Familia Fane Capítulo 1
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Capítulo 1

Lady Fanny Fane dobló la carta de felicitaciones por su cumpleaños que le había enviado su tía, lady Miranda Templeton, hermana gemela de su fallecida madre. Nunca olvidaba la fecha de su cumpleaños, le enviaba un escrito y un sencillo regalo, aunque el último no lo era tanto.

—¡Qué joya más bonita! —exclamó Eugenia que cogió la gargantilla de zafiros que recibió Fanny—. No tengo una tía tan espectacular.

—¡Préstame eso, Eugenia! —rogó Rose que también quería probárselo.

—Mi tía siempre me hace buenos regalos, a mi parecer. Muero por verla, al menos antes de casarme —comentó Fanny que acomodaba la carta junto a las demás.

—Es que debe ser igual a tu madre si eran gemelas, pese a que hay un retrato en Yorkshire igual que el de la madre de todas las demás —habló Rose que había logrado arrebatarle la joya a Eugenia.

—He cumplido dieciocho y estoy a un paso de cambiar mi vida. ¿Creen que Spencer me dejará ir a Yorkshire para ver a mi tía? —preguntó Fanny para conocer la opinión de sus hermanas.

—Spencer hará lo que sea por deshacerse de cualquiera de nosotras, solo dile que te irás y él verá cómo te envía a donde deseas. Le harás la vida más fácil —alegó Eugenia.

Ella consideró la idea que le había dado su hermana Eugenia. Sin dudas, Spencer lo consideraría muy bueno para la paz que conseguía a medida que ellas crecían.

—Solo recuerda beber vino con moderación, no avergüences a la familia. Yo quiero casarme —dijo Rose que se colocó el collar y se miró al espejo.

—No soy una tonta, Rose. Sé a la perfección lo que debo hacer —masculló Fanny.

—Si Meredith, que era la pupila más inteligente y obediente de la señorita Harting, se pasó las indicaciones por la oreja, tú no tienes mucho que te avale. Finalmente, la tontería que está en nuestra sangre es más fuerte que los conocimientos que adquirimos —razonó la menor.

Mientras las tres conversaban, la señorita Harting entró a la habitación y las miró.

—¿Qué están tramando? —interrogó la institutriz.

—Nada, señorita Harting —respondieron las tres al unísono.

—Sus hermanas han venido a despedirse, irán a sus propiedades rurales, bajen a despedirlas —ordenó.

Rose se apresuró a cumplir con la orden, se quitó el collar y salió de la habitación, luego le siguió Eugenia, que había quedado un poco rezagada.

—¿Usted no irá, lady Fanny? —indagó la señorita Harting.

—Por supuesto, señorita Harting, solo guardaré el regalo que me ha enviado mi tía. Rose y Eugenia creen que es un juguete. Me lo ha enviado para que lo utilice en mi presentación.

—Su hermano no dejará que use una joya distinta a la que llevaron puestas sus otras hermanas. Sabe que se ha vuelto un hombre de tradiciones.

—Por supuesto. Cuando yo me case verá que está a mitad de camino para terminar con sus obligaciones. Extrañaré a este Spencer.

—Él no extrañará a su hermana llorona, milady.

—Sabe las razones por las que lloraba, señorita Harting.

—Pues ahora ya no puede quejarse, sangra como si le hubieran dado una puñalada.

Nunca olvidaré ese día en que su cama amaneció teñida de sangre.

—Una sonrisa burlona atravesó el rostro de la señorita Harting—.

Su hermano casi murió ese día al pensar que usted decidió abrirse el cuerpo para saber qué estaba mal con usted.

La risita de la señorita Harting había sonrojado a Fanny.

—No me avergüence, señorita Harting. Se burlaban de mí, y por eso dije que yo misma solucionaría el problema, pero no creí que Spencer pensara que acabaría con mi vida de una manera tan absurda.

—Créame que fue comprensible el desmayo de su hermano al ver la sangre y a usted bañada en ella. Con los antecedentes de las hermanas Fane cualquier cosa es posible. Ahora vaya y haga lo que debe.

No podía quitarle razón a las palabras de la señorita Harting, la paz era algo difícil de conseguir cuando todas se ponían de acuerdo para hacer tonterías sin intención.

Desde la escalera ella pudo ver a sus hermanas saludando a sus sobrinas Augusta y también a Phillipa. Kitty y Meredith estaban tan felices que ya esperaba conocer al hombre perfecto que la llevaría a vivir de esa misma manera. Tenía una temporada completa para escoger o tal vez ser escogida.

Si ella tenía que escoger esposo, debía buscar a alguien que la sobrepasara en altura, no podía ser un noble promedio, sino que era mejor que fuera más alto de lo normal para no descompaginar, ni avergonzarlo, ni avergonzarse.

Sería incómodo que ella fuera más alta que su esposo.

Fanny estaba a pocos centímetros de llegar a las cejas de su hermano Spencer y a una nariz de sus cuñados, que eran más altos que su hermano.

—La señorita Harting ha dicho que se irán de Londres antes de la próxima temporada —musitó Fanny como un saludo.

—Nosotros iremos a Gloucestershire y Meredith a Yorkshire —correspondió Kitty que se acercó a ella.

—¿A dónde iré esta temporada? ¿Quién querrá acogerme? —preguntó Eugenia con un gracioso mohín.

Su cuñado, lord Earl, fue el primero en negar con la cabeza ante el ofrecimiento indiscreto de Eugenia.

—Puesto que Foster prefiere ignorar sus responsabilidades de cuñado responsable, entonces irás con nosotros, Eugenia —aseguró Albert, duque de Salisbury, y primer cuñado de la familia Fane.

Ante esas palabras, Eugenia fue corriendo hacia Albert y dejó un beso en la mejilla de él como agradecimiento.

—Siempre serás mi cuñado favorito... —alegó Eugenia.

—También te traje un presente para ese precioso gatito que tienes —continuó diciendo el duque.

—¡Para el gato Clauss también eres el mejor cuñado!

—Eso no es justo. El gato me odia y sabes que doy mejores obsequios que tú, Albert —se quejó Foster.

—¿No se pondrán a discutir por quién nos consiente más o sí? —curioseó Fanny.

—Esto es una cuestión de honor —farfulló Albert.

—Nadie lo discutirá, hemos venido a comer y despedirnos. No podemos pelear cada vez que nos vemos —pronunció Meredith para calmar los ánimos de su esposo y de su cuñado que, durante esos años, comenzaban a competir por quién malcriaba más a las encantadoras niñas que sobraban en la casa.

Fanny solo reía ante las discusiones absurdas de la familia. Después de saludar al resto, ella se sentó unos instantes en el salón para compartir con ellos.

En la hora del almuerzo, todo estaba muy desordenado. Los niños correteaban por cada lugar sin parar. Sus sobrinos eran muy juguetones y no había forma de pararlos.

—Así que todos dejarán Londres... —comentó Spencer, el conde de Nottingham y cabeza de la familia Fane.

—Meredith, Phillipa y yo iremos a una de mis propiedades más antiguas. Mi querida condesa está empeñada en que se renueven todas las propiedades. Considera que no ha hecho lo suficiente para cambiar las cosas en nuestra casa en Londres —dijo Foster como si estuviera acusando a Meredith.

—Vaya manera de referirse al aburrimiento femenino. El aburrimiento de una dama más un esposo adinerado es, sin dudas, algo que hace que cualquier caballero le dé el gusto a su esposa para que no moleste —siseó lord Nottingham.

—¿Sí, querido? Estoy aburrida y aún no he visto un chelín. Qué afortunada es mi querida cuñada —masculló Victoria, la condesa de Nottingham, para avergonzar a su esposo.

Entre risas, Fanny recordó que su tía vivía en Yorkshire, en un pueblo pequeño. Podría ser una gran oportunidad poder ir con Meredith y su esposo hasta ese lugar sin tener que molestar a Spencer.

—¿Les molestaría si voy con ustedes, Foster? —interpeló Fanny—. Iría a la casa de mi tía...

—Fanny Mary Caroline Fane Templeton, ¿acaso no olvidas pedirme permiso? No he notado un anillo en tu dedo para que des órdenes —masculló su hermano.

—¿Y por qué Eugenia sí puede ir con Albert y Kitty? —replicó Rose como defensa a su hermana Fanny.

—Porque yo estoy perdida, no hay nadie que pueda salvarme de eso, o al menos es lo que creen todos aquí. ¿Hay alguien que piense distinto? —intervino Eugenia. El silencio de los comensales era la mejor respuesta de todas para deducirlo—. Lo suponía.

—Si no hay dudas, sigamos —propuso Spencer—. Sabes las razones por las cuales es mejor que no vayas.

—Para ti cualquier soltera es un problema —gruñó Fanny molesta.

—¿Acaso es una mentira que una mujer soltera no sea un problema? Lo es y no importa la edad.

—Vive tan lejos que nadie me relacionaría con ella, Spencer, por favor, déjame ir un par de semanas... —rogó la joven.

—Fanny...

—Spencer, deja que vaya, no ve a su tía desde hace tiempo, permítele que tenga la oportunidad de hacerlo. Los que ya no tenemos a nuestra madre, estaríamos encantados de tener a una tía gemela que nos ayudara a verla —intercedió Victoria.

Spencer miró a su esposa y luego dirigió sus ojos a Fanny. Lo que había dicho Victoria tenía mucho sentido, pero le preocupaba tener a su hermana lejos con una mujer solterona que podría ser una mala influencia para ella y darle consejos que la alejaran del matrimonio que querían para ella.

—¿Cuántas semanas, Fanny? Si vas a ir, lo harás con ciertas condiciones.

—Puedo regresar con Meredith y Foster, ¿qué te parece? —propuso la joven.

—Yo me responsabilizaré por ella —declaró Meredith para que Spencer dejara ir a su hermana.

El suspiro que había dado Foster por el ofrecimiento hizo que Albert comenzara a reír. Lo peor era cuidar de una casadera.

—Solo si ellos se responsabilizan de ti, pero de igual forma yo te aconsejaré que no bebas, que no salgas a ningún baile antes de tu presentación. Recuerda que no puedes ir sin tu hermano, ¿comprendes lo que te digo?

—Sí. Solo quiero visitarla. No tengo intenciones de ir a ningún baile aún. Mi futuro esposo no está en Yorkshire, está aquí en Londres.

—Es bueno que lo comprendas. Entonces termina tu almuerzo y ve a preparar tus baúles. Espero que no hagas tonterías, en la sangre de nuestra familia está hacer eso. Reprime tu impulso Fane por tu bien.

La joven solo podía asentir por la emoción de salir de su casa y poder ver a su tía.

Para ella era importante ese encuentro con el otro lado de su familia.

Era feliz en su casa, pero necesitaba conocer su otra herencia.

La familia Templeton debía ser muy buena, por eso ella sentía que tenía el equilibrio perfecto de ambos mundos.

Tanto Fanny como Eugenia se apresuraron a preparar sus baúles con ayuda de Helen y de la señorita Harting, respectivamente.

Rose no quería abandonar la residencia de Spencer, pues era muy apegada a su hermano mayor, de hecho, era la única que nunca le había dado un dolor de cabeza.

Además, ella se había ganado el lugar como la favorita de lord Nottingham por ser buena y obediente.

—Usted también se irá como lady Kitty y lady Meredith, ¿qué será de mí en los próximos años cuando ustedes no estén? Lady Nottingham no tiene más hijos y yo comienzo a desesperarme —musitó Helen, la doncella de la residencia.

—Por fin descansarás, eso es excelente para ti. Serás libre para atender solo a Victoria.

—Me aburriré mucho, lady Fanny. Ya no habrá cotilleos. Tendré que salir a la calle para cotillear sobre otros criados y eso es horrible.

—Helen, todavía me quedan meses aquí, no me voy casada, iré a visitar a mi tía.

—¿Y si en medio del monte conoce a un caballero?

—No tengo tanta suerte como Kitty —refirió Fanny entre risas.

—Soñar que encuentra a un ser solitario en medio del bosque no suena descabellado, después de todo, puede ocurrir.

—Como mucho espero no encontrarme con un coyote. En Yorkshire no hay nada más que praderas y mucho verde. Iré a pasar un buen rato y luego regresaré, no hay más que hacer. Bien, menos habladuría y más acción, no hemos terminado de meter mis prendas en los baúles. No quiero impacientar a Foster.

—Su cuñado vive con la mecha de la pólvora encendida cuando viene aquí al igual que el duque, pero él ya se está acostumbrando, tanto, que adora a Eugenia, es su cuñada favorita.

—El favoritismo será un problema para él. Te apuesto mis listones a eso.