Capítulo 25
Los caballeros habían logrado una buena caza ese día. La cena tendría una variedad de aves que todos disfrutarían.
A pesar de los ataques de lord Nottingham y del duque de Salisbury, Foster había logrado sobrevivir y pasar un buen momento.
Para su pena, había comprobado la buena puntería del conde de Nottingham.
Por algo se había presentado en su casa con tanta seguridad de que podría matarlo.
Por supuesto que podía y él moriría, menos mal que habían negociado ese matrimonio y también él había cambiado de opinión sobre sus planes de hacer sufrir a Meredith.
Muchas cosas en su mente habían cambiado y sus sentimientos nacían sin mayor inconveniente hacia su prometida.
En verdad no esperaba nada de lo que tenía en ese momento.
Con Meredith no le faltaba nada, tenía la emoción, la complicidad y la locura que necesitaba para seguir viviendo.
Ella era tan centrada como irracional y tan impetuosa como una tormenta.
Lo que componía a esa mujer era perfección para él.
No podía encontrarle ningún solo defecto.
Era tan afortunado que eso le ponía muy feliz, porque pese a tener malas experiencias con el matrimonio de su hermana, Foster agradecía poder ver a esa unión de dos personas como algo bueno y no como una catástrofe.
—Hoy lord Earl pudo notar que mi puntería es excelente. Se cuidará de tocarte en los próximos días hasta tu matrimonio, Meredith —bromeó su hermano que cortaba su jugosa pata de pato.
—Espero que lord Earl no esté pensando en huir gracias a las habilidades de mi hermano —comentó Meredith que dirigió una mirada de soslayo a Foster, que estaba a su lado.
—Estoy felizmente resignado a mi futuro a su lado. No hay forma de que me aparten de aquí. Queda poco tiempo y los preparativos están listos, al igual que la licencia especial. Lady Meredith ya no podrá librarse de mí jamás...
—Existe la frase que dice: «hasta que la muerte los separe». Hoy tuvo suerte de que Spencer le acertara a los patos, pero no se confíe —dijo Kitty, burlona.
—No lo haré. Me gusta lord Earl para integrar en esta familia. Encaja a la perfección con todos y cuenta buenas historias —habló Spencer, sonriente.
—¿Hoy nos contará más historias? —increpó Eugenia.
—¡Yo no he oído ninguna! Quiero oírla, por favor —pidió Rose.
—Si se las cuento ahora, ¿qué quedará para el camino de regreso?
—Por favor, milord, al menos repita las que contó. Tenga consideración conmigo —insistió Rose.
—No puede decirles que no, lord Earl, o será su fin. No lo dejarán vivir tranquilo —advirtió Albert que conocía a esas niñas como la palma de su mano.
—Está bien, pero les contaré las historias repetidas, ¿correcto?
Las hermanas de Meredith se emocionaron al encontrar algo divertido que hacer.
Después de terminar la cena, fueron al salón a sentarse para beber y conversar. Para Foster las cosas se ponían incómodas, pues las damitas y grandes damas de la casa, lo miraban con expectación para que comenzara sus cuentos.
Después de dos horas de contar cuentos que ya podría saberse de memoria, la mayoría comenzó a dirigirse a sus habitaciones, pero Meredith y Foster esperaban poder conversar a solas un momento, aunque lord Nottingham lo tenía entre sus cejas después de la vergüenza que había pasado por la mañana.
Meredith le hizo unas señas a su prometido para indicarle que se verían fuera de la casa después de que todos estuvieran dormidos.
Foster había comprendido el mensaje, pero no sabía cómo hacer para escapar del círculo de leones que tenía alrededor de su habitación.
Una vez que el silencio invadió la casa, Foster creyó que todos estarían dormidos, por lo que procedió a salir de la habitación casi a hurtadillas para dirigirse a la salida de la casa.
Sentía la conciencia sucia porque pensaba que estaba haciendo algo malo. Bien, era algo malo, tenía razones para sentirse culpable por estar saliendo de sus aposentos como un delincuente.
Él pudo llegar sin inconvenientes al jardín y ahí oyó un silbido apenas audible. Esperaba que fuera su prometida y no una prueba del hermano de ella para ver si podía soportar no verla.
—Menos mal que es usted —suspiró Foster, aliviado. Después de eso no dudó en apoderarse de los labios de Meredith—. ¿Cómo ha hecho para salir?
—He dejado un reemplazo —confesó.
—¿Un reemplazo?
—Eso lo usábamos para engañar a la señorita Harting a la hora de recorrer las habitaciones para saber si estábamos dormidas.
—No paro de admirar las mañas que tienen. Hay una ley y ustedes hacen una trampa.
—En todo el día no nos han dejado estar juntos. Spencer dice que es importante conocerse, pero si él no deja de parecer un sabueso y de adiestrar a cada una de mis hermanas para la persecución, eso no pasará.
—Tengo mucha culpa en los recaudos del lord Nottingham. Lo que pasa es algo inexplicable, soy su más grande admirador, milady. En tan poco tiempo olvidé cómo es la vida sin usted.
—Yo alguna vez me creí enamorada, pero estaba muy equivocada. Jamás sentí esto antes, lo que vivo junto a usted es real y no una fantasía.
—Y yo nunca me he enamorado y no sé si esto que me enloquece pueda ser llamado enamoramiento o tal vez amor.
Siempre consideré un poco débiles a los caballeros que adoraban a sus esposas, pero solo ahora logré, entender que esa debilidad se debe a que las damas echan nuestras barreras de masculinidad para llevarnos a su lado más sentimental y humano.
—Los caballeros enamorados son más fuertes y capaces de todo. Si usted llegara a amarme será más fuerte que nunca.
—Suena tentador amarla y ser más fuerte, pero odio tanta cursilería.
—Él dejó de hablar y volvió a atacar los labios de su querida Meredith.
Ella se había convertido en el elixir de su vida, en el opio para sus pensamientos y en el aire para sus pulmones.
Un chantajista que también era prestamista estaba perdidamente enamorado de una tierna flor inglesa.
***
Tres días antes de la boda...
La remodelación de la residencia de Foster estaba culminando.
Todo estaría embellecido por la llegada de su futura esposa a esa casa.
El ambiente era distinto por los pasillos, porque después de un tiempo una mujer volvería a dirigir ese hogar, volverían los niños y las risas.
No solo los criados hacían que se sintiera distinto y ansioso, sus propios anhelos jugaban en su contra.
—Este lugar se ve mejor que antes —dijo Clay, el ayuda de cámara, colocando flores frescas cerca del pianoforte del salón.
—Este pianoforte lo utilizará milady —comentó Foster que acomodó una de las flores.
—Quien lo viera a usted ordenando flores en su residencia. Su madre diría que está enfermo.
—Yo creo que estoy enfermo, pero de ansiedad. Este matrimonio es tan deseado como el día en que salimos de la miseria.
—¿No ha considerado dejar de ser prestamista y volcar sus esfuerzos en algo que no sea tan peligroso?
—Tal vez más adelante, pero ahora mismo mi prometida tiene una vida muy acomodada, diría que demasiado y mis cuñadas son tan exigentes que no puedo ser el cuñado pobre, ¿entiendes?
—Pero lord Nottingham le dará mucho dinero por casarse.
Foster suspiró y miró a su criado.
—Por milady me casaría igual si ella no tuviera nada. Creo que rechazaré la dote.
—Por Dios, milord, no se dé tantos baños de pureza. Tome ese dinero.
—En verdad lo quiero, pero más quiero que esas niñas no sean un estorbo para mi matrimonio por mucho tiempo. ¿Imaginas a una de ella solterona? Aparecería hasta en mi bañera y eso no puedo tolerarlo.
—Al menos tome la mitad. Usted tiene mucho capital en riesgo.
—Lo pensaré...
—Le quedan tres días para tener claro ese asunto.
—Ni lo digas.
—Permiso, milord, pero vengo a decirle que lady Justine ha regresado del campo —comunicó el ama de llaves.
—Qué oportuna. Podré invitar a mi prometida y a su familia para que conozcan a mi hermana y a su esposo. Iré a recibirlos.
Justine y su esposo entraron a la casa y se acercaron al gran recibidor.
—¡Foster! —exclamó su hermana al verlo. Se acercó, lo abrazó y miró a Dimitry para seguir dándole advertencias a este último.
—Justine, ¿cómo has estado? —preguntó Foster, correspondiendo a su abrazo y mirando de la misma manera a Dimitry.
—Dimitry ha sido muy considerado conmigo, ¿no es así, querido?
—Sí, mucho —respondió con amargura.
—Me alegro de que Dimitry siempre esté feliz de cambiar un poco por ti, Justine.
—Pero yo no vine a hablar de mí, sino de eso que me contaste en la carta. ¿Te vas a casar obligado? ¿Con quién? ¿Cómo pudo ocurrir esto?
—Hasta el diablo cae en esas cosas, querido cuñado, serás muy feliz —habló lord Abingdon, burlón. Disfrutaba del castigo divino que recibía Foster.
—Es una larga historia, pero para resumirla a mi querido cuñado, quiero decirle que estoy fascinado con ella. Es la mujer perfecta y me hace muy feliz.
—¡Eso es tan bueno en un matrimonio obligado! Pensé que la odiarías —alegó su hermana.
—No, a ella nadie la puede odiar...
—Quiero saber quién es esa criatura alada que bajó de un arcoíris para conquistar tu corazón...
—Esa criatura alada cayó en mi cabeza desde un balcón. Había tomado más de lo que debería esa noche y terminó encontrando un colchón.
—Qué encantador y doloroso a la vez.
—Pasen a sentarse y les contaré más.
—Yo quiero saber cómo se llama y si la conozco —aclaró Justine deseando saciar su curiosidad.
—Es la hermana del conde de Nottingham, era su primer baile esa noche. Con lady Meredith Fane tuvimos un amor a primera caída...
Dimitry estaba pálido como un cadáver. ¿Cómo era posible que su despreciable cuñado se casara con su amada Meredith? No, eso no podía ser posible.
Al darse cuenta de que su esposo palideció al escuchar el nombre de la prometida de su hermano, sabía que esa jovencita todavía le importaba demasiado.
—Me alegro tanto por ti, Foster. Estoy tan feliz de verte entusiasmado con tu futura esposa. Tú eres distinto a mi esposo, que desde un principio me ha visto como un problema.
—Pero ahora Dimitry ha recapacitado y no ve el mundo sin ti, ¿no es así, Dimitry? —preguntó Foster.
Lord Abingdon solo quería que esos dos desaparecieran y le dejaran el camino libre para casarse con Meredith.
Él no podía dejar que el carroñero de su cuñado le pusiera sus garras encima, la convirtiera en su mujer y la embarazara.
A Dimitry no le importaba Justine ni el bebé que esperaba, al menos no tanto como era importante conservar el amor de Meredith.
Foster también había caído enamorado con el encanto de ella y, esperaba que la joven continuara siéndole fiel a los sentimientos que habían cultivado años atrás.
Presentía que Foster solo confundía la amabilidad de Meredith con enamoramiento de su parte.
—Por supuesto —respondió Dimitry a la pregunta que le había hecho Foster.
—¿Se quedarán a comer para que les cuente más? —curioseó lord Earl.
—Claro, Foster. Tanto Dimitry como yo estamos ansiosos por saber.
El conde de Abingdon y su esposa tuvieron que quedarse para escuchar todo lo que Foster contaba con lujo de detalles. La más interesada en todo el asunto era Justine, porque sabía de la relación que mantenía esa joven con su esposo.
Una vez que abandonaron la casa, Justine y Dimitry se quedaron solos en el carruaje que los llevaría a su residencia.
—Deseo tanto conocer a nuestra futura cuñada, querido mío —dijo Justine, fingiendo estar emocionada, quería ver la reacción de su esposo al mencionar eso.
—No quiero hablar, Justine —replicó Dimitry, molesto.
—¿No quieres hablar porque no te apetece o porque ya conoces a esa joven?
—Basta con tus celos absurdos, mujer, déjame en paz.
—¿Celos absurdos? ¿Piensas que soy una estúpida, Dimitry? Sé perfectamente quién es lady Meredith Fane y la relación que tiene contigo. Los he descubierto hace tiempo —confesó Justine.
—Eres una demente, Justine. Ya cierra la boca o...
—¿O qué? ¿Me golpearás? No te atrevas o le contaré todo a mi hermano.