Familia Fane Capítulo 16
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Capítulo 16

Foster no podía estar tranquilo ni siquiera en su casa.

Durante el día había hecho todas sus labores y sus gestiones fuera de su morada; sin embargo, lord Nottingham no lo había dejado disfrutar de sus pequeños triunfos del día.

De hecho, ni siquiera él mismo podía disfrutarlos, ya que no se sentía cómodo ni feliz por lo que ocurría.

La presión para contraer matrimonio era muy grande.

También la expedición de la licencia era un poco complicada y tediosa.

En ese momento se veía obligado a ir a un baile en compañía de su prometida, una a la que no toleraba. Ni siquiera deseaba escuchar su nombre, pero había hecho un trato con el conde y debía cumplirlo con gusto o sin él.

Para él se hacía difícil pasar cada día.

Había empezado todo con aceptación y un plan para repeler a su futura esposa, pero su ruptura con Helena había cambiado las reglas del juego.

Foster no tenía lo que deseaba, mientras que la joven ebria que le cayó del cielo era premiada con un marido, lo que toda casadera deseaba.

Él se apreciaba mucho, por lo que se consideraba un buen premio.

Era confiado en sus capacidades y su atractivo, por más que la situación no estuviera a su favor.

Tendría una familia política turbulenta por la forma en la que se dieron los acontecimientos para el matrimonio y todo eso lo tendría que soportar solo.

Había llegado la noche del baile al que debía buscar a su poco entrañable prometida.

Tendría que amargarse a su lado y fingir que todo era distinto.

Lord Nottingham dijo en su misiva: «ir a cerrar bocas con un par de sonrisas de felicidad».

Era evidente que ambos lo interpretaron de la manera correcta: el sarcasmo.

—Quédese quieto, milord. No puedo acabar de anudar su pañuelo si sigue así. Debería estar feliz porque saldrá con una mujer a la cual sí puede lucir del brazo, una joven de cuna —manifestó Clay, el ayuda de cámara.

—De cuna etílica. No podré tener ni siquiera una botella de brandi como adorno. Debe ser muy asidua que es capaz de tomarse su propio perfume, el mío y hasta el tuyo si eres descuidado, Clay.

—Exagera, lord Earl. ¿Cuántas veces lo he sacado a rastras de White’s y otros lugares? No puede hacerse el inocente. Milady debió tener un accidente.

—Sí, cruzó su vida con la mía. Prometo que sufrirá al menos un poco. No quiero que sea feliz si yo soy infeliz.

—Milord, ¿quiere iniciar su matrimonio con el pie izquierdo? ¿No es mejor que disfrute de la compañía de una dama de alcurnia y que la conozca? Recuerde que la vida es larga.

—A su lado será tan larga que me parecerá eterna. No estoy interesado en conocerla. Si de mí dependiera, desaparecería.

—¿Cómo quiere hacer con su cuñado? Ha colocado a su prometida justo al lado de un pariente despreciable.

—Tampoco merece ese lugar. No quiero acabar con ella, solo quiero que desaparezca, que recapacite y considere que no soy una solución para nadie, pero lo dudo, tiene hermanas y el buen nombre de la familia está en juego.

Pagaré hasta las culpas ajenas, Clay. No creo merecer tantos castigos.

Primero la bancarrota en la que me dejó mi padre, después el matrimonio de Justine y su constante infelicidad, la muerte de mi madre y ahora un compromiso.

Todo esto en menos de diez años. Lo único bueno y que me conforta es haber sacado adelante mi negocio y a mi familia.

—Piense en lo bueno y también en que pronto agrandará su familia. Las refacciones de la habitación que fue de su madre avanzan rápido. La futura condesa se sentirá bien aquí. Usted es un caballero y sabe lo que es conveniente para una vida armónica. Sea complaciente, inteligente y virtuoso.

—Demasiadas cosas para mí, Clay. No soy el mejor hombre del mundo, tampoco estoy interesado en serlo. Si alguien me aprecia será con todos mis defectos y virtudes.

—No se haga conocer por sus defectos, es mejor con sus virtudes. Invite a milady a una caminata por el parque, cómprele unos detalles. Usted escoge cómo deseará que sea su vida. Si su castigo lo convierte en un paraíso o se condena a un infierno.

—Tú querías que me casara hace tiempo, para ti esto es una fiesta.

—¿Por qué habría de mentirle? Lo he visto crecer y también a lady Justine. Traían alegría a esta casa. Pese a las malas decisiones de su padre y las locuras de su madre, ustedes fueron felices. Añoro volver a escuchar risas en estos rincones y que el salón de juegos tenga vida otra vez.

—Se te están cumpliendo los deseos por encima de mi voluntad. Pensaré en lo que me has dicho, lo considero digno de considerar.

Después de acabar de vestirse, esperó que su carruaje lo llevara hasta la casa de la familia Fane.

***

En casa de Meredith, ella estaba enfurruñada. No quería que Helen terminara de arreglarla. Su hermano le había dicho que esa noche iría en compañía de su prometido.

—Se vería más bonita si pusiera una sonrisa en su rostro, milady —musitó Helen.

—¿Una sonrisa sabiendo que ese lord viene a verme? Prefiero que el diablo sea mi prometido.

—Por estas cosas, la institutriz insiste en que las damas no deben beber demasiado.

—¡Lo sé, lo sé! De haber sabido que era por esto exactamente, jamás hubiera tomado una sola copa. Tiraría el contenido en las macetas, pero ya no queda solución. Todo ha sido mi culpa.

—Y porque es su culpa, tiene que poner una sonrisa. Lord Earl es guapo y sincero; malvado, pero sincero, no como ese mentiroso que nos engañó a todas.

—Me he cansado de suspirar por él. Lord Abingdon ha desaparecido por completo, con eso no queda duda de que es un hombre casado que quiso engañarme.

Me siento tan tonta. Creí que era la más inteligente entre mis hermanas, pero aquí me ves, a poco de casarme con alguien que me desprecia y a quien no quiero.

Lo único bueno ha sido el beso que tuvimos, después no existe nada más.

—Con un beso se empieza, milady. Si pone de su parte, es probable que tolere a su esposo.

—Yo no quiero tolerar, quiero amar alguna vez, pero esa oportunidad me la arrebaté yo misma. Me queda solo la resignación y seguir adelante por mis hermanas.

Cuando Helen la dejó sola en su habitación, ella se quedó frente a su tocador y sobre la madera hizo círculos con el dedo. Suspiraba mientras hacía eso.

No sabía cómo comportarse, ella quería seguir sus instintos de devolverle a lord Earl la misma cortesía que él le diera.

Lo que Kitty le había dicho tenía sentido, pero ella no estaba interesada en hacer todo el trabajo con alguien tan hostil.

Ella no quería dar su brazo a torcer por llevarse bien con alguien que la despreciaba y a la que culpaba por su desgracia.

—¡Ha venido su prometido, milady! —expresó Helen, entusiasmada. La doncella había regresado para comunicarle eso a Meredith.

—Qué triste. Me hubiera encantado que me dijeran que se cayó del caballo y que por los golpes no iría a ningún lugar por un largo tiempo, tan largo que ni siquiera podría asistir a su boda.

—En lugar de pensar en esas tonterías, no debería dejar que lady Eugenia le hable.

—¿Eugenia está con él?

—Todavía no, pero en cualquier momento lo verá solo, como una presa... —Helen hizo gestos como si ella fuera un felino.

—Dejaré que Eugenia lo devore. Eso hará que él recapacite con respecto a la idea de desear ser parte de esta familia. Tendrá la oportunidad de ser espantado y salvado.

—Ponga de su parte si no quiere que todo esto salga mal. Haga que él la salude, enamórelo. Usted es capaz de hacerlo.

—Ya ni siquiera sé si soy capaz de enamorar a alguien. Lord Abingdon se burló de mí, ¿crees que eso habla bien de mis habilidades para enamorar?

—No, pero sí para caer enamorada. Es probable que lord Earl la termine enamorando antes.

Meredith bufó y se levantó, tenía que ir antes de que Eugenia le hiciera el favor de espantarlo. Su hermana menor era experta recibiendo visitas.

Al caminar por el pasillo, tenía ganas de retroceder, pero no podía hacerlo.

Debía recibir a su prometido. Al llegar a la escalera, lo vio sin tomar asiento.

Tenía una mano en su levita y la otra en su espalda, era elegante con su cabello recogido y su porte de gran caballero.

Al notarlo así, no quiso empezar la noche siendo la manzana de la discordia.

Foster escuchó unos pasos y giró su cabeza.

Su prometida se acercaba a él. Ella le hizo una reverencia y el conde correspondió con una inclinación de la cabeza.

Se tomó un instante de tiempo para observar a la bella y graciosa joven en un vestido lavanda, con unas joyas que hacían el trabajo justo de no restarle protagonismo.

—Buenas noches, milord. Sea bienvenido —saludó Meredith, educada.

—Buenas noches serán para usted. A mí me han obligado a venir —respondió con desagrado.

Ante la hostilidad del conde, Meredith se aconsejó que siguiera a su instinto.

—Decir buenas noches es por educación, no más que eso. Si quiere puede sentarse y si no, puede quedarse dónde está, nadie lo adulará —masculló Meredith buscando un asiento.

Él chirrió los dientes y la acompañó a sentarse. Lo hizo justo al lado de Meredith.

—Tengo algo que decirle... —confesó Foster, que cogió la mano de la joven.

—Puede decirlo sin poner sus garras sobre mi mano —declaró.

—Es mejor que se lo diga con el contacto de nuestros guantes. Hoy la tolero menos que otros días. Usted me ha hecho el ser más desdichado del mundo. —Foster apretó con fuerza la delicada mano de Meredith.

La joven resistía ese fuerte apretón. Le dolían los dedos. Lord Earl estaba ejerciendo demasiada presión en su mano.

—Ese sentimiento es mutuo. Le ordeno que retire su mano si no quiere que mi hermano se entere de sus malos tratos. ¿Piensa que me dejaré maltratar por usted? Vaya quitando esa idea de su cabeza.

Al oír esas palabras, Foster la soltó de inmediato. Él no quería convertirse en el mismo monstruo que torturaba a Justine. Se levantó y buscó otro lugar para sentarse.

—No volverá a ocurrir, milady —dijo.

—Por supuesto que no. Lo pensará dos veces, porque cuento con mucha protección por más que sea de su propiedad.

—Ella se acarició la mano que estaba magullada por el pésimo humor de lord Earl.

Definitivamente, ella no podía demostrar debilidad ante él o la devoraría—. Le ha ido muy mal en estos días...

—La verdad que sí. Este compromiso solo trae desgracia. ¿Ha podido avanzar con algo? Si vamos a dar el mal paso, que sea rápido y de manera elegante.

—La duquesa viuda de Salisbury y mi hermana, la duquesa de Salisbury, se encargarán de todo el matrimonio. Yo tampoco quiero inmiscuirme, suficiente es no haber escogido a mi prometido.

—Como si fuera que alguien desearía casarse con usted. Ya de por sí su familia espanta...

—Lástima que no lo suficiente para que esto termine de la mejor manera posible: con nosotros separados. —Meredith cruzó los brazos bajo el pecho.

—Podemos hacer esto más llevadero. Usted y yo completamos nuestros roles sin esperar nada en absoluto, con que tengamos cubiertas nuestras necesidades será suficiente.

—Estoy de acuerdo. ¿Tendré mi habitación? No quiero cualquiera, quiero la de la condesa, la que me corresponderá.

—Sí, hasta eso tendrá. Acordé comodidades para usted.

—Entonces, entre todas esas comodidades, tendré dinero para gastar e independencia, además de que no me tocará más de lo justo y necesario.

—Tengo necesidades. Si no quiere que busque en otro lado lo que no tengo en mi casa, tendrá que atenderme cada vez que yo lo quiera.

—Sin que me toque...

—Eso será imposible —se burló—. Para que tengamos un hijo debo tocarla más de lo necesario, ¿o usted cree que los herederos se dan en los árboles?

El sonrojo cubrió el rostro de Meredith. No tenía idea del lugar de donde venían los niños.

Dentro de sí, Foster reía a carcajadas del rostro inocente de Meredith.

Ella ni siquiera sabía lo que le esperaba, era una pobre y desafortunada niña a punto de casarse con un hombre del mundo.

Su castigo no era suficiente con todo lo que le ocurría, sino que también tendría que ser paciente para tomar a la que sería su mujer de la manera en que él esperaba.

—Hablaremos de esos detalles una vez que nos casemos. Esta noche el objetivo es tolerarnos y fingir, ¿puede aceptar eso por hoy? —curioseó el conde.

—Hay que practicar para una vida llena de tolerancia e hipocresía —respondió Meredith, entristecida.