Capítulo 26
Ese mismo día, Foster envió una invitación para una cena al día siguiente para que, tanto Meredith como su familia, conocieran a Justine y a Dimitry, pues era probable que todos tuvieran que convivir en otros eventos aparte del matrimonio.
Su familia no era tan extensa como la de su prometida, apenas se comenzaba a extender y para colmo de manera obligada.
La percepción de Foster era que su cuñado no había mejorado su comportamiento, incluso lo notaba más extraño y hasta más agresivo.
A él parecía no agradarle que estuviera complacido con el matrimonio obligado en el que estaba.
Le molestaba que estuviera enamorado de Meredith.
Foster estaba ansioso por tener a su esposa en su casa. Todo estaba listo para recibirla y eso le ponía feliz.
—Lord Earl, otra vez tiene una carta de su amante —comunicó su ayuda de cámara, extendiendo el escrito hacia su patrón.
—Ya no es mi amante. Ella misma me ha despachado.
No estoy interesado en saber nada de Helena.
—Foster cogió la carta y la colocó en su escritorio—.
Debería escribirle unas palabras, dejándole claro que no quiero saber nada de que su nuevo protector haya abandonado y que se busque a otro, que a mí me ha perdido.
—Recuerdo que estaba muy enfadado con su prometida por haber roto con su amante, milord...
—Fui un tonto. Pensaba que con una niña de su casa no tendría emociones en la vida y menos un poco de pasión, pero estaba equivocado, con milady creo que tendré más de lo que necesito y es suficiente para mí.
—Eso es gratificante. No tendrá que vivir una doble vida. Le dije que el matrimonio era algo bueno. Hablaré con el ama de llaves para que la cena de mañana sea excelente y quede muy bien con su familia política, milord.
—Hazlo. Debo construir buenas relaciones para todos.
Foster no quería volver a saber de Helena como amante.
La apreciaba, pero más por el tiempo y el consuelo que le había ofrecido.
Sin embargo, ella lo había traicionado. Apenas lo había tomado la desgracia, Helena lo abandonó de la manera más vil, al menos eso consideró en su momento.
¿Por qué le había dicho que no la buscara más, y que buscaría otro protector?
Le molestaba que escribiera cartas en este instante de su vida, cuando debió usarlas antes para que conversaran las buenas relaciones, para él ya era tarde para cualquier relación.
***
En casa de Meredith, ella se encontraba en compañía de Helen, las dos comenzaban a guardar sus prendas en los baúles, solo dejarían lo necesario para esos pocos días que le quedaban de soltera.
—¿Estás bien, Helen? —preguntó Meredith al fijarse que la doncella sorbía su nariz y luego la limpiaba con el hombro—. ¿Por qué lloras?
—Se irá, milady. Esta casa se está quedando vacía —lamentó Helen entre lágrimas.
—No debes entristecerte. Siempre estaré por aquí. Sabes que nunca nos vamos lejos. Mi casa estará a un par de calles. Deberías pensar en que no tendrás tanto trabajo.
—Lo sé, lo sé, milady. Recuerdo que lord Sharp me contrató para que atendiera a su sobrina, pero una vez que vine aquí, me faltaban manos para tantas damas que atender.
—Has sido de gran ayuda para todas nosotras, en especial para la señorita Harting.
—La señorita Harting es una mártir, milady.
—Lo sé. Espero que algún día tenga su recompensa por su excelente trabajo con nosotras. Si llegara a tener una hija, la contrataría sin dudarlo.
—Ahora ya piensa en tener hijos con milord —la tentó Helen, sonriente.
—Sí, Helen. Considero que lady Kirby me ha hecho un gran favor. Me casaré antes que cualquier otra debutante.
—Se casará por un escándalo...
—Pero tendré mejor estatus al ser una mujer casada, ya no me preocupa el escándalo, porque mis hermanas no corren riesgo de no casarse.
—Es cierto. Todas seguirán teniendo una buena oportunidad. ¿Para la cena de mañana en casa de su prometido llevará a sus hermanas?
—Eso lo considerará Spencer. Lord Earl solo tiene a su hermana y a su cuñado, aunque sería terrible que aquellos dos fueran expuestos a Eugenia y sus conjeturas que no cualquiera es capaz de entender. ¿Sabes si la cena está lista?
—No, milady. Hoy el fuego ha estado lento por la leña que han traído, creo que aún estaba verde.
—Ve a averiguar. Me muero de hambre —ordenó Meredith que se recostó en su cama, dejando una de sus piernas meciéndose a un costado.
—Sí, milady, pero primero cerraré las cortinas de su habitación.
Al acercarse a la ventana, Helen vio la figura de alguien en el portón y desorbitó sus ojos.
—Milady, no va a creer lo que estoy viendo por la ventana...
—A esta hora dudo que veas algo, está oscuro.
—Ay, milady, estoy viendo a lord Abingdon en el portón —contó sorprendida.
Meredith pensaba que Helen quería hacerle una broma de muy mal gusto.
Ella se levantó de la cama y al acercarse también a la ventana, lo vio, no era un chiste de la criada, era una horrible verdad.
¿Por qué había decidido regresar después de más de un mes?
Sin pensarlo dos veces, cerró las cortinas y regresó a su sitio.
—¿No le dirá algo? —indagó la doncella, curiosa.
—¿Qué le diré? Es un hombre casado y yo una próxima mujer casada, no estoy interesada en conversar con él y perder mi tiempo con alguien que me ha mentido por años. No quiero volver a verlo, mis sentimientos por lord Abingdon o quien sea, han desaparecido —manifestó sin dudar.
—Entonces dejaremos que se aburra en el jardín...
—No, tengo algo mejor para lord Abingdon... —Rio Meredith, maliciosa.
La joven tomó el rumbo del pasillo hasta llegar al salón de la planta baja, donde vio a su hermano coqueteando con Victoria, intentando entrar en su escote mientras se reían por el juego que llevaban adelante.
—Disculpen que los moleste, pero tengo algo que decirles —dijo Meredith.
Spencer masculló una maldición por ser interrumpido en su diversión.
—Si me vas a decir que cambias de opinión respecto al matrimonio, te sugiero que lo consideres antes de que...
—No es eso, Spencer. Lord Abingdon está en el portón y quiero que te deshagas de él.
—¡Cómo se atreve a colocar su rostro aquí! —vociferó Spencer con histeria—. Deja que yo resuelva esto ahora mismo.
Lord Nottingham dejó su divertida actividad para ir a su despacho.
—¿Qué harás, querido? —preguntó Victoria que persiguió a su esposo. Detrás de ella también iban Meredith y Helen.
El conde atravesó la puerta de su despacho y buscó su arma en uno de los cajones.
—Voy a acabar con ese sinvergüenza de una buena vez.
—Spencer, solo debes espantarlo —rogó Meredith que comenzaba a arrepentirse por haber pensado que Spencer iba a querer jugar de esa manera.
—No permitiré que corras a sus brazos, abandones a tu prometido y que nos avergüences. Prefiero responder ante la justicia que caer en la vergüenza.
—¡No voy a dejar a lord Earl! ¡Yo lo amo! —confesó Meredith, apresurada.
—También amabas a este rufián...
Spencer abandonó la casa con su esposa y su hermana corriendo tras él.
—¿Qué ocurre, Helen? —preguntó Rose que bajaba las escaleras.
—¡Lord Nottingham va a matar a alguien, milady!
—¿Es verdad? ¡Fanny, Eugenia! —llamó a sus hermanas con premura—. ¡Spencer matará a alguien!
Las otras dos niñas se apresuraron a salir de sus habitaciones y ver lo que el hermano mayor haría.
—¡Sinvergüenza! —exclamó Spencer al ver a lord Abingdon en su portón.
Dimitry al distinguir que un caballero se acercaba, comenzó a correr para poder darse a la fuga.
Ver a Meredith no había resultado, tendría que intentar hablarle en la cena que mantendrían mañana en casa de su cuñado.
Él había deseado proponerle huir lejos para que no lo descubrieran.
Mañana ella sabría que era un hombre casado.
—¿Crees que huirás de mí? —increpó Spencer y luego disparó.
—¡No lo mates, Spencer! —rogó Victoria que cogió del brazo a su esposo.
—¡He fallado! —masculló el conde.
Meredith se quedó viendo como lord Abingdon corría por su vida. Era un cobarde y por siempre lo sería.
—Tú fallaste intencionalmente, Spencer —acusó su Meredith—. No eres de los que fallan, y menos después de que todos te halagaran en la cacería.
—Fue mala suerte, Meredith, pero tendré otra oportunidad de dejar su cuerpo con muchos orificios. Es un sinvergüenza que siendo casado te ha buscado y con el agravante de que ahora eres una mujer comprometida y él lo sabe.
—No volveré a caer en sus patrañas. Puede acercarse mil veces, pero de mí no conseguirá nada. Sé el tipo de persona que es, no temas por mí, Spencer. En esta ocasión quería que lo asustaras.
—Veremos si se atreve a hacer lo mismo en casa de tu esposo con lo impaciente que es lord Earl, no dudo que lo mate al saber lo que trama —declaró su hermano.
—¿Han matado a alguien? Quiero ver el cuerpo —dijo Eugenia que llegó a toda prisa con sus hermanas.
—Lo lamento, Eugenia, pero hoy no será el día —alegó Victoria.
—¿De verdad? Yo quería ver eso —lamentó la niña.
—Ya habrá tiempo de darte gusto, Eugenia, volvamos a la casa para cenar —habló Spencer.
Los miembros de la familia Fane entraron a la residencia y fueron a cenar. Durante la noche no dejaban de hablar de que el sinvergüenza había aparecido en la casa.
La mente de Meredith no tenía un sentimiento distinto al rechazo por lord Abingdon.
Ya no sentía emoción o esa sensación de asfixia en su ausencia.
Ella estaba feliz con el hombre con quien la obligaron a comprometerse.
Ya le faltaba poco para estar a su lado y que él le cumpliera todas sus apasionadas y tentadoras promesas.
Al día siguiente, Spencer comunicó que a la cena en casa de su prometido irían él y Victoria, que llevar a las demás niñas sería una tremenda tontería, aunque por supuesto que la invitación estaba extendida a su cuñado y a su hermana que eran los duques, no podían dejar de asistir.
Al momento de ir a la cena, fueron en dos carruajes, para que después del compromiso pudieran retirarse cada uno por su cuenta.
Spencer y Albert sabían con qué se encontrarían en la casa de lord Earl, el sinvergüenza que enamoró a Meredith era el mismísimo cuñado del prometido. Era una relación complicada e inevitable y de evidente conocimiento de lord Abingdon y la deslealtad de este hacia su esposa y su cuñado.
En casa de Foster, tanto su hermana como su cuñado ya se encontraban esperando conocer a los visitantes. Cada uno de ellos esperaba algo distinto.
Justine le pondría rostro a la infidelidad de su esposo. Dimitry deseaba hablar con Meredith y proponerle una huida en nombre del amor que habían cultivado por dos años. Mientras que Foster solo quería presentar a su familia, de la cual no se sentía tan orgulloso.
El ayuda de cámara del conde fue caminando hacia la puerta después de escuchar que estaban golpeando.
—Han llegado mis invitados —anunció Foster, sonriente.
—Muero por conocer a tu futura esposa, también Dimitry está muy entusiasmado por conocerla, Foster —dijo su hermana.
A cada día que pasaba, Dimitry odiaba aún más a Justine por haberlo descubierto y por chantajearlo de una peor manera en que lo hacía su hermano.
—No nos queda duda de que nos enamoraremos de tu prometida, cuñado —farfulló Foster, malicioso.
Esa expresión de su cuñado no le había agradado a Foster. No quería verlo cerca de Meredith ni un segundo, no se fiaba de lo que él pudiera hacerle.
—Sean bienvenidos —expresó Foster al ver entrar a la familia de su prometida y distinguirla a ella tan hermosa como siempre. Sin perder tiempo hizo sus reverencias y se acercó a Meredith para recibirla.
Ella le entregó una sonrisa radiante a su prometido, pues aún no había visto a quienes componían la familia de Foster.
Cuando miró a un rincón, vio a lord Abingdon.
Con molestia y enfado miró a Spencer por no haberle advertido de lo que encontraría en esa casa.
Meredith sabía que solo estarían la hermana de él y su cuñado.
—Quiero presentarles a mi familia. Ella es mi hermana Justine, la condesa de Abingdon y él es Dimitry, el conde se Abingdon, mi cuñado —expuso Foster.
—Qué hermosa y encantadora es tu prometida, Foster —dijo Justine que miró a Meredith de pies a cabeza y la notó enfadada después de mirar hacia donde se encontraba su esposo.
—Es un placer conocer a los familiares de milord —logró pronunciar Meredith.
A ella comenzaba a preocuparle que su prometido no hubiera sido tan transparente con ella y que supiera que lord Abingdon era quien había intentado embaucarla en el pasado y en venganza por el matrimonio obligado, él quisiera avergonzarla.