Familia Fane Capítulo 19
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Capítulo 19

—No sea impertinente, milord. Apenas le doy una mano y me toma del codo.

—Quisiera tomarla de otros lugares, pero me conformo con su codo en este momento.

No se escandalice, estamos a menos de un mes de nuestro matrimonio y me resulta interesante un juego tentador entre nosotros.

Recuerde que el periódico hizo que ambos ya estuviéramos más que unidos.

Infortunadamente, lo que lady Kirby escribió no es real, aunque si usted quiere podríamos poner a prueba esas apasionadas palabras y convertirlas en una realidad. ¿Qué opina?

—Mi hermano no ha hecho demasiado énfasis en lo que ha dicho lady Kirby, solo ha pronunciado una frase irrepetible.

—Supongo que esa frase irrepetible es la que a mí me interesa y la que deseo enseñarle. Será divertido.

—Apenas nos toleramos, lord Earl. No sé si seremos capaces de compatibilizar nuestras personalidades para semejante hazaña que está pensando.

—He tenido romances con mujeres desconocidas con mucho éxito, créame que con usted no será la excepción si lo deseo.

—Depende mucho de su humor, pues un día puede convertir mis dedos en lánguidos trozos de carne por sus enfados.

—Acabo de decirle que eso no volverá a ocurrir, ¿no he sido claro o prefiere discutir de nuevo?

—Esperemos que así sea, porque admita que no ha sido amable desde que nos conocimos.

—Sea razonable, ¿puede ser amable con una mujer que lo obligó a casarse?

—Yo no lo he obligado. He dicho mil veces que es inocente, pero lady Kirby nos ha hundido y esto es lo que tenemos ahora.

Creo que hoy fue bueno que conversáramos —expresó Meredith con sinceridad.

Al parecer debieron encenderse las alertas en la cabeza de lord Earl para que este se comportara de otra manera.

—Es cierto. Ahora la veo como una inocente ebria que no quiso causarme el daño que me provocó. Usted ni siquiera lo imagina...

—Cuénteme qué más daño le hice, aparte de arrebatarle su soltería.

Él se quedó callado. No podía decirle que su amante lo había abandonado y que su pedido para poder casarse con ella era mantener a una mujer y darle dinero a cambio de unas noches de placer.

Eso iba en contra de lo que había pactado con lord Nottingham y se exponía a que él cumpliera con su amenaza de retarlo a un duelo.

No valía la pena ni siquiera poner a consideración este asunto.

Para su dolor y desgracia había perdido a Helena para siempre.

Esa pérdida era lo que había hecho que no pensara las cosas con claridad y que se convirtiera en otra persona demasiado absurda y tonta.

Tal y como lo hacía su prometida debía vivir con ese dolor a cuestas, pues con esta importante conversación que mantenían se enteraban de cosas del otro.

—¿No le parece devastador arrebatarle la libertad a alguien? —interpeló en tono socarrón.

La joven abrió los ojos con sorpresa por la caradura con la que el caballero respondía a sus preguntas. Parecía que le estaba tomando el pelo.

—Usted sigue siendo libre, no lo he enjaulado. Además, yo no veo el matrimonio como algo tan malo, más bien no lo veía. Hoy ya no sé qué esperar. Si usted y yo nos llevamos como animales, no conseguiremos esa paz que veo en otros matrimonios.

—Al menos conoce matrimonios pacíficos. Yo no conozco ninguno. Mis amigos están casados y la última vez que los vi fue el día de su boda. Ninguna de sus esposas desea que vuelvan a verme por considerarme una pésima influencia.

—¿Y no les da la razón?

—Nunca. De cada uno depende ser fiel a algo. La fidelidad no se obliga al igual que la confianza. Uno puede presionar, pero dependerá del otro caer o no. Respetar o caer en manos de la tentación.

Ella lo escuchaba con atención. Le parecía interesante la reflexión que él hacía.

No sabía si confiar en las palabras de lord Earl o en sus acciones.

Desde que se encontraron el caballero había dejado claro que no la toleraba, pero en ese instante las cosas se daban la vuelta.

Cuando conversaban lograban alcanzar el entendimiento, aunque con una propuesta indecente por parte de él.

—No parece alguien de mucha fidelidad para hablar con precisión de esa palabra, milord.

—Jovencita testaruda, la fidelidad no es exclusiva de las parejas, también de las amistades y de los tratos. Puedo enseñarle mucha filosofía, leo bastantes libros al año.

—Al igual que yo. Debe conocer la biblioteca de mi hermano, es un paraíso para los lectores.

—Espero que me la enseñe mañana, pues como sabe estaré por su casa para conocer a su familia. Estaré encantado de que me dé un paseo por su casa.

—No hay mucho que ver ahí más que habitaciones llenas, pero le mostraré lo que se pueda.

—¿Su familia es intelectual?

—Mi hermano no demasiado, pero lo suyo son los negocios y las relaciones con otras personas. El duque sí es una persona muy instruida y quisquillosa, quizá pueda compatibilizar con él.

—Tengo una pregunta un poco extraña. ¿Ha sido fácil para su cuñado acostumbrarse a tantas cuñadas?

Meredith no pudo evitar que se le escapara una carcajada musical. Siempre el rostro de su cuñado era muy demostrativo cuando se trataba de estar en presencia de jovencitas que hablaban a la vez y pedían muchas cosas.

—Todavía no se acostumbra del todo. Somos testarudas y juguetonas para alguien tan huraño como él. Demasiada algarabía es capaz de acabar con su paciencia y con la de cualquier otra persona. A veces no sé cómo Spencer ha hecho para tolerarnos por estos siete años.

—Le responderé: la obligación. La obligación hace que todo lo imposible se vuelva posible.

—¿Cree que sin este compromiso accidentado pudiéramos haber tenido un mejor comienzo? —curioseó Meredith que lo observó con detenimiento.

En un principio ella no se había sentido atraída por él porque su mente estaba ocupada por Dimitry, pero en esa noche no había perdido detalle de su rostro, ni de sus gestos.

Lord Earl era un hombre atractivo, alguien capaz de acaparar miradas y ella quería saber qué hubiera ocurrido si no estuvieran comprometidos.

Los ojos de Foster recorrieron a Meredith como si estuviera buscando una respuesta a esa pregunta.

¿Por qué le interesaba saber algo así? Aunque maldecía su suerte, tenía buena fortuna, pues su prometida era una joven de buen ver, bella e inteligente al parecer.

No cualquiera era tan afortunado de ser golpeado por una belleza angelical mientras tomaba una copa de whisky.

No tendría una esposa fea, ni tonta, más bien sería alguien que le daría un par de dolores de cabeza si se llegaba a descuidar.

—Considero que cualquier noche pudo haber sido la indicada, incluso la primera. Me gusta bailar y tal vez hubiera sido probable que la notara, tal como lo hice con su amiga —respondió el conde.

Al recordar que la relación entre Imogen y él era de risas y demás, ella sentía cierta molestia. Con Imogen era puro encanto y con ella mucha filosofía, pésimos tratos, duda y propuestas indecentes. Quería decirle eso, pero sería inventarse un problema que con sinceridad no necesitaba.

—Me quedo más tranquila al saber que quizá me hubiera escogido antes que a Imogen —musitó con cierto reclamo en su tono.

—Su amiga es encantadora, pero quizá usted lo sea aún más. Lo sabré mañana cuando estemos en su residencia.

Foster no quería pecar de engreído, pero la joven le había insinuado un par de cosas que a él le llamaban la atención.

Tenía algún problema con que él se relacionara con su mejor amiga y eso podría ser llamado como algo simple y primitivo: celos.

No obstante, sería codicioso pensar que ella tuviera un interés sentimental por él, pues tampoco le había dado una señal de eso.

Sus preguntas eran más para disipar dudas que para asegurarle algo como eso.

Después de estar toda la noche juntos, en ocasiones en silencio o siendo interrumpidos por los curiosos a los que debían darle sonrisas y fingir que todo estaba muy bien, Meredith dejó que Foster respondiera a las preguntas que los demás hacían.

En ese momento entendió que lord Earl era mentiroso y manipulador cuando lo necesitaba.

—Estoy muy contenta de verlos aquí esta noche —saludó lady Kirby que se había acercado a ellos al verlos conversar de manera amena.

Tanto Foster como Meredith tenían a esa mujer atorada en sus gargantas. ¿Cómo se atrevía a acercarse después del invento que los mantenía juntos?

—Los veo tan felices. Sabía que usted necesitaba un pequeño empujón, lord Earl, para que pudiera atreverse a la hazaña del matrimonio —continuó diciendo la mujer.

—¡Oh! ¡Por supuesto, lady Kirby! Sin su empujón yo estaría triste en un rincón sin mi adorada prometida —musitó con absoluto sarcasmo—. No concibo la vida sin lady Meredith Fane.

Meredith lo miró como si él hubiera perdido el poco juicio que le quedaba a causa de ese compromiso.

—Me alegra que piense de esa manera. Una buena acción más para ganarme el cielo dejando a las solteronas en su lugar. Esas señoritas con dinero no lo llevarían a buen puerto, milord. Es bueno que se diera cuenta de que una lady de una excelente familia era lo que necesitaba.

El conde comprendió que lady Kirby se refería a Helena.

Al parecer esa arpía de la aristocracia perseguía a cualquiera que no fuera de cuna noble y eso le parecía despreciable.

Helena era una buena persona, emotiva y empática, digna de que, algún día, pudiera realizar sus sueños.

Solo que él no se había enterado de que era capaz de cumplirlos si no estaba ciego por su libertinaje.

En el fondo, quizá él amara a su amante y por eso sufriera en silencio esa separación que orquestó lady Kirby al tener una oportunidad.

Con eso también entendía que, pese a su tontería, Meredith había sido víctima de los planes maquiavélicos de la gran aristócrata.

No todo era por bondad, sino más bien por absoluta maldad.

La cabeza de Meredith intentaba interpretar las indirectas de lady Kirby.

Era probable que la dama se refiriera a las amantes que él tenía o tuvo.

Saber que él tenía una amante no era algo agradable y no era con exactitud porque moría de amor por él, sino que deseaba respeto y ser la única mujer en su vida.

Parecía injusto, ya que Foster no había hecho nada malo.

Por un accidente estaban destinados a vivir juntos por siempre, pero eso no significaba que ambos debían ser infelices.

Ella no se buscaría un amante, se tendría que conformar con él; en cambio, a un libertino no le podía exigir nada.

¿Y si le dejaba abierta la posibilidad de alguna que otra amante? ¡No! ¡Qué tontería!

—Sí, y no hay nada mejor que lady Meredith Fane con la que me he comprometido en medio de un escándalo provocado por usted. Dudo mucho que vaya al cielo por sus acciones —masculló Foster lleno de rabia en contra de esa mujer.

—Pero será feliz y con el tiempo me lo agradecerá, ambos lo harán.

Les espera un gran futuro y un excelente linaje.

La unión de fortunas y de buen nombre, siempre es bueno.

Lady Meredith Fane puede ser condecorada como la joven que lo ha metido de nuevo al camino del que nunca debió salir, milord. Con permiso, fue un gusto saludarlos.

Lady Kirby decidió que había sido suficiente conversación para la noche. Había cumplido con su cometido y ellos ya estaban juntos.

—Lamento ser la causante de las burlas de lady Kirby. Nunca terminaré de arrepentirme de haber sido una descocada —dijo Meredith, disculpándose con lord Earl.

—No se preocupe, ella es mala con saña. No debería dedicarle unos minutos en sus pensamientos, es una pérdida de tiempo.

—Le diré a mi hermano que quiero retirarme porque estoy cansada —manifestó. No era una mentira, lady Kirby había pasado junto a ellos dejando devastación en sus víctimas. Se había burlado de los dos y no era algo agradable para continuar esa noche.

—¿Cansada de no bailar?

—Sí, me he cansado de solo oír a esa señora.

—Tiene razón. La acompaño junto a su hermano. Prometo ir mañana a su casa.

—Le recomiendo que, si quiere ganarse a mis hermanas, puede ir con un buen presente.

—Lo tendré en cuenta...

Foster tenía la misma sensación que Meredith.

Lady Kirby los había incomodado después de una excelente conversación, una que le hizo percibir a él que estaba equivocado con respecto a su prometida.

No se había animado a preguntar más de lo que ella le había dicho sobre alguien que le había roto el corazón.

Sentía curiosidad y quizá le preguntara más detalles después de la cena del día siguiente.