Familia Fane Capítulo 30
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Capítulo 30

Sin saber la hora y con la oscuridad cubriendo la habitación, Meredith se despertó sobresaltada por un sueño. No podía evitar revivir lo que había ocurrido antes de su matrimonio. Ya no podía seguir callando, pero Foster dormía y no quería despertarlo para hablarle.

Se levantó de la cama y comenzó a deambular por la habitación en silencio.

Iba y venía hacia la ventana. Comenzaba a temer a las ventanas por si veía a lord Abingdon acosándola.

No se atrevería a hacerlo en casa de Foster, aunque había entrado a su habitación en la residencia de su hermano, por supuesto que cualquier cosa era posible.

—Meredith, ven a dormir —ordenó Foster.

Meredith casi muere de un susto al oír a Foster en la oscuridad.

—Me asustaste. No puedo dormir...

—Bien, estiré este asunto lo más que pude. —Foster bostezó y se sentó en la cama—. ¿Qué es eso que tienes que decirme?

—¿Recuerdas que te dije que alguien me había roto el corazón antes de nuestro compromiso accidentado?

—A grandes rasgos. No quiero hablar de otro hombre si todavía tiene tu corazón. Eres mi esposa, no puedo tolerar algo semejante, Meredith.

—No, no tiene mi corazón. No me dejas decirte lo que deseo. Nunca te dije el nombre de esa persona...

—Y te lo repito, no quiero hablar de otro. Ahora eres mía, no veo sentido a esto —masculló enfadado.

—Tiene mucho sentido y tengo que decirlo, porque es de suma importancia para nuestra vida.

—¿En qué puede ser importante el pasado?

—En que esa persona que rompió mi corazón y me engañó de la manera más vil posible. Por dos años estuvo visitándome en el portón de mi casa...

—Considero muy inapropiado que una joven de dieciséis años tenga una relación de ese estilo con un caballero.

—Esa opinión no viene al caso, Foster. En el fondo sabía que estaba mal, pero yo me encontraba enamorada de sus palabras y de sus promesas, pero ese día en que caí del balcón, me enteré de que él era un hombre casado y que jamás cumpliría conmigo.

El conde miró a su esposa que seguía con la mirada hacia la ventana por la que entraba una tenue iluminación de la luna. No entendía la razón por la que le estaba contando eso.

—Escucha, Meredith. Caíste en las garras de un farsante. Pude comprobar que no ha ocurrido nada entre ustedes, por lo que estoy tranquilo, pero ¿a qué viene todo esto?

—Viene porque ese hombre es lord Abingdon... —confesó.

El rostro de Foster cambió por completo. Él se levantó de la cama y caminó hacia su esposa.

—¿Tú eres la mujer por la que casi mata a mi hermana? ¿La debutante? —increpó.

—Yo no lo sabía hasta que vi a lord Abingdon en la cena para conocer a tu hermana.

Él había desaparecido días antes del baile diciendo que las cosas se habían complicado y que era probable que no fuera al baile.

Me había prometido bailar y hablar de matrimonio, pero el sinvergüenza no podía porque estaba casado y yo no lo sabía.

—Debiste haberte burlado de mí. ¿Ahora qué piensas? ¿Crees que puedes pasar al patio vecino para estar con el hombre de tu vida, Meredith? Ahora eres mi esposa, mi mujer, mi condesa —sentenció furioso—. ¿Qué tiene ese sinvergüenza que las trae locas a ti y a mi hermana?

—¡Yo no lo amo!

—¿Cómo puedes mentirme de esta manera tan descarada? ¡Creí que era un maldito afortunado al casarme contigo! Pero ahora entendí que solo me utilizaste para llegar hasta él.

—¡No, no! —exclamó deseando tocar a Foster, pero él la empujó—. ¡No sabía que eran parientes, no sabía nada!

—¡Pero tu hermano y el resto debieron saberlo si saben que soy prestamista!

¡Saben todo sobre mí! ¡¿Cómo crees que consiguieron que me casara contigo?

! ¿Consideras que fue por tu gran valor en la dote?

Tú y tu maldito dinero no me importan. —Foster dejó en ese lugar a Meredith para dirigirse a su habitación.

—¡Foster! —Ella corrió hasta tomarlo de la muñeca—. Te amo, Foster, ¿por qué no lo entiendes? Me has cautivado, eres todo lo que espero. No te vayas, necesito hablarte de más cosas.

En medio de su huida por la furia que sentía, se quedó para apreciar a Meredith.

—Aquí el único embaucado he sido yo al casarme con alguien que me ha utilizado para un fin tan perverso de hundir a mi hermana.

Me enamoré de ti, Meredith. Compartí con tu familia por más que me negara a casarme contigo.

Me has destruido desde adentro. Espero que tu familia esté feliz con esto al deshacerse de la fruta podrida de la casa.

No vuelvas a buscarme. Espero que quedes embarazada para al menos saber que será mío.

Ya después puedes revolcarte con tu amadísimo lord Abingdon.

Foster se soltó del agarre de Meredith y salió de la habitación por la puerta de comunicación.

Las lágrimas coparon sus ojos y se escurrieron por sus mejillas.

Meredith estaba destrozada. Había hundido su matrimonio antes de que cumplieran un día de casados.

Su esposo la había despreciado para siempre.

Se recostó en el suelo a llorar con amargura por lo que había ocurrido en su vida.

Foster se negaba a escucharla, negándose a saber que su vida y la de su hermana estaban en peligro.

En la habitación contigua, Foster deseaba desaparecer del mundo.

Se vistió con lo primero que encontró y abandonó sus aposentos con intenciones de irse de su propia casa.

Necesitaba pensar y en ese lugar no podía porque pensaría en Meredith y en su inocencia.

Ella no era inocente, era una malvada mujer que lo único que deseaba era la posición privilegiada que él le otorgaba cerca del sinvergüenza al que ella amaba.

No sabía qué le dolía más, si la mentira de que lo amara o que amara al más canalla de los hombres.

Apenas salió de su residencia sintió que alguien lo empujó y lo dejó en el suelo. Cuando se levantó comenzó a buscar su arma, pero no la tenía consigo.

—Después de esto ya no me podrás chantajear. Me quedaré con lo único valioso que tienes: tu esposa. Pensé que sería más difícil matarte. Tú no tenías derecho a tocarla, ella debe ser mía. Hasta nunca, cuñado.

Un disparo hizo eco en la oscuridad y el silencio de la calle.

El terrible sonido de un disparo alertó a Meredith que abandonó el suelo y fue hacia la ventana. Ahí no podía ver nada, más que la sombra de alguien arrastrando algo hacia una parte de la casa.

Sin dudarlo, abrió la puerta de comunicación con la habitación de su esposo y aquel lugar estaba vacío.

¿Y si algo le había ocurrido? Ella debía saberlo.

Volvió a cerrar el portal y fue hacia la puerta de su aposento para salir por el pasillo.

No le importaba estar en camisola, debía saber qué había ocurrido y qué relación existía entre la ausencia de su esposo y el disparo que escuchó.

Cuando iba caminando por el pasillo, distinguió la figura de lord Abingdon.

Eso hizo que retrocediera para regresar a su habitación.

Corrió desesperadamente para que no la alcanzara, intentó cerrar la puerta, pero Dimitry la empujó y no pudo impedir su entrada.

Su respiración estaba agitada. No sabía con qué defenderse de él.

—Milady, he acabado con el problema —contó Dimitry que se acercaba a ella con un arma en la mano.

Meredith miró la mano que sostenía la pistola y estaba vendada por el mordisco que ella le había dado la noche anterior.

—¡Váyase de aquí, lord Abingdon! —mandó asustada.

—No me iré sin usted. Maté a Foster, era un problema para mí. Ya lo estaba odiando demasiado. Se metió en mi fortuna, presionó junto a su madre para que me casara con Justine y su mayor pecado fue fijarse en ti.

Ella sollozó al escuchar que su esposo estaba muerto.

—¡Foster! —gritó para llamarlo—. ¡Foster! —insistió.

—Ahora usted es viuda. Me encargaré de Justine cuando nazca mi hijo. Mientras, usted y yo podríamos realizar nuestra vida en Escocia o Francia. Le prometo que enviudaré muy pronto.

Él había enloquecido por completo, sentía que ya no tenía nada que perder, y lo único que le interesaba en la vida era vivir ese idilio que alimentó junto a Meredith por dos años.

Todo hubiera resultado bien si su cuñado no lo obligaba a embarazar a su esposa.

Lo tenía todo preparado para enviudar de manera accidental para poder casarse con ella.

Creyó que por fin encontraría la paz y la felicidad que se le había negado por solo desear un beso.

—¡No es cierto! Debo buscar a mi esposo. ¡Quiero a Foster!

Pese a los esfuerzos de Meredith por salir de la habitación, Dimitry la cogió entre sus brazos para atajarla.

—¡¿Por qué quiere ir tras él?! —espetó enfadado.

—¡Porque amo a Foster! —respondió intentando escaparse del agarre de Dimitry.

—¡Usted me ama a mí! ¿No lo entiende? —Dimitry la empujó al suelo haciendo que ella se golpeara la cabeza con fuerza y se quedará quieta.

Al ver su terrible obra, se arrojó sobre Meredith para asegurarse de que estaba bien—.

Lo lamento, no quería hacerle daño, milady, pero usted me obliga con esas cosas que dice.

Dimitry la cogió en brazos para sacarla de esa casa.

Había ido con ese fin y lo estaba consiguiendo.

Había pasado muchas horas escondido en el jardín esperando la oportunidad perfecta; sin embargo, cuando vio a Foster saliendo en la madrugada no lo pensó dos veces y prefirió acabar con él. Lo merecía.

En el jardín, Clay había arrastrado a Foster hasta un costado de la casa para evaluarlo. Él había escuchado el disparo, por lo que salió por la cocina con su arma en la mano.

—¿Qué ha ocurrido, milord? —preguntó Clay al ver que Foster intentaba levantarse.

Su cuñado lo había herido junto a una costilla, la bala pudo haberlo matado; sin embargo, solo le dio de refilón, aunque un poco doloroso. Se había quedado en el suelo para que aquel lo creyera muerto.

—Dimitry me ha disparado y fue a buscar a Meredith. Dame tu arma, acabaré con esto antes de que sea tarde.

—¿Por qué querría llevarse a milady?

—Porque ella es la dama con la que engañaba a mi hermana. Meredith intentó explicarme algo y no la dejé... —El dolor de algo que lo quemaba era espantoso.

Clay le entregó su arma para que Foster pudiera encargarse de Dimitry.

—Tenga cuidado, milord.

—Dimitry pagará muy caro esta osadía.

Con una mano tapando su herida y sin ver mucho de su camino en el jardín, entró a su casa en donde tampoco la luz lo favorecía, solo podía guiarse por los ruidos.

—¡Suélteme, infeliz! —espetó Meredith que intentaba que él la soltara.

—Mejor guarde silencio, milady. Nadie la ayudará. La servidumbre duerme.

—¡Foster! —insistió con su grito y con su intento de escapar.

Foster deseaba correr hacia Meredith y salvarla, pero no podía ponerse a disparar porque todo estaba oscuro dentro de la casa.

Al escuchar que ella lo llamaba, cuestionaba lo que había hecho unos minutos antes al hablarle mal a Meredith.

Era evidente que ella no quería irse con Dimitry.

Si lo amara en realidad, estarían huyendo tomados de la mano.

Ante ese pensamiento, él decidió arriesgarse y hablar.

—¡Meredith! —respondió.

La sorpresa no solo había sido para Meredith al darse cuenta de que Foster estaba con vida, sino que también lo fue para Dimitry que no deseaba ver vivo a su cuñado.

En cuanto Dimitry escuchó la voz de su cuñado, estrujó a Meredith con fuerza contra su cuerpo y acomodó su arma en la mano.

—Qué molesto eres, Foster. Solo la quiero a ella. Haz el favor de morirte —masculló disparando en dirección a donde escuchó la voz de él.

Meredith gritó ante el disparo, mientras que Foster se escondió tras un pilar esperando su oportunidad. No podía dispararle estando con Meredith.

—¡Basta, milord! —rogó Meredith—. Déjeme en paz, quiero estar con mi esposo.

—Pronto yo seré su esposo. Después de que acabe con Foster y Justine. En la sangre está la molestia.

—Tu puntería me avergüenza, Dimitry —provocó Foster.

—Podríamos jugar toda la madrugada al gato y al ratón, querido cuñado, pero de todas maneras me llevaré a milady. Si no puedo estar con ella en la vida, estaremos juntos en la muerte.