Capítulo 3
Después de terminar el té, las dos mujeres comenzaron a pensar en qué lugar colocarían las prendas de Fanny, puesto que su tía no tenía mucho espacio en su pequeño armario, en el que solo estaban colgadas cinco prendas que ni siquiera estaban a la vanguardia de la moda londinense.
Miranda se había quedado atrás en el tiempo.
—Tienes muchos vestidos, Fanny, y todos son muy finos —comentó Miranda que tocaba las telas.
—Le dejaré muchas prendas, tía. Tengo tantas en casa, porque mis hermanos creen que me faltan muchas cosas. No sé cuál es la razón por la que gastan tanto.
—Gastan porque quieren que vayas bien casada.
Una buena prenda es importante, habla de tu posición y de la dote que tienes.
En el caso de tu madre y yo, no teníamos mucho dinero, pertenecíamos a la nobleza rural y nuestras dotes no eran tan grandes.
Mary deseaba una excelente posición económica, ya no quería ser una noble rural, ella quería ser una importante condesa en Londres, pero su elección con lord Nottingham no había sido la adecuada.
Su matrimonio fue tan breve, tan fugaz...
Cuando su tía recordaba a su gemela, sus ojos se nublaban por la tristeza.
—Era tan alta, joven y hermosa... El collar de zafiros que te envié era de ella y me pidió que te lo diera alguna vez.
El mío lo tiene Marcus, nunca me lo dará, pero al menos he cumplido con su última voluntad, porque ella no confiaba en el amor de lord Nottingham y tenía mucha razón en no fiarse.
Al poco tiempo se casó con otra joven de un condado vecino.
En Yorkshire ya todos lo conocían como un cazador de juventud.
Para Fanny era terrible conocer el otro lado de su adorado padre. Ante sus ojos él era maravilloso y las había amado a todas por igual, no importaba que fueran de diferentes esposas, se querían de la misma manera como si no hubiera barrera sanguínea que las separara.
—Mi padre no era tan malo. Él me dijo que quiso mucho a mi madre —contó Fanny.
Miranda no quería destrozar las ilusiones de la joven y no continuó diciendo nada. Ella tenía una opinión muy distinta.
—Tal vez pueda transformar mis vestidos para que queden como los tuyos —dijo para que hablaran de otra cosa.
En el fondo de su corazón, Fanny agradeció ese gesto de no hablar mal de su padre. Prefería escuchar cosas de su madre a la que no conoció y no ensuciar la imagen del hombre que la cuidó hasta su muerte.
—Lo dudo, tía. Las costuras de sus vestidos son distintas, necesitará telas nuevas.
—Son muy caras, querida. Creo que seguiré vistiendo igual. La moda en Londres ha cambiado mucho desde la última vez que estuve por ahí.
—Siempre cambia. ¿Con este frío no hay bayas silvestres para juntar?
—No, querida, pero podrías ayudarme recogiendo leña para el frío. En este lugar el clima es un poco cruel y no perdona nada. Ahora que dormiremos juntas, estaremos muy calentitas.
—Llevo mucho tiempo sin dormir al lado de alguien. Las cosas son tan distintas, todas crecimos.
—La vida es así. Mary y yo también dormíamos juntas, pero después nos separamos para mayor privacidad de cada una —recordó Miranda—. ¿Te apetece cenar una deliciosa sopa con un poco de cecina?
—Por supuesto que sí, mientras yo terminaré de arreglar y después saldré por los alrededores a buscar leña.
—No te preocupes que yo te mostraré el lugar del que suelo traer. Acarrearemos más siendo dos, eso significa que iremos menos veces. También te mostraré de dónde consigo el agua. Disculpa que te ponga a trabajar, sé que no estás acostumbrada a esto, pero no tengo nada para divertirte estando aquí.
—Yo vine a verla y a compartir. Es mi último año de soltería y no quisiera sentir que no estuve junto a usted, siendo que ha sido tan cariñosa y amable en todas sus cartas y me ha recibido las veces que vine aquí con mucha hospitalidad.
Lo menos que puedo hacer es ayudarla. Le juro que puedo hacer cualquier cosa, aunque tal vez cocinar no sea lo mío.
—Tengo unos frutos secos, te haré una deliciosa compota de frutas. Te fascinará tanto que solo tú querrás prepararla.
Al paso de los días, Fanny se había dado cuenta de que la vida de su tía era difícil, estaba sola, sin que nadie velara por ella. Durante ese tiempo que estaba en la casa, nadie había pasado por ahí, sin ella, Miranda estaría conversando con las gallinas, la vaca y un caballo que tenía.
—¿Cómo es que tiene un caballo, tía? —interpeló Fanny con curiosidad.
Miranda carraspeó su garganta antes de responder.
—Se han muerto los demás, es simple. Estaban viejos.
—Este se ve muy joven, lo he visto por los dientes. ¿Cómo pudo comprarlo?
—¡No creas que he hecho cosas indebidas para conseguirlo! No le he robado a nadie.
—No dije eso, tía Miranda. Los caballos son muy caros.
—Eres inteligente, Fanny. Te lo diré, acepté un presente del Barón Zouche y no tengo más que decir.
De nuevo Miranda se había sonrojado y esta vez el color era más fuerte.
—No eran amigos, usted lo dijo —le recordó Fanny que levantó una ceja en señal de confusión.
—No lo somos. Él es una criatura vil e indigna. Ese día me di cuenta de eso.
—¿Por qué, tía?
—Me ha dicho que me daría el caballo a cambio de un beso...
—¡Tía! —exclamó la joven, escandalizada, aunque curiosa—. ¿Y por qué tiene al caballo aquí?
—¿Y cómo crees que lo conseguí?
Con una mano abierta, Fanny comenzó a abanicarse. Había comprendido el asunto, su tía Miranda había besado al Barón Zouche.
—Buen día, lady Miranda —saludó la voz de un elegante hombre que se acercó hacia donde ellas se encontraban.
—¿Él es el Barón Zouche, tía? —interrogó la joven.
—No, Fanny, él es el señor Barnes. —Miranda caminó hacia el caballero—. Buen día, señor Barnes.
El hombre de unos sesenta años miraba con interés a la joven que estaba junto a lady Miranda Templeton.
—Disculpe que le pregunte, lady Miranda, pero ¿quién es la joven que la acompaña?
—Ella es mi sobrina, lady Fanny Fane, ha venido a visitarme.
El hombre hizo una reverencia para las dos damas.
—Sea bienvenida, milady, espero que le guste mucho Yorkshire —habló el señor Barnes.
—Amo Yorkshire, señor. He nacido aquí. Pienso quedarme hasta el inicio de la primavera.
—Qué excelente noticia, milady... —alegó el señor, sonriente.
El señor Barnes parecía ser alguien muy amable y servicial. Miraba con complacencia a Fanny y también a su tía Miranda.
—¿A qué debo su visita, señor Barnes? Por la época del año las hortalizas son escasas. Tengo muchos huevos si le apetecen.
—A milord le encantaría un poco de su compota si la vuelve a hacer en algún momento, pero ahora vine porque necesita varias costuras.
Estuvo paseando por el campo y su capa se ha roto.
—El señor Barnes sacó una bolsa de dinero de su levita y se la dio a Miranda—.
¿Cree que tendrá lista esa capa para mañana?
—Oh, por supuesto, señor Barnes. No se preocupe, para milord las cosas siempre son más apresuradas.
—Él se lo agradecerá mucho. Iré a por la capa...
Las dos mujeres vieron que el señor Barnes subía al lujoso carruaje y de él sacaba una capa gastada en color negro.
A Fanny le parecía absurdo que alguien que tenía un carruaje tan lujoso, conservara algo que podría ser la cama de algún animal y no la capa de un hombre de la nobleza.
Deseaba decir que era mejor tirarlo, pero eso podría ofender al criado y al mismo patrón si sus palabras llegaban a sus oídos.
Debía reprender sus impulsos de ser como Eugenia, eso no era bueno para ella.
—Esto quedará como si no hubiera pasado nada, lo prometo —dijo Miranda al tomar la carga que le dio el señor Barnes.
—Se lo diré a milord, milady. Me retiraré. Fue un placer conocer a su sobrina.
—El placer ha sido mío, señor Barnes. Envíele mis saludos a milord —lo despidió Fanny con amabilidad.
El señor asintió y regresó a su carruaje para partir.
—¿Quién es el patrón del señor Barnes, tía? —indagó la sobrina de la dama.
—Tengo entendido que es un conde —respondió Miranda abriendo la capa para mirar el tamaño de lo que debería coser.
—¿Conde de qué? ¿Es de su edad? ¿Cree que sea un candidato para que usted pueda contraer matrimonio?
—No, no, querida mía. Este conde es lúgubre, si vieras su mansión, quedarías desmayada. Parece un lugar abandonado.
—¿No cree que debe ser un noble en bancarrota? Si es así, no es conveniente para usted, tía.
—Jovencita, no pretendas casarme con todo el mundo.
—¡Pero si usted se ha besado con el Barón y yo no he dicho nada!
—Sí, pero cacareas en mi oído y eso es una indirecta para que piense en un asunto en el que llevo muchos años sin pensar. No viene al caso ilusionarse, y menos a mi edad, ya no soy una casadera.
—¿Y si el Barón le pide matrimonio? Podría solucionar sus problemas económicos. Si él pudo darle un caballo, significa que tiene dinero.
—¡Oh, por el amor de Dios! ¿De qué infierno te has escapado, niña? He dicho que no. Te advierto que compartirás la compota de frutas con el dueño de esta capa.
—¿Por qué no le dijo que se deshiciera de esa capa?
Es horrible, está maltratada y huele a...
—Fanny acercó su nariz a la prenda y olfateó.
Ella estuvo a punto de decir que olía a cerdos, pero en realidad, tenía un buen aroma, algo que le recordaba a sus cuñados—.
¿Perfumado? No tiene sentido. ¿Por qué alguien conservaría algo tan estropeado?
Por el carruaje puedo juzgar que tiene una excelente posición, ¿no sería más sencillo comprar uno nuevo?
—Considero que debe traer buenos recuerdos al dueño, ¿no crees? Puede tratarse de un obsequio especial.
—¿Sabe si está casado?
—Qué curiosa eres, Fanny. Preguntas demasiado, pero para evitar que me sigas preguntando sobre lord Misterio, te responderé cuanto sé: no lo conozco, no le he visto el rostro, lleva viviendo en este condado unos tres años y no tengo mayor información para ti.
Ahora, entra a la casa para preparar la compota.
—Si nadie lo ha visto durante el día, puede que sea un vampiro, tía —razonó Fanny, pensativa.
—Dudo que te cases con esos pensamientos tan infantiles. Él no es un vampiro, solo es alguien que no gusta del contacto con los demás. Yo creo que le falta una pierna.
—¿Por qué lo dice, tía?
—Porque ha rasgado esto como un tonto por no ver su camino. Tendré que trabajar mucho. Vamos, no perdamos tiempo, que quiero quedar bien con él, siempre deja excelentes pagos por todo, es mi persona favorita en Yorkshire.
—¿Tan favorito como el Barón Zouche?
—Dormirás con el caballo si sigues insistiendo en algo entre ese caballero y yo. Como te dije, es un hombre sin buenos preceptos para pedirle a una mujer soltera que se vendiera por un beso.
—La única educación dudosa es la suya, tía, porque tiene el caballo, pero me parece inteligente, cada uno obtuvo lo que esperaba.
Ellas entraron a la casa y se pusieron manos a la obra con lo que debían hacer.
Mientras que Fanny hidrataba las bayas y colocaba unas leñas pequeñas en el fogón, ella imaginaba a lord Misterio.
Para la joven tenía sentido que él fuera un vampiro porque nadie lo veía de día.
Además, su capa estaba rota y eso le daba pie a pensar que salía por la noche y quizá en una de sus desventuradas carreras detrás de alguna doncella, una rama lo retuvo, dejando ir a su víctima.
La imaginación de Fanny había sido alentada por la visita del señor Barnes y todo lo que le contó su tía Miranda.
Necesitaba ver la mansión en la que vivía ese lord.
Después de que la viera, podría escribir en un cuaderno todas las ideas que se le venían a la mente sobre el misterioso caballero que habitaba una luctuosa mansión en un lugar lejano de Inglaterra.
Sus hermanas quedarían en la luna con un cuento real.
Casi festejaba poder describir tal cosa, aunque, necesitaba que su tía le diera la oportunidad de ir hasta esa residencia y entregarle la capa y también la compota tan deliciosa que ella prepararía.