta que yo.

Mi esposo no puede ser corto de estatura porque ya he contemplado que tendremos muchas peleas o malos ratos por esa razón.

Ya en mi casa, me ponían hasta atrás en la fila para el carruaje.

—Son cosas que pasan, Fanny. Ahora, ¿crees que podré huir del barón? —preguntó colocándose su antifaz que tenía una pluma blanca.

—Mmm... Lo dudo mucho, ninguna de nosotras puede pasar desapercibida y, además, él nos llevará, la verá y no tiene sentido que intente lo inevitable. Estarán condenados a pasar toda la noche juntos.

Miranda suspiró y se resignó. Debía estar con él todo el tiempo no solo porque era insufrible, sino también para pagar por las compras y que las llevara a divertirse.

Una vez que el Barón se presentó para buscarlas, salieron muy emocionadas de la casa de Miranda, hasta pareciera que jamás habían tenido un malentendido por un cuadernillo robado.

—Me complace verlas tan bellas, elegantes y animadas, mis estimadas damas. ¿Cómo me ven? —curioseó burlón, esperaba que lo halagaran un poco.

—Se ve igual que siempre: arrogante e insufrible, milord —respondió Miranda.

—Creo que esa arrogancia que dice mi tía, lo hará bailar mucho esta noche.

No hay nada que atraiga más a una dama que la posibilidad de que un caballero sea inalcanzable —replicó Fanny con ánimos de hacerle saber a su tía que su estimado barón podría ser demasiado atractivo para otras.

Ella debería sopesar que, si bien lo mantenía interesado, otra dama que visitara a algún pariente por ahí podría conquistarlo si no lo tomaba en cuenta.

Sería triste que eso en realidad ocurriera.

Partieron rumbo al baile público de máscaras.

El entusiasmo corría por las venas de Fanny al ver que una casa estaba muy iluminada para recibir a los invitados.

Los carruajes, carretas, pescantes y caballos no hallaban un buen lugar para quedarse.

Al parecer, ella no era la única que tenía grandes expectativas.

Dentro de la residencia y en el lugar más oscuro de la casa, se encontraba Clifford, observando a todos los asistentes.

Ya no podía contener sus ansias de ver a lady Fanny Fane.

Confiaba en que podría reconocerla. Cuando distinguió a su amigo, el barón Zouche, supo que ella había llegado.

Al verla entrar, se sintió complacido. Por más que tuviera un antifaz cubriendo la parte más hermosa de su cara, él la imaginaba completa.

Él tenía algo más grande que un antifaz que cubriera sus ojos, este cubría hasta cierto punto un lado de su mejilla para ocultar cualquier marca o imperfección.

Era el mismo que usaba siempre. La gente ya lo conocía porque creían que era excéntrico.

De hecho, muchos caballeros comenzaron a imitar lo que usaba.

Cuando eso ocurría, su corazón parecía apaciguarse y se sentía como un joven normal de veintiocho años.

Clifford esperaría a que David cumpliera con las instrucciones.

El plan no era solo invitarla y llevarla hasta ahí, iba más allá.

Su amigo debía dejarla servida para él, muy cerca de donde se encontraba para poder abordarla con tranquilidad.

En esta ocasión era distinto a todos los otros momentos en los que había bailado.

Ella era la mujer que había logrado cautivarlo, entrar a su casa y gritarle que era un vampiro, eso era excepcional.

Mientras que David se disponía a cumplir las órdenes de Clifford, lo buscaba para asegurarse del lugar exacto en el que debía ejecutar el cometido. Una vez que lo vio, llevó a Fanny y a su tía hacia ahí.

—Nunca he visto tanta gente junta... —dijo Fanny un tanto sofocada por la cantidad de personas, aunque eso no le quitaba la emoción.

—Por eso las traigo hacia aquí. Hay menos personas y se respira mejor. Esto le servirá como un ejemplo de lo que encontrará en un salón de Londres... —habló David.

—Gracias por mostrarle a mi sobrina los trucos para el peligro, milord. Estamos junto a la puerta del jardín y en un lugar de poca iluminación...

—¿Piensa que quiero que le pase algo a su sobrina? La estoy cuidando para que no se desmaye. Milady, ¿podría concederme un poco de su tiempo en este momento? —preguntó David a Miranda—. Prometo no alejarnos de ella, estaremos a dos pasos.

—Tía, acompañe a milord. No me moveré de aquí, lo prometo.

—Te estaré observando, Fanny —declaró su tía que tomó el brazo que David le ofrecía.

La joven los vio irse y ella siguió observando todo a su alrededor, hasta que sus ojos captaron a un hombre alto que se colocó junto a ella.

—Disculpe, ¿podría solicitarle una pieza? —indagó el conde atreviéndose a abordarla.