Familia Fane Capítulo 31
50%

Capítulo 31

Ante esa locura que había escuchado Meredith, ella no dudó en morder a lord Abingdon para salvarse.

Apenas lo oyó gritar de dolor, buscó arrastrarse a ciegas por el sitio.

En esa ocasión casi le arrancó un pedazo de carne al conde.

El hecho de escucharlo decir esas palabras, la hicieron pensar en que terminaría muerta si no hacía algo.

—¡La encontraré, milady! Es la segunda vez que me muerde y lo soportaré solo porque la adoro, si no fuera así, todo terminaría muy mal para usted.

—¿La golpearás cómo lo hiciste conmigo, esposo mío? —increpó la voz de Justine. Ella llevaba una lámpara en su mano y podía ver a su esposo y él verla a ella.

—¿Qué haces aquí, Justine? —replicó Dimitry, enfadado.

—Es lo que yo necesito saber. ¿Qué haces en casa de mi hermano recién casado persiguiendo a su esposa?

—Lo sabes. Ya no tengo que ocultar más que los odio, a ti y a tu hermano por estos años que he tenido que soportarlos. Ahora quiero ser feliz con la mujer que quiero, a la que yo escogí. Es mejor que te hagas a un lado. No quiero dañarte porque estás embarazada.

—Lamento que no fueras feliz conmigo, pero jamás permitiré que dañes a mi hermano.

Luego de decir esas palabras, Justine disparó hacia la humanidad de su esposo y después soltó el arma para arrodillarse y sollozar ante lo que había hecho.

Foster hizo lo posible por llegar hasta Justine y también Meredith quería acercarse a ella.

—Clay me ha dicho que te disparó, pero que falló —dijo Justine en medio de sus lágrimas que la embargaban y las caricias de su hermano.

—Afortunadamente ha fallado. Iba a matarnos en algún momento, Justine. Si alguien viene aquí, yo me responsabilizaré por él —habló Foster.

—Perdóneme. Les juro que nunca supe que estaba casado hasta la noche de mi primer baile —pronunció Meredith, entristecida.

Todo lo que pasaba era su entera culpa. La locura de lord Abingdon fue causada por ella y terminó con él quizá muerto.

Pese a todo, era un ser humano al que ella vio por dos años y que le pareció maravilloso, pero no lo suficiente para alcanzar a su esposo.

—Tenía dieciséis años, milady, ¿qué puede saber una niña de la maldad en el corazón de un hombre?

Mi pesadilla ha terminado. Lamento lo que hizo la noche anterior.

Llegó con una mordida en la mano, me lo contaron los criados.

Por su rostro en la boda, sospechaba que él había ido a importunarla.

Me entristece que no podamos ser una familia unida.

—Yo quise decirlo, pero le temía a la furia y al rechazo de mi esposo. Quería advertirles que él no quería que el matrimonio se realizara y que intentó arrebatarme de mi casa. Gracias a que corrí junto a mi hermano, pude salvarme. Él ha enloquecido y su odio es inaudito.

—Lo siento, Meredith. Los celos me han nublado —alegó Foster que se recostó en el suelo para apretar su herida.

La joven se acercó a su esposo para ver qué podía hacer por él.

—No hay nada que decir. Te amo y no quería perderte.

—Y yo también te amo, Meredith.

En medio del revuelo que había causado la intromisión de lord Abingdon en la residencia.

Cuando amaneció, un médico atendió a Foster y también a Dimitry, quien no había muerto, sino que había quedado inconsciente por un golpe en la cabeza después de que Justine le disparara en el muslo.

Como él no había dicho nada, ellos creyeron que había muerto.

Aquella fue la noche más larga de todas para Meredith.

Jamás hubiera imaginado algo similar. De haber soñado una vida con el caballero ideal, todo se desmoronó, pero no para mal, porque conoció al verdadero amor de su vida.

Ella observaba a Foster mientras este descansaba.

Le habían dado láudano para el dolor y el ardor.

Acariciaba la atractiva cabellera rubia de su esposo y se deleitaba en su belleza.

—¿Cómo se encuentra Foster? —curioseó Justine que se acercó hasta donde ella se encontraba.

—Mejorará pronto. ¿Y lord Abingdon?

—Sobrevivirá. No sé qué tan bueno sea eso para todos.

—Él no se encuentra nada bien. Ha pensado en matarlos, milady.

—Lo sé. Lo llevaré a Bedlam a ver si alguien puede hacer algo con él. No puedo abandonarlo, es mi esposo y el pacto es hasta que la muerte nos separe.

Lo lamentaba en el corazón. Justine tenía la fidelidad en la mente y quizá albergada un amor no correspondido en su corazón. Esperaba que alguna vez su cuñada llegara a ser feliz. Meredith no podía poner sus manos al fuego por lord Abingdon.

—Es bueno que lo atiendan y lo cuiden ahí. Sé que Foster la apoyará en las decisiones que tome y siempre cuidará de usted.

—Ahora entiendo el porqué usted enamoró a mi hermano y a mi esposo... No tome a mal lo que digo, pero es encantadora. Sé que hará feliz a Foster. Yo sé entender y comprender que, si bien cometió un error, fue por su inocencia y no con maldad. También tuve dieciséis años y muchos sueños.

—Sueños que quizá pueda realizar alguna vez.

—Me conformo con el nacimiento de mi hijo. Él es lo más importante para mí en este momento. Me llevaré a mi esposo, es mejor que no esté aquí. No confío en que despierte y se quede quieto.

El asentimiento de la cabeza de Meredith autorizó a Justine a hacer lo que ella creía conveniente.

Unas horas más tarde y después de que se fueran Justine y su esposo, Meredith se encontraba leyendo un libro junto a la cama de Foster hasta que él abrió los ojos.

—Meredith —susurró Foster al despertar.

—Aquí estoy, Foster. ¿Cómo te sientes?

—Como si me hubieran disparado. ¿Y Justine?

—Ella se ha ido. Llevó a su esposo a su casa.

—Debemos tomar recaudos. ¿Quieres irte conmigo a una de mis casas en el campo?

—No creo que sea necesario. Tu hermana lo dejará en Bedlam.

—Perdóname por las cosas horribles que te dije por culpa de mis celos.

—Ya lo olvidé, no tengo nada que perdonar. Estuve tan asustada... Quería decírtelo todo, pero no quería perderte. En este poco tiempo, me he dado cuenta de que eres temperamental y que también eres un prestamista.

—¿Cuál de los dos te resulta peor?

—Que seas prestamista.

—Prefiero ser menos temperamental. Solo ignora lo que hago. Es algo que me gusta.

—No me molesta, solo quiero que estés bien y feliz.

—Contigo estaré bien y feliz para siempre. —Foster cogió la mano de Meredith para dejar un beso en ella y sonreírle. Ese día era el indicado para comenzar su matrimonio.

Epílogo

Seis años después...

Pese al terrible inicio del matrimonio entre Meredith y Foster, ambos habían alcanzado una gran felicidad.

Disfrutaban de su vida y la de la familia que habían comenzado a formar en esos años.

El primer regalo de todos había sido la pequeña Philippa, que nació al año del matrimonio y después de tres años concibieron a un varón del mismo nombre que su padre.

La vida para ellos se centraba en Londres y en visitar a la familia tan numerosa en la que se habían convertido los Fane con todos sus descendientes. Lo peor era que las niñas de las familias tendían a ser de la misma manera que una de sus tías: Eugenia.

La familia del lado de Foster seguía siendo pequeña.

Después de varios años, Justine, Dimitry y el pequeño Daniel fueron a vivir a Irlanda después de que sacaran a lord Abingdon de Bedlam por estar mejor.

Foster y Meredith solo llegaron a despedirse de Justine y del niño al que apreciaban como si fuera su hijo, pero como sabían que las cosas nunca podrían ser distintas entre ellos, era mejor que se alejaran.

El compromiso era que Justine estuviera en contacto constante con su hermano, para saber que en realidad Dimitry había cambiado.

Además, su hermano le exigió a ella que aceptara a un criado armado que siempre la respaldara por si su esposo volvía a sus malos hábitos.

Si él no podía estar presente para cuidar a su hermana, otra persona lo haría.

Era triste la situación por la que atravesaban, pero debían respetar las decisiones que había tomado Justine para mantener a su familia.

Dimitry amaba a Daniel y no podía separarlos, era su heredero.

Ella aún mantenía la esperanza de que algún día la amara, o al menos que se resignara a que estarían juntos hasta el final de alguno de ellos.

—No querrás opacar a tu última hermana con tanta belleza, ¿no es así? —curioseó Foster al ver que Meredith seguía arreglándose con la ayuda de su doncella.

—¿Opacar a Eugenia? Igualmente, si ella tuviera tres ojos, atraería mucho por su personalidad.

—Su personalidad que espanta. Será solterona, sí que lo será.

—Eso sería muy malo porque tenemos a Phillipa. Las demás niñas de la familia se verían perjudicadas.

—Ahora entiendo a Albert el día en que fue a mi casa en compañía de tu hermano y lord Sharp. Estaba desesperado por casarte, pensaba que tú arruinarías la vida de su hija.

—Con tantos sustos que hemos pasado en familia en estos años gracias a mis hermanas, creo que deberíamos estar curados de cualquier mal.

—Pobrecito del último que entrará a la familia. Será el último que no pagará un tributo por pertenecer, aunque pagará más cosas por estar con ella y ese gato despreciable.

—El gato Clauss es el gato de la familia, no puedes odiarlo.

—Dejaré de hacerlo el día en que deje de gruñirme.

—¿No tienes a quién obligar para que se case con Eugenia? Considero que lo importante es solo un esposo para ella.

—¿De verdad quieres obligar a alguien a casarse con ella? A nosotros nos ha resultado, pero no estés tan segura de que sea lo mejor para los demás. Es mejor si las cosas se dan por amor.

La doncella terminó su trabajo con Meredith y se retiró reverenciando a sus patrones.

Meredith se levantó de la silla en la que se encontraba y abrazó a Foster.

—Me siento tan feliz por haber caído de un balcón y haberte encontrado. Sé que tal vez las cosas pudieron ser diferentes, pero en nuestro sufrimiento estaba el encanto —dijo Meredith que recostó su cabeza en el pecho de él.

—Fue un golpe tan afortunado del destino, que ha sido beneficioso. Pensé que sería infeliz. Hice, dije y pensé cosas muy absurdas.

—¿Cómo guardar la carta de tu amante?

—Olvidé quemarla, eso es muy distinto, pero ya te expliqué que ya había terminado con ella antes de casarme contigo e incluso antes de que nos conociéramos mejor. No tengo la culpa de que no te fijaras en la fecha e hicieras un escándalo de proporciones horrendas en un minuto.

—Fueron los celos. Tenía un esposo herido y convaleciente que también es escandaloso y no me permitió decirle que alguien quería matarlo.

—Eso es cosa del pasado, Meredith. Hoy somos felices, tenemos una gran familia y vivimos a nuestras anchas, sin desconfianza, sin obligaciones y sin perder de vista lo importante: nosotros. Después de seis años, todavía no terminas de sorprenderme.

—Ni tú a mí, Foster. ¿Será que este año por fin dejarás de ser prestamista?

—Por supuesto que no. Ya es suficiente con que disminuyera mis ganancias gracias a ti. Esto es lo que me apasiona, Meredith. Si me amas me aceptas con esto o puedes odiarme y seguir viviendo bajo el mismo techo.

Ella dio una carcajada musical.

—Te amo de esta manera. No quiero que cambies nada, Foster.

—También te amo. Fuiste paciente y tolerante hasta que acepté nuestro compromiso accidentado tan resignado como feliz.

Fin.