Familia Fane Capítulo 24
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Capítulo 24

Foster ayudó a que sus futuras cuñadas subieran al carruaje.

Por causa de sus incontrolables deseos carnales por Meredith tenía un par de horas de castigo junto a las niñas.

Si hubiera sido más cuidadoso con sus apasionados pensamientos y menos sensible en sus partes íntimas, estaría viajando con Meredith o tal vez solo, en el peor de los casos, pero estaba con las personas más agotadoras de Inglaterra.

El duque de Salisbury debía estar desternillándose de la risa porque el hermano mayor las había sentenciado junto a él.

—Lamento que sea mi culpa que pusieran a mis hermanas junto a nosotros, milord, pero pudo ser peor y que también estuviera Rose... —dijo Meredith con una sonrisa forzada ante el rostro quejumbroso de su prometido.

—Qué consolador. Sin la menor aquí hubiera estado mejor —masculló y ayudó a subir a Meredith para que se acomodara y por último subió él.

El conde se sentó al lado de Meredith y frente a ellos quedaron sus dos cuñadas.

—Este carruaje no es tan cómodo como el de mi cuñado favorito —manifestó Eugenia queriendo provocar a Foster.

—Todavía está a tiempo de bajarse e ir al carruaje de su pobre cuñado —respondió Foster intentando no darle importancia a esa nefasta malcriada.

—En este mismo instante el pobrecito es usted, lord Earl, pero haremos que su viaje sea muy agradable... —alegó Fanny para que el hombre que estaba frente a ella no las calcinara a causa de la lengua bífida de Eugenia.

—A nosotras nos encantan las historias de miedo, ¿tiene alguna para contarnos? —preguntó Eugenia.

—Eso es cierto, nos encantan las historias de mucho miedo... —habló Meredith tocando el brazo de su prometido para que se distendiera un poco, porque por su rostro parecía que estaba a punto de estallar.

—Me parece un buen plan. ¿Les gustan las historias de fantasmas o de violencia con armas?

—¡Ambas! —manifestaron las tres.

Durante esas horas de trayecto hasta la residencia del duque de Salisbury, en un condado vecino, contó dos historias verídicas y debió inventarse unas cuarenta para sobrevivir tanto tiempo. En verdad, ellas se emocionaban mucho con los que él les contaba.

Cuando descendieron del carruaje, las dos niñas que acompañaban a Meredith y Foster corrieron para conversar con la hermana que no había viajado con ellos.

—Gracias por no arrojar a mis hermanas por la ventana —musitó Meredith—. Sé que son insoportables.

—Sobre este asunto de que son insoportables no diré mucho, pero ha sido divertido, imaginé el viaje mucho más cansado y trágico de lo que fue en realidad. Espero que no me pidan más cuentos o quedaré vacío.

—Lo malo es que han dicho que es el que mejor cuenta historias. Tal vez le quite el puesto de cuñado favorito al duque.

—No me interesa ser el cuñado favorito, sé que el que sea favorito es sinónimo de desdicha.

Su prometida lo cogió del brazo y, de no ser por la mirada de advertencia de lord Nottingham, él la habría acariciado un poco, pero por temor a que envíen al trío de hermanas pequeñas a dormir en la misma habitación que el mismo Foster, se abstuvo.

También mientras caminaba, el duque de Salisbury lo miraba con cierto desprecio, eso ocurrió después de que Eugenia conversara con él.

Solo Dios sabía qué había dicho esa cría endemoniada.

Meredith ya conocía esa propiedad del duque.

A su alrededor había mucha naturaleza especial para la cacería.

Esa finca contaba con una laguna en la que las aves vivían felices y sin que casi nadie las molestara.

Durante mucho tiempo, el duque no había hecho uso de sus propiedades, pues había vivido solo la mayor parte de los últimos años, hasta que se casó con Kitty y con eso «agrandó» su familia, obligadamente.

El conde apreciaba todo a su alrededor. Por algo el dueño de la casa era un hombre influyente con su título y también entendía la razón por la que era el cuñado favorito de las hermanas Fane. Estaban compradas por el dinero que ostentaba.

Los criados de la residencia guiaron a todos a sus habitaciones, y como era de esperarse, al conde lo colocaron en el otro extremo, lejos de los aposentos de Meredith, pero custodiado por las tres hermanas Fane y el hermano.

Todos sus planes de estar a solas con su prometida se desvanecían frente a sus ojos como papel quemado.

Descansarían un par de horas antes de ir a la primera jornada de cacería.

Después del almuerzo, los caballeros se encontraron en el salón, ya vestidos con sus botas, chaquetas de cola larga y sus armas.

También un canasto para juntar el botín.

A su vez, las damas tenían sus trajes de montar para ir por los senderos y luego buscar bayas silvestres para un delicioso postre que se serviría junto a la cena que debían llevar los caballeros.

El gran grupo de personas se acercaron a las caballerizas. Los varones ayudaron a las mujeres a subir cada una al lomo del caballo que escogieron.

Foster vio partir a Meredith junto a las demás damas y le sorprendió lo buenas que eran todas las mujeres Fane para montar.

—Deje sus pensamientos libidinosos para otra ocasión, lord Earl —masculló Spencer para que se apresurara y subiera al caballo que le correspondía y dejara de perder el tiempo mirando a su hermana.

—Sus hermanas montan muy bien —halagó.

—Por supuesto. La señorita Harting me quita una parte de mi fortuna cada mes, en algo debe dar resultado —replicó lord Nottingham.

—Vayamos a la orilla de la laguna. Estoy seguro de que encontraremos faisanes, patos o tal vez algún animal más grande —dijo Albert que dio un fuerte silbido.

De un gran portón salieron cinco perros cocker spaniel que comenzaron a correr a campo a través. Por lo general, aquellos animales perseguían gallinetas hasta sus hoyos y de ahí los sacaban.

—Tomé el consejo de mi amada esposa y conseguí perros más pequeños. Los mastines son peligrosos —comentó con una sonrisa maliciosa.

Spencer le rio la gracia a Albert, pero Foster sabía que ese no era su día para encajar. Consideraba que lady Eugenia tenía razón en que se cuidara.

Cuando los tres llegaron cerca de la laguna, dejaron amarrados a sus caballos por unas ramas para que pastaran en los alrededores.

Ellos fueron caminando hasta llegar a un tronco en donde se escondieron.

Los perros habían quedado más atrás, eran obedientes cuando se trataba del momento de guardar silencio.

En el agua nadaban varios patos y muy cerca estaban un par de faisanes aleteando.

—¿Es cierto que sabe contar buenas historias de miedo para las niñas? —preguntó Albert que se acercó a Foster.

—Tuve que inventar muchas de ellas, son insaciables cuando se trata de eso, al parecer. ¿No me diga que está celoso de mis historias?

—¿Celoso? Usted no sabe de lo que habla. Le doy un mes de matrimonio para que cuestione haberse unido a esta familia. Amplíe su repertorio, porque no lo dejarán en paz.

—¿Entonces por qué me pregunta sobre las historias?

—Eugenia estaba muy emocionada. Es una gran entusiasta de la fantasía.

No la tolero la mayor parte del tiempo, pero me divierte, es una versión más libre de Kitty.

Cuando yo conocí a mi esposa, su ímpetu era capaz de matarme.

Apareció un día en mi propiedad con un arma, dispuesta a matar a mis perros.

Los Fane son personas a tomar en cuenta.

No toman nada a la ligera, empezando desde Spencer.

Está tan desquiciado que solo quiere que pasen los años...

—¿Y usted no se está desquiciando?

—No, yo ya estaba desquiciado antes de entrar aquí. Tendremos que compartir a nuestras cuñadas una vez que se case con Meredith. Eugenia le pedirá un caballo personal en cada propiedad, joyas, vestidos... Las otras tienen gustos menos selectivos, se conforman con libros, listones y comida.

—Ya comprendo. Debo preparar mi bolsillo, no es problema, pero haré lo posible para que ellas vayan a su propiedad más que a la mía.

—No es justo dos años de sufrimiento, deberíamos compartir el asunto...

—¿De qué hablan ustedes? —increpó Spencer que después de decir eso le disparó a un pato en el aire y dio en el blanco—. Estoy seguro de que hablan de mi buena puntería, ¿le da miedo, lord Earl?

—Admiro su puntería, milord.

—Tiene suerte de estar detrás, pues podría equivocarme de pájaro si estuviera frente a mí, milord —replicó lord Nottingham.

—Considero que he recibido demasiados castigos por eso. ¿Para qué matarme y dejar desamparada y enamorada a su hermana? Ahora le convengo con vida.

—Está jugando bien sus cartas, ya no hace falta llevarlo a rastras al altar o buscarlo en su casa el día del matrimonio. Al menos, por ese lado, puedo estar tranquilo. Volveré a preocuparme en dos años...

Ellos continuaron conversando e intentando cazar más animales para la cena de la noche, mientras los perros se encargaban de buscar las presas.

***

Jugando a las carreras se encontraban las damas que se divertían rompiendo el viento con la velocidad que llevaban. La libertad del campo era algo que todas extrañaban desde pequeñas al haber vivido mucho tiempo en Yorkshire.

—Bajemos a buscar las bayas, ¿escucharon esos disparos? Cenaremos delicioso —alegó Kitty, sonriente. Le encantaba ser la anfitriona de algo.

Las tres niñas se unieron, mientras que Meredith no sabía a quién unirse. Ya no pertenecía al grupo de las niñas, pero todavía no estaba casada para estar con su hermana mayor y con Victoria, pero ella ya se sentía del otro lado, por lo que se acercó a Kitty.

—¿Por qué ya no vienes con nosotras, Meredith? —indagó Rose, curiosa.

—Ya no soy una niña... —dijo sonriente.

—Pero tampoco estás casada, eres una impostora —reprochó Fanny.

—La que no debería estar en ningún grupo eres tú porque no has sangrado —le recordó Meredith.

—¡Se lo diré a Spencer! Eres tan mala como Eugenia, te irás al infierno.

—No se digan esas cosas. Meredith ya pertenece a este lado, es un hecho, se casa en una semana, y ustedes son niñas —musitó Victoria para evitar discusiones.

—Fanny es una niña, nosotras somos unas jovencitas bellas —alegó Eugenia para molestar a Fanny.

Fanny dejó de caminar con ellas y fue hacia otro lugar. No quería estar con nadie de su familia.

—¡Ven lo que hacen! —espetó Kitty, enfadada.

—Voy a por Fanny —pronunció Meredith que fue a seguir a su hermana.

A Meredith le sorprendía lo rápido que Fanny se había escabullido. Cuando la encontró, la vio juntando bayas en medio de sus lágrimas.

—Fanny, no hagas caso a lo que decimos —dijo Meredith que se acercó a ella también para hacer lo mismo.

—Lo he hecho todo, faltó que bebiera mi propia orina. Tomé toda clase de hierbas y brebajes para convertirme en mujer, pero nada funciona. Meredith, fracasaré, tengo dieciséis años y no he sangrado. Tengo una altura horrible y no soy tan bonita como ustedes.

—Eso no es cierto. Eres una Fane, más alta, pero una Fane muy hermosa. Cada una de nosotras es diferente. También dentro de ti eres distinta al resto. No existe otra Fanny, eres única.

—¡La única que no ha sangrado! Hasta Eugenia me ha restregado sus paños haciéndome sufrir.

—El día en que tú sangres, le harás lo mismo. También asegúrate de liar ese trapo por su cuello.

Fanny rio ante lo que dijo Meredith para que ella no se sintiera mal. Cada vez que recordaba su desgracia, ella siempre subía de esos altibajos.

—Lo haré con mucho gusto y será hasta lograr asfixiarla por maliciosa.

—¡Así se habla, Fan! Ahora debemos recoger las bayas o Kitty cortará nuestras cabezas por tardar. Los disparos de los caballeros dicen que están consiguiendo su objetivo antes que nosotras, y sabes que no podemos quedar atrás.

Las dos jóvenes comenzaron a recoger las frutas con prisa mientras jugaban a quien lo hacía más rápido.

Después de unos minutos se unieron las demás muchachas para llenar sus canastos y poder regresar a la casona para que los criados pudieran encargarse de la preparación de los postres y luego quedar arregladas para la hora de la cena.